Capítulo 13
—¿Dijo eso? —preguntó Alicia asombrada—. ¿Por qué?
—No lo sé —respondió Mary Anne—. Pero tenía la misma cara que cuando creía que estaba muerta. Y Erica lloraba en la habitación.
—Todo es muy reciente, deben darse tiempo —dijo Meredith viendo como Benjamin inflaba un flotador a la niña que estaba sentada en las escaleras contándole algo que al hombre le hizo reír.
—Ahí viene Erica. —Mary Anne se levantó de la tumbona. —¿Os traigo algo más?
—No, en cuanto se den un baño y se preparen, pasaremos a comer. —Meredith miró a Erica que tenía cara de haber llorado bastante, iba hacia su hija forzando una sonrisa.
—¡Mira, mami! ¡Un flotador! —La niña que no era tonta perdió algo la sonrisa. —Mami, ¿has llorado?
—Claro que no, me ha entrado polvo en los ojos y se me han puesto así.
—Vaya. —Benjamin le puso el flotador. —Báñate conmigo, mami, para que se te quite el polvo.
Se metió en la piscina y ella se quitó su pareo mientras todos la miraban. —Niña, ¿estás bien? —preguntó Benjamin preocupado.
Asintió y empezó a bajar los escalones. El agua estaba buenísima, pero ella apenas la apreció porque por el rabillo del ojo vio que Carl salía con su bañador negro. ¿Por qué diablos había ido al rancho?
—¡Papi, tengo flotador!
Él sonrió y se tiró de cabeza acercándose a la niña, que le miró con los ojos como platos. —Hala…
Carl rio. —En nada de tiempo lo harás tú también, pero primero hay que aprender a nadar.
—Sí, sí… —Ella dio a los brazos y a las piernas como una loca y Erica no pudo evitarlo, sonrió por su entusiasmo. —Ya nado, papi.
—No, cielo, aún te queda un poco, hay que aprender a nadar sin flotador. Como aprendió tu madre.
—Mami no sabía, fue a clases.
—Sí, fue a clases e hizo muy bien. —Cogió su flotador y la hizo girar a su alrededor. Como él se encargaba de la niña, Erica decidió nadar un rato y empezó a dar brazadas hasta el otro lado de la piscina.
—A mamá le daba miedo el agua, pero ya no.
Carl frunció el ceño. —¿Cómo sabes tú eso?
—La tita Ilsa se lo decía al tito Henry. A mamá su papá la metió en la bañera para castigarla y le metió la cabeza bajo el agua. —Todos separaron los labios de la impresión. —¿A que era malo su papá?
—Mucho —dijo muy tenso—. Era muy malo.
—Pero mamá dijo un día que no pensaba dejar que nada la asustara y empezó las clases. La tita dice que el primer día vomitó, pero que al día siguiente volvió. Mamá no se rinde —dijo orgullosa.
—No, no se rinde. —Carl la observó dar la vuelta al otro lado de la piscina. La vio sacar la cara del agua para respirar antes de dar varias brazadas. Era evidente que no se estaba enterando de nada, era como si estuviera en su propio mundo.
—Mira qué bien nada —dijo su hija fascinada—. Algún día lo haré igual. ¡Vamos papá, enséñame!
Él empezó a decirle lo que tenía que hacer mientras Meredith miraba a Alicia decepcionada porque parecía que se habían alejado de nuevo. —Pobre niña…
—Tranquila, lo arreglarán —dijo Alicia convencida—.
Ella todavía le quiere, sino no le habría dejado acercarse a la niña.
De hecho, ni habría aparecido por aquí y nunca sabríamos de la existencia de Molly.
Todo ha pasado por algo y estoy convencida de que antes de que nos demos cuenta estaremos celebrando su boda.
—No sé…
Después de dar diez largos, Erica salió de la piscina y se secó la cara con la toalla antes de rodear su cuerpo con ella. —Vamos, nenita, hay que comer.
—Jo, pero mami, acabo de entrar. Un poco más.
