Tu amor no es suficiente Capítulo 6
31%

Capítulo 6

Bajó las escaleras sintiéndose algo incómoda y cuando llegó al salón vio que estaba allí toda la familia hablando del tema. Christian en cuanto la vio se levantó y al ver su rostro congestionado por las lágrimas preguntó —¿Estás bien?

Forzó una sonrisa. —Sí, estoy bien. —Miró de reojo a Carl que estaba mirando por la ventana con las manos en los bolsillos del pantalón. Estaba muy tenso y era evidente que no sabía cómo reaccionar a esa situación porque no quería ni mirarla. —He estado pensando que me voy a ir.

—Pero ahora que hemos aclarado las cosas, empieza lo bueno —protestó Jessica—. Tienes que quedarte.

Dio un paso hacia ella. —Es tu boda y aunque agradezco mucho que me enseñarais ese video, todos estaríamos muy incómodos si me quedo. Y tienes derecho a tener la mejor celebración posible. Lo más apropiado es que me vaya para que todos podáis disfrutar de vuestro momento.

—Yo también quiero que tú lo disfrutes —dijo Christian firme—. Quiero que lo disfrutes con nosotros.

—¡Ya estoy aquí! —gritó un hombre desde fuera—. ¿Qué pasa familia, no me vais a hacer ni caso?

Jessica sonrió. —Es mi primo Joy, ya verás, os llevaréis muy bien.

Meredith se levantó y se acercó a ella mientras todos salían. Esta sonrió con tristeza. —Tienen razón, ¿sabes? Si alguien merece estar aquí esa eres tú, porque si no fuera por ti mi hijo no estaría vivo.

Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. —¿Eso crees?

Carl se volvió y la miró a los ojos. —Al menos danos la oportunidad de disculparnos —dijo molesto.

Le miró sin comprender. —No tenéis que…

—Joder, ¿quédate e intenta pasarlo bien, es mucho pedir? ¿Quieres disgustar a Christian?

Se sonrojó. —No, claro que no.

—Pues no hay más que hablar.

Se escucharon unas risas y se volvieron hacia Joy que entraba del brazo de Jessica.

Él se detuvo en seco. —¿Pero quién es esta preciosidad y por qué la estáis torturando hasta las lágrimas?

—Se acercó a ella y cogió su mano sorprendiéndola.

—No sé quién eres, pero aquí está tu caballero andante al rescate, mi bella dama.

Confundida porque la miraba como si realmente quisiera ligársela preguntó —¿Qué?

Los demás rieron. —Disculpa a mi primo —dijo Jessica—. Es un Don Juan de medio pelo.

—Oye bonita —dijo él aparentando estar ofendido—. Soy un Don Juan de primera. —Besó su mano. —Pero contigo voy muy en serio, he sentido la punzada.

—Seguro que es un retortijón, apuesto a que en este casoplón tienen un baño por aquí cerca —dijo apartando la mano haciendo que los demás rieran a carcajadas.

—Una chica con carácter, como a mí me gustan. —Le guiñó un ojo. —Me costará un poco más, pero caerás rendida en mis redes.

—No tengo redes sociales.

Christian se partía de la risa. —Erica es una dura texana, Joy. No la camelarás con esas tonterías que les dices a las de Nueva York.

—Pues tendré que mimetizarme con el ambiente. ¿Te van duros, preciosa? —Ella se puso como un tomate. —Oh, hablando de tipos duros, Carl es una alegría volver a verte. —Se acercó y le dio la mano perdiendo algo la sonrisa porque estaba muy serio. —¿Ha ocurrido algo? ¿Me he perdido algo importante?

—No, qué va —dijo Jessica—. Es que hemos recordado el accidente de Christian y nos hemos puesto demasiado ñoños. Ven, que te enseño tu habitación. —Le guiñó un ojo a Erica. —Está al lado de tu dama.

—Estupendo, así la tengo a mano.

Erica dejó caer la mandíbula del asombro mientras los demás reían. —¡Venga, ya está bien! —protestó haciéndoles reír aún más. Se volvió sin saber por qué y se encontró con Carl de frente. Carraspeó dando un paso a un lado. —Disculpa.

Él no se movió mirándola fijamente. —Como ha dicho es un Don Juan.

—¿Y? —preguntó importándole un pito.

—No te tomará en serio.

Ofendida levantó la barbilla. —Porque yo no valgo nada, ¿no es cierto?

Carl se tensó. —No quería…

Christian mirando el móvil pasó entre ellos interrumpiéndoles. —Genial, varios de mis amigos ya han llegado al hotel. Vendrán a cenar, madre.

Meredith dijo preocupada —Pero hoy es la cena con la familia.

—Cuantos más mejor.

Su madre salió del salón. —¡Jessica, ven a controlar a tu novio que está cambiando todos los planes!

—¡Ah, no! —gritó ella desde arriba—. ¡Christian, ya lo habíamos hablado!

—¡Preciosa, ya han llegado al hotel!

—¡Me da igual! ¡Hoy es la cena en familia y no hay más que hablar! ¡Si quieres les vemos después en el bar del pueblo!

Christian suspiró antes de mirarla. —Es muy mandona, pero me gusta.

Erica sonrió. —Siempre te han gustado mandonas.

—Cierto. ¿Recuerdas a Betsy Johnson?

Rio. —Sí, tu primera novia formal, ibais de la manita al cine, ¿qué fue de ella?

—Se fue a estudiar fuera.

—Es arquitecta —dijo Carl—. Sus padres están tan orgullosos de ella que no dejan de decírselo a todo el mundo.

Volvió la cabeza hacia él levantando una ceja como preguntándole por qué se metía en la conversación. —¿No tienes nada que hacer?

—Pues no —dijo entre dientes—. No me dejan largarme a ningún sitio.

