Capítulo 33 #2
—No me encuentro muy bien, voy al aseo. —Rob me mira y asiente, porque estoy tan colorada que no cabe duda de que me siento mal.
Salgo del sitio tranquila, sin que nadie note el ardor que crece en mis entrañas.
Veo una puerta abrirse y cerrarse. Voy hasta ella y, al entrar, siento las manos de Seth tirar de mí y ponerse a mi espalda. Besa mi cuello mientras pasa los dedos por mi escote, hasta desaparecer por dentro, y tira de mis pezones.
—¿Te ha gustado estar con tu prometido cachonda, mientras pensabas en otro?
—Mucho. Ha sido lo más emocionante de esta velada. Lástima que Rob no sepa quién me pone así.
—Lastima, sí. Es idiota.
—Lo es. —Tira de mis pezones y levanta mi vestido por detrás
Lo pone en mis caderas, dejando mi trasero al aire en este almacén que está medio a oscuras.
—Veamos lo mojada que estás. —Pasa los dedos por mi sexo y juega con el juguete, haciendo que entre y salga—. Joder, princesa, eres una guarrilla. —Mi sexo late por sus sucias palabras—. Estoy deseando follarte a metros de tu estirado prometido.
—Hazlo ya —le pido mientras juega con mis pezones. Muerde mi cuello y tira del juguete hacia fuera.
Noto el vacío en mi sexo. Es solo un momento, antes de escuchar la cremallera de su pantalón.
Se pone el preservativo y entra en mi interior sin más preliminares.
Gimo y pone su dedo en mi boca, para que lo muerda y así nadie escuche mis gemidos.
—Me encanta lo estrecha que estás. —Muerde la curva de mi cuello—. Así me gusta tenerte, abierta de piernas a escasos metros del hombre que cree tener poder sobre ti.
Sale y entra con fuerza de mi interior.
Pone una de sus manos en la curva de mis caderas y aprieta, marcando sus dedos en mi piel. Muerdo su dedo mientras lo noto llegar hasta el fondo de mi ser. Nos movemos juntos hasta que noto el orgasmo anidarse en mi sexo.
—Me encantaría hacerte gemir tan fuerte que todos vinieran y vieran a la hija perfecta follando con un chico del servicio. —Su polla entra hasta el fondo. Jadeo de placer—. ¿Qué pensarían de ti?
—Que soy una perdida… —Mete la mano entre mis piernas y toca mi clítoris—. Pero no me importaría.
—Eres una descarada. —Muerde mi cuello y acaricia mi clítoris—. ¿Quieres correrte, princesa?
—¿Quieres que te suplique? —Aumenta las embestidas y la fricción de sus dedos en mi sensible clítoris.
—Siempre. Me gusta ver cómo te rebajas por un orgasmo mío.
Me lleva hasta el límite y se aparta, hasta que no puedo más.
—Seth, por favor… —suplico.
Gruñe y se mueve más fuerte.
—Será un placer darte lo que nadie más puede darte, salvo yo.
Entra y sale de mí, hasta que me corro. Lleva su mano a mi boca para que la muerda y noto el sabor de mi sexo entre sus dedos. Me gusta saborearme mientras el orgasmo me recorre entera y saber dónde han estado antes sus dedos.
Se corre dentro de mí y nos quedamos agitados y pegados el uno al otro.
Cuando me aparto, lo veo quitarse el condón y hacer un nudo. Así, medio vestido, está para comérselo. Lo devoro con la mirada mientras arreglo mi ropa.
—Me debes varios besos —le digo mientras aliso mi vestido.
—Ya encontraré otro momento.
—No quiero perderte. No tan pronto. —Noto el miedo en mi voz, pero no he podido reprimirlo.
Alza la mano y me acaricia la mejilla con una ternura que me asusta.
—Esto se acabará un día, pero no hoy. Aún no me he cansado de la princesita.
—Ni yo del chico de barrio. —Beso su mano mientras sus ojos me miran con dulzura—. No quiero volver a esa mentira.
—¿Acaso lo nuestro no lo es?
—No, lo nuestro es lo más real que he vivido en toda mi vida.
—Que digas eso aterra, princesa. Es mejor que te vayas.
Tiene razón, porque de nada sirve que lo más real de mi vida sea lo único que no puedo tener.
Salgo agitada y voy al aseo.
Tras recomponerme, regreso.
Rob me mira con rabia.
—Me ha sentado algo mal —le indico.
Asiente y nos alejamos. Aprieta mi brazo.
—Vete y que no vuelva a pasar.
—¿Acaso no tengo derecho a ponerme enferma? —Su agarre se hace más fuerte.
—Ni a eso ni a alzarme la voz. Aquí mando yo.
Vamos hasta la salida y pide mi coche.
Abre la puerta y me despido de él sintiendo sus dedos en mi piel. Lo único que me consuela es saber que, mientras él está jodido por mi desplante, yo he estado jodiendo con otro y disfrutando.
Quiero gritarlo, quiero decirles a todos cómo soy en verdad…, pero nunca lo haré.
* * *
Es tarde cuando me despierto sobresaltada por un golpe en la ventana. Miro hacia ella, pensando que es Seth, pero no está.
No hay nadie.
¿Lo habré soñado?
Escribo a Seth con el miedo corriendo por mis venas.
Everly: ¿Has venido a mi ventana? Me pareció que alguien trataba de entrar.
Seth: No, estoy en el garaje arreglando la moto.
Everly: Son las dos de la mañana.
Seth: No podía dormir. Voy a ver si hay alguien cerca de tu casa. Cierra bien la ventana.
Voy hasta la ventana y lo veo salir del garaje.
Viene hasta la ventana, tras saltar la verja, y nos miramos. Comprueba desde fuera que no se pueda abrir y se marcha para ver si ve algo. Al poco, me llama.
—No hay nada, pero, por si acaso, dejaré mi ventana un poco abierta por si necesitas ayuda. No me fío del novio de tu madre.
—Y eso que no has visto cómo me mira.
—Eso no me deja más tranquilo. —Se queda callado—. Sabes que lo nuestro va a acabar en tragedia, ¿verdad?
—Sí, lo sé desde que te besé la primera vez.
—¿Qué voy a hacer contigo? —Hay pesar en su voz.
—Y yo contigo. —Sonrío—. No todas las historias nacieron para ser eternas. Al menos, tenemos el ahora, ¿no?
—Sí. —Se queda callado—. Nunca se me ha dado bien el amor… Nunca he sido el chico bueno para siempre. Estoy cansado de ser solo un entretenimiento.
Sus palabras me calan hondo, porque siento que esconden mucho más de lo que dice.
—Yo nunca he podido elegir nada. Ni tener nada mío, ni permiso para enamorarme. Hasta lo de Joss era todo un guion. Creí estar enamorada de él porque a su lado todo era fácil, pero ahora sé que nunca fue amor.
—No puedo permitirme el lujo de amarte…
—Ni yo.
—Lo más sensato sería dejarlo aquí.
—Lo sé.
Noto las lágrimas en mis ojos, pero no salen. Se quedan ancladas en mi pecho.
Miro hacia la ventana de Seth, que me mira fijamente. Sé el riesgo que corro a su lado, sé lo que me juego estando cerca de él, pero ahora mismo prefiero elegir, por primera vez, estar juntos a perderlo para siempre sin saber cómo sería sentirme dueