Capítulo 44
Seth
Centro todas mis energías en el deporte.
Me apoyo en los compañeros.
Hemos ganado todos los partidos. Nuestro equipo está siendo superior en todo.
He hecho algunas fotos y las cosas van mejor en la agencia gracias a las ideas de Everly.
—Esa chica es muy buena. Tiene una mente privilegiada. Es una lástima que no pueda seguir trabajando aquí —me comentó Luna cuando le dije que Everly ya no trabajaría más.
Elara no para de llamarme cada día, como prometió. Hasta Joss habla conmigo sobre el hockey , y me da ideas.
Han aceptado el traslado de Elara a Chicago y el año que vienen vendrán los dos.
Yo no sé qué mierda será de mi vida el año próximo. Solo quiero que pase el tiempo para que deje de doler. Dejar de echarla de menos.
Everly sigue viviendo en la casa de su madre. La veo en la ventana, cuando regresa de asistir a actos con su prometido. No para de ir a unos y otros. Casi no va a la universidad.
La boda será en marzo y dudo que después siga aquí.
Quedan dos meses para eso.
Las Navidades las pasé estudiando y usé mi dinero para que Lia viajara a Nueva York. Regresó con mejor cara y feliz de que su amiga vaya a venir dentro de unos meses.
Me ha pedido perdón mil veces, a mí y a mis padres, por lo que hizo.
Estamos cansados de decirle que no fue por su culpa, porque hay personas capaces de derrotar hasta a los más fuertes. Poco a poco, recupera la sonrisa, aunque en algo ayuda un tal Brice del que no para de hablar.
Me pregunto si se da cuenta de que siempre nos cuenta cosas de las que hablan.
Brice es amigo de Elara y esta dice que es buen chico. Ojalá sea verdad, porque si no, le partiré la cara. Como hice con el ex Lia. Nadie lo sabe, pero fui a su cuarto y le dije que me diera todo el dinero que le habían pagado por vendernos a Everly y a mí.
No quería hacerlo, pero digamos que lo ayudé un poco a que colaborara.
Tras dos puñetazos me lo dio y le dije que, como se acercara a mi hermana de nuevo, no sería tan bueno con él.
Usé ese dinero para pagar el psicólogo de Lia. En realidad, solo quería una excusa para joderlo y meterle miedo. Para hacerle a él lo que le había hecho a mi hermana.
Espero que se le quitaran las ganas de hacer daño a alguien más.
Por si acaso, corrí el rumor de lo que le hizo a Lia. ¡Que se joda! Ser el capitán del equipo de hockey tiene sus ventajas y nunca me había aprovechado de ellas hasta ahora.
Entro en mi casa a por algo de comida y noto el ambiente cambiado.
Voy al salón y veo a una mujer refinada. A su lado hay un joven de quince años que me mira fijamente.
—Es mejor dejaros solos —indica mi padre, y su mujer asiente, otra traidora.
El joven me observa sabiendo que nos parecemos mucho. Claro, es mi hermano, del que apenas sé nada. Solo que es un pijo estirado, pero muy parecido a mí, y sin decir nada se va tras mis padres.
—Vi el otro día a Everly en una fiesta —me dice mi madre biológica cuando nos quedamos solos, y me sorprende—. Me lo contó todo y me dijo que sabía que eras demasiado orgulloso para llamarme y pedirme que habláramos. ¿Es eso cierto? ¿Quieres saber mi historia? Estoy deseando contártela, hijo.
La miro, por primera vez en años, y veo a Everly. Veo el dolor en sus ojos. Ese lado de tristeza oculto tras las capas de ropa cara. Veo algo más que una mujer rica. Veo a una persona herida.
—No tengo nada que hacer ahora. Puedo escucharte.
Everly lo sabe: soy un orgulloso. Llevo semanas queriendo llamar a mi madre, sin decidirme.
Everly sigue cuidando de mí aunque ya no estemos juntos.
—Saller, tu hermano, quería venir conmigo. Lleva años queriendo conocerte y, bueno, no pude dejarlo en el hotel. No sé por dónde empezar.
—¿Por qué nos dejaste ir?
—Yo solo tenía diecinueve años. —La observo y de golpe dejo de verla como una adulta y me traslado a aquella época en la que tuvo que tomar decisiones cuando era solo una joven aterrada—.