—Diez minutos y fuera. El tiempo que tarde en ducharme.
—¡Bien!
—¡Ya estamos aquí!
Se volvió sorprendida para ver que Jessica y Christian salían del porche trasero.
—Menos mal, creía que no llegaríais nunca —protestó Meredith.
—Madre, se retrasó el vuelo —dijo dándole un beso en la mejilla. Se volvió hacia ella—. Hola, Erica.
—Menuda sorpresa. ¿Jessica ha venido para las citas médicas de su padre?
Ambos sonrieron. —No, hemos venido a la boda.
—¿La boda? —preguntó confundida—. ¿Quién se casa? ¿Alguien que conozca?
—Nosotros nos casamos —dijo Jessica intentando no reír.
Frunció el ceño. —No lo entiendo. Vuestra boda fue hace más de un mes.
—No. No nos casamos —dijo Christian—. ¿Cómo nos íbamos a casar después de lo que te ocurrió? Además, Molly tampoco estaba en la boda y si no estaba toda la familia no había boda.
—¿Familia? —preguntó sin aliento.
Christian la besó en la mejilla. —Has tenido a una Driscoll, así que eres una Driscoll.
Teníais que estar en la boda. ¡Sorpresa!
¿A que te he sorprendido? Sabía que colaría cuando le dije a Ilsa que ya nos habíamos casado.
—Rio. —Menudo mosqueo se pilló. —Entonces corrió hacia la piscina. —¡Dónde está mi sobrina preciosa!
—Nenita, este es el loco de tu tío Christian.
—¡Tengo un tío! ¡Mami, tengo un tío!
—Sí, cielo. —Emocionada por lo que habían sacrificado por ellas miró a Jessica. —Pero…
—Pero nada, se retrasaba y listo. —La abrazó. —Me alegra mucho verte tan bien.
—Gracias.
—Bueno… —Se apartó. —¿Lista para la búsqueda del tesoro?
—¡Ya estoy aquí! —gritó Joy desde la puerta. Entonces miró a Erica—. Pero si está aquí el amor de mi vida.
Se puso como un tomate. —Leche.
—Sí, él también es de la familia, acostúmbrate —dijo Alicia divertida.
Jessica se acercó más y susurró —Tienes que ganar la búsqueda del tesoro.
—¿No me digas que iba en serio?
—Claro que sí, todos los amigos de Christian están a punto de llegar.
—Pero si ni hemos comido.
—Tranquila, aún hay tiempo.
—¿Y por qué tengo que ganarla?
—Porque el loco de mi futuro marido ha enterrado mi anillo de boda en algún lugar de la finca.
—¿Qué?
—Dijo que así le daba más emoción —dijo entre dientes.
—¿Cabreada?
—Esto no se lo digas a nadie —dijo en susurros—. Mis padres no lo saben y no quiero conflictos entre ellos y Christian, ¿entiendes?
—¿Por qué?
—Ese anillo ha pertenecido a mi familia durante generaciones, como se lo quede alguno de los invitados me da algo, porque es un premio y luego no puedo reclamarlo.
—Pero está loco, id a buscarlo.
—¡Es parte de su plan, no dará su brazo a torcer!
—¿Su plan?
—De juntaros, tonta. La búsqueda es en parejas y quiere que tú la hagas con Carl.
Entró en pánico, ¿más tiempo con Carl? Aquello sería una tortura. —Ay, madre… ¡Christian está fatal!
—Dice que así os dejaréis la piel para conseguirlo, que el roce hace el cariño y...
Se volvió. —¡Christian, ven aquí!
—¡Ni de coña! ¡No voy a cambiar de opinión! —Se puso a su sobrina sobre los hombros sin importarle que le pusiera perdido.
—¡Mira mami, mira que alta estoy!
—Carl…
—Hermano, como te caiga la niña, vamos a estar en serios problemas —dijo tan preocupado como ella.
—¡Tú lo has dicho!
—Vale, pero lo de la búsqueda no tiene negociación. —Bajó a la niña. —Qué aburridos son.
