Tu amor no es suficiente Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

Ilsa dejó caer la mandíbula del asombro. Carl apretó los labios mientras David desde lejos levantaba su copa en señal de saludo. —Te voy a…

—¿Carl? —Erica no entendía nada. —¿Tu madre ha estado enferma?

—Ya me extrañaba a mí que David viniera a vivir aquí con lo buen médico que es, este tío le contrató cuando se jubiló el anterior para que nadie se enterara de las sesiones de radioterapia que le ponía a su madre.

Enfermó por primera vez hace seis años y la operaron seis meses antes del accidente de Christian, mientras su hermano convenientemente estaba de viaje con sus amigos por los Estados Unidos, viaje que les pagó él para que no estuviera aquí en ese momento.

Pálida no dejaba de mirarle a los ojos. —Carl…

Henry continuó —Él ya estaba contigo y aunque quería decírselo a su madre no quería disgustarla, así que se calló esperando a que se recuperara. ¿Qué ocurrió? Que Christian tuvo el accidente antes de que eso ocurriera y que pudiera decirles a todos que tú eras su chica.

—¿Eso es cierto? —preguntó ella atónita.

—Recayó hace poco más de dos años y contraté a David porque no quería que Christian pasara por eso cuando ya se había recuperado. Así recibía tratamiento en el pueblo y solo tiene que ir al hospital una vez al mes.

—¿Y cómo está?

—Mucho mejor, nena, la operaron hace dos meses por segunda vez y ya está limpia.

—La obstrucción intestinal.

—No podíamos evitar que Christian se enterara de esa operación, pero decidimos cambiar la razón. Además estaba Jessica que es del gremio y no es tonta. Tenía que haber una justificación y decidimos decir que era una obstrucción intestinal.

Suspiró del alivio. —Menos mal que ya está bien. —Es que ni sabía qué decir, ese dato lo cambiaba todo, nadie podía culparle por intentar proteger a Meredith o a su hermano. Todo fue una cadena de desafortunados acontecimientos que habían terminado destruyéndoles la vida.

—No pensabas decírmelo, ¿verdad? —susurró emocionada.

—Nena, se lo juré. De hecho, cuando para nuestra sorpresa viniste a la anterior boda, mi madre me hizo prometer de nuevo que no te diría nada porque Christian aún no se había casado… Sabía que si se enteraba de que estaba enferma no se iría a Ohio.

—Ella no quiere que se vaya a Ohio. —Él apretó los labios. —Entiendo, fingió porque sería raro que no se quejara un poco.

—Veo que empiezas a conocerla. —Incómodo se pasó la mano por la nuca. —Bueno, ya lo he dicho todo, espero que seáis discretos.

Se alejó a toda prisa como si quisiera huir cuanto antes de esa situación y angustiada se volvió hacia sus amigos apretándose las manos. —¿He sido injusta?

—Con la información que tenías no, cielo —dijo Ilsa.

—No te lo ha contado todo.

Ambas miraron a Henry, que sonrió con tristeza. —La semana antes de que muriera tu padre, Carl te compró un anillo. Había decidido dar el paso y contártelo, pensaba decirte que guardarais el secreto hasta que su madre estuviera mejor.

Con los ojos llenos de lágrimas susurró —¿Es el anillo que me ofreció antes de ayer?

—¿Te pidió que te casaras con él? —preguntó Ilsa sorprendida.

Ella asintió. —En el bar, ante todos.

Henry sonrió. —Supongo que será el mismo. Su amigo dice que nunca lo devolvió.

Emocionada se giró y caminó entre la gente. Carl estaba en la barra con un vaso de whisky en la mano y cuando vio que se acercaba se enderezó dejándolo a un lado. Erica le abrazó sorprendiéndole y Carl cerró los ojos pegándola a su cuerpo. —Lo siento, nena, yo…

—Shusss… No digas nada, mi amor. No digas nada… —Se abrazaron durante unos minutos y ella se apartó para mirar sus ojos. —Dámelo.

Él sonrió metiendo la mano en el bolsillo del pantalón.

—¿Lo tenías ahí a pesar de nuestra discusión?

—Es tuyo, nena, siempre ha sido tuyo. Así que llevarlo me daba esperanzas.

Emocionada vio cómo se ponía de rodillas mientras los invitados silbaban haciéndoles reír.

—Para quien no lo sepa, no es la primera vez que hago esto, así que ya tengo práctica —dijo a los invitados cogiendo su mano—.

Pero creo que ahora vas a decirme que sí.

Mi amor, ¿me harías el honor de ser mi esposa y aguantar a los Driscoll el resto de tu vida?

Llorando asintió. —Sí, sí quiero.

La gente gritó levantando sus copas y él le puso el anillo en el dedo. —Lo quiero todo, pero sobre todo te quiero a ti.

Él la cogió por la cintura elevándola y Erica rodeó sus caderas con sus piernas besándole como nunca antes le había besado, porque ahora no tenía que ocultar su amor. Se miraron a los ojos mientras los novios aplaudían como los demás y la llevó hasta la pista de baile. —Cielo, no tengo zapatos.

—No los necesitas, nena —dijo comiéndosela con los ojos.

Inmensamente feliz besó sus labios suavemente mientras su hija aplaudía como los demás. —Nuestro primer baile —dijo emocionada.

—El primero de muchos.

Acarició su mejilla. —Te amo.

—Y yo te amaré mientras viva.

Le abrazó con fuerza mientras él se movía al ritmo de la música y sus ojos fueron a parar a Meredith, que intentando contener las lágrimas susurró —Bienvenida a la familia.