Capítulo 14
Cuando llegaron a la casa hubo un gran revuelo porque Clare hizo un drama y Jessica insistió en que fueran al hospital.
Clare ante la posibilidad de perderse la fiestecita que habían organizado para esa noche se negó en redondo.
Henry después de calmar a la novia que estaba a punto de pegarle a Christian una bronca de primera, subió con Erica a la habitación.
—Cómo se ha puesto —dijo sorprendida—. Y eso que no sabe lo del toro.
Carl reprimió la risa. —Ya verás cuando se entere, porque Clare no se va a cortar. —La tumbó en la cama y Henry se sentó a su lado mientras Carl le quitaba las zapatillas de deporte.
—No te preocupes, ya estoy bien. —Movió el brazo. —¿Ves? Solo me molesta un poco.
—Te recetaré unos antiinflamatorios y harás algo de rehabilitación para asegurarnos de que tienes una recuperación adecuada. Y te pondrás el cabestrillo, que te conozco.
—¡Mañana es la boda! ¡No pienso ir con eso a la boda!
—Nena, ¿le estás discutiendo a este tío con todos los años que ha estudiado?
Gruñó recostándose en las almohadas. Entonces se dio cuenta de que estaba mojada y chilló levantándose de un salto. Ambos parpadearon. —¡Es encaje! Me voy a duchar.
La puerta se abrió de golpe y su niña entró en la casa vestida de princesita. —Mami, mami, ¿has ganado?
—¿De dónde has sacado ese disfraz de Bella?
—Me lo ha traído la tía. —Se dio una vuelta. —¿A que estoy guapa?
—Solo te falta la bestia —dijo Carl divertido.
—¡La tengo! —Salió de la habitación y entró con un muñeco más grande que ella que era la Bestia y estaba vestido de gala.
Erica levantó una ceja. —Muy bien cielo, tienes de todo. —Miró a Carl incrédula.
Él carraspeó. —Nena, aquí hay mucho sitio.
—Ya, claro. ¿Tanto como para tener un parque Disney?
—Pues sí.
Gruñó yendo hacia el baño.
—Mami, mami, ¿sabes qué?
—No, ¿qué? —Abrió el grifo de la ducha.
—Mañana llevaré un vestido de princesa mucho más bonito que este, ¡y voy a ir al baile!
—¿Estás contenta?
—Mucho, además llevaré los anillos, soy importante —dijo haciendo reír a su padre que entró en el baño en ese momento—. ¿A que sí, papi?
—Importantísima, esta boda no se hubiera celebrado sin ti.
—¿Ves, mami?
—¿Podéis salir, por favor? Me voy a duchar.
Ambos parpadearon como si no entendieran lo que quería decir. —Carl…
—Mami, si me puede ver desnudita a mí, a ti también.
—Bien dicho, hija.
Gruñó quitándose la camiseta y Carl carraspeó. —Nenita, ¿por qué no vas a ver qué hace tu abuela? Creo que iba sacar golosinas.
Los ojos de la niña brillaron antes de salir corriendo y él cerró la puerta con pestillo. Erica rio. —Estoy convaleciente.
—Tendré mucho cuidado —dijo comiéndosela con la mirada. Se quitó su camiseta—. Vamos, nena, no hay que desperdiciar agua.
—Oh… —Alargó la mano para cerrar el grifo, pero él se lo impidió.
—Nos ducharemos juntos. —Como estaba de espaldas a él le desabrochó el sujetador y besó su espalda antes de que las botas cayeran al suelo y los vaqueros le siguieran.
—Deja que te ayude. —Sin moverse deseando saber cuál sería su siguiente paso, esperó y Carl la besó en el cuello provocando que ella suspirara de gusto.
Él pasó las manos por debajo de sus axilas y le acarició los pechos antes de que sus manos bajaran por su vientre para tirar de sus mallas hacia abajo.
Erica le ayudó quitándoselas con los pies y cuando la mano de Carl acarició su sexo provocó que un gemido saliera de su boca.
—Me muero porque estemos solos sin preocuparnos del tiempo —susurró en su oído mientras su cuerpo se pegaba al suyo.
—Porque te haré el amor tan lentamente, te haré disfrutar tanto, que jamás saldré de tu mente.
Ella se volvió y rodeó su cuello con el brazo sano.
—Nunca has salido de mi mente. —Carl atrapó su boca y la besó tan intensamente que su sangre se volvió loca.
Impresionada por el deseo que la recorría inclinó su cabeza a un lado para responder con el alma mientras él sujetaba sus glúteos elevándola y metiéndola bajo el agua.
Apartó sus labios y suspiró elevando su rostro porque él empezó a besar su cuello con ansias mientras su sexo reclamando atención entraba en ella.
Abrazándose a él gimió sintiendo cada milímetro que recorría.
—¿Cómo voy a olvidarte? —susurró haciendo que la mirara a los ojos—. ¿Cómo no voy a quererte?
La miró de una manera que se sintió suya y Carl la besó con ansias pegándola a la pared para entrar en su ser con un empellón que la dejó sin aliento de puro placer.
Y movió sus caderas una y otra vez hasta que Erica creyó que perdería el sentido.
Asustada por todo el placer que la recorría, se aferró a sus hombros y Carl sujetó sus caderas con más firmeza para llenarla de tal manera que todo su ser se tensó necesitando más.
—¿Más, nena? —Entró en ella de nuevo provocando que todo explotara a su alrededor y se sintió más feliz que en toda su vida.
Sin aliento él la besó en el cuello diciéndole lo maravillosa que era hasta que fue capaz de abrir los ojos. Se miraron en silencio y los ojos de Erica se llenaron de lágrimas.