La niña suspiró de manera exagerada. —Sí, son mi cruz.
Todos se echaron a reír sin poder evitarlo y Carl la cogió en brazos. —¿Dónde has aprendido eso?
—La madre de mi amiga Jess lo dice a todas horas. Su marido es su cruz, sus hijos son su cruz…
—Pues sí, somos tu cruz hasta los treinta por lo menos.
—Jo, papi.
—Ahora a comer, señorita. —Se acercó a Erica. —Nena, la ducho… —Al ver su cara se detuvo en seco. —¿Qué pasa?
—¿Qué pasa? Que tu hermano está fatal —dijo entre dientes.
Christian rio por lo bajo pasando a su lado y cogió a la niña. —Mamá se ocupa de ella, que lo está deseando.
—Sí, sí, que me vista la abuela.
Meredith encantada fue con ellos hasta el porche trasero.
—¡Christian!
—Ni hablar.
—Erica, ¿qué pasa?
—Tu hermano ha puesto como tesoro de la búsqueda su anillo de matrimonio. El de su familia. ¡Quiere que juguemos tú y yo juntos para ganarlo y yo tengo que irme a las cinco!
—Nena, hoy no vas a abrir el bar. De hecho, Ilsa viene a los juegos.
—¿De veras? —preguntó sorprendida—. ¿Y no me dijo nada? —Frunció el ceño. —¿Cuándo has hablado con ella?
—Ayer por la noche. Antes de ir al bar la llamé para decirle lo de la boda. Le dije que necesitamos una tregua y que estaba invitada. Que no te dijera nada porque lo de la boda era una sorpresa.
—Será cabrita —dijo por lo bajo—. Bueno, ¿qué?
—¿Qué?
—¿No vas a hablar con tu hermano?
—Pues no, porque me parece una idea estupenda —dijo malicioso.
—Carl…
Sonrió poniéndole el estómago del revés. —Nena, vamos a ganar.
Jessica gruñó. —Más os vale, como ese anillo no esté ante el cura mañana para ponérmelo en el dedo, a mi madre le da algo.
Preocupada miró a Carl. —Haz algo, le va a fastidiar la boda a su novia por nuestra culpa. ¡Y ya la ha retrasado una vez!
Carl apretó los labios. —Si no le ha convencido Jessica, que es lo más importante de su vida, dudo que yo pueda hacer nada, pero hablaré con él.
Suspiró del alivio. —Menos mal, no quiero ser responsable de que se retrase esta boda de nuevo o de que algo lo estropee.
Él asintió. —Hablaré con él ahora mismo.
Sonrió a Jessica mientras se alejaba. —Hablará con él.
Jessica intentó sonreír, pero hizo una mueca. —Qué bien.
—No tienes ninguna esperanza, ¿no?
—Oye, maja, desde que me enteré de esta locura, me lo he trajinado en la cama hasta casi dejarlo en coma de nuevo y nada.
—¿Nada? Igual no eres tan buena en la cama como crees.
Jadeó indignada. —¡Soy buenísima en la cama!
Alicia sentada en la tumbona todavía con un libro en la mano la miró espantada y Jessica se puso como un tomate cogiendo a Erica del brazo para llevarla hasta la casa. —Tienes que ganar.
—Si ni tengo zapatillas de deporte —dijo empezando a asustarse.
—Eso no es problema, te prestaré algo.
—Es que yo sin mis zapatillas de deporte no corro bien.
—Pues vas a tener que hacer mucho más que correr bien para ganar las pruebas.
—Lo dices como si fueran las olimpiadas.
—Christian lleva pensando en esto desde que pusimos la fecha de la boda. Hizo una búsqueda de niño y está obsesionado.
—¿Pero qué quiere que hagamos?
Jessica forzó una sonrisa. —No es que sepa mucho… ¿Qué tal montas a caballo?
La miró con horror. —Es coña.
—¡Eres texana!
—No todos los que hemos nacido en Texas vamos a caballo, ¿sabes? ¡Solo los he visto de lejos!