—Debe ser frustrante cuando estás deseando irte.

Gruñó molesto y en ese momento llegó Joy y dio una palmada. —Bueno, ¿qué hacemos hasta la cena? —La miró como si quisiera pasárselo muy bien con ella. —Ya lo tengo, ¿jugamos al strip póker?

Sonrió sin poder evitarlo. —¿Estás seguro de que quieres cenar en gayumbos?

Christian le miró malicioso. —Joy, a ver dónde te metes, es una jugadora estupenda.

—Estoy dispuesto a arriesgarme. —La miró con picardía. —Además, así puede ver la mercancía…

Erica le miró de arriba abajo como a los que intentaban ligarla en el bar. —He visto cosas mucho mejores, te lo aseguro, así que no te molestes.

Los Clark se echaron a reír y Benjamin se levantó. —Nosotros nos vamos a la piscina.

—¿Piscina? —preguntó confundida—. ¿Tenéis piscina?

—Mi hermano la mandó construir hace cuatro años —dijo Christian—. Era buena para mi rehabilitación.

—Ah… —Le miró de reojo y aún seguía allí. ¿Por qué seguía allí?

Jessica llegó en ese momento. —¿Tarde de piscina para relajarse? Perfecto, me apunto.

Se sonrojó. —Yo no he traído bañador.

—Seguro que tengo alguno que te valga —dijo Jessica.

Mierda, ahora tendría que depilarse ahí abajo. —Vale.

—Genial, le diré a Mary Anne que te saque unos sándwiches ya que no has podido comer.

—Que me saque a mí también —dijo Joy comiéndosela con los ojos—. Estoy hambriento.

—Qué pesado es este hombre —dijo Erica yendo hacia la escalera.

—¡Me terminarás adorando! —Cuando ella no respondió hizo una mueca y miró a Carl. —Es dura de pelar, ¿no? ¿Alguna sugerencia para camelármela?

Carl sonrió malicioso. —Sí, claro. Decían por el pueblo que le encanta que le saquen fotos. Es una apasionada de la fotografía.

—¡Mi especialidad! Es que somos el uno para el otro.

Cuando salió de la habitación tan contento Christian levantó una ceja. —¿Fotos?

—Le encantan.

—Jamás había oído algo así. ¿Erica no le rompió el móvil a uno en un bar porque no dejaba de darle la plasta con los megapíxeles que tenía y no dejaba de sacarle fotos?

—¿De veras? No lo recuerdo —dijo yendo hacia la puerta.

—Hermano…

Carl se volvió y Christian se acercó a él. —Quiero que este fin de semana se lo pase bien.

—Ya me ha quedado claro.

—Aléjate de ella.

Se tensó. —Por supuesto, ¿qué pensabas?

—Vamos, no te hagas el tonto que te conozco muy bien. Estabais liados, lo sabía todo el mundo. Déjalo estar.

Apretó los labios. —¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde que salí del hospital. —Christian suspiró. —Y sé lo que hiciste cuando vino a verme, me lo contó mamá. Tuviste que hacerle mucho daño, tío. Déjalo estar.

—¿Crees que quiero retomar lo que teníamos?

—Pues es lo que parece, joder. Hasta pareces celoso de Joy.

—Pues estás equivocado, cuanto antes se largue de aquí mejor.

Pálida en la escalera se detuvo en seco y en ese momento salieron los dos mientras Christian decía —Pues será después de la boda. —Sorprendido se detuvo. —Erica, ¿necesitas algo?

—Esperaba ver a Jessica, necesito unas chanclas o…

—No te preocupes. —Jessica salía de la cocina en ese momento. —Cielo, ¿tienes unas chanclas?

—Claro. —Sonrió a Erica. —Precisamente me compré dos pares ayer, ven conmigo y así te doy también el bañador.

—Gracias.

—Bah, no es nada.

Carl apretando los labios la vio subir a toda prisa demostrando lo incómoda que estaba. Christian le palmeó el hombro. —Si tenía alguna duda, se la acabas de resolver, hermano, bien hecho.

—Cállate —dijo entre dientes.

Tumbada en la piscina con un libro que Jessica le había prestado, no podía leer una sola palabra porque Carl no paraba de dar vueltas de un lado a otro con un bañador negro, revisando los filtros de la piscina y mil cosas más.

Mierda, menudos abdominales tenía ahora.

¿O siempre habían estado allí y lo había olvidado?

Qué va, eran para que se le quedaran grabados a fuego en su memoria.

—Casi no se te nota la cicatriz del brazo —dijo Jessica sentándose a su lado.

Sonrió. —Es que Henry es un cirujano de primera.

—¿Henry?

—El prometido de Ilsa, es mi mejor amiga desde siempre. Trabajamos juntas.

—¿Es tu socia?

—No, ella es mi mano derecha pero el bar es solo mío. Quise ir al cincuenta por ciento con el bar, pero dijo que pasaba de líos. —Sonrió. —Es como mi encargada.

—Entiendo. Así que os conocéis desde siempre.

—Desde el jardín de infancia, somos como hermanas.

—Me hubiera gustado tener una hermana.

Se la quedó mirando. —¿Es algo que echas de menos?

—Bueno, tengo a Joy que casi nos criamos juntos, pero no es lo mismo porque el a cierta hora se iba a casa y había días que no nos veíamos. Ser hija única a veces es… solitario.

Pensó en su niña y apretó los labios. —Yo también soy hija única, pero tenía a Ilsa y muchas noches dormía en su casa.

La miró sorprendida. —¿En su casa?

—Sí, mi madre murió cuando yo tenía doce años y la madre de Ilsa me cuidaba cuando mi padre trabajaba o cuando salía, que era casi todas las noches.

—Así que la familia de Ilsa te crio.