Mi padre tenía cerrado un contrato prematrimonial desde hacía años.
Yo lo sabía, pero quería huir, por todos los medios, de ese destino.
Entonces, conocí a tu padre. Nos enamoramos y cometimos errores.
Un error intencionado, porque creí que si me quedaba embarazada podría huir de todo.
Casarme con tu padre, ser libre… —Veo la verdad en sus ojos—.
Cuando le dije a mi padre que estaba embarazada, me mandó lejos.
Te quería apartar de mí y por eso, cuando naciste, le dije a la matrona que te llevara con ella antes de que mi padre pudiera mandarte a un orfanato.
»Le dijimos que naciste muerto y regresé a casa.
»A tu padre le informé de dónde te encontrabas y fui a verte a escondidas. Eras tan bonito… Tan mío. —Una lágrima se escapa de sus ojos—. Pero hubo un robo en la casa. Un robo de mucho dinero, y tu abuelo quiso acusar a tu padre de todo, porque nos había pillado juntos.
»Le pedí que lo dejara ir a cambio de casarme cuanto antes y hacer todo lo que quisiera. Aceptó.
»Mentí a tu padre y le dije que no quería saber nada de vosotros, para que huyera contigo.
No podía dejar que mi padre supiera de ti…
Si sabía que seguía con tu padre, era cuestión de tiempo que atara cabos y te descubriera.
El robo se lo habrían encasquetado a él, aunque no fuera el culpable, y no habrías tenido a nadie que te cuidara.
No podía hacer otra cosa más que renunciar a ti.
La observo llorar y veo a Everly llorando entre mis brazos.
Me pregunto si el destino la puso en mi vida para que pudiera perdonar a mi madre y comprenderla.
Para que dejara ir el odio hacia ella y entendiera que hizo un acto de amor para salvarme.
Hasta Everly creía que, cuando se tiene dinero, tienes el mundo a tus pies.
No era capaz de ver los matices de esa vida de privilegios y que no siempre todo es lo que parece.
—Te entiendo —afirmo, y es cierto. Joder, amo a Everly con todo mi ser y sin embargo la dejo ir, porque no deseo que lo nuestro se cimiente sobre las desgracias de otros.
—¿Me entiendes?
—Sí, ahora sí.
—Quiero ser tu madre en todos los sentidos. Ya nadie puede apartarme de ti y vamos a vivir en Chicago… Tal vez voy muy rápido, pero llevo años deseando estar aquí, contigo. Te quiero tanto, hijo. Te quiero más de lo que nunca te podría expresar. —Pone su mano en mi mejilla.
—Yo te he odiado toda la vida, pero ya no.
—Me vale con eso. —Acaricia mi mejilla con cariño—. Me he perdido todo de ti…, pero no quiero perderme más. No puedo perderme más.
—Necesitaba tiempo… Más bien, necesitaba entenderte.
—Ella te ama. Lo vi. Siento que te enamoraras de alguien que, como yo, no puede elegirte.
—La historia se repite.
—Bueno, ahora me tienes a mí. Eres un Roberts y quizás eso ayude… O no, porque el padre de Everly nos odia y nunca he sabido la razón.
—Es un capullo —digo—. No sé si quiero dar ese paso. Si quiero ser un Roberts, públicamente.
—Bueno, poco a poco, pero piensa en todo lo que puedes hacer con tu herencia. Como todo es mío, quiero que tengas tu parte, como mi hijo, al fin. Tu padre lleva años contándome todo lo que haces por esta comunidad. Ahora puedes hacer mucho más.
—¿Puedo pasar? —Saller nos mira a los dos.
—Puedes —indico y le doy unas palmaditas en la espalda que casi lo tiran—. Eres un blando.
—No lo soy. —Me mira enfadado, arreglándose la ropa cara.
—Tengo mucho trabajo contigo.
Sonríe feliz porque quiera enseñarle algo.
Mis padres entran, y Lia también, y pedimos algo para cenar.
Es gracioso ver a mi madre biológica comer pizzas, y a Saller.
Es rara de narices esta cena.
Mi padre mira a su ex con cariño, pero se nota que no la ama. Solo son amigos. Me duele el pecho por si un día lo mío con Everly se ve así. Solo como una amistad. Me duele la idea de perderla tanto como la idea de dejar de amarla, porque mientras nos amemos seguiremos siendo un poco parte del otro.