Tu amor no es suficiente Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Se le retorció el corazón y agachó la cabeza. —Y es algo que acepté hace mucho tiempo, pero Molly es hija suya y tiene responsabilidades con ella.

Erica fue hacia la puerta pensando en ello y Ilsa dijo —Piénsatelo bien antes de dar un paso tan importante, porque como le haga daño a la niña con su rechazo, te arrepentirás toda la vida.

La miró sobre su hombro y apretó los labios. —Vamos a trabajar, hoy tendremos el bar lleno.

Eran las diez y el local estaba de bote en bote. Sonrió a Henry que se había pasado por allí con unos amigos. —¿Cómo te va, doc? —gritó para que pudiera oírle por encima del sonido de la música country.

—¡Mucho peor que a ti, cada vez hay más gente!

—¡Tengo el mejor local de la ciudad! —Le puso una cerveza delante. —¡Invita la casa!

—¡Gracias! ¿Hacéis algo en el fin de semana?

Ella miró a su alrededor para ver que estaban los cuatro camareros en la barra, así que le hizo un gesto para que fuera hasta la esquina y él esquivó a la gente para acercarse. Henry frunció el ceño dejando el botellín sobre la barra. —¿Qué pasa, Molly está enferma?

—Tu ahijada está muy bien, aunque algo empeñada en…

—¿Qué?

—Christian me ha invitado a su boda.

Henry la miró sin poder creérselo. —¿Es coña?

—No, al parecer se conocieron gracias al accidente o algo así. ¿Tú sabías algo?

—Qué va. Después de que te dije que le habían dado el alta, le perdí el rastro.

—Pues se van a casar y quieren que vaya a la boda. Para que vea que de todo puede salir algo bueno.

—Joder. ¿Y qué vas a hacer?

—Tengo que ir, como él me ha señalado tan oportunamente se lo debo.

—¿Quieres que vaya contigo? Puedes llevar acompañante, ¿no?

—Sí, pero no quiero meterte en este marrón.

—No será un marrón. Estoy muy guapo de traje, ¿sabes? —dijo divertido.

Sonrió y acarició su mejilla. —Los ángeles están guapos con cualquier cosa. Molly quiere venir conmigo. Oyó lo de la boda y…

—Ay… —dijo haciendo un gesto de dolor—. ¿Y qué vas a hacer?

—¿Qué puedo hacer? Pues le he dicho que no, pero no se da por vencida.

Su amigo se le quedó mirando. —¿Vas a decírselo a Carl?

—¿Crees que debería?

—A mí me gustaría saberlo.

—Tú no eres él. Igual si se lo digo le fastidio la vida. Ni sé si está casado.

—Igual deberías ir, ver cómo están las cosas y decidirlo después.

—Puede que tengas razón.

Henry miró de reojo a Ilsa que le fulminó con la mirada y él hizo un gesto de dolor. —¿No se le ha pasado el cabreo?

—Tu novia es muy rencorosa —dijo divertida—. Ha dicho que no va a volver a hablarte en la vida.

—¿Por asistir a una operación a corazón abierto y dejarla tirada con las entradas del cine?

—No se planta a la novia, pringado. —Se volvió y gritó —¡Ilsa! ¿Te quedas con Molly este fin de semana?

—Claro, no tengo nada que hacer —dijo con segundas—. Es lo que pasa cuando una ya no tiene novio.

—Preciosa, era una operación importante.

—¡Me da igual! —dijo antes de volverse y sonreír a un cliente—. ¿Qué vas a tomar, guapo?

—Uy, que te está provocando…

Henry apretó los labios y se volvió para ir hacia el grupo de sus amigos. Preocupada se acercó a Ilsa que servía al nuevo cliente. —¿Qué haces?

—Ya estoy harta, siempre me deja tirada, esta vez se acabó. —Miró hacia el grupo de reojo. —Además, para lo que le importo. Ni siquiera me llamó.

—Fue una emergencia y al fin ha conseguido que le dejen operar, ¿por qué eres tan rígida con él?

—Míralos, todos son doctores con unas especialidades que ni sé pronunciar. —Triste apartó la mirada. —Mejor dejarlo así.

Impresionada porque pensaba alejarse de la persona que amaba por eso, la cogió del brazo. —Deja escapar a ese hombre y te arrepentirás toda tu vida.

—¡Tú dejaste escapar al hombre de tu vida cuando podías haberle atado a ti, pero decidiste huir!

