Epílogo
Everly
Elara y yo corremos al pabellón donde Joss y Seth jugarán su primer partido en la liga profesional.
Nos hemos entretenido con los maquillajes.
Llevamos camisetas y los colores del equipo en la cara. Además de pompones. Creo que esto nos hará destacar mucho, pero, por suerte, la prensa, desde que apresaron a nuestro padre, nos ha dejado en paz.
Como imaginaba, la empresa de comida saludable era una tapadera y Rob estaba metido en el ajo. Le pasaba a mi padre dinero negro, con la promesa de ser socios cuando se casara conmigo, y así ampliaría su sede aquí y seguiría blanqueando más capital.
Por eso le interesaba que fuera tan bien.
Blanqueaba dinero negro con ella porque las cosas no le iban tan bien como hacía crear a todos.
Y el padre de Joss estaba metido en esto, cómo no.
Mi padre le pagó para quitárselo de en medio cuando lo suyo con Rob se afianzó.
Rob también tiene empresas ilegales, dinero en paraísos fiscales y más cosas.
La policía empezó a tirar del hilo y la prensa, más. Esta les puso en bandeja muchas cosas, como encontrar a mi madre en una isla paradisíaca. Ahora está entre rejas. Al fin, van a pagar por todo.
Rob, mi padre y el de Joss están en la cárcel por riesgo de fuga y les van a caer muchos años, y a mi madre también, claro.
La denuncié por los golpes. Tenía los informes médicos del día que mi padre dijo que mis lesiones eran por un accidente de moto, pero yo conté la verdad.
Y Elara también.
El novio de mi madre también está en la cárcel, por intento de violación.
Al final se ha hecho justicia y me alegro mucho.
Al sentarnos, Mónica nos pasa las palomitas. Ahora vive cerca de nosotras. Elara y ella se llevan muy bien y sé que para nosotras es como si fuera nuestra madre, la de verdad. Al fin puede ejercer de nuestra madre sin miedo.
La investigaron, pero no había nada contra ella y que fuera quien ayudó a la policía conllevó que la dejaran tranquila.
Denunció a mi padre por maltrato. No era consciente de los bofetones que le había dado. Se casó con él enamorada y porque su familia se lo exigió, pero acabó destruida por un monstruo mientras la vida la hacía quererme como a una hija.
Ahora es libre y yo me encargaré de que nunca nadie más nos haga daño.
La madre de Seth está al lado de su hijo pequeño y los señores Carter.
Luna llega con su marido y su hijo. Su empresa no deja de crecer, gracias a la publicidad de Seth por ser mi novio y porque yo formo parte de ella, ayudando.
Elara también se ha metido en la agencia. Está estudiando Psicología, para ayudar a los niños, y Derecho, para que, en los juicios de menores, se anteponga la salud del pequeño a todo lo demás. Busca que nadie separe a sus hijos basándose en una película.
Yo estudio Matemáticas e Informática. Ahora no hay quien me pare. Tengo muchas cosas parecidas a mi hermana. Muchas más de las que siempre he creído, aunque en otras somos la noche y el día.
Estamos muy unidas, al final.
Lia llega con una pancarta y la pone delante de mi cara.
—No me dejas ver —le digo y se la quito, para leer lo que pone—: Es un sí.
—Bueno, hace meses me propuso ser algo más… Me ha parecido un buen momento para decírselo a Brice.
—Para no ponerlo más nervioso ya. Hoy chupa banquillo —indica Elara—, pero pronto demostrará lo que vale.
Seth y Joss hablaron de él al entrenador y, al final, este cedió y le dio a Brice una oportunidad.
Los chicos salen y miran hacia nosotros, porque somos los más escandalosos.
Brice lee la nota y sonríe. Guiña un ojo a Lia y esta se pone tonta.
Me alegra que le dé otra oportunidad al amor.
Seth me mira serio. Ya está concentrado. Sé que tiene miedo a no ser todo lo que esperan de él.
A Joss le pasa igual.
Ambos son los más jóvenes y el equipo necesita que sean los mejores desde el instante uno. Por eso se han pasado este verano horas entrenando en casa de la madre de Seth, ya que su hermano acabó construyendo una pista de hielo, solo para descubrir que odiaba patinar.
No tiene nada que ver que Seth sea un profesor horrible.
Yo sí sé patinar y, cada vez que gruñe, lo beso.
El partido empieza y Seth y Joss juegan como si fueran uno solo.
El primer tanto deja al estadio en silencio un segundo. Después, estallan en gritos mientras ellos lo celebran.
Todos sabemos que estamos ante un momento único; que estos dos han nacido para este instante.
Acaban por ganar y la prensa ya habla de algo histórico.
Están deseando verlos de nuevo.
Han conseguido triunfar sin ayuda de nadie. Solo gracias a su talento y su perseverancia.
* * *
Entramos en la discoteca, en la zona vip, donde nos esperan los chicos.
Lia corre hacia Brice y se lanza a besarlo.
Al final, jugó un poco y lo hizo muy bien. Seguro que tendrá más minutos.
Elara y yo vemos a nuestros novios rodeados de mujeres.
—No, por eso no paso. —Elara va hasta allí y las mira a todas como si las fulminara con la mirada.
—Lo sentimos, pero no nos gusta compartir —indico, pasando mi brazo por la cintura de Seth.
—¿Celosa? —me pregunta antes de morderme.
—Pues sí. —Miro el aseo y luego a él.
—Estás loca.
Me besa y vamos juntos al servicio. Me encanta que sea parte de mi locura.
