Capítulo 6 #2
—Prácticamente. Desgraciadamente la madre de Ilsa murió hace ocho años y su padre se largó del pueblo porque le hicieron una oferta de trabajo fuera del país. Ilsa acababa de terminar el instituto y no quiso irse, así que nos quedamos solas.
—Lo siento mucho, yo no sé qué haría sin mis padres.
—Te acostumbras.
Jessica se la quedó mirando. —Has tenido que lidiar con la vida tú sola.
—Bueno, la tengo a ella. —Sonrió. —Es fantástica.
—Seguro que sí. Me gustaría conocerla, ¿por qué no le dices que venga a la boda con su novio?
Oh, no. Ni de broma, ¿y qué hacía con Molly? —No puede. El bar, ya sabes —dijo a toda prisa—. No podemos cerrar. Si tenemos que ir a algún sitio nos turnamos.
—Vaya, qué pena, en otra ocasión será.
—Sí, claro.
Christian se tiró al agua haciendo una bomba que las salpicó y las hizo reír. Le encantaba verle tan bien y con ganas de vivir. Escuchó un click y volvió la vista para ver a Joy con una cámara en la mano. —¿Qué haces?
—Sacar unas fotos para recordar el momento en que te vi reír por primera vez.
Se puso como un tomate y Jessica se echó a reír a carcajadas. —De veras, habla con él, que yo no…
—Uy, a mí no me metas, guapa. Por lo que me ha dicho Christian, eres más que capaz de defenderte tú sola.
—A tu primo no puedo romperle la crisma para que lo pille —siseó.
—Tú no te cortes.
Parpadeó mientras su nueva amiga bebía de su refresco. —¿De veras?
—No te reprimas, te queremos como eres.
Escuchó otro click y gruñó volviendo la cabeza como la niña del exorcista. —Joy, guapo, ¿por qué no lo dejas?
—Pero si estáis preciosas. —Sacó otra foto. —Sonríe.
—Ahí estás muy cerca.
Dio un paso hacia atrás.
—No, vete más hacia atrás que no quiero que se me vea la cicatriz del brazo.
Dio otro paso hacia atrás. —¿Estoy bien aquí? Te aseguro que la imagen se ve estupenda.
Christian salió de la piscina de golpe y le agarró por el bañador tirando de él hacia abajo.
Las chicas se echaron a reír al verle como Dios le trajo al mundo, pero Joy puso los ojos en blanco sin tomárselo a mal y se volvió mientras su tía gritaba escandalizada desde el otro lado de la piscina. —¡Tápate, por Dios!
—¡Tía, el cuerpo desnudo es lo más natural del mundo!
—¡Tápate o se lo digo a tus padres! —gritó Benjamin haciéndolas reír aún más.
Se lo subió a toda prisa y Carl que pasó tras él con una manguera le dio un pequeño empujón que le desestabilizó haciéndole caer al agua con cámara y todo.
Las chicas gimieron cuando salió a la superficie levantando el brazo que llevaba la cámara. —¡Mierda! —Miró la pantalla trasera y sonrió. —¡Funciona! —Levantó la vista hacia Carl. —Tranquilo, que funciona.
—Menos mal —dijo antes de seguir tirando de la manguera.
Erica le observó con los ojos entrecerrados y Jessica dijo —Uy, uy…
—¿Qué?
—Este teme la competencia.
—Qué va —dijo incrédula—. Si no quiere ni verme.
—No te creas todo lo que oigas…
—Te lo ha contado Christian.
—¿Que les pillaste hablando? Claro, y las sospechas de mi novio creo que tienen fundamento. —Se acercó para susurrar —Te mira de reojo.
—Si Christian te lo ha contado, te habrá dicho que está deseando que me largue —dijo incómoda.
—¿Tú querrías?
—¿Es broma?
Jessica la miró fijamente. —No, en serio, ¿le has olvidado?
Apartó la mirada hacia el libro y siseó —Eso es agua pasada, no le daría ni la hora.
—Pues es una pena, me gustaría que os llevarais bien y si hay algo más, yo encantada. Está muy solo.
Levantó la vista. —¿Carl? —preguntó incrédula—. Si tenía a todas detrás de sus pantalones.
—Pues desde que le conozco no es que salga mucho. Trabaja y trabaja, pero se divierte poco.
—Pues sí que ha cambiado. Antes se divertía bastante.
—Estuvo muy pendiente de Christian, ¿sabes? Buscando los mejores médicos, fisios, todo lo que pudiera ayudarle.
Apretó los labios. —Pues lo siento mucho.
—Cuando nos vayamos lo pasará mal. La casa se quedará muy vacía sin nosotros. Además, Meredith… —Hizo una mueca. —Necesita nietos correteando por aquí cuanto antes.
Volvió la cabeza como un resorte. —¿Por qué me dices eso?
Jessica la miró maliciosa. —Le gustas.
—¿Solo lo dices por eso?
Parecía que no entendía la pregunta. —¿Por qué lo iba a decir sino?
