Tu amor no es suficiente Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

Pálido dio un paso hacia ella. —Nena…

Le dio un tortazo que le volvió la cara.

—Jamás se te ocurra llamarme así de nuevo —siseó con rabia—.

¡Olvídate de mi hija y de mí! Esta conversación nunca ha tenido lugar, ¿me oyes?

¡Ahora soy yo quien no quiere saber nada más de ti!

—Le arrebató la maleta y la tiró en el portaequipajes cerrando la puerta con fuerza.

Le miró con rabia mientras lloraba sin darse cuenta y abrió la puerta del coche.

—Adiós, Carl. No te deseo que te vaya bien, porque me da absolutamente igual.

—Hijo, no dejes que se vaya, nunca podremos conocerla —dijo Meredith antes de levantar la escopeta. Al ver el arma Erica gritó arrancando a toda prisa.

—¡Madre no! —gritó Carl.

—Quiero conocer a mi nieta. —Disparó a la rueda del cuatro por cuatro.

Erica gritó del susto y aceleró pisando a fondo mientras aquella loca disparaba de nuevo dándole en la ventanilla. —¡Ay, Erica, que la vieja te quiere matar! —gritó mirando por el espejo retrovisor.

Carl corría hacia ella gritando algo que no llegó a oír porque le zumbaban los oídos. —¡Qué te den! ¡Qué os den a todos los Driscoll, putos chiflados! —El impacto fue tan fuerte que la tiró sobre el volante. Confundida ni sintió como se abría la puerta. ¿Esa loca le había dado?

—¡Erica! —Alguien empujó su cuerpo para incorporarla y escuchó la voz de Jessica gritando que no la moviera.

—¡Joder, llamad a emergencias!

—¿Molly? —susurró Erica con el rostro lleno de sangre antes de perder el sentido.

—Sí, fue directa al coche de los Clark que habían venido para la boda —dijo Carl por lo bajo para que no les escucharan los de la sala de espera—. Algo debió pasar con la dirección del coche.

—Qué raro —dijo el sheriff—. Es un coche nuevo.

—Igual no lo entendía bien, no sé.

—¿Crees que pudo hacerlo a propósito? Su padre…

—No, seguro que fue un accidente —dijo Christian molesto—. Joder, ¿por qué tardan tanto los médicos? Llevamos aquí horas.

En ese momento Ilsa entró en urgencias del hospital de San Antonio con una preciosa niña en brazos que estaba medio dormida. Clark separó los labios de la impresión porque era morena como él.

—Oh, Dios mío —dijo su madre levantándose de su asiento—. Es igualita a mí de pequeña. Tiene mis rizos.

Ilsa hablaba con una chica que estaba tras el mostrador y de repente vio a Carl. Le miró con rabia antes de decirle algo a la recepcionista que levantó el teléfono. Él se acercó e Ilsa siseó —Ni se te ocurra tocarla.

La niña levantó la cabeza de su hombro y le miró medio adormilada. Tenía sus mismos ojos. —¿Tita? ¿Quién es este señor?

—Nadie cielo, sigue durmiendo, no es nadie.

En ese momento Henry salió de urgencias y su cara la hizo palidecer porque parecía muy preocupado. Ilsa corrió hacia él. —¿Qué tiene?

—En este momento le están haciendo una tomografía porque se ha roto la nariz y la fractura no tiene buena pinta, parece que se le ha hundido el hueso.

—Dios mío, dime que se pondrá bien.

—Habrá que operar esa fractura y espero que solo sea eso.

—¿Puedo pasar? —preguntó angustiada.

—No, cielo. Urgencias es un caos, un autobús ha volcado en la autopista y estamos a tope. Cuando sepa algo más vengo y te lo digo.

—Está bien. —Se volvió y se detuvo en seco al ver que Carl estaba allí. —¿Qué haces escuchando? —preguntó indignada.

Él la ignoró mirando al médico. —¿Qué puede pasar si esa fractura ha afectado a algo más?

—¿Qué puede pasar? De todo, joder —dijo molesto antes de dar un paso hacia él—. ¿Qué pasa, que no tuviste bastante con joderle la vida que vuelves a rematarla? Sal de mi vista antes de que llame a seguridad.

Christian preocupado le cogió del brazo. —Ven, hermano, siéntate.

Carl apretó los labios antes de alejarse. Henry miró a Ilsa y a la niña. —Pasa, no quiero que te quedes con esos. Te quedarás en el vestuario hasta que la cosa se calme.

Le siguió mirándoles de reojo. —¿Sabes cómo ha sido? Cuando me llamaste…

—Cuando te llamé acababa de llegar, cielo. Los de emergencias dicen que fue un accidente de coche.

—¿Un accidente de coche? —preguntó incrédula—. Si es muy prudente al volante.

La cogió del brazo y la apartó. —Uno de los sanitarios —dijo por lo bajo—, me ha dicho que piensa que la herida que tiene en el brazo es de una bala, que ha visto muchas así como para que no las reconozca.

—¿Una bala?

—Sí, es un rasguño, pero se dio cuenta enseguida. Además, fueron ellos los que la sacaron del coche, me dijo que una de sus ruedas estaba reventada y que debía ir a muchísima velocidad para darle ese golpe al coche.

—¿Crees que le dispararon?

Henry asintió. —Ahora voy a ver cómo está y a asegurarme de que la opere Emerson. Afortunadamente me ha cogido el teléfono y ya viene de camino. Después pienso ir a ese maldito rancho a ver el coche y más vale que no encuentre nada raro, porque sino te juro que todos esos van a acabar en prisión.

Henry apretó los labios al ver el coche aún empotrado en el otro.

El golpe había sido brutal, el cuatro por cuatro de Erica había destrozado el otro coche y prácticamente lo había partido por la mitad.

Se bajó de su BMW y cerró la puerta sin dejar de mirarlo.

Los Clark y Mary Anne salieron al porche. —¿En qué podemos ayudarle?

Miró hacia allí y la luz del hall no dejaba que viera bien las caras. Se acercó queriendo gritar de la frustración. —Soy Henry Wagner, uno de los mejores amigos de Erica.

—Oh… —Alicia bajó los escalones y le dio la mano. —Encantada de conocerle, soy la madre de Jessica, la novia.

Benjamin también bajó y le tendió la mano que apretó, aunque no tenía ninguna gana. —Supongo que usted es su padre.

—Benjamin Clark. Ella es Alicia, mi mujer no se lo ha dicho por los nervios. Y ella es Mary Anne, el ama de llaves de la casa.

Miró hacia la mujer que pálida se apretaba las manos como si estuviera muy nerviosa, que no bajara le indicaba que quería marcar distancias. Él inclinó la cabeza en señal de saludo y la mujer de repente se echó a llorar entrando en la casa a toda prisa.

—Discúlpela, ha sido un shock todo lo que ha pasado —dijo Benjamin muy incómodo.

—¿Y qué ha pasado exactamente?

—Los chicos discutieron y Erica quiso irse. Cuando me refiero a…

—A Carl, se refiere a Carl, no hace falta que me lo diga.

—Sí. Ella estaba disgustada y… —Miró de reojo a su esposa. —En realidad yo no lo vi, estábamos en el salón. Escuché el impacto contra mi coche y cuando salimos vimos lo que le había pasado a Erica.

—¿Sabe cómo está? —preguntó Alicia ansiosa—. No se morirá, ¿verdad?

—En este momento le está operando la nariz el mejor cirujano de Texas. Afortunadamente no tiene lesiones más graves.

Alicia suspiró del alivio. —Menos mal, creía que se moría.