* * *
—Me gusta estar aquí —dice mi hermana, mientras nos tapamos juntas con una manta en la azotea de nuestra casa.
Vivimos en un ático cada una, con nuestras parejas. La parte de arriba es nuestra y creamos un jardín.
Mónica vive en el mismo edificio con su nuevo marido, un policía con el que estuvo colaborando en toda la investigación.
Pasaron mucho tiempo juntos y él supo comprenderla mejor que nadie, ya que su propia hermana había sido víctima de abusos.
Por eso quedaron más a menudo de lo que deberían y el amor los atrapó.
Pero un amor de verdad. No uno donde solo una de las dos personas lo da todo para conformarse con unas migajas de nada.
Él tiene dos hijos de su matrimonio anterior y su exmujer le cedió la custodia, porque no quería hacerse cargo de los niños. Son unos trastos, pero adoran a Mónica y ella a ellos.
La verdad es que todos adoramos a esos mocosos de ocho años.
Lo mejor es que Mónica es feliz con ellos y con nosotras cerca. Ha dejado de tener miedo, como yo. Al fin, pudimos soñar alto y claro, sin miedo.
—A mí también. —Regreso al presente, con mi hermana.
Miramos la tele, donde retransmiten el partido de los chicos.
Joss es el capitán del equipo y, cuando él no puede, lo hace Seth.
Hace cinco años que están en el equipo y se lo han ganado a pulso. Brice también; pronto demostró que no solo estaba ahí por sus amigos.
Verlos jugar en la azotea con mi hermana, cuando se van fuera, se ha convertido en una tradición.
Elara trabaja como abogada y tiene un bufete que solo lleva casos de menores. Muchos son de menores que no pueden pagarse un abogado.
Yo trabajo ayudando a empresas que están a punto de ir a la quiebra, dándoles una salida. Sobre todo, las pequeñas. Las que más lo necesitan. Me gusta ayudar a quien más le cuesta pedir ayuda y es un reto para mí.
Elara se mueve como puede. Espera mellizas, como nosotras.
Seth y yo hemos dejado para más tarde eso de tener niños. Los dos tenemos una lista grande que seguir cumpliendo antes de tenerlos.
Pero Joss y Elara tenían otros planes.
Se casaron hace un año y llevan buscando el bebé desde entonces.
—Cuando nazcan, no nos dejarán ver los partidos. —Se ríe y se acomoda como puede. Pongo mi mano sobre la de ella—. Ya las quiero.
—Y yo. No sé cómo alguien puede separar a dos hermanas que nacen unidas por un vínculo tan fuerte. —Entrelazo nuestras manos—. Solo desde que estamos juntas me siento completa.
Yo sentí lo mismo.
Ella es parte de mí. Una parte muy importante y fuerte, que solo quien nace en un parto de mellizos o gemelos entiende.
—Nunca nos separaron. Solo lo creían.
Apoyo mi cabeza en la de ella y vemos juntas a nuestros hombres.
La gente ignora que hay lazos más fuertes que los oscuros deseos del odio y la ambición.
—Ya estamos aquí —anuncia Mónica. Su marido lleva palomitas y sus hijos mellizos corren entre ellos.
Cuando se sientan, lo hacen sobre mí y les hago cosquillas.
—No te vas a aburrir nada cuando nazcan las mellizas —le indica Mónica.
—Por suerte, nos tiene a todos. —Los Carter entran y Lia corre para ver la tele.
Mira a su novio y se siente enamorada.
Todos tienen llave de la azotea, por eso está tan preciosa, con tantas flores. Ya no pienso dejar que nadie más pise mis sueños.
El señor Carter toca la tripa de Elara, emocionado. Se han proclamado abuelos, porque, para ellos, Elara es como una hija más.
Lia tampoco tiene prisa en darles nietos, por lo que, por ahora, se tendrán que conformar con las mellizas.
Elara coge mi mano y la aprieta mientras las risas se cuelan en el ambiente.
Es bonito sentirse parte de algo más grande que uno mismo.
Ya no estoy sola. Ya no estamos solas.
Nos miramos y sonreímos felices. El futuro nos espera y parece maravilloso.
* * *
Seth besa mi espalda mientras hago tortitas.
—Se me van a quemar. —Mete las manos dentro de la ropa y toca mis pechos. Luego, las saca y me quita la cadena—. ¿Qué haces?
Se gira y, cuando me la devuelve, veo en ella un anillo de compromiso. La alianza tiene un signo del infinito, con dos piedras preciosas en medio.
—¿Hacemos una locura mayor? Sé que para ti el matrimonio es un contrato que te asusta, por si estropea todo esto.
Te han hecho creer, desde niña, que los matrimonios no eran más que contratos, pero quiero romper la última de las barreras que te quedan de tu padre.
Quiero dar un paso más y demostrarte que puedes ser mi esposa y amarme.
—Odio que me conozcas tan bien. —Me besa lentamente—. Hagámoslo.
Sonríe y me besa mientras juntos superamos otro miedo, otra meta.
Otro nuevo comienzo.
Tomo aire y escucho los latidos de mi corazón acelerado.
No los cuento. No hace falta. Hace tiempo que dejé de contar estrellas, de contar la vida, de buscar una forma de dejar de sentir ansiedad. Hace tiempo que solo vivo y dejo que la vida pase a mi lado mientras soy feliz.
Hace tiempo dejé ir a esa niña asustada y la cambié por una mujer que sonríe a la vida sin miedo.
El infinito puede esperar mientras me pierdo para siempre en mi presente.
En este chico de barrio que amo cada día más.
Al fin, esta princesa encontró su cuento de hadas perfecto.