Tú no eres parte del guion Capítulo 8
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Capítulo 8

Olivia

Dos días después de encontrarme con Ethan y que me dijera que sabía que era actriz, el mundo había intentado volver a su sitio.

Lo había hecho con bastante esfuerzo y con poco éxito. Yo seguía funcionando.

Eso era lo importante. Seguía llegando a las reuniones, contestando mensajes y sonriendo en el momento adecuado.

Seguía siendo «Olivia Hart». Pero había algo distinto. Como una nota musical que no terminaba de encajar en la melodía.

—Estás más callada de lo normal —dijo Harper mientras me observaba desde el sofá.

—Estoy cansada.

—Eso no es una respuesta nueva.

—No tengo respuestas nuevas.

—Eso sí es nuevo.

Le lancé una almohada y ella la esquivó sin esfuerzo. Demasiado acostumbrada a mí.

—Tienes que salir de casa —añadió.

—Salgo de casa.

—El trabajo no cuenta.

—Claro que cuenta.

—No.

—Harper…

—Olivia.

Suspiré y me giré hacia la ventana.

Central Park estaba ahí. Inmutable, como si nada de lo que pasara dentro de mí tuviera importancia para el resto del mundo.

Y probablemente era cierto.

—Tengo reunión con Lucas —dije al final.

—Eso no suena a diversión.

—No lo es.

—Eso suena a «control de daños».

—Eso suena a tu interpretación dramática de mi vida.

Harper sonrió.

—Soy periodista.

—Y eres una exagerada.

—También.

Me levanté del sofá, no tenía elección.

Lucas había insistido en vernos en persona para hablar de la siguiente fase del proyecto. Algo sobre el guion de Daniel Blake.

—Voy a necesitar café —dije.

—Vas a necesitar algo más fuerte —respondió Harper.

—No empieces.

—Solo digo la verdad.

Resoplé y durante la siguiente media hora tomamos café mientras me hablaba del nuevo artículo en el que estaba trabajando.

Cuando salí del apartamento me recibió la ciudad de siempre, ruidosa y rápida, demasiado viva para mí en los últimos días.

El trayecto hasta el estudio de producción fue corto, demasiado corto para prepararme mentalmente.

Cuando llegué, Lucas ya estaba allí, demasiado sonriente y demasiado satisfecho consigo mismo.

—Olivia —dijo abriendo los brazos—. Tenemos un equipo perfecto. Y todo va sobre ruedas.

—No sé si eso es buena señal.

—Hoy sí.

—No me lo creo.

—Deberías.

Entré en la sala de reuniones y entonces lo vi.

Daniel Blake no era el tipo de hombre que pasaba desapercibido, aunque intentara hacerlo.

No era joven, pero tampoco era viejo. Era algo intermedio, definido y presente, con una seguridad tranquila que no necesitaba demostrar nada.

Levantó la vista cuando entré y me miró directamente. Sin prisa, sin evaluarme de manera evidente. Solo me observaba.

—Olivia Hart —dijo finalmente.

Su voz era tranquila, controlada y demasiado segura.

—Daniel Blake —añadió Lucas rápidamente—. Nuestro guionista.

Asentí de manera profesional, correcta y perfecta, como siempre.

—Encantado —dijo Daniel.

—Igualmente.

Nos dimos la mano, un gesto simple, algo normal como saludo. Pero algo en su forma de sujetarla un segundo más de lo necesario me incomodó ligeramente.

No de forma negativa, pero sí consciente.

—He seguido tu trabajo —añadió.

—Eso espero.

Una ligera sonrisa apareció en su rostro.

—No en plan inquietante.

—Mejor.

Lucas carraspeó, demasiado entusiasmado.

—Daniel está desarrollando una nueva adaptación para nosotros —dijo—. Y creemos que tu perfil encaja perfectamente.

—Mi perfil —repetí.

—Artístico —aclaró Lucas.

—Eso no ayuda.

Daniel soltó una breve risa. No exagerada ni forzada, simplemente era natural.

—Será interesante trabajar contigo —me dijo.

No sonaba como una frase vacía, sonaba como una decisión. Eso me hizo mirarlo un poco más.

—Veremos —respondí.

Lucas aplaudió mentalmente su propia gestión del momento. Y yo sentí, sin saber por qué, que algo nuevo acababa de entrar en mi vida.

Algo que no tenía nada que ver con Ethan, pero que tampoco lo expulsaba de mi cabeza. Y eso era lo peor de todo.

