Capítulo 42
Seth
El prometido de Everly vino para llevársela, con su equipo médico. Por cómo me miró, sé que sabe que hay algo entre Everly y yo.
Puedo apostar a que el ex de mi hermana tuvo algo que ver en esa información.
En las noticias se ha dicho que la hija del gran Rivera tuvo un accidente de moto.
El novio de su madre está en la cárcel por drogas y su madre… De su madre no se sabe nada. La han dejado ir como si nada. Es como si no hubiera dado una paliza a su hija.
Everly nos contó todo mientras estaba sedada y lo mismo ni lo recuerda. Entre sueños gritaba tanto, que me dolía no haber estado a su lado.
Siempre supe que algo así pasaría, pero esperaba estar equivocado.
La vida está llena de señales que la mayoría de las veces ignoramos, porque nos creemos más chulos que el puto destino.
Hace una semana que se llevaron a Everly a ese hospital pijo y no sabemos nada de ella. Sus cosas están en mi cuarto. Tenía tres móviles y los he estado cargando.
Uno es de su madre y no sé por qué lo tiene, pero si Everly lo cogió, espero que fuera para poder joder a esa mujer.
Llaman a la puerta y aparece Elara.
—Me marcho —dice sin ganas—. No sé cómo irme, con todo lo que hay aquí montado.
—Solo son unos meses —le indico y asiente.
—Sí, he pedido el traslado para venirme a estudiar a Chicago, ya que Joss jugará aquí. —Se sienta en la cama—. Pero Lia no está bien y Everly…
—Dudo que por Everly puedas hacer algo.
—Tiene que haber una salida.
—¿Cuál? Han silenciado a la policía, Elara. Tu padre es capaz de todo con tal de conseguir lo que quiere.
—Eso parece. ¿Me llamarás si me necesitas?
—No.
—Entonces, te llamaré yo cada día. —Sonrío—. Me hubiera gustado tenerte como cuñado. Eres la persona que habría elegido para ella si pudiera.
—¿Y tener a Joss de cuñado? No sé si podría soportar su ego. —Se levanta y me abraza—. Estoy bien.
—No, no lo estás.
No digo nada, porque es cierto.
Bajo para despedirme de ella.
Mi padre la lleva al aeropuerto.
Lia se apoya en mí y la abrazo. Vamos hasta el salón, donde hay un montón de clínex en la mesa. Odio que llore por alguien que nunca la mereció.
—Estoy pensando comprarme un gato —la miro sin comprender—, porque siempre estaré sola.
—Eres idiota. —Me da con un cojín en la cabeza—. Abre los ojos de una vez, Lia. Nunca has estado sola. Ni yo. Everly, sí. Ella nunca ha tenido a nadie, porque hasta Mónica ha tenido que darle el amor con miedo.
—Entonces, ¿por qué tengo tanto miedo?
—Porque te ha destrozado el coco. Necesitas ayuda.
—Puedo con esto.
—No puedes, ni yo tampoco, joder. Llevo toda la vida amargado. Nunca me paré a pensar en que no había nada mal en mí para que mi madre no me quisiera.
—Eres insoportablemente adorable.
—Y tú insoportablemente encantadora. —Sonríe—. No sé cómo seguir sin ella —admito—. No sé cómo dejarla ir a esa vida de mierda… No sé cómo hacerlo, Lia.
—Joder, la debes de querer mucho para que me cuentes esto. No sé cómo lo conseguiremos, pero esto nos hará más fuertes.
—Espero que no, porque llevo haciéndome el fuerte toda la vida por miedo a perder también a papá si hacía algo mal.
—Seth…, a mí no me vas a perder. —Mi padre entra y se sienta en la mesa de centro—. Estamos jodidos, lo admito. Todo esto me sobrepasa. No sé cómo haceros felices a los dos, pero lo lograremos, ¿vale?
—Claro que lo lograremos —apunta mi madre y se sienta en el sofá—. Los Carter podemos con todo.
Me quedo con ellos, pero mi mente está lejos.
Regreso a mi cuarto y miro la habitación de Everly. La casa está a oscuras. Se me hace raro mirar por la ventana y no verla ahí, estudiando, en la cama con los cascos o mirándome con una sonrisa.
Joder, no sé cómo seguir con este dolor en el pecho. No sé cómo hacerlo.
No cambiaría nada de lo vivido con ella, pero me pregunto si no hubiera sido más feliz de no haberme cruzado en su camino nunca.
Al llegar el alba, me pongo a trabajar en su jardín. Si un día vuelve, quiero que lo vea precioso, porque luchó por él. Tal vez porque era la primera vez que podía hacer algo por sí misma, aunque se ensuciara las manos.
Mis padres se acercan con mi hermana.
Reconstruir este jardín nos viene bien, porque hacemos algo juntos mientras intentamos saber qué hacer para encaminar nuestras vidas.
Nada de esto hubiera sido posible si mi madre biológica no me hubiera dejado ir.
* * *
—Así que te has acostado con mi prometida.
Salgo del entrenamiento cuando Rob aparece de entre las sombras y viene hacia mí.
«Capullo.»
A su lado van dos matones. Es como si me tuviera miedo.
Me he metido en peleas peores.
—No sé de qué hablas. —Empiezo a irme, pero me detienen—. Si esperas que estos me asusten, vas listo.
—Si te acercas a ella…
—¿Me vas a hacer daño? Joder, los ricos no sabéis decir otra cosa. —Sigo andando, pero me paran de nuevo.
—No sabes con quién te metes.
Los miro desafiante.
—¿Lo sabéis vosotros? —les suelto chulo—. No pienso dejar que nadie más me diga lo que tengo que hacer. Si no eres capaz de retener a tu prometida, es tu problema y no el mío.
Espero el primer puñetazo y lo esquivo. El segundo me da en el estómago.
Me meto en una pelea que en el fondo estaba preparada. Son buenos, letales, pero yo he estado en suficientes peleas como para salir airoso de esta.
Al acabar, solo tengo el labio y la ceja partidos.
—Si no haces caso por ti, iremos a por tu padre. —Eso sí me afecta y lo nota—. Aléjate de ella o le romperemos las piernas y haremos creer que fue un accidente.
Me da unas palmadas en la espalda y se marcha hacia su coche.
Escupo sangre y ando hasta mi moto. Joder, si van contra mi padre…, no puedo hacer más que dejarla ir.
«¡Puta vida esta!»