Tú a Nueva York, yo a Chicago (Un sports romance muy ardiente 2) Capítulo 48
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Capítulo 48

Seth

Entramos en la habitación del hotel. Por suerte, el partido es mañana y tengo un tiempo para estar con ella, aunque, si hubiera sido hoy, no habría ido. Tenía que llegar hasta ella.

—Necesito una ducha y quitarme todo esto de encima. —Mira el maquillaje y lo que queda de su vestido de novia.

La dejo sola, porque sé que necesita un tiempo para asimilar todo.

Ayer estaba en casa de mi madre cuando llegó Mónica con toda la información.

Miramos los vídeos, impactados. Ahora se entendían muchas cosas.

Mi madre se los dio a su jefe de seguridad, pero la policía necesitaba un permiso para registrar las empresas y la casa del señor Rivera. El billete tenía una numeración y Mónica creía que coincidiría con la de los billetes robados de la caja fuerte de la casa de mi familia.

Mi abuelo sí denunció, pero paralizó la investigación a cambio de la libertad de mi padre y esa denuncia estaba archivada.

Coincidía todo.

Fuimos a la iglesia con la policía y tratamos de entrar, pero estaba todo cerrado.

Saqué mi móvil para ver la boda en directo, porque el tiempo corría y no conseguíamos forzar la puerta antigua de la iglesia. Entonces vi como Everly se negaba y daba voz a su maltrato. A todo lo vivido.

La miré orgulloso.

Alguno de los invitados quiso salir y la puerta se abrió.

Entramos, pero Everly, sola, ya había encontrado una salida.

Tras la ducha, sale solo con un albornoz puesto. Viene hacia mí y la abrazo.

—No sé qué será de mi vida ahora. No sé cómo ser solo yo… —Tiembla, y cojo su cara entre mis manos y la beso—. Me cuesta creer que soy libre. Pensé que nunca sería posible, pero ahora siento ganas de llorar. Tengo miedo, pero al mismo tiempo estoy feliz…

—No se supera de un día para otro una opresión, princesa. No tenemos prisa. Poco a poco, paso a paso. Se te da bien contar pasos.

Sonríe.

—Juntos.

—Juntos.

Nos besamos, por primera vez sin miedo y con cientos de sueños por cumplir. Con la meta de contar los años juntos.

Enredo mi mano en su pelo mojado y vamos hasta la cama.

Tras quitarnos la ropa, entro en ella con fuerza, dejando que el placer nos desborde. La beso mientras me introduzco en su interior. Noto como su cuerpo tiembla y no paro hasta que se corre con energía y yo la sigo.

La abrazo. A mí también me cuesta creer que al fin puedo llamarla mi novia, sin miedo.

* * *

Despierto, pero no veo a Everly en la cama. Está amaneciendo.

La encuentro cerca de la ventana, con mi camiseta puesta.

Voy hasta ella y la abrazo por detrás.

—De golpe, no puedo dormir, pensando en todo lo que quiero hacer. He hecho una lista de cosas. —Mira la mesa.

—Es muy larga.

—Lo sé… Quiero hacer tantas cosas, Seth. Tantas cosas estúpidas que nunca pude… Como comer algodón de azúcar.

—Está asqueroso.

Se ríe.

—Tal vez, pero quiero cumplir mis sueños y los de la niña que no pude ser. Me pregunto si la gente es consciente de la suerte que tiene por ser libre, por poder hacer cosas simples, sin miedo.

—No creo que lo sepan, porque muchos, como tu padre, creen que, si son ricos y admirados, lo poseerán todo.

—Es triste.

—Sí. —Cojo su lista y veo que uno de los puntos es llevar mi camiseta de deporte y gritar mi nombre mientras gano—. Este lo puedes cumplir hoy mismo, porque pienso ganar a Joss.

—Por última vez, porque luego seréis del mismo equipo.

—Por última vez.

—Vamos, que me muero por estar ahí.

—Sabes que la prensa no te va a dejar en paz, ¿verdad?

—No me importa. Solo quiero que vean lo feliz que soy.

* * *

Joss y yo nos miramos desafiantes. El pabellón está lleno de gente y de prensa.

Casi no nos han dejado entrar, pero mi madre mandó seguridad para nosotros.

La investigación contra los Rivera no para y puede que hasta salpique al padre de Joss.

—Pienso ganarte —le digo retador.

—Y yo patear tu feo culo.

—Estás deseando vérmelo, no lo niegues.

—En tus mejores sueños.

Me río y le tiendo la mano.

—Que gane el mejor.

El partido empieza y está muy igualado.

Anoto el primer tanto. Miro a Everly, que grita emocionada al lado de su hermana. Al fin se ha soltado la melena y estoy deseando enamorarme de cada nueva parte de ella.

Al final, quedamos en empate, tras un partido de infarto.

Everly se cuela en el vestuario y vamos hasta la ducha, donde cierro la puerta y me pierdo en ella.

—Veo que tu lado de chica mala no cambiará.

—No, pero ahora fóllame y calla.

—Encantado.

Entro en ella mientras el agua cae sobre nosotros.

Me encanta perderme en su cuerpo, una y otra vez, ahora que sé que puedo hacerlo sin despedidas. Solo con el deseo de hacerlo de nuevo pronto.

* * *

Joss me tiende una cerveza mientras Everly y Elara charlan animadamente.

Tenemos que volver a Chicago, pero pronto estaremos los cuatro juntos allí.

—Mi padre no era trigo limpio tampoco. Ya me han avisado de que va a salir mucha mierda —me cuenta.

—¿Te arrepientes?

—No, todo esto ya se sabía, pero mientras tienes el poder, nadie hace nada. Es cuando te salpica la mierda que esos que juraron ser tus amigos sacan todos los trapos sucios.

—Así es la vida. Muchos solo son amigos mientras puedan sacar algo de ti. Yo, por suerte, tengo pocos amigos.

—Porque eres un capullo.

—Como si tú no lo fueras. —Choca su cerveza con la mía—. Algo bueno deberemos tener —digo, cuando veo a las mellizas reír y llorar a la vez.

—Ellas, sin duda.

Las hermanas nos miran.

Joder, nunca creí que pudiera tener tanta suerte. Everly me ha curado y salvado al mismo tiempo.

Vienen hacia nosotros y se sientan para ver este atardecer.

El futuro será complicado. La prensa no dejará a las hermanas, pero un día todo pasará y ellas podrán ser solo dos chicas enamoradas de la vida, que tienen por meta ser felices sin que las heridas de su infancia las marquen.

—¿Y si nos pasamos toda la vida contando estrellas? —le digo a Everly.

—Es una locura —apunta Joss.

—Bueno, tenemos toda la vida —añade Everly.

—A empezar, entonces —indica Elara y miramos el cielo—. No se ve nada. —Se ríe—. Ya tendremos tiempo. ¡Qué bien suena eso!

Disfrutamos de la noche, del tiempo, de estar aquí, gozando de la vida y de esos pequeños momentos que no te parecen tan importantes hasta que no puedes vivirlos.

Crecí enfadado con la vida, sin ver la suerte que tenía. Sin ver que el sacrificio de mi madre me dio una familia. Todo pasa por algo y todo sucede cuando debe pasar.

Ahora sé que estaba destinado a cruzarme en la vida de una joven de ojos verdes que pondría mi mundo patas arriba para entender un pasado que nunca comprendí.

Ahora sé que estaba destinado a amarla hasta el infinito.