Palideció dando un paso atrás. —No puedo creer que hayas dicho eso.

Ilsa la miró arrepentida. —Erica, lo he dicho sin pensar. Yo…

—Déjalo. —Salió de la barra y fue hasta el almacén. Su amiga la siguió corriendo. —Vuelve al trabajo Ilsa.

—No, escúchame.

—¡Vuelve al trabajo! —ordenó furiosa.

—Eh, eh… ¿Qué pasa aquí? —dijo Henry entrando en el almacén—. Chicas, intentar no decir cosas que os hagan daño.

—Cállate —dijo Ilsa—, esto no es cosa tuya.

—Todo lo que tenga que ver contigo es cosa mía.

Los ojos de Ilsa se llenaron de lágrimas. —Será mejor que te vayas.

—No me voy a ir a ningún sitio, preciosa. E insistiré lo que haga falta para que me perdones.

—¿Por qué? —le gritó a la cara.

—Porque te quiero y eres la única persona que me hace feliz.

Ilsa sollozó tapándose la cara con las manos y Henry la abrazó. —Lo siento preciosa, la próxima vez te llamaré.

Le abrazó con fuerza y Henry vio que Erica salía del almacén. —¿Qué le has dicho para mosquearla tanto?

Ilsa se apartó. —Le he dicho que no luchó por él, que podía haberle atado, con lo de Molly, ya sabes.

—No, ¿en serio?

—¡Estoy cabreada!

—Discúlpate ahora mismo.

—Ahora la cabreada es ella. —Miró hacia la puerta cerrada. —Mejor lo hablo después.

Ilsa se acercó a Erica que estaba haciendo la caja. —Ahora no quiero hablar, se me van las cuentas y me pierdo. —Miró los billetes que tenía en la mano y juró por lo bajo antes de unir el fajo y empezar de nuevo.

—Yo pensé en hacerlo, ¿sabes?

No pudo disimular su sorpresa y Ilsa hizo una mueca. —Sí, pensé en embarazarme para que no pudiera dejarme después.

—Y no lo hiciste.

Los ojos de Ilsa se llenaron de lágrimas y Erica dejó caer los billetes de la impresión. —¿Estás embarazada?

Arrepentida dijo —Soy lo peor.

—Eh, eh… ¿Se lo has dicho?

—¡Si se lo digo ahora, querrá casarse y no quiero que quiera casarse porque esté embarazada, quiero que quiera casarse por mí!

—Tú estás fatal, ¿sabes?

Ilsa parpadeó. —¿Eso crees?

—Se va a cabrear cuando se entere.

Muy nerviosa se apretó las manos. —Ya no sé qué hacer. Si se lo digo, le atrapo. Si no se lo digo y espero, se me va a notar el bombo. Se va a dar cuenta, que no es tonto. ¿Qué hago?

—¿Ahora quieres que te lo pida porque te quiere?

—Pues sí —dijo como si fuera lo más obvio—. Es lo que cualquiera sueña desde siempre. Que venga el novio y arrodille una pierna para decirte lo maravillosa que eres y que quiere compartir su vida contigo porque te ama más que a sí mismo.

—¿Entonces por qué te quedaste preñada a propósito? ¡Es que no tiene sentido! ¡Tía, estás fatal, ni sabes lo que quieres! ¡A ver cómo le dices lo del bebé ahora!

—¿Qué?

Se volvieron de golpe y allí estaba Henry con cara de susto. —¿Qué has dicho? —preguntó casi sin voz.

—Cielito… —Ilsa dio un paso hacia él forzando una sonrisa. —Tengo las hormonas de lo más alteradas y era por algo…

—¿Has dejado de tomar la píldora? —preguntó él con una seriedad comparable a la de un juez del tribunal supremo.

—Bueno…

—¡Habla! —gritó sobresaltándola.

—Sí, pero solo cinco, luego me arrepentí.

—La madre que te parió —dijo entre dientes—. ¡Y encima te pones chula por un plantón de nada!

—¡Oye, majo, que me dejaste tres horas esperando en el cine, creí que te había pasado algo!

Pasmado miró a Erica. —Voy a ser padre.

—Y serás un padre estupendo —dijo con una sonrisa.

—¡Voy a ser padre! —Cogió a Ilsa loco de contento y la volvió haciéndola reír. No, Carl no habría reaccionado así, de eso estaba segura.