Tú a Nueva York, yo a Chicago (Un sports romance muy ardiente 2) Capítulo 36
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Capítulo 36

Seth

No estoy teniendo una buena semana. Tras llevar a Everly a ver las estrellas, no dejo de pensar en sus palabras: en que se está acabando el tiempo que tenemos para estar juntos.

Lo siento con cada segundo que pasa.

Esa noche me rompí por dentro, porque no quiero ser una puta estrella en su mente, un recuerdo que ya no existe… Duele mucho saber que cada segundo que pasa estoy más cerca de perderla.

Ahora estoy cambiándome tras un duro entrenamiento.

Everly estaba en las gradas. Quiero verla y aprovechar lo que tenemos juntos, pero lo que no esperaba era salir del vestuario y verla apoyada en la pared.

—Un buen capitán no es el que mejor juega en solitario, sino quien mejor juega para el equipo —me dice nada más salir.

—¿Te han dejado colarte?

—No, pero me da igual. He venido a verte y, bueno, quería darte mis consejos. —Gruño y se ríe. Se acerca y toca mi mano levemente—. Estabas muy sexi sobre el hielo.

—¿Quieres que lo derritamos juntos? —Tiro de ella y cae sobre mi pecho. La beso. Cada vez me importa menos quién pueda mirar.

—Seth —se separa reticente—, las manos quietas.

—Es tu culpa por entrar y darme lecciones de mierda.

—Tengo razón. Los nuevos te miran como si fueras una eminencia y, aunque no eres bueno como profesor, deberías serlo. Tú has estado ahí y, si te cogen en la liga profesional, serás el más joven. Te gustaría que alguien te ayudara. Ellos solo necesitan un guía. Lo he visto. Sois un equipo.

—Se te da mejor follar que dar consejos de mierda —le indico enfadado.

—Eres un idiota. —Empieza a irse, pero la cojo. Pongo mi mano en su cara y la beso.

—Vale, lo pensaré. Solo un poco.

—Me vale. La vida no es blanco o negro, hay matices. Yo cada vez los veo más.

—¿Y de qué te sirven? Al final te casarás con un capullo y nunca elegirás tu vida. De qué te sirve ver los putos matices, si, aunque los veamos, no… —Me quedo callado y me paso las manos por el pelo.

Soy un idiota, porque quería decirle que no tenemos un futuro juntos.

Empiezo a alejarme de ella.

La escucho contar los pasos que doy, pero no me vuelvo. Cuanto más siento por ella, más me cuesta aceptar que un día la perderé.

* * *

No hablo con Everly de nuevo, pero he ido a verla entrar en clase, desde la distancia.

Estamos desperdiciando la única oportunidad que tenemos.

Somos como un puto eclipse que solo sucede cada cientos de años, donde el sol y la luna pueden bailar juntos a las mismas horas.

Nuestros mundos se han tocado por un espacio de tiempo determinado y estar lejos de ella solo me recuerda que un día me llamaré idiota por haber desaprovechado cada segundo.

—Los nuevos se pondrán con los veteranos.

Todos tenemos algo que enseñar. Mejor hacerlo ahora.

—El entrenador me mira y asiente por mis palabras—.

Si queremos ganar esta liga y dejar un buen legado, tenemos que pasaros lo que sabemos.

No debemos dejar que se olvide por orgullo o porque nos creemos mejor que el resto. Somos un equipo. Demostrémoslo.

Un aplauso llega de las gradas.

Cuando miro, veo a Everly sonriente. Que esté aquí hace vibrar algo en mi interior.

—Vamos a dar lo mejor de nosotros —insisto.

Aunque se me da mal tener paciencia, por una vez me pongo en la piel de esta gente y dejo de creer que no soy nadie para dar consejos. El entrenamiento va muy bien. De hecho, los nuevos me dan consejos en los que yo no había pensado.

Joder, creía que era jodidamente perfecto.

Al acabar, voy al vestuario y siento algo raro en el pecho. Nunca se me han dado bien las personas, aunque siempre he creído que era capaz de ver todo lo que pasaba a mi alrededor sin necesidad de que nadie me explicara la vida.

Pero estaba equivocado, porque nunca vi los matices.

—Me has hecho caso. —Everly entra y se sienta sobre mí a horcajadas.

—Estoy sudado y caliente.

—Me pone mucho cómo suenan esas dos palabras juntas.

—Princesa… —me besa el cuello y me lame. Solo llevo el pantalón—, alguien podría vernos.