Porque ahora ya no era una sola cosa ocupando espacio. Eran dos. Y ninguno de los dos parecía dispuesto a irse.

La reunión se alargó más de lo previsto. Siempre ocurría lo mismo.

Las palabras «nuevo proyecto» parecían venir acompañadas de una extraña incapacidad para respetar relojes humanos.

Lucas hablaba. Daniel escuchaba. Yo alternaba entre ambos, intentando no desconectar del todo. Y, aun así, una parte de mí seguía en otro sitio.

No con ellos. Sino en ese espacio intermedio donde los pensamientos no tienen forma concreta.

—La estructura del personaje principal necesita más profundidad —decía Daniel mientras revisaba unas notas—. No puede ser solo una figura simbólica.

—Totalmente de acuerdo —respondió Lucas—. Por eso queremos que Olivia esté implicada desde el inicio.

Asentí, profesional y correcta, como siempre. Pero mi mente se distraía con facilidad.

Daniel Blake no era invasivo y no era intenso. Era peor. Era constante.

Hablaba como si cada palabra tuviera peso. Como si nada fuera improvisado.

—He leído entrevistas tuyas —dijo de repente, mirándome directamente.

—Espero que no todas.

—Las suficientes.

—Eso no me tranquiliza.

Daniel sonrió otra vez, y no pude evitar pensar que esa sonrisa sería la perdición de más de una mujer.

—No era la intención.

Nos quedamos en silencio y Lucas miraba entre nosotros como si estuviera viendo el nacimiento de algo que aún no sabía nombrar.

O quizás sí. Y por eso estaba tan satisfecho.

—Tienes una forma interesante de describir el proceso emocional en tus trabajos —añadió Daniel.

—Eso suena a análisis clínico.

—Lo es un poco.

—Genial.

Él soltó una breve risa.

—No intento diseccionarte —dijo.

—Eso también suena a disección.

—Probablemente porque lo es.

Le sostuve la mirada y ahí estaba otra vez. Esa sensación. Como si tuviera que elegir cada respuesta con más cuidado del habitual.

Lucas intervino antes de que el momento se alargara demasiado.

—Daniel quiere que participes en el desarrollo desde el principio —dijo—. No solo como actriz.

Eso sí me sorprendió. Un poco.

—¿Como guionista? —pregunté.

—Como voz creativa —aclaró Daniel.

—Eso suena mejor que «guionista».

—Es menos intimidante.

—Eso depende de la intención.

Asintió lentamente, como si registrara todo lo que decía. Sin prisa, sin juzgarme, solo prestándome atención. Y eso, de algún modo, era lo más inquietante.

La reunión terminó una hora después. Con promesas, cientos de ideas, fechas provisionales y con la sensación de que algo nuevo se había colocado sobre la mesa sin que nadie lo dijera en voz alta.

Cuando salimos, Lucas estaba visiblemente satisfecho.

—Esto va a ser grande —dijo.

—Eso dices siempre —respondí.

—Porque siempre lo es.

No discutí, porque no tenía energía para ello.

Daniel se despidió con educación, sonriendo mientras me miraba, pero no lo hacía como podría hacer cualquier hombre con intenciones de querer algo más.

—Nos veremos pronto, Olivia —dijo, y no era una pregunta, era una afirmación.

—Eso parece —respondí.

Se alejó por el pasillo y yo lo seguí con la mirada un segundo más de lo necesario.

—No me mires así —dijo Lucas.

—¿Cómo?

—Como si estuvieras evaluando algo.

—Estoy cansada.

—Eso también lo dices siempre.

No respondí, porque ya estaba mentalmente fuera del edificio.

Cuando salí a la calle, el aire de Nueva York me golpeó con fuerza.

Era tarde, el cielo empezaba a cambiar de color y yo debería haberme sentido aliviada. Pero no lo estaba.

Porque había demasiadas cosas nuevas instalándose demasiado rápido. Y ninguna de ellas pedía permiso.

El móvil vibró en mi bolso, lo saqué sin pensar y vi que tenía un mensaje de Harper.

Harper: Dime que no has dicho que sí a otra locura de Lucas .

Sonreí un poco, pero antes de responder, otro mensaje entró. Desconocido. Solo una línea.

Número desconocido: Creo que nos debemos una conversación menos accidental.

Me quedé quieta. El corazón no se aceleró. No del todo. Pero algo en el estómago sí cambió.

Leí el mensaje otra vez. Y otra. No hacía falta preguntar quién era. No hacía falta porque ya lo sabía. Ethan.

Y eso era exactamente lo que no esperaba sentir en medio de todo lo demás.

