Capítulo 40
Seth
Irrumpo en la fraternidad, donde está el novio de mi hermana.
Les pregunto dónde duerme y me lo dicen. Tal vez porque mi cara de mala leche les hace saber que no tengo el cuerpo para gilipolleces.
Subo hasta el cuarto de Ville.
Está cerrado y sé que no me van a abrir, así que pego una patada a la puerta.
Entro y veo a Lia llorando en el sofá. Ville la mira enfadado desde la cama.
—¿Se puede saber qué pasa?
—¿Se puede saber qué te pasa a ti? ¡Le has comido la cabeza a mi hermana y ya me he cansado! ¡La Lia que yo admiro nunca se habría ido de su casa así!
—Tu hermana tiene ya diecinueve años y puede irse de casa si quiere.
—No así. No como si hubiéramos hecho algo malo. ¿Qué mierda le has dicho para que saliera corriendo?
—La verdad, que nos estáis prohibiendo nuestro amor.
—¿Amor? ¿Llamas amor a esto? Eres un gilipollas.
Se viene hacia mí con chulería.
—¿Acaso tú eres mejor?
—No, pero nunca obligaré a nadie a elegir entre su familia o yo, si ellos la quieren.
—Pero estás con alguien que no deberías —indica Lia, y su traición me duele—. Deberías entenderlo mejor que nadie. ¿No harías lo que fuera por estar con Everly?
El dolor se hace más grande. Confía tanto en este capullo, que piensa que me está traicionando.
—Vaya, pero ¿Everly Rivera no tiene prometido?
—No digas nada —le pide Lia—, por favor.
—Eres tonta —le suelto cabreado y molesto con ella—. No sé como has podido traicionarme así. ¿Acaso no ves que lo va a contar?
—No lo hará, Seth. Es que no os dais cuenta de cómo es…
—Tú eres la que no ve cómo es. Te tiene comida la puta cabeza. Si te deja…, ¡qué más da! ¡El amor siempre debería sumar y no restar, joder!
Voy a decir algo más, pero mi padre entra en el cuarto con el rostro pálido.
Nos mira a los dos.
—Han atacado a Everly… —Me quedo paralizado—. Ha perdido el conocimiento. La han llevado al hospital. Vamos.
Lia se levanta, pero su novio la sujeta del brazo.
—O conmigo o con ellos.
—¿De verdad? ¿Qué clase de mierda te hace elegir entre tus amigos y él?
Lia se pone a llorar, nerviosa. Agitada.
Salgo del cuarto sabiendo que no vendrá. Tiene tanto miedo a estar sola, a que no la amen, que se quedará con la única persona que la ha amado. O que dice amarla, porque dudo que ese capullo la ame.
Pero yo no soy mejor.
Yo llevo toda la vida rechazando el amor de la gente, porque en el fondo pensaba que no era merecedor de él porque mi madre me dejó ir.
No he sido consciente de cuánto tenía hasta que Everly me hizo ver las enormes carencias que puede tener alguien que aparenta poseerlo todo.
Mi madre de sangre me dio la oportunidad de tener una vida y Everly haría lo mismo por mí…, aunque me ame.
Tengo que llegar hasta ella.
—Voy con vosotros —nos dice Lia, llegando a la camioneta cargada con su mochila.
Mi padre la abraza con fuerza.
Lia no está bien, pero no es el mejor momento para echarle nada en cara, ya que la hermana que yo admiro nunca habría dejado de lado a una amiga. Tal vez haya esperanza.
—Lo he perdido para siempre —nos anuncia en el coche mientras vamos al hospital.
—No se puede perder lo que nunca se ha tenido.
—Eso no hace que duela menos…
—No estás sola. Me tienes a mí.
—Y a mí —afirma mi padre.
Lia sonríe, a pesar de todo, y la atraigo hacia mí. No pienso dejar que se hunda.
Nos vamos a necesitar el uno al otro cuando mi tiempo con Everly acabe.