Capítulo 13 #3
—¿Por qué no quieres uno de la casa? —preguntó Ilsa sin entender.
—Porque su madre le mataría si nos metemos así de mojados en la casa para registrarla, nos lo dijo cuando presentó el juego, ¿recuerdas? No querrá cabrear a su madre. —Vio como la otra pareja corría hacia la casa. —Aunque creo que se ha equivocado al dar las pistas porque allí que van.
—El de los empleados —dijo Carl—. El de los empleados del establo. —Miró hacia allí para mostrar un pequeño edificio. —Ahí tienen un comedor y un baño. Pero nena, tienes que estar equivocada, los invitados no irían allí porque no saben que en ese edificio hay un baño.
—Es cierto… Tiene que ser un sitio que sea evidente para cualquiera… —Miró a su alrededor. —Comen, beben y lo siguiente que hacen no es dormir… —Sus ojos brillaron. —Cielo, ¿qué te gusta hacer en la siesta?
Él carraspeó. —Ya sabes lo que me gusta.
—Como a todos —dijo Henry—. Hostia, ¿crees que habla de hacer el amor?
La otra pareja salió corriendo y Erica gimió. —Vamos a perder.
Carl frunció el ceño. —Sí, pero eso no nos ayuda, nena. ¿Dónde pueden estar haciendo el amor ahora mismo? —Entonces juró por lo bajo. —El semental. —Todos miraron hacia el toro que estaba en el cercado. Un ejemplar que era la envidia del condado, ganador tres veces del mejor toro de Texas.
Corrieron hacia allí y Ray al verles, corrió tras ellos. —Será capullo. ¡Carl corre!
Carl saltó el cercado con una agilidad que la dejó pasmada.
—Ese es mi chico. —Se acercó al toro que se había puesto en guardia y todos vieron los dos sobres rojos colgados de su cuello.
Ray saltó la valla mientras su novia lo animaba.
—¡No seas idiota Ray! —gritó Erica subiéndose—. ¡Te va a hacer daño!
—¡Qué va!
Henry se iba a sumar y Ilsa le agarró del brazo. —¿Estás loco? ¡Vamos a tener un hijo! ¡Tú aquí y no te muevas!
—Pero cielo…
—¡Ni cielo ni nada! ¡Eres médico, no Superman!
Ray se acercó por un lado y Carl por otro. Erica se mordió el labio inferior. —Vamos, vamos… —Entonces se dio cuenta de que el toro la miraba y no le extrañaba nada con el modelito que tenía. Se le cortó el aliento. —Puedo distraerlo.
—¿Qué? —dijo Ilsa espantada. Chilló cuando saltó la valla—. ¿Pero estás loca?
Carl miró hacia ella y apretó los labios haciéndole un gesto hacia la izquierda.
Corrió hacia donde le dijo y el toro empezó a correr tras ella pasando al lado de Carl que tiró de una de las finas cuerdas de su cuello para arrancar el sobre.
Erica al ver que ese bicho se le acercaba a toda velocidad chilló cambiando de rumbo y Carl parpadeó sorprendido. —¡Nena, salta la valla!
—¡Eso intento!
Carl corrió tras el toro. —¡Salta la valla!
Viendo aquellos cuernos tan cerca de su trasero chilló de miedo mientras todos le gritaban que saltara, pero sabía que si se acercaba a la valla no le iba a dar tiempo a saltar y la pillaría en medio. —¿Carl?
—¡Nena, rueda por debajo!
Carl agarró el rabo del bicho y aunque no lo detuvo le hizo mirar hacia atrás, por lo que Erica le esquivó por un pelo antes de tirarse al suelo y rodar bajo la valla. Con el corazón a mil miró el cielo y Ilsa se puso sobre ella. —¿Qué tal la carrerita?
—Muy graciosa —dijo sin aliento.
Carl apareció a su lado. —Nena, ¿estás bien?
—Sí. —Sonrió. —¿La tienes?
Él le mostró el sobre rojo. —La última pista.
—Ray… ¡Ay, Ray, que te pilla! —gritó su novia espantada.
Erica se sentó de golpe para mirar y Ray estaba en serios problemas porque tampoco se quitaba al toro de encima. Carl gruñó dándole el sobre. —Voy a matar a mi hermano.
Al ver que salía corriendo ella gritó —¡Cielo, no!
—¡Eh…! —gritó Carl llamando la atención del toro desde el otro lado del cercado. Se acercó más moviendo los brazos y el toro se detuvo al lado de la valla y miró hacia él. Ray tiró del hilo y saltó la valla.
—Mierda —dijo Ilsa—. ¡Abre el sobre!
Lo hizo a toda prisa. —“El agua es el principio de la vida y tan necesaria en un rancho que haríamos lo que fuera por conseguirla.”
—¿Y? —preguntó Ilsa impaciente mientras Carl llegaba hasta ellos.
—No pone nada más.
—A ver, pensemos. El agua es el principio de la vida… —dijo Henry.
—Haríamos lo que fuera para conseguirla —dijo ella—. Los pozos. Tu madre me dijo que habíais hecho varios pozos.
—Pero no se ven desde la casa, excepto… —Todos miraron hacia la torre que estaba detrás de la casa. —Ese pozo lleva el agua al tanque que está ahí arriba para evitar pérdida de agua en las sequias —dijo él mirando hacia el depósito. Debían ser más de diez metros de altura—. Nena, quédate aquí.
—Ni de coña, yo voy contigo.
Corrieron rodeando la casa y al llegar vieron como Ray discutía porque no podía subir. —¿No pretenderás que lo haga yo? —preguntó su novia indignada—. Tú eres el hombre.
—Tengo vértigo, joder.
—Eres un inútil. —Se agarró a la escalera, pero Carl rodeó la escalera y empezó a subir por el otro lado esquivando sus manos. Con descaro le guiñó un ojo cuando la sobrepasó. —No, no…
—Al parecer tu novia no se da por vencida —le dijo Ilsa a Ray.
—No la conoces, Clare se imagina que va a conseguir algo de mucho valor. Estaba como loca por el puñetero juego, no dejaba de decir que Christian pondría un tesoro muy bueno.
Y no se equivocaba. Preocupada porque Carl estaba subiendo muy deprisa gritó —¡No corras!
—¡Estoy acostumbrado, nena, no te preocupes! —gritó casi donde el depósito.