Tú a Nueva York, yo a Chicago (Un sports romance muy ardiente 2) Capítulo 39
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Capítulo 39

Everly

Seth tira de mí hasta su dormitorio. Al entrar, lo miro. Parece enfadado. Es como si algo estuviera mal.

—¿Hice mal al decirle eso?

—Eh, no. Alguien tenía que decirle algo. Cada vez va a peor y ese amor la está consumiendo.

—Entonces, ¿qué te preocupa?

—¿Y tú me lo preguntas? —Lo miro sin comprender—. Esto que hay entre los dos nunca debió existir. —Sus palabras me duelen como dagas en el pecho que no me dejan respirar.

—Pero te ponía mucho la idea de acostarte con una pija —le rebato enfadada y herida—. Ya que estamos, podrías decirme por qué.

Seth clava sus ojos dorados en mí.

—Eso no tiene importancia.

—¡Sí la tiene! Si lo nuestro parece ser lo peor que te ha pasado, al menos debería saber lo que te impulsó a acostarte conmigo.

—Es lo peor, porque no puedo tenerte. ¡Joder!

Me relajo un poco y empiezo a entender su enfado. Voy hacia él.

—Aun así, me gustaría saber por qué odias tanto a los de mi clase. —Cruzo los brazos en su cuello. Pone sus manos en mi cintura—. Por favor.

Baja la cabeza y me besa con dulzura.

—Nunca hablo de eso. Me duele demasiado.

—¿Por qué?

—Es sobre mi madre. La que me dio la vida.

—¿Tu madre era una de los míos? —pregunto, tras atar cabos.

—Es la heredera de una de las mayores fortunas de Nueva York, y de las más antiguas. Los Roberts. —Se tensa tras esta confesión y eso me recuerda la tensión que noté en sus padres al hablar de ella. Ahora cuadra todo.

—¿Tu madre es Glenda Roberts? —Asiente y, si lo pienso, se parece. Ella tiene los mismos ojos dorados y su hijo pequeño, también—. No he tenido mucha relación con ellos, porque mi padre los odia. Aunque nunca he sabido la razón.

—Qué casualidad. —Va hasta la ventana y lo sigo—. Todo son putas señales para que dejemos de estar juntos cuanto antes. —Entrelazo mis dedos con los de él.

—Aún no… —No dice nada. Solo mira hacia fuera—. Intuyo que tu madre no quiso saber de ti.

—Intuyes bien. Mi padre era joven, inocente y estúpido.

Se enamoró de la hija del dueño y tuvieron una aventura.

Creían que su amor sería más grande que todo lo demás.

Ella se quedó embarazada y su padre la mandó fuera para que nadie supiera del nacimiento de su bastardo.

No sabía quién era el progenitor y, cuando ella regresó, informó a mi padre del sitio donde me había dejado, para que me buscara.

»Mi padre lo hizo, claro, y siguió trabajando en la casa sin que nadie supiera que estaban juntos. Hasta que un día todo cambió y nos repudió.

»Mi padre aceptó una oferta de trabajo en Chicago y se vino conmigo. Al poco, mi madre se casó con un hombre muy rico y mayor.

»No supe nada de ella hasta que su padre murió y se divorció de su marido. Quiere hablar conmigo, pero no tengo nada que decirle.

—Con seguridad, su padre se enteró y la obligó a casarse con ese hombre. Para protegeros os dejó ir…

—¿Lo dices por experiencia?

—¿Qué te crees que te harían si descubren que estamos juntos? Mi padre sería capaz de cualquier cosa, Seth. Sería capaz de darte una paliza y anular tus intentos de llegar a la liga profesional.

—No me dan miedo. Si me pegan, me levantaré. No me asustan.

—¡Pues deberían! Yo pensaba que mi padre era bueno…, pero ya no lo tengo tan claro. —Lo miro agitada.

—¿Qué me ocultas? —Callo—. Creo que, por contarte mi mierda de historia, me lo debes.

—No es una mierda de historia y deberías hablar con ella.

Seguro que no tuvo otra opción… ¡Yo no la tengo!

Si sigo a tu lado, seguro que mi padre irá contra ti y contra tus padres.

Contra todo lo que amas, con tal de tenerme a su lado y cerrar el contrato con Rob.

¿Es que no lo ves? Seguramente, tu madre hizo lo mismo.

—Se queda callado—. Gracias a su sacrificio, tuviste una buena vida.

Con una mujer que se convirtió en tu madre y un padre que pudo darte todo su amor.

Tienes una hermana increíble y has vivido libre.

¡Eres libre! ¡Nunca lo hubieras sido siendo un Roberts!

Noto las lágrimas mojando mi cara, porque la verdad nos estalla en el pecho.

Nunca podremos estar juntos.