Ni en ese momento. Ni con Daniel Blake recién entrando en escena. Ni con mi vida intentando reorganizarse sin pedir permiso.

Guardé el móvil lentamente y seguí caminando. Pero la ciudad, de repente, ya no se sentía igual.

Me quedé mirando el mensaje durante demasiado tiempo. Lo suficiente como para que el mundo siguiera moviéndose a mi alrededor sin mí.

Nueva York hacía eso muy bien. Te dejaba quieta mientras todo lo demás seguía avanzando.

«Creo que nos debemos una conversación menos accidental».

Ethan. Claro. Como si el universo no hubiera decidido complicarse lo suficiente todavía.

Guardé el móvil sin responder, demasiado consciente de que lo estaba haciendo.

— No voy a contestar ahora —murmuré para mí misma.

Lo cual, por supuesto, no significaba nada. Porque el simple hecho de decirlo ya implicaba que estaba pensando en ello.

Seguí caminando hacia el coche de Harper. El tráfico era el habitual, coches tocando el claxon sin motivo claro. Luces reflejándose en el asfalto. Gente que parecía tener sitios a los que llegar con más urgencia que yo.

Harper me esperaba apoyada en la puerta del coche.

—Tienes cara de problema —dijo en cuanto me vio.

—No tengo cara de nada.

—Eso es mentira.

—Es cansancio.

—Eso también.

Me miró con atención.

—¿Qué ha pasado?

Abrí la puerta del coche.

—Nada.

—Olivia.

Suspiré.

—Trabajo.

—Eso tampoco es nuevo.

Me senté y Harper cerró su puerta lentamente tras acomodarse.

—Dímelo.

La miré un segundo. Y luego cedí.

—Daniel Blake.

—El guionista.

—Sí.

—¿Qué pasa con él?

—Quiere que participe más en el proyecto.

Harper asintió como si eso fuera interesante, pero no suficiente.

—¿Y eso te preocupa?

—No.

Pausa.

—Vale… ¿Y entonces?

No respondí inmediatamente, porque el problema no era Daniel. O no solo él.

El problema era que mi vida estaba empezando a llenarse de cosas que no había pedido. Y cada una de ellas parecía tener una energía distinta.

Daniel era estabilidad, control, estructura.

Ethan era lo contrario. Caos, imprevisible, molesto en el peor sentido posible… y en el mejor.

—He recibido un mensaje —dije al final.

Harper giró la cabeza de golpe.

—Eso ya suena más interesante.

Le enseñé la pantalla. Ella leyó y sonrió demasiado rápido.

—Ajá.

—No digas «ajá».

—Es perfectamente un «ajá».

—No lo es.

—Sí lo es.

—Harper.

—Vale.

Guardó silencio un segundo.

—Te gusta.

—No.

—Te intriga.

—Eso no es lo mismo.

—Es exactamente lo mismo al principio.

—No.

—Sí.

—Harper…

—Olivia.

Respiré hondo y miré por la ventana. La ciudad seguía ahí, imponente, inmune a mis dilemas internos.

—Es complicado —dije finalmente.

—Todo lo interesante lo es.

Eso me molestó un poco, porque era verdad. Y porque no quería que lo fuera.

Harper puso el coche en marcha.

—¿Vas a responderle?

—No lo sé.

—Mentira.

No contesté, porque ya sabía que sí. No ahora. No en ese instante. Pero sí en algún momento. Y eso era lo que me incomodaba más. Porque no estaba segura de querer abrir esa puerta.

No ahora. No con Daniel Blake entrando en escena como si supiera exactamente dónde colocarse en mi vida. No con todo lo demás, intentando encajar sin instrucciones.

Esa noche, cuando llegué al ático, Central Park estaba oscuro, demasiado tranquilo.

Me quité los zapatos, dejé el bolso en la mesa y me senté frente a las ventanas.

El móvil vibró otra vez. Esta vez no tardé tanto en mirarlo.

Ethan: No era una petición. Era una afirmación.

Me quedé quieta. Y por primera vez desde que había empezado todo esto, no supe si estaba huyendo de algo o acercándome demasiado rápido a ello.

Tecleé una respuesta. La borré. La volví a escribir. La borré otra vez.

Y al final, simplemente dejé el móvil sobre la mesa. Sin enviarla. Porque algunas cosas, aunque ya estén empezadas, dan más miedo cuando se hacen reales.

Y esa noche, sin saber muy bien por qué, sentí que estaba en el borde de algo que todavía no podía nombrar.