Capítulo 45 #2
Nos quedamos quietos, sintiendo al otro.
Muerde mi boca y me lame antes de besarme con lentitud. Es como si, en vez de minutos, tuviéramos toda la vida.
Sale de mí y entra de nuevo con fuerza. Gimo en su boca, apretando los talones en su duro trasero.
Dentro y fuera… Más fuerte.
Nuestras bocas no se separan mientras nuestros cuerpos se funden de nuevo, como uno solo. No dejamos de movernos hasta que se corre dentro de mí con energía.
Cuando sale, noto su semen caliente caer por mis muslos.
—Joder, Everly…, eres jodidamente preciosa. —Muerde mi boca y toca mi sexo desnudo, mojado por nuestros jugos—. Pronto podremos estar juntos otra vez. —Golpean la puerta—. Tengo que salir. Es la señal. Nos vemos pronto. —Se arregla la ropa y me baja del lavabo.
Me da un ligero beso y se marcha.
Cuando me quedo sola, me retoco el maquillaje y la ropa. Trato de que nadie note la felicidad que brilla en mis ojos. Esto es una locura, pero, por primera vez en semanas, me siento viva.
Mi lado rebelde ha vuelto a salir y de nuevo me siento tremendamente viva. Estamos jugando con fuego y no me importa quemarme.
Regreso al salón y veo a Seth a lo lejos. Nuestras miradas se cruzan, comparten sueños que tal vez un día se tornen en pesadillas, pero no nos importa. Queremos desafiar a todos los que hoy nos quieren cortar las alas.
Al llegar, ya me espera mi padre con Mónica. Esta sonríe con calidez, sin que nadie note lo que ha ocurrido en la limusina. Mi padre, por el contrario, me mira agitado. Sujeta mi brazo y me lleva a un lado.
—Que Seth ahora sea un Roberts no hará que lo acepte. —Veo el odio que siente por los Roberts, pero hay algo más. Está agitado. Nervioso. Mi padre nunca deja estas emociones fuera.
—Lo sé.
Regresamos con el resto de los invitados y cuando Glenda se nos acerca, mi padre se pone más tenso, si cabe. Parece hasta que está sudando y no la mira directamente a los ojos. Es como si temiera que ella viera algo oculto en él.
Esto es muy raro.
—Siempre es un placer verte. Sobre todo, por lo lejos que ha llegado uno de mis empleados. —Esto hace que mi padre se ponga rojo de la ira y, entonces, sí la mira a los ojos—. ¿Pensabas que no te reconocería solo porque te has cambiado el apellido?
El pasado de mi padre es humilde. Usó su inteligencia para abrirse camino y tuvo un golpe de suerte en la lotería, donde ganó lo suficiente para poder empezar sus proyectos. Tiene uno de esos billetes enmarcados en el despacho, pero no sabía que había trabajado para los Roberts.
Ahora entiendo por qué los odia.
Tampoco sabía que usó el dinero para comprarse una nueva vida, un nuevo apellido. Mi abuela nunca me lo dijo. Quizás su hijo la obligó a cambiarse de apellido también, tras ganar la lotería.
—Ese billete es de los que gané en el premio —me dijo, siendo niña—. Me recuerda que un día no tuve nada, pero que un golpe de suerte me hizo conseguirlo todo. Ahora haré lo que sea por conservar mi fortuna.
En ese entonces, no era consciente de hasta qué punto haría lo que fuera.
Yo, de verdad, creía que esas palabras hablaban de un hombre luchador, no de uno codicioso y egoísta.
—Mi padre dice que se te daba muy bien limpiar la mierda de los caballos. Ahora que sabe tu verdadero apellido, te ha recordado de esos años juntos como sirvientes —comenta Seth, solo para cabrearlo todavía más.
«Eres imposible», le digo con la mirada.
—Todos tenemos un pasado —indica mi padre, mirando a los Roberts desafiante.
—Sí, lo tenemos, pero tu fortuna nunca igualará a la mía. No olvides que soy tu competencia más directa —le dice Glenda—. No te interesa tenerme como enemiga, porque en Nueva York y en Chicago, donde quieres hacerte fuerte ahora, soy yo quien más poder posee.
—Nunca hemos sido enemigos.
—Mejor —Glenda deja la amenaza en el aire antes de irse al salón para cenar.
—Nos vamos —ordena mi padre, nervioso. Mónica lo mira impactada—. ¿Acaso no he sido claro?
Sujeta su brazo con fuerza y yo lo aparto para que la deje en paz. Me levanta la mano.
—Hay testigos —digo con rabia— y ya estás haciendo bastante el ridículo.
Me mira enfurecido antes de irse. Nos grita que lo sigamos.
—Desde que tu madre desapareció, está muy nervioso. Ten cuidado —me aconseja Mónica al oído mientras nos acercamos.
—Voy a destruirlo, pero no sé cómo.
—Tu madre sabía algo de él. Algo de cómo consiguió el dinero.
Con eso lo chantajeaba y le pedía dinero.
También cuando le informaba sobre los Carter.
Tira de ese hilo y haznos libres. Usa la información que ha dejado caer la señora Roberts.
Eres muy lista, Everly. Si alguien puede descubrir la verdad, eres tú, y si puedo ayudarte en algo, cuenta conmigo. —Aprieta mi mano.
—Te quiero.
Sonríe con cariño.
—Y yo a ti, pequeña.
Llegamos al ascensor y mi padre no se ha dado cuenta de lo nervioso que está por la confrontación con los Roberts. Mi cabeza va deprisa mientras analizo todo lo que sé de esa familia y de mi padre.
Al llegar a la casa de mi madre, voy hasta su habitación y saco el ordenador.
Sigo tratando de ver lo que oculta al tiempo que busco información sobre los Roberts y mi padre.
Mi padre, en todas las entrevistas, cuenta que gracias a un golpe de suerte en la lotería consiguió su fortuna.
Así empezó todo.
Luego, consiguió ser socio de los King.
Busco a los King en Google y lo que leo me hace agrandar la mirada.
Mi padre ha comprado sus acciones y ya no es su socio. Ahora la empresa está a su nombre. Ahora tiene más poder, gracias al éxito de la comida vegetariana.
Leo varios artículos en que la gente comenta que no se explica como esa comida tan insípida y sin sabor está generando tanto dinero, pero la empresa no deja de crecer.
Todo esto solo da más poder a mi padre y quiere abrir una sucursal en Chicago con Rob, a quien hará su socio. Por eso se ha quitado del medio a los King, porque todo apunta a que su socio ahora será Rob García.
Tengo que unir todas las piezas y descubrir qué oculta mi madre.
Pienso hacerle jaque mate al que lleva años creyéndose el rey. Esta chica ha dejado de ser un simple peón.