Capítulo 10 #3
Él apretó los labios y Erica sonrió con tristeza.
—Yo te lo diré, ya que no tienes las agallas de reconocerlo, porque no querías que me hiciera ilusiones, por eso no te pusiste las botas que te regalé, ¿no es cierto?
Cuando Christian estaba ingresado fuiste muy claro diciéndome que entre una camarera y tú nunca habría nada.
—Estaba cabreado.
—Ya, tú tienes todo el derecho a cabrearte durante años, pero yo no tengo ningún derecho.
—Tienes todo el derecho del mundo a estar cabreada conmigo, joder. A estar cabreada con todos, ¿pero no te das cuenta de que estamos perdiendo un tiempo precioso?
Los ojos de Erica se llenaron de lágrimas.
—Cuanto más tiempo pase, serán días o semanas que estaremos alejados, que no veremos crecer a nuestra hija, y que no tendremos más hijos. Nena, yo te quiero, puede que nunca te lo haya demostrado, pero es lo que siento.
—Tu amor no es suficiente.
Carl palideció al escuchar esas palabras. —Erica…
—Ya no. Antes hubiera dado mi vida por escucharte decir que querías estar a mi lado, que fuera tu esposa, pero ahora no me basta.
He creado una vida aquí con muchísimo esfuerzo, me va muy bien y mi hija es muy feliz.
No voy a dejarlo todo por ti ni por nadie.
Puede que tenga miedo, no te lo niego, pero eso solo significa que no me fío de ti y esa no es una buena base para que ponga mi vida del revés.
—Apoyó los codos sobre la mesa. —Por cierto…
—Empujó el fajo de billetes hacia él. —He pensado mucho en eso y aunque tú y tu familia fuisteis los responsables de que tuviera que irme del pueblo, tienes razón, me prestaste el dinero. Ahí lo tienes, no quiero deberte nada.
Él miró el dinero durante varios segundos y entonces se le cortó el aliento mirándola a los ojos. —Lo recuerdas, recuerdas el fin de semana de la boda, nuestra conversación en la gasolinera…
—También recuerdo todo lo demás. Cuando estaba abriendo el bar esta tarde vi una silla en el suelo.
Alguno de los proveedores la tiraría y fui a cogerla como aquella noche en la que sucedió todo, de repente los recuerdos estaban ahí.
Y recuerdo muy bien tus insultos. Para ser alguien tan enamorado, fuiste muy claro en aquel momento.
—¡Joder, no sabía que le habías ayudado!
—¿Y? ¿Y si hubiera reaccionado de otra manera y hubiera huido, la culpa también sería mía?
—preguntó levantando la voz—. ¡Pues no tenía la culpa!
¡No tenía la culpa de que los dos estuvieran borrachos, de que mi padre tomara esa decisión ni de que Christian no pudiera ni moverse!
¡No, la culpa no fue mía y estoy harta de que te excuses en eso para justificar tu comportamiento!
¡Vamos, di la verdad! ¿Crees que no sé que tu madre te metía por los ojos a Christine Matthews?
—Nena, estás desvariando, ¡nunca estuve con ella!
—¿No? ¿Con quién estabas cenando la noche del accidente? ¡Por qué no fuiste esa noche al bar! ¡A lo mejor si hubieras estado, Christian no habría sufrido ningún daño! ¿No lo has pensado?
—Joder, lo he pensado mil veces.
—¿Con quién estabas cenando esa noche, Carl?
Él apretó los labios. —Cené en casa.
Una lágrima recorrió su mejilla. —¿Con quién?
—Mi madre organizó una cena con Christine y su padre.
Asintió dolida. —Y te daba igual lo que yo pensara de eso, ¿verdad?
—Nena, lo siento, joder.
—Dijiste en el video que sabías cómo me sentía, no podías dejar de verme y me necesitabas, ¿hasta dónde estabas dispuesto a llegar?
Él apretó los labios. —Si te preguntas si pensaba dejarte por Christine, la respuesta es no. Ni por ella ni por nadie, no estaba en mis planes dejar de verte.
Sin aliento apoyó la espalda en su sillón.
—Dios mío, ibas a tenerme así todo el tiempo que pudieras.
—Entonces lo entendió. —Lo que te jodió fue que Ed fuera a decirte que yo te estaba tomando el pelo, ¿no es cierto?
¡Sabías que estaba enamorada de ti y aun así creíste lo que te dijo ese cerdo!
¡Tú podías hacer lo que te viniera en gana, pero si a mí se me ocurría mirar a otro hombre la cosa cambiaba!
¡Me considerabas tuya y que te hubiera puesto los cuernos era intolerable!
—No puedo negar que ese tema me cabreó.
—Y por eso no me cogiste el teléfono cuando te llamaba.
—¿Crees que no sé que lo que ocurrió fue culpa mía? ¡Lo sé muy bien desde que vi ese video que grabó Christian, joder! ¡E intento arreglarlo!
Sonrió con tristeza. —Esto ya no tiene arreglo.
—No digas eso —dijo desesperado.
—Es la verdad. Todo lo que sucedió provocó que yo creara una nueva vida y no la voy a cambiar por ti. Ahora te sientes culpable, ha aparecido Molly en tu vida y estás desesperado por arreglar las cosas, pero tienes que dejarlo porque ya no hay vuelta atrás.
—Me quieres todavía, sé que me quieres.
Sollozó. —No, cielo, nunca volveré a quererte así.
Carl dio un paso atrás como si le hubiera golpeado.
—Desde que era una cría soñaba con que el hombre que estuviera conmigo no se pareciera en nada a mi padre.
—Rio sin ganas. —Y me enamoré de ti, que me demostraste que eras exactamente como él.
Un egoísta que solo me utilizaba. Puede que ahora quieras cambiar las cosas, pero no puedes hacer que olvide los golpes que me ha dado la vida por tus decisiones, así que déjalo estar de una vez.
—Empujó el dinero de nuevo. —Cógelo y vete a casa.
—Pienso demostrarte que puedo ofrecerte el amor que siempre has querido.
Negó con la cabeza. —Olvídalo.
—Eso es lo que tenemos que hacer, olvidar el pasado y empezar de nuevo.
—Apoyó las manos sobre la mesa acercando su rostro al suyo.
—Eres mucho más de lo que merezco, pero pienso luchar por ti y por tener una vida juntos, nena.
Así que vete haciéndote a la idea de que me vas a ver mucho por aquí.
—Él miró sus labios y Erica se enderezó de golpe haciéndole sonreír.
—¿Poco a poco? No me importa. Lo que pasa es que te asustado hace unas horas, has sentido lo mismo que hace años cuando estábamos juntos y tienes miedo.
Es lógico y pienso esperar lo que haga falta.
—El fin de semana que viene Molly tiene una fiesta de cumpleaños. Ven a buscarla el sábado a las cuatro.
Carl se tensó. —¿No puedo verla antes?
—No, vayamos poco a poco.
—Como quieras. —Fue hasta la puerta. —¿Sabes, nena?
Deberías pensar por qué te has acostado conmigo si no pensabas llegar a nada en esta relación.
¿Será porque no has podido evitarlo? —Ella iba a decir algo, pero Carl la interrumpió.
—Igual era lo que me pasaba a mí antes de lo de Christian, ¿no crees?
Salió del despacho dejándola con la palabra en la boca y pensó en ello dejándose caer en su sillón. Uff, estaba cansada de pensar en ello. Mejor se iba a la cama.