—No sé —dijo con desconfianza—. Pero te digo desde ya que ni con tu primo ni con tu cuñado, yo me largo a San Antonio después de la boda a seguir con mi vida.
—¿Tan maravillosa es tu vida allí?
—Te aseguro que es mil veces mejor que la que llevaba antes. —Se levantó queriendo acabar con aquella conversación. —Voy a bañarme.
—Sí, hace mucho calor —dijo mirándola pensativa.
Fue hasta los escalones de obra de la piscina y empezó a descender sintiéndose observada por todos. Para olvidarse de ellos se zambulló en el agua y buceó hasta llegar al final. Al salir a la superficie se cogió en el borde y Joy silbó aplaudiendo. —Menudos pulmones tienes.
Sonrió y al mirar al frente sus ojos se encontraron con los de Carl, que apartó la mirada a toda prisa como si no soportara ni mirarla, provocándole un nudo en la garganta.
Apretó los dedos en el borde pensando que era idiota.
¿Qué más daba lo que pensara? Como había dicho, se largaría en cuanto se terminara la boda.
Meredith salió de la casa con un amplio caftán de colores y una bandeja en la mano con bebidas. Detrás de ella su ama de llaves llevaba una bandeja enorme de sándwiches. —Te dejo los tuyos al lado de la tumbona —dijo su anfitriona amablemente.
—Gracias. —Se puso a nadar hasta el otro extremo de la piscina y dio la vuelta sobre sí misma para impulsarse y seguir nadando.
Carl entrecerró los ojos al ver que llegaba al final y giraba de nuevo.
—Hostia, es toda una nadadora olímpica —dijo Christian a su lado.
—No sabía nadar —dijo pensativo.
—Pues es evidente que lo ha superado, ahora podría competir.
Se detuvo en el borde opuesto y salió de la piscina escurriendo el agua de su hermoso cabello.
—¡Una sirena, eso es lo que eres! —dijo Joy sentado en su tumbona con un sándwich en la mano.
Carl gruñó mientras ella divertida se sentaba a su lado.
—Hermano, he hablado con Jessica de esto y me ha hecho ver que todavía estás a tiempo. Así que olvida lo que te dije antes.
Le miró a los ojos. —¿A tiempo de qué?
—De recuperar eso que tanto anhelas. Y no me digas que no, joder, no puedes dejar de mirarla.
—Estoy sorprendido por todo lo que nos contaste, eso es todo.
—Miéntete a ti mismo si quieres, pero cuando se suba a su coche y se largue de aquí no volverá, será entonces cuando la habrás perdido para siempre. Aún estás a tiempo de arreglar las cosas.
Le miró como si estuviera loco. —¿Después de lo que hice?
—No es lo que hiciste, es lo que estás haciendo ahora.
La estás cagando, hermano. —Escucharon su risa y Carl sorprendido miró hacia allí.
—Ese es Joy, insiste e insiste divirtiendo a su víctima.
No se le resiste ninguna. —Le dio otra palmada en la espalda.
—Yo que tú me daba prisa, solo tienes dos días y ya te llevan mucha ventaja. Él por lo menos puede sentarse allí.
Le fulminó con la mirada. —A mí no me interesa sentarme allí —dijo entre dientes.
—Hijo, ¿tienes hambre? —preguntó Meredith acercándose con las bebidas.
Mary Anne se acercó con los sándwiches. —¿Pero qué haces, muchacho? Te están adelantando por la derecha.
—¿Qué?
—Te conozco de toda la vida y nunca fuiste más feliz que cuando estabas con ella.
—Joder, ¿es que lo sabía todo el mundo?
—Yo no —dijo Meredith indignada—. Y la echaste del hospital, pobrecita.
—Madre, te recuerdo que no la querías allí.
—Es que no sabía muchas cosas, porque me las ocultabais.
Pero Jessica me ha puesto al día. Hijo, ¿cómo se te ocurre dejar a una mujer como esa?
Con las agallas que tiene. ¿Pero a ti qué te pasa?
¿Crees que mujeres así crecen en los árboles?
Ahora ve allí y conquístala, que es lo que tienes que hacer.
—¿Que la conquiste? —preguntó espantado.
—Uy, madre, que este está cagado.
—¿Mi hijo? ¿Un Driscoll? —preguntó pasmada—. Mi hijo no le teme a un toro de setecientos kilos, no va a temer a una mujer.
Christian rio por lo bajo. —A esta sí.
—Cállate —dijo a su hermano entre dientes.
—Vamos hermano, ¿vas a dejar que Joy te gane la partida?
Apretó los labios antes de volverse y salir de la piscina de mal humor. Meredith entrecerró los ojos. —Dios mío, ¿me estoy imaginando cosas o la ha mirado como si estuviera enamorado de ella?
—Apostaría todo mi dinero a que lo está, madre —dijo Christian divertido—. Y está tan cagado después de fastidiarla tanto, que lo único que quiere es que se largue para seguir estropeándolo.
Sorprendida dijo —¡Tenemos que hacer algo!
Christian se volvió para mirar a Erica que se reía de una imitación de Joy. —Tenemos que hacer algo y cuanto antes mejor.