Capítulo 34
Seth
Camino por la universidad.
El domingo lo pasé entrenando, para no pensar en nada, y al volver coloqué una cámara que graba la ventana de Everly.
No paro de pensar en si el novio de su madre le puede hacer daño.
No es muy legal que digamos hacer esto, pero Everly lo sabe y me dijo que se quedaba más tranquila.
Ahora veo a Everly correr hacia su clase y al verme sonríe con calidez.
Esta tarde la veré en la agencia. Tenemos una sesión y quiero que venga conmigo, aunque antes ayudará a Luna con los ordenadores y le he propuesto a esta que le deje mirar las cuentas, porque tal vez Everly pueda ver cómo ayudarla, para no ir siempre tan apurados.
Estoy a punto de entrar en mi clase cuando escucho un «lo siento» de una voz que reconozco muy bien.
Lia. Y está con su insoportable novio.
Voy hacia ellos.
—No quería darle mi móvil. Solo era para el trabajo… —Mi hermana rompe a llorar—. Yo solo te quiero a ti. ¡Te lo prometo!
Ville la mira frío. Odio ver como ella se rebaja. Odio no poder partirle la cara; quedarme quieto, porque siento que, si hago algo, Lia se refugiará todavía más en quien no debe. Odio ser un espectador cuando está sufriendo.
«¿Cómo ha pasado esto?», no dejo de preguntarme.
Siempre pensé que esto les pasaba a personas diferentes, más débiles, pero le puede ocurrir a cualquiera, porque mi hermana es una de las personas más fuertes y buenas que conozco. Sin embargo, él ha encontrado una tara por la que colarse hasta hacerla débil.
Ville la abraza como si fuera su salvador.
«Lo odio.»
—Que no vuelva a pasar. Yo te quiero y hago esto por tu bien. Nadie te quiere como yo.
¡Y una mierda! Yo la quiero más que nadie, al igual que mis padres.
Debo alejarme, porque siento ganas de destrozar algo. Estoy agitado, nervioso, y si no consigo calmarme no sé lo que podré hacer.
Camino hasta un armario de la limpieza y me encierro en él. Saco el móvil y veo un mensaje de Everly.
Everly: La clase es un aburrimiento. Todo lo que explica el profesor ya lo he estudiado por mi cuenta.
Seth: Te espero en el armario de la limpieza que hay cerca de donde me has visto. Te aviso que no voy a ser tierno.
Everly: Eso solo me da más ganas de ir. Ahora te veo y me cuentas qué ha pasado.
Giro sobre mis pies en la sala, nervioso.
Lo hago, hasta que la puerta se abre y Everly se lanza a mis brazos para buscar mi boca.
Ella no debería ser mi refugio, no debería encontrar tanto alivio en ella… Joder, besarla no debería ser tan bueno.
Nos besamos hasta caer al suelo.
Se sienta sobre mí a horcajadas.
Tiemblo por ella. Tiro de su pelo y ella del mío. Subo su camiseta y veo su sujetador cubriendo sus perfectos pechos. Le quito la camiseta y subo su sujetador con prisas. Sin tomarnos tiempo para deshacernos de la ropa por completo.
La deseo demasiado para ir lento.
—No tengo preservativos… —le digo, lamiendo un pezón.
—Tomo la píldora y eres consciente de que no he estado con nadie, excepto contigo.
—Eso solo nos unirá más.
Apoya su frente en la mía.
—¿Acaso todo esto no lo hace ya, Seth? Me has llamado y he venido corriendo, dejando una clase a medias.
Beso su boca y toco su sexo. La tela de la falda se ha arremolinado sobre los muslos. Tiro de su ropa interior hasta que se la quita.
Esto es una puta locura. Nunca he hecho esto con nadie.
No lo pienso mucho antes de liberar mi polla y adentrarme en ella.
Nos quedamos quietos, sintiéndonos más unidos que nunca.
Coge mi cara entre sus manos mientras su cuerpo se amolda a mí, sin nada. Me hace ser plenamente consciente de ella, de su cuerpo y de como late su vagina en torno a mi pene.
Sube y baja sus pechos, que rebotan tentadores. Me gusta cómo se mueven.
Pongo mis manos en sus caderas y la insto a moverse hacia delante y hacia atrás.
Me gusta cómo se frota contra mí; cómo me monta.
Meto un endurecido pezón en mi boca y lo succiono hasta que noto su sexo contraerse por el placer. Su respiración cada vez es más agitada. Su piel está sudada, roja por la excitación. Está preciosa. Jodidamente preciosa.
Llevo mis manos a sus glúteos y le doy varios azotes. Su sexo se contrae.
Lo hago varias veces, hasta que siento que, si sigo así, me correré.
—Un día pienso follarme también este culito. Para que no quede nada de ti sin ser mío.
—Me gusta ese plan.