—Nena, no pienses, después de la boda hablaremos sobre lo que vamos a hacer.
—No se trata de eso.
—¿Entonces qué pensabas?
—En el embarazo que me espera por delante, porque ya lo hemos hecho dos veces sin condón.
Él sonrió. —¿Tan duro fue?
—Ya verás, ya.
Esa noche la cena era un buffet y habría un grupo de música que se quedaría hasta las diez para amenizar la velada. Se puso mona con un vestido azul que le había comprado Jessica y por supuesto no se puso cabestrillo a pesar de las protestas de todos. No pensaba salir con eso en las fotos.
Cuando bajó con Carl habló con algunos de los presentes y le preguntaron por su nueva vida.
Bernie la pilló por banda cuando Carl estaba hablando con unos ganaderos y la muy bruja no la dejaba en paz para que le contara qué había pasado para que la boda se hubiera retrasado.
Ella como los novios dijo que Jessica no se encontraba bien y que preferían esperar a que ella que era la novia disfrutara de su día.
—Así que tu hija es de Carl, ¿eh?
—Veo que te has enterado.
—Hay pocas cosas de las que yo no me entere en este pueblo —dijo maliciosa—. Se portó muy mal contigo, ¿no? ¿Por eso te fuiste?
—Eres un poco indiscreta, ¿no crees?
—Vamos, la gente quiere noticias.
—Ah, que ahora eres periodista —dijo molesta.
Carl que no la perdía de vista se acercó. —¿Algún problema, nena?
—Confirmado, estáis juntos.
—¿Desde cuándo eso es problema tuyo, Bernie?
—Desde que dejaste a mi hermana para volver con esta.
Erica separó los labios de la impresión volviendo la cabeza hacia Sara, que pálida no dejaba de mirarles.
—Ya sabía yo que no la llamabas por algo.
—¿Carl?
Él apretó los labios. —No puedo decir que haya sido un gusto verte, Bernie. —Cogió a Erica del brazo y tiró de ella para alejarla. —Nena, no fue nada serio.
—¿Tan serio como lo nuestro? —Apartó su brazo.
—Entiendo que te mosquees, pero cuando estuve con ella no pensaba que iba a volver contigo. De hecho, pensaba que nunca volvería a verte, joder.
—Claro que sí —dijo entre dientes antes de alejarse y para sorpresa de él lo hizo yendo hacia Sara.
—Hostia… —Fue hasta ellas.
—¿Cuánto? —preguntaba Erica—. ¿Cuánto tiempo estuvisteis juntos?
Sara angustiada le miró a él. —Dos años de manera intermitente.
—Nunca te prometí nada, joder. Nos divertimos y…
Erica se volvió pálida porque a esa pobre chica le había hecho lo mismo que a ella. Solo había que verle la cara. —Tengo que ir a vomitar.
—Nena…
Salió corriendo intentando retener las lágrimas y se cruzó con su suegra que mostró sorpresa por su rostro. —¿Qué ha pasado, niña?
Ella no contestó, corrió hacia el baño más cercano y se arrodilló frente al inodoro abriendo las tapas a toda prisa para vomitar todo lo que había comido.
Carl llegó corriendo. —Nena, no se parece en nada a lo nuestro, te lo juro por Dios. —Se acercó a toda prisa y al ver que no dejaba de vomitar, maldijo por lo bajo mojando una toalla.
—¿Qué le pasa? —preguntó Ilsa llegando en ese momento.
—Nada, no le pasa nada.
—No me creo una palabra —dijo con rabia arrebatándole la toalla de las manos—. ¿Qué le has hecho?
Carl apretó los labios. —Se ha enterado de que tenía una relación con Sara Thompson antes de que volviéramos a vernos. Pero después de ver a Erica dejé esa relación, lo juro por Dios.
Sorprendida miró a su amiga y se agachó a su lado. —Cielo, es normal que tuviera otras relaciones, lo vuestro estaba roto y… —Erica sollozó.
Carl dijo angustiado —Mi relación con Sara no se parece en nada a lo que tuvimos nosotros.
Le miró con los ojos llenos de lágrimas. —¿La llamabas cuando tú querías? ¿La ignorabas cuando te convenía? ¿Sabías que siempre la tendrías a tu disposición cuando quisieras?
—Nena…
—¿En qué se diferencia? —siseó—. Lo nuestro no fue porque tu madre no quisiera ni verme, fue un patrón de conducta que demuestra lo cerdo que eres.
Nos utilizas y nos deshechas cuando te viene bien, lo que pasa es que ahora está Molly, ¿no es cierto?
Es una Driscoll y no puedes dejar que se crie lejos del rancho.
Él dio un paso hacia atrás. —Ahora eres tú la injusta.
—¿De veras? —Expresó su desprecio con su mirada. —Desaparece de mi vista, me das asco.
—Lo que pasa es que estás aprovechando esto para dar un paso atrás porque eres una cobarde.
Ilsa jadeó mientras ella perdía el poco color que tenía en la cara. —¡Sal de aquí! —exigió su amiga.
—¿Qué pasa, que yo no puedo decir lo que pienso? Solo busca excusas para alejarse de mí cuando sé que me quiere.
—Será que tiene miedo a que le vuelvas a hacer daño.
—¡Si se hace daño a sí misma! ¿Que me aproveché? ¡Erica quería la relación que teníamos, pudo haberme dejado cuando le diera la gana y continuó a mi lado!
—¡Porque te quería!
—Jamás se quejó, nunca me exigió más, nunca expresó que estuviera descontenta.
—Tú lo sabías —dijo Erica con desprecio.