Capítulo 8 #3
Carl suspiró. —En la feria no fue la primera vez que me fijé en ti, te conocía de toda la vida, te había visto ir al colegio, al instituto, te vi con tu primer novio…
Lo de aquella feria fue intencionado, nena, no salías de mi cabeza.
No sé si era porque me gustabas o porque tú me ignorabas.
Nunca me mirabas, pasabas a mi lado y nunca me saludabas a no ser que yo te saludara a ti.
Y cuando ocurrió lo de la feria… Joder, cuando ocurrió me sentí como si hubiera encontrado a mi otra mitad.
—Erica sollozó porque ella había sentido lo mismo.
—Eras perfecta, divertida, valiente, preciosa, y muy lista.
No pude evitar seguir viéndote, pero no podía enterarse mi madre y que le diera un disgusto.
Suena a calzonazos, pero no quería hacerle daño.
Y mientras no le hacía daño a ella, te lo hacía a ti.
¿Crees que no me daba cuenta, nena? Claro que sí, tus miradas de decepción cuando me iba, tu voz congestionada cuando te sentías rechazada y todo era culpa mía.
No podía dejar de verte, te necesitaba y nunca fui sincero sobre lo que ocurría, así que es lógico que pensaras que me avergonzaba de lo que teníamos.
Y no era así. Mi relación contigo fue tan increíble que nunca la olvidaré, de hecho, no la he olvidado.
Aunque eso ya da igual. Ahora que me estoy sincerando, me he dado cuenta de que puede que esto a ti te importe una mierda.
De todas maneras quería disculparme, te merecías más y no fue justo cómo te tratamos.
—Se quedó en silencio mirando al vacío. —Lo de la niña es otro cantar, nena.
—Miró fijamente a la cámara. —Voy a luchar por verla, creo que entenderás mi postura.
Puede que no consiga nada después de lo que hemos hecho, pero al menos pienso intentarlo.
—Suspiró. —Seguramente lo que te diga ahora te va a cabrear aún más, pero ya no tengo nada que perder, así que ahí va.
Podemos hacer esto por las buenas o por las malas y no dudes que si no llegamos a un acuerdo acudiré a los tribunales.
No quiero hacerlo, pero lo haré si es necesario.
—Le rogó con la mirada. —Quiero estar con mi hija.
Quiero que ella me conozca. Sé que nunca podré criarla, pero al menos quiero tener trato con ella.
Es una Driscoll y como bien sabes luchamos por los nuestros.
Si me das una oportunidad, juro por mi vida que no os decepcionaré.
La imagen se puso en negro y Erica se dejó caer en el respaldo de la silla.
—¿Mami?
Se volvió de golpe para ver a Molly con la muñeca en la mano y cara de sueño. —Tengo sed.
Se levantó de inmediato y encendió la luz. —Tienes agua al lado de tu cama.
—No, se te ha olvidado.
—¿Dónde tendrá mamá la cabeza? —dijo cogiéndola en brazos. La llevó a la cocina y cogió uno de sus vasos para llenarlo de agua.
—¿Veías una peli? —preguntó dejando caer al suelo la muñeca antes de coger el vaso con sus manitas.
—¿Sin ti? Ni hablar.
Sonrió antes de beber. Cuando terminó Erica dejó el vaso sobre la encimera y se agachó a coger la muñeca antes de llevarla a la cama. —Mañana tienes un gran día de cole.
—Sí, es el cumple de Anne.
—Sí, es el cumple de tu amiguita Anne. —La tumbó y miró el termostato de la habitación para asegurarse de que no hacía demasiado calor. Al mirar hacia ella se sorprendió porque había pegado el dibujo de su padre en la cabecera de la cama. —¿Y esto?
—Para verle cuando quiera, no tengo foto.
Palideció. —¿Y quieres una foto?
—Sí, para enseñársela a todo el mundo. Tengo papi como todos los demás.
Forzó una sonrisa. —¿Te gustaría verle?
—¡Sí! ¿Puedo mami?
Esa pregunta le rompió el corazón y asintió. —Claro que sí. ¿Quieres verle este fin de semana?
—¡Sí! —La abrazó por el cuello y Erica la pegó a ella. —¿Me querrá, mami?
—Claro que sí. —Se apartó para mirarla a la cara. —¿Por qué piensas que no?
—Como no ha venido hasta ahora…
Siempre le había dicho que su papá no sabía dónde estaban porque habían perdido el contacto antes de saber que Molly iba a nacer. Para ella tenía que ser muy chocante que apareciera de repente cuando se suponía que ni sabía que había nacido. —¿Por qué no ha venido hasta ahora, mami?
—Bueno, consiguió localizarme y le dije a qué cole ibas. ¿A que te dio una sorpresa?
—Sí —dijo ilusionada—. ¿Podré montar a caballo? Porfi, ¿podré?
—Claro que sí, y serás la mejor ranchera de la zona y tu papá estará muy orgulloso de ti. Ahora mismo le voy a llamar para que venga a buscarte en el fin de semana y conocerás a la abuela y a tu tío…
Molly frunció el ceño. —¿Vendrá a buscarme? No mami, que venga aquí. Puede dormir contigo, la cama es muy grande.
Sí, lo que le faltaba. —¿No quieres conocer a tu abuela? —Por la cara que ponía en ese momento la abuela le daba lo mismo. Era evidente que no quería separarse de ella porque estaba algo asustada con la situación. —Además los caballos están allí.
—No, que venga aquí. Iremos a comer un helado. —Se tumbó dando por terminada la conversación. —Hasta mañana, mami.
—Hasta mañana, cielo. —La besó en la sien y salió de la habitación cerrando la puerta.
Fue hasta su ordenador y gruñó por lo que tenía que hacer.
Cogió el móvil de mala gana y fue hasta la ventana poniéndoselo al oído.
Él descolgó de inmediato. —Espero que este viernes no tengas nada que hacer porque tienes que venir a San Antonio.
La niña no tiene colegio por el centenario del centro, así que podrás verla.
—Joder, nena, gracias.
—No me des las gracias, ha sido la niña quien insiste en conocerte. Pero como le hagas daño ya puedes huir del país, ¿me has entendido? —dijo entre dientes—. Acabaré contigo y con toda tu puñetera familia.
—Nena, no amenaces.
Gruñó antes de mirar hacia la puerta de su hija. —Aquí el viernes a las diez de la mañana. No llegues tarde. —Colgó sin esperar respuesta y bufó dejando el móvil sobre la mesa. —Lo que te faltaba, ahora le verás a menudo, genial para alimentar tus puñeteros recuerdos.