Es una promesa que no sé si se podrá cumplir, porque no tenemos tiempo, pero en el sexo a veces se hacen promesas que no se llegan a hacer realidad, solo por el calentón.
Gruño por su aceptación y llevo uno de mis dedos adonde nuestros cuerpos se unen. Recojo sus jugos y los llevo hasta la entrada de su ano. Lo masajeo. Su placer se hace más fuerte. Por eso, meto poco a poco el dedo.
Joder, está muy apretada.
Uso la otra mano para acariciar su clítoris mientras mi boca devora sus pechos.
—Es demasiado intenso —dice, perdida en mis caricias.
Sé que no puede más. Me gusta llevarla al límite y que solo se corra cuando le doy permiso. Me encanta jugar con su cuerpo y que me suplique.
Su cuerpo tiembla cuando aumento la presión con mis dedos.
—Suplica, princesa.
—Por favor… —Mi polla da una sacudida por su súplica.
—Córrete para mí. —Aumento la fricción y ella se mueve hasta que se corre con fuerza sobre mí.
Me dejo ir, sabiendo que su cuerpo llevará mi semen caliente.
Al acabar, nos abrazamos con fuerza. Otra puta cagada, porque esto solo habla de mil sentimientos que callamos y que no tenemos permitido albergar.
No la suelto y ella tampoco a mí.
No puedo dejarla ir… No sé cómo podré hacerlo un día.
Everly
Preparo todo para la sesión de fotos de Seth en el parque Maggie Daley, donde hay una pista de hielo que parece un camino.
Va a estar libre para la sesión dos horas.
Cuando lo tengo listo, voy a los ordenadores de Luna para revisar las cuentas. Me dijo que podía repasarlas para saber si el administrador lo hacía bien.
Lo hace de pena.
Veo varios errores y compruebo que la empresa se sujeta con pinzas. Si siguen así, no podrán aguantar mucho más.
También me entero de que Seth se queda con muy poco dinero. Casi todo lo que gana es para la agencia. Cuanto más sé de él, más me gusta cómo es.
Saco una libreta y tomo notas. Tengo que pensar en algo para poder ayudarlos. Me gustaría hacer algo por ellos antes de irme.
Hago cuentas, investigo y siento mis manos vibrar.
Soy feliz. Me gusta sentirme realizada; sentir que todo lo que sé sirve para algo más que ser solo una esposa.
Llaman a la puerta.
Alzo la mirada y veo a Seth mirarme con una sonrisa.
Me sonrojo por lo compartido en el armario de la limpieza. No salimos hasta que hubieron acabado las clases. Estuvimos viendo vídeos tontos en su móvil.
Los latidos de mi corazón se disparan. Se acerca y toca mi cuello levemente.
—Se te ve feliz entre los números.
—Sí, pero nos tenemos que ir. Luego seguiré.
—Claro.
—Sé lo de tu sueldo…
—Tengo todo lo que necesito. Un día ficharé por la liga profesional y podré ayudar aún más.
—¿Por qué te importa tanto esta agencia? —Seth parece nervioso—. Me gustaría saberlo.
—Este lugar salvó a mucha gente de este barrio.
Mucha gente joven, que no sabe qué hacer, encuentra aquí una forma de ganarse la vida de forma honrada.
Mis padres también son parte de esto. Esta gente no nació rodeada de oro, princesa.
Este sitio no puede caerse, porque caerá algo importante de este barrio.
—Yo nací entre oro, Seth, pero tú tienes mucho más de lo que yo tendré en la vida. Yo solo quería amor.
—El amor no se mendiga, princesa. Tampoco el de un padre.
El dolor se expande en mi pecho.
—Tú no lo entiendes…
—Lo entiendo, pero, como con Lia, no puedo hacer nada para retenerte a mi lado. Solo puedo dejarte libre para ver como eres infeliz toda tu vida. —Me tenso y mi respiración se agita—. Tranquila, no hablaré más de esto. Vamos. Nos esperan. Tal vez luego pueda enseñarte a patinar.
—¿De verdad? —le pregunto, feliz de que deje el otro tema. Estoy cansada de justificar por qué quiero a mi padre y no puedo romper con todo.
Me niego a creer que soy la única persona que no deja a un familiar tóxico porque no quiere perderlo.
Es fácil hablar cuando no estás en esa situación y, además, yo quiero a mi padre, a pesar de todo…
También tengo miedo a perderlo. O de que me aleje más de Mónica y Elara…
Estoy en medio de algo más grande que yo misma y no sé qué camino tomar sin perder a nadie que me importa.
Asiente y vamos hasta donde está el resto del equipo para hacer las fotos.
Montamos en las furgonetas y vamos hasta el parque.
Al llegar, la marca de ropa interior está ya aquí. Quieren fotos de Seth patinando y que, al patinar, se le suba la camiseta lo justo para que se vea un poco la ropa interior. También quieren algunas cambiándose de prendas.
