Capítulo 13 #2
—Pues hay una prueba a caballo, eso me ha dicho Christian después de aburrirle a preguntas. El primero que llegue tiene más opciones para dar con la siguiente pista correcta.
—Así que hay pistas.
—Exacto.
—No hay problema. Carl es un hacha a caballo, llegará antes que nadie.
—¿Y encontrará la pista antes que nadie? —preguntó empezando a alterarse—. ¡Si no es capaz de ver lo bueno cuando lo tiene delante!
—¿Esa frase va con segundas? Porque mi hombre es muy listo.
—¿De veras? Seis años, monina, ha tardado seis años en ver la verdad.
—¡Casi! ¡Casi seis años!
—Pues estoy apañada como sea tan espabilado para encontrar el anillo.
Erica entrecerró los ojos. —Uy, de que mala leche me estoy poniendo. Mi hombre es capaz de encontrarlo mucho antes que esos idiotas que son amigos de tu futuro marido.
Christian y Carl entraron en el porche y las vieron discutiendo. —Sí, se le ve muy listo —dijo Jessica con ironía—. Tan listo que pilló todas las señales que le lanzabas en el pasado.
—¡Su madre tenía muy mala opinión de mí! ¡Y sí que las pilló, pero las ignoró, que no es lo mismo! ¡Mi hombre se hace el tonto muy bien cuando le conviene!
—¡Pues más vale que le convenga que me case y se deje la piel para recuperar el anillo, porque sino no me caso!
—Eso es evidente, sin anillo…
Jessica chilló frustrada y Erica puso los ojos en blanco. —¿Quieres calmarte?
—¿Ganarás?
—Leche, claro que sí. —Se volvió y se sorprendió de verles allí. —¿Has cambiado de opinión? —Christian abrió la boca. —Bah, da igual, Carl y yo les machacaremos.
Carl sonrió. —Claro que sí, nena.
—Ahora me voy a cambiar para comer.
—Después podemos dormir una siestecita porque no llegan hasta las cuatro y media.
Ella decidida asintió. —Pero solo dormir, que hay que reponer pilas para machacarlos a todos.
—Perfecto, nena.
Pero no pudieron dormir porque los invitados llegaron justo cuando terminaban de comer, así que hubo presentaciones, sorpresas al conocer a Molly y miradas incómodas porque casi todos eran del pueblo y por supuesto la conocían desde siempre.
Estaban todos concentrados en el jardín y Carl se puso a su lado. Ella levantó una ceja al ver que iba en vaqueros y camiseta. Al ver las botas que ella le había regalado jadeó indignada. —¿Ahora? ¿Te las pones ahora?
—Son muy cómodas. —Le dio un beso en los labios sonrojándola cuando todos murmuraron. —Gracias.
Ella miró su ropa de deporte rosa fosforito y después a los demás que iban vestidos normales. Era evidente que estaba dando la nota y miró a Jessica con rencor. Esta soltó una risita. —Será capulla.
—¡Muy bien! —gritó Christian subiéndose al escenario que aún estaban montando—. ¿Ya habéis formado las parejas?
—Falta Ilsa —dijo ella en voz baja.
—Tendrían que haber llegado ya.
En ese momento alguien silbó y todos miraron hacia Ilsa que caminaba hacia el grupo. —¿Qué pasa, pringados? ¡La reina ha vuelto a casa!
Varios la vitorearon y su amiga riendo se acercó a ella. —¿Ahora eres la reina?
—Comen de mi mano.
—Pues más nos vale porque hay que ganar como sea.
Ilsa levantó una ceja mirando a Carl. —¿Has metido la pata otra vez?
—Esto no es cosa mía, pero gracias por la confianza.
Erica le susurró al oído lo que había pasado y Ilsa entrecerró los ojos. —¿Es que los hombres de esta familia no pueden dejar de tomar decisiones equivocadas en lugar de hacer felices a sus mujeres?
Carl carraspeó. —Christian es distinto.
—Sí, se nota. Ha pensado sobre todo en la felicidad de su mujer. —Bufó mirando a Henry. —Cielo, qué suerte tengo contigo.
—Bien, ¿nos ayudaréis? —preguntó Erica.
—Por supuesto —dijeron sus amigos sin dudar.
Miraron a Christian que cogió un micro. —Como quería hacer esto bien para que vierais que no había trampa ni cartón, he contratado para este juego a un notario.
Todos parpadearon de la sorpresa. Sí que se lo había tomado en serio.
—Nadie sabe las pistas, solo él, que las ha colocado en el lugar exacto sin que nadie sepa nada, ni siquiera mi novia. Así que si alguien piensa que mi familia tiene ventaja está muy equivocado.
Carl sonrió con ironía cruzado de brazos. —Hermano, te conozco muy bien y conozco este rancho mejor que nadie, ese tesoro es mío.
La sonrisa maliciosa del notario hizo ver a Erica que no iba a ser nada fácil. Preocupada miró a Jessica que se apretaba las manos compulsivamente.
—Como veréis, todos tenéis las mismas pistas.
Las mismas oportunidades y en el mismo recinto.
El tesoro está en la casa o los alrededores.
Puede que alguna pista esté algo lejos, pero será algo que se puede ver desde la casa, así que podréis llegar si corréis lo suficiente.
En el siguiente objetivo, habrá cinco pistas y así se irá restando una pista hasta que lleguen a ser solo dos por lo que se irán eliminando a los competidores que se retrasen.
Hermano, no puedes usar ni el caballo ni ningún tipo de elemento mecánico, ni siquiera una bici, y eso va para todos.