—Los he contado y eres el último. Además, el entrenador se ha encerrado para hacer una llamada importante. —Lame mi boca—. Por favor, no me rechaces otra vez.

—Ayer no te rechacé. Es solo que…

—No hablemos de algo que solo nos hace perder el tiempo de estar juntos. Te elegiría a ti, Seth, por encima de todo —besa mi boca—, pero no puedo… Lo sabes. Nunca te he mentido. —Coge mi cara entre sus manos.

—Me he acostumbrado a ti, princesa. Me asusta acostumbrarme a vivir sin ti. ¿No lo ves?

—Lo sé. Hazme el amor, Seth…, por favor.

Tiro de su camiseta y se queda desnuda, solo con el sujetador, de cintura para arriba.

Nos besamos al fondo de un cochambroso vestuario. Para nosotros es el puto paraíso.

Se mueve sobre mí y lamo sus pezones sobre la tela del sujetador, hasta humedecerla. La aparto con la lengua, disfrutando de sus pezones.

Tira de mi pantalón y saca mi dura polla.

Se quita la ropa para caer sobre mí. Me levanto con ella en brazos y uso la pared para ayudarme. Enreda sus piernas en mis caderas y entro y salgo de su interior con fuerza. No dejamos de besarnos mientras nos importa bien poco si nos pillan.

Es como si el mundo hubiera dejado de girar.

Noto las paredes de su sexo latir alrededor de mi miembro.

Agarro su trasero con fuerza mientras entro más hondo en su interior.

La noto cerca.

Estoy cerca.

Entrelazo mi mirada con la de ella y me muevo para corrernos juntos.

Sin duda alguna, hemos hecho el amor… y eso me aterra.

* * *

Llego a casa tras una sesión de fotos y veo a Everly entrar en un coche de esos caros.

No tiene buena cara. Me mira agitada y entra al vehículo. Algo va mal. Joder, algo va muy mal.

Se marcha y me quedo agitado, nervioso y sin saber qué hacer.

Entro al garaje y mi padre me dice que lo siga a la habitación de los trastos.

—No te lo tomes a mal, pero ahora mismo no estoy de humor…

—¿Te crees que soy tonto y no sé qué estás liado con Everly? Me hago el tonto, que no es lo mismo. —No le digo nada—. Su familia nunca os dejará estar juntos, por mucho que ella quiera.

—A veces hay salidas…

—¿Acaso no has aprendido nada? No hay salida. Son gente que se rige de forma diferente y, por mucho que dos personas se quieran…, hay cosas por encima.

—Ella nunca te quiso —indico entre dientes—. ¡Ni a mí tampoco!

—Alguien que no te ama no se ahoga con el dolor de sus propias lágrimas.

—No quiero hablar de ella.

—Ella es tu madre, Seth, y no puedes evitarla toda la vida. Y menos ahora, que ves como Everly, aunque le importas, no puede elegirte…

—No es lo mismo.

—¡Tuvimos un hijo juntos! ¿Qué hay más grande que eso?

—¡Me abandonó!

—Lo hizo para salvarme… Lo hizo para salvarnos…

—Mientes, joder.

—No lo hago, pero tú no quieres ver la verdad. —Deja una tarjeta sobre la mesa—. Tu madre lleva, desde que murió su padre hace cinco años, tratando de hablar contigo. No se puede cambiar el pasado…, pero puede haber un futuro mejor. Y ahora, ayúdame con esto.

Me pongo a ayudarlo a reparar radios viejas de los vecinos. Le pagan un poco y él hace feliz a varias personas mayores del barrio.

—¿La amabas? A mamá…

—Creía que sí. Era preciosa, prohibida, y yo solo tenía diecinueve años. Que me hiciera caso me hizo sentir poderoso, pero no era amor.

No digo nada. Nunca hablamos de mi madre, de la mujer que me dio la vida.

Su abandono siempre ha sido una losa pesada para mí, pero ahora, algo ha cambiado y sé que es por culpa de Everly.

Ver cómo, a pesar de lo que siente, no puede hacer nada me hace preguntarme si mi madre tampoco tuvo opciones y, como ha dicho mi padre, solo hizo lo único que podía para salvarnos.

Cojo la tarjeta y me la guardo. Es mucho más de lo que he hecho en años. No sé si la llamaré, pero ya no lo descarto.

Al tomar aire, no duele tanto el ser un niño abandonado por una madre rica de la que creía que, pudiendo tenerlo todo, nunca me quiso a mí.

Ahora ya no tengo tan claro que ella pudiera elegirme.