Tu amor no es suficiente Epílogo
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Epílogo

Acariciando su enorme vientre de siete meses gritó desde la grada —¡David, eres un manta!

El médico le sacó un dedo haciéndola reír a carcajadas antes de que David intentara atrapar con el lazo a la vaquilla.

Ilsa se sentó a su lado con su hijo en brazos. —¿Nerviosa?

—Qué va, es la mejor, no tiene rival y…

—Estás cagada, ¿no?

Gimió. —Como se lleve un disgusto, voy a matar a Carl.

—Lo he oído —dijo su marido acercándose a ella con un zumo de naranja—. Nena, tienes que relajarte o tendrás contracciones de nuevo.

—Sí, no queremos que los gemelos salgan antes de tiempo —dijo Ilsa.

—Toma esto, que has tenido náuseas casi todo el día. —Su marido le puso delante una hamburguesa y la cogió a toda prisa haciéndole reír. —¿Qué tal, Henry? Últimamente le vemos menos.

—Pues está muy ocupado y muy contento en la clínica con David. Se están haciendo un nombre y ya viene gente de San Antonio a que les traten aquí, ¿sabes? Hasta están pensando en incorporar un quirófano para no tener que ir a operar los tumores a San Antonio.

—¿Van a ampliar?

—Vete preparando la cartera, Driscoll, te pedirán pasta porque necesitarán hacer un complejo nuevo.

—Es una buena inversión, ¿no nena?

Erica con la boca llena asintió. —Yo invertiré también.

—Es increíble que te ofrecieran lo de la franquicia y ahora haya doce bares por todo Texas —dijo Ilsa divertida.

—Cada vez que abre uno cien mil dólares. Por cierto, he guardado el veinte por ciento de cada franquicia para la universidad del pequeño Henry en una cuenta a su nombre.

La miró emocionada. —No tenías…

—Claro que sí, el bar no hubiera triunfado sin tu colaboración y tu apoyo, así que por mucho que me lo rechaces, es para el niño y ya está hecho. Yo ya no puedo tocar ese dinero, lo hará él cuando cumpla dieciocho años.

Ilsa miró a Carl que sonrió. —¿Estás de acuerdo?

—Claro que sí, sois un equipo.

—Gracias.

Erica rio por lo bajo. —No nos las des, tu marido nos está haciendo ganar un montón de dinero con la clínica.

—Y ahí viene el campeón —dijo Carl mirando hacia el otro lado de las gradas.

Henry llegó hasta ellos y besó a su mujer y a su hijo antes de sentarse a su lado. —¿Agotado? —preguntó Erica divertida.

—He tenido que estar toda la noche monitorizando a un paciente, pero ha merecido la pena, ha salido adelante.

—Ese es mi chico.

—¿Cómo lo ha hecho David? —preguntó su amigo mirando a la arena —. ¿Me lo he perdido?

—Te hubieras partido de la risa —dijo Erica haciéndole sonreír—. Será muy buen médico, pero como vaquero no hay por donde cogerle.

Entonces anunciaron el concurso infantil. —¡Ahí sale! —dijo Erica viendo a su pequeña en la fila con los demás niños. Su profesora les dijo que salieran y todos lo hacían con un lazo en la mano. Estaba monísima con su camisa de cuadros y sus botas doradas regalo de su abuela para la ocasión.

Carl sonrió orgulloso mientras se ponía ante el barril. Los niños elevaron el brazo con la cuerda de colores y empezaron a girarla sobre su cabeza mientras la niña les miraba. —¿Qué le pasa? —preguntó su padre.

La profesora corrió hacia ella y le dijo algo al oído.

La profesora sonrió divertida y la cogió por los hombros tirando de ella hacia atrás alejándola aún más del barril.

Carl rio por lo bajo viendo la decisión en la mirada de su hija.

Erica cogió su mano reteniendo el aliento y Molly levantó el brazo girando el lazo sobre su cabeza como le había enseñado su padre.

Lo lanzó rodeando el barril y todo el mundo aplaudió cuando tiró de la cuerda como una profesional.

Erica gritó de la alegría abrazando a su marido y por megafonía anunciaron a la ganadora. —¡Molly Driscoll!

La niña se acercó a los demás y les dio la mano como le habían enseñado antes de acercarse a ellos corriendo. —¿Has visto, mami?

—Lo has hecho muy bien, vete a recoger tu premio, cielo.

Miró hacia atrás donde su suegra estaba en el palco de autoridades como presidenta de las amas de casa, Meredith lloraba como una magdalena de la emoción mientras sus amigos la felicitaban.

A Carl le sonó el teléfono y lo descolgó a toda prisa. —¡Christian, lo que te has perdido, Molly ha ganado! ¡Va a ser la mejor vaquera de Texas! —Miró sorprendido a Erica.

—¿Qué? ¿Qué?

—Felicidades, tío.

—¿Qué te dice para que le digas eso? —preguntó Erica impaciente.

—Jessica está embarazada.

Le arrebató el móvil. —Enhorabuena.

—Gracias.

—¿Está ahí contigo?

—Se acaba de ir a trabajar.

—Alicia y Benjamin estarán como locos.

—No lo sabes bien.

—¿Vendréis para Navidades? Queda una semana.

—No nos perderíamos tu cumpleaños por nada. Iremos mañana, vamos a pasar dos semanas con vosotros. Pero no le digáis nada a mamá, quiero que sea una sorpresa.

—Y vaya si lo será. Estoy deseando que lleguéis.

—Dales a todos un beso de nuestra parte.

—Por supuesto, os queremos.

—Nosotros también os queremos.

—Adiós Christian. —Colgó emocionada. —Va a tener un hijo.

—Van a ser unas navidades increíbles —dijo Carl abrazándola por los hombros para pegarla a él—. Serán las mejores de mi vida porque estás a mi lado.

Le miró a los ojos. —Han sido unos meses maravillosos, ¿verdad?

—Todo ha sido mucho mejor de lo que me había imaginado. Y es gracias a ti, señora Driscoll.

—Te amo, cada día te amo más.

—Y yo a ti, nena. —Él besó suavemente sus labios. —Y sé que será para siempre.

FIN