Así que lo del caballo era falso, solo había que mirar la cara de sorpresa de Jessica para darse cuenta de que su prometido se la había colado. Pues para ella era un alivio, la verdad.
—¿Y qué pasa con los que no conocemos la casa? —preguntó Ilsa.
—Las pistas te llevarán a sitios conocidos por todos.
Por ejemplo, la cocina, que no digo que sea un sitio que yo haya elegido, porque como le revolváis algo a Mary Anne no volveré a comer decentemente en la vida y eso es algo que he querido evitar.
—Varios rieron mientras la mujer sonreía de oreja a oreja.
—¿Listos? En cuanto diga tiempo podéis abrir los sobres.
—Miró a todos los participantes. —¡Tiempo!
Carl abrió el sobre que tenía en la mano a toda prisa. —“En la mañana es fría y por la tarde caliente, busca en su interior y encontrarás la solución”
—En la mañana es fría y por la tarde caliente. Se calienta con el sol.
—Nena, puede ser cualquier cosa, esto es Texas.
—Busca en su interior. Es algo en lo que podemos meternos.
—Dentro de la casa hay aire acondicionado, así que es fuera.
Entonces se dio cuenta y le cogió del brazo.
—Ven conmigo. —Salieron corriendo e Ilsa les siguió hasta la piscina.
—El agua por la mañana esta fría y por la tarde caliente.
—Se quitó las zapatillas y se tiró al agua.
Carl se quitó las botas y la siguió al igual que Ilsa y Henry.
De repente la piscina se llenó de gente y era difícil encontrar nada.
Erica empezó a ponerse nerviosa. —¡Nena, lo tengo! —gritó Carl.
Ilsa levantó un sobre envuelto en plástico y salió de la piscina. Erica salió del agua tan rápido como podía y se encontró con Carl que ya leía. —¿Qué?
—“Fluye entre las montañas hasta llegar al valle, es necesaria para el ganado y…”
—Está claro que habla del agua y que lo que falta en la frase son los cultivos.
—Nosotros no cultivamos nada.
—Pero tu madre tiene plantas.
Todos miraron las plantas que rodeaban la piscina. Eran un montón. Erica gimió por dentro. —Cielo, ¿alguna idea?
—¿No crees que es demasiado evidente? —preguntó mientras los de los otros sobres ya miraban entre las hortensias.
—¿Qué quieres decir? ¿Tienes más cultivos?
—¿Y si es el ganado? ¿Y si está en el establo?
Corrieron e Ilsa al ver que corrían puso los ojos en blanco silbando a Henry que corrió tras ellos. Carl abrió la puerta del establo y ella dijo —¿Tienes por aquí un grifo o algo así?
Él corrió sin responder hasta una vieja pila de porcelana y vieron cuatro cubos llenos de agua. Carl cogió el primero y lo levantó para ver el sobre pegado al culo. Ella lo arrancó y lo abrió a toda prisa. Ilsa hizo lo mismo para evitar que alguien le quitara su sobre.
—“Los animales comen, beben y después…”
—Cagan —dijo Ilsa mientras otra pareja abría su sobre—. ¡Eh, sin empujar!
—Los animales comen, beben, ¿y después duermen? —preguntó insegura a Carl.
—Puede ser, porque la verdad la prefiero a la opción de Ilsa.
—Repartámonos para cubrir las dos opciones—dijo Henry—. Por si acaso.
—Vosotros al estiércol, majos. —Erica echó a correr hasta los cubículos donde estaban metidos los caballos. —Leche, que grandes son de cerca.
—Ja, ja… —dijo Ilsa a su lado viendo la paja que había en el suelo—. Este tiene una pinta de mal bicho que no puede con ella. Hala, entra.
—¿Por qué yo?
—Porque estoy preñada, por eso.
La otra pareja que era gente que no conocía entró en uno de los cubículos demostrando que estaban acostumbrados a tratar con animales. Ella se agachó y chilló de la alegría levantando un sobre.
—Mierda, nos están ganando.
—Aún queda juego y ahora no pueden seguirnos o copiar nuestros movimientos. —Ilsa la empujó dentro. —¡Espabila!
—Bonito, no me hagas nada. —Apartó la paja con el pie y llegó otra pareja que no se cortó en entrar con ella y arrebatarle el sobre.
—¡Eh, Ray! ¡Todavía no habéis encontrado la segunda pista!
—¿Y? —contestó él con descaro—. Lo importante es encontrar el premio.
—La madre que… —Corrió hacia otro caballo y ahí no se cortó, se puso de rodillas moviendo las manos para encontrar la pista.
Otra pareja entró con el caballo que había frente a ella y empezó a buscar el sobre justo en el momento en que ella encontraba el último que quedaba. —¡Sí! ¡Llama a los demás!
Ilsa salió corriendo mientras leía la pista. —“No, no es dormir”—Parpadeó asombrada y chilló corriendo fuera del establo donde se encontró a los chicos. —¡Está en el estiércol! Uff, cómo oléis —dijo mirando sus brazos manchados de mierda hasta los hombros—. ¿Habéis buscado dentro?
—¿Tú qué crees?
Sorprendida vio que Ray se subía a aquel montón de mierda y empezaba a apartarla de un lado a otro mientras su novia debajo de él recibía parte de lo que movía ese idiota.
—¿En serio creéis que tu hermano nos metería ahí?
—Abrió los ojos como platos. —Nosotros también somos animales y también cagamos, con perdón.
Carl juró por lo bajo. —¿Estamos buscando un baño? —preguntó en voz baja.
—¿Dónde está el más cercano que no esté en la casa?