—¿Tanto miedo le tienes a tu padre, Everly?

—Mi padre lleva toda la vida dándome bofetadas… Creía que eran porque yo me portaba mal, pero ahora empiezo a ver que no era así.

—¿Y esperas que te deje ir sin más?

—¿Esperas que me quede sabiendo que os destruirían? —Llevo mis manos a la cara y noto el escozor de las lágrimas.

Seth me abraza sin decir nada.

No podemos dejarnos ir el uno al otro, pero pronto nos tocará aceptar la separación.

Llaman a la puerta y nos giramos para mirar quién entra.

Su padre aparece con el gesto desencajado.

—Lia se ha ido de casa, con su novio —nos informa.

—Ha sido por mi culpa —digo, presa del dolor.

—No, no lo ha sido. Es culpa de ese cabrón, que le está lavando el cerebro, pero esto se acaba aquí —sentencia Seth.

Seth sale y vamos tras él. Le decimos que es mala idea, pero sube a la moto y se marcha para buscar a su hermana.

Nada está saliendo como tenía pensando.

—Ve a tu casa, Everly. Yo iré tras Seth —me pide su padre.

Acepto, porque esta no es mi lucha. Es la de esta familia que no sabe la suerte que tiene de haber podido vivir lejos de mi mundo.

Regreso a mi casa. Mi madre está borracha en el sofá.

—Me cuesta comprender como no tienes dinero para comprar comida, pero siempre lo tienes para todo lo demás. —Se ríe.

—Es el precio de los secretos. Yo callo, yo informo… Yo cobro.

—¿Qué secretos?

—No te lo diré, pero estoy donde debo estar… Me pregunto cuánto me pagará tu padre por el secreto de que estáis juntos, Seth y tú.

—No estamos juntos. —Busca su móvil y pulsa un vídeo. Es una grabación de la cámara de Seth, donde salimos teniendo sexo—. ¿Has entrado en su casa?

Trato de quitarle el móvil, pero no me lo da.

Aun así, lo intento y me tira al suelo. Golpea mi cabeza con fuerza.

—No me lo quitarás. Eres una zorra. Tu padre te quería tanto que yo deseaba que estuvieras aquí para joderlo…

—Me pega en el estómago. Me levanto, pero me tira del pelo y me golpea la cabeza con la mesa—.

Pienso pedirle mucho dinero por este vídeo.

Los secretos valen oro, niña, y yo sé el mayor secreto de tu padre: cómo consiguió ser rico.

Y no fue por la lotería. —Niega con la mano—.

No fue por lo que os contó a todos… Aunque todos se lo creyeron.

Panda de estúpidos. —Me golpea de nuevo, mientras estoy aturdida.

Caigo al suelo y lo veo todo borroso. Estoy mareada.

—La vas a matar.

—No, esta zorra es dura. Es hija mía. Si toda la mierda que me meto no me mata, a ella no la matarán unos golpes.

Intento ponerme en pie, pero su novio me coge de los hombros.

Grito con todas mis fuerzas sabiendo que tal vez nadie me escuche, porque se han ido a buscar a Lia.

—¿Te importa si juego con ella?

—No. Es una zorra como yo. Es una chica mala. —Pone mi vídeo y su novio toca mis pechos sobre la ropa.

Lleva su mano a mi boca y lo muerdo con fuerza.

Me golpea, pero uso las fuerzas que me quedan para alejarme de él. Llego hasta la puerta y grito de nuevo, pidiendo ayuda.

El novio de mi madre me coge y me estampa contra la pared.

—Espera, que lo grabo. Seguro que mi ex pagará mucho por esto. No quiere que nada empañe su imagen.

Le doy una patada en los huevos y trato de llegar de nuevo a la puerta.

Grito, pero la cierra, o esa era su idea, porque la madre de Seth entra con un bate de béisbol.

—Dejadla en paz u os juro que me lío a golpes con los dos. —Veo el miedo en los ojos de la señora Carter, pero se acerca a mí sin dudar.

Se ríen de ella, pero yo aprovecho su momentáneo despiste para golpear al novio de mi madre e ir hasta la señora Carter.

Mi madre se ríe hasta que la policía irrumpe en la casa. Tratan de huir, pero los cogen. El móvil de mi madre cae cerca de mí y me lo guardo.

—¿Estás bien? —me pregunta la señora Carter mientras me llevan a la ambulancia.

—No lo sé. —Me abraza, como haría una madre, y me dejo curar por su abrazo sanador. He pasado mucho miedo.

Solo espero que mi madre pague por todo esto y su novio, también.

Me llevan al hospital y pienso declarar. Pienso contar todo y dejar de temblar… Eso también.

Me conectan a una máquina y cuento los latidos de mi corazón mientras pierdo la conciencia.