Capítulo 46
Seth
Patino por la pista y paso el disco.
El equipo está jugando mejor que nunca. En dos semanas viajamos a Nueva York, para competir con Joss. Por desgracia, lo haremos el mismo fin de semana en el que se celebrará la boda precipitada de Everly.
No voy a irme de su lado, sea la esposa de quien sea.
Yo sé la verdad.
Mi madre ha tratado de ayudarnos, pero el padre de Everly conoce a gente muy chunga en Nueva York y tenemos que ir con pies de plomo.
Pero un día caerá, lo sé.
He estado investigando el antiguo apellido del señor Rivera, pero no hay nada. Mi madre dice que, salvo trabajar poco y mal, no había nada más destacable de él.
Aparte de eso, ahora Rob es su socio en la sede de Chicago. Ya han firmado acuerdos que los unen como socios, antes de la boda.
Siento que ambos tenían mucha prisa por que esto pasara. Con suerte, cuando caiga uno, lo hará el otro.
Nada me alegraría más.
Anoto un tanto más y mis compañeros vienen a celebrarlo conmigo.
Miro hacia la grada, donde mi hermano aplaude. Es un pijo estirado, pero lo quiero. Se ha quedado en Chicago para estudiar. Quiere estar cerca de mí. Nunca creí que alguien me miraría con tanta admiración.
Es raro ser ahora el hermano mayor de dos personas.
Lia está mejor. La «culpa» la tiene Brice. Sé que se gustan, pero no han dado un paso más, por la distancia y porque Lia sigue aún con traumas de su anterior relación.
Me gusta que Brice esté a su lado, sin prisas. Sin forzar nada. Me recuerda a mí, en eso.
Al final, forzar las cosas solo te lleva al fracaso.
Acabamos el partido y veo al entrenador de uno de los equipos de la liga profesional, de Chicago. El mismo que fichó a Joss.
Camino hacia ellos. Por la mirada de mi entrenador, sé que tiene una oferta.
—No sé si me gusta la idea de compartir vestuario con Joss King —les digo con fingida mala cara.
—No te he hecho ninguna oferta —me indica el entrenador, divertido.
—Lástima, porque sé que juntos seríamos invencibles.
—Eres un poco chulito para mi gusto. Por eso me ha costado tanto decidirme. Antes jugabas en solitario, pero desde hace unos meses has aprendido a jugar en equipo y eso me gusta.
Nunca pensé que mi sueño dependiera de abrirme más al mundo, de dejar de ser un alma solitaria. Al final, todo suma en la vida, aunque no nos demos cuenta.
—Lo sé, pero no pienso cambiar. Solo mejorar.
Me tiende la mano y la acepto.
—Mejoremos juntos, entonces. Te veo el año que viene en mi equipo, Carter.
Se aleja y mis compañeros me felicitan. Entre ellos, mi hermano, que se ha colado y me mira emocionado.
—¿Crees que podrás enseñarme a patinar? —me pregunta Saller.
—Se me da fatal lo de enseñar.
—Bueno, da igual, mandaré construir una pista de hielo en casa. —Se marcha, seguro que para llamar a alguien para que le construya la pista.
A veces me olvido de que mi hermano y mi madre son tan ricos.
Voy al vestuario y saco el móvil. Quiero celebrarlo con Everly y decirle que lo he logrado.
No puedo. No podemos hablar. No, por el momento.
Mando un mensaje a Joss, que me responde enseguida.
Joss: No me jodas. Ya creía que te perdería de vista.
Seth: Yo pensé lo mismo. Qué fastidio ver tu culo en los vestuarios.
Joss: Voy a tener pesadillas.
Seth: Tendremos que ser los mejores.
Joss: Estoy deseando jugar.
Seth: Y yo, pero no por ti, que se te sube mucho a la cabeza.
Dejo el móvil y miro el número de Everly.
Guardo el móvil y pienso en el viaje a Nueva York, y no sé si estoy preparado para verla casarse con otro, por muy falso que sea todo.
* * *
Llego a la agencia para hacerme unas fotos. Se ha ampliado y, gracias a las ideas de Everly y al dinero de mi madre, la cosa va mejor.
Yo no he aceptado dinero de mi madre. Solo su cariño y el placer de ir a algunas fiestas, a las que acudo como modelo, con ella.
Me lo sugirió, pero no pude. Prefiero ganarme el dinero con mi esfuerzo. Aun así, ella quiso colaborar con la agencia y hacer cosas por esta gente.
Luna ha jurado que se lo devolverá y sé que lo hará, como la cabezota que es.
Lia me saluda mientras ayuda con la ropa. Le encanta estar aquí. Hasta ha hecho unas fotos para una marca que quería a alguien como ella. Me gusta verla mejor.
—Tu chica está ya en Nueva York. —Luna pone su tableta delante de mí y veo a Everly del brazo de su prometido.
Le conté todo. Confío en ella y sabía que lo entendería.
—Viajo mañana a primera hora. ¿Qué ropa debería ponerme para destrozar una boda?
—Todo de negro y con una espada, en plan caballero medieval. —Sonríe—. No puedes hacer eso, pero puedes estar ahí.
—Lo sé. —Agrando la foto y veo que Everly lleva mi collar por fuera. Es su forma de mandarme mensajes—. Lo de la espada no es mal plan.
—¡Seth! —grita, y me da en el brazo—. Mi pequeño guerrero no podía tener una relación normal. No, él se tenía que enamorar de la hija de un hombre rico y poderoso.
—Soy como mi padre.
—Eso parece: dos cabras locas. Ahora, a trabajar, que tengo un préstamo que devolver a tu madre y que, al quedarte en Chicago, seguro que devolveré antes. Sobre todo cuando seas famoso en la liga profesional. Ya lo estoy viendo.
—Voy a tener que empezar a quedarme más dinero… —Me saca un dedo corazón.
En realidad, si lo necesitara, me lo daría.
Lo sé. Pero no lo haré. Creo en este proyecto y por eso Luna me hizo su socio hace poco.
Dice que siempre he sido su socio en la sombra y es mejor que ahora esté todo bien escrito.
Este lugar necesita existir para dar una salida a todos los de mi barrio. A todos los que se sientan perdidos.
Todos necesitamos un lugar donde poder sentirnos útiles.
Voy a cambiarme, con los recuerdos de Everly oprimiendo mi pecho.
No sé si sería mejor no viajar a Nueva York justo el fin de semana que se casa con otro.
Aunque no sé si podría estar lejos…