Preparamos la ropa y veo a Seth cambiarse y ponerse los patines.
Empiezan con las fotos.
En cámara queda muy bien. Tiene un perfil de Instagram para las fotos. Lo he mirado más de una vez.
Alza sus ojos dorados y nuestras miradas se cruzan.
Tomo aire y me concentro en cualquier cosa que no sea devorarlo.
Lo veo patinar con los otros modelos. Una de las chicas lo coge de la mano, como si estuvieran juntos. La mirada de Seth no cambia, no se dulcifica… No sabe fingir.
Disfruto de la sesión de fotos.
Me gusta ser parte de esto. Entiendo por qué Seth quiere salvar la agencia.
Recojo todo y abren el parque para la gente.
Seth se me acerca con unos patines.
—Te aviso que, como profesor, soy pésimo.
—Bueno, en todo no puedes destacar, aunque te joda. —Acepto los patines mientras el resto del equipo se va en las furgonetas.
Me pongo los patines y, al levantarme, casi me caigo.
Seth me sujeta con sus fuertes brazos. Miro su boca y él la mía.
—¿Puedo besarte?
—Sabes que no puedes. —Muerdo mi boca—. No lo hagas más difícil, princesa.
Me coge y vamos hasta la entrada.
Intento hacerle caso varias veces, pero me caigo de rodillas casi siempre. Pone mala cara, se enfada y me río de él.
—Como profesor eres horrible.
—No tengo paciencia, pero tú es que no sabes nada…
—La paciencia es una virtud. No todo llega cuando deseas. A veces, lo mejor es el camino.
—Vaya chorrada.
—No lo es si en ese camino estamos aquí juntos, ¿no? —Muerdo mi boca.
—Si dices ese tipo de cosas, pones muy difícil todo, princesa. Ahora hazme caso de una puta vez. —No está enfadado. Solo trata de hacerse el fuerte.
Busco su mano y me la coge.
Esta vez me esfuerzo un poco más y doy unos pasos. Lo celebro y mis pies se mueven adelante y atrás. Seth trata de agarrarme, pero acabamos los dos en el suelo. Entonces, me río con fuerza y más cuando lo miro, porque parece enfadado por haberse caído. La gente pasa, pero nos dejan en paz.
—¿Cómo puedes reírte en un momento así?
—Soy feliz —afirmo—. Nunca se me ha permitido cometer errores y, desde que te conocí, no paro de cometer uno tras otro. El primero, tú. —Sonríe—. Además, cada uno de ellos no puede hacerme más feliz. Nunca pensé que tendría una cita… y esta ha sido la mejor.
—Ha sido horrible. —Me río y Seth se levanta para besarme—. No quiero amarte —me dice, acariciando su nariz con la mía.
Por primera vez en muchos años, las lágrimas no se quedan solo en mis ojos. Una lágrima solitaria cae por mi mejilla, porque yo tampoco quiero amarlo, pero ya lo amo con todo mi ser.
Seth se levanta y me tiende una mano.
Ninguno habla de sus sentimientos. No podemos. No serviría de nada. Consigo patinar un poco y no sé quién se sorprende más de mi logro.
—Al final, no eres tan mal profesor.
—Al parecer, no. —Se quita una cadena y me la pone. No dice nada, pero cuando la miro veo que lleva un signo del infinito—. Me recordó a ti.
—No te la vi en las fotos.
—Me la puse y no sabía si dártela o no.
—¿Por qué?
—Porque es un regalo para que me recuerdes y no sé si hacerlo solo te hará daño. Lo mejor sería que, cuando te fueras, no te acordarás de mí ni yo de ti…
No lo dejo acabar, porque lo beso. Me lo devuelve.
—El infinito siempre ha sido mi símbolo favorito, ¿cómo lo sabías?
—Te gustan los números y es también el de tu hermana. Al parecer, no sois tan diferentes.
—¿Tú crees? —Asiente y me gusta sentirme más cerca de mi hermana que nunca—. ¿Puedes contarme cosas de ella? Me gustaría saber cómo es.
—Claro. Tengo muchas historias vergonzosas que protagoniza.
—Qué malo eres.
Coge mi mano y patinamos juntos. Yo lo hago de forma lenta, con miedo, pero sabiendo que, si me caigo, me sujetará o se caerá conmigo.
Es agradable saber que no caeré sola.
Al llegar a mi cuarto, escribo a mi hermana y le pregunto qué tal su día.
Responde enseguida y hablamos de temas tontos, pero es un gran paso para dos mellizas que siempre han sido más extrañas que amigas.
Cojo la cadena de Seth con mis dedos. Ojalá lo nuestro pudiera soñarse con un infinito. Me encantaría contar a su lado cada año que pasamos juntos.
Nuevas lágrimas caen por mis mejillas y siento que no serán las primeras. He abierto la caja de Pandora y el dolor de años de conformarme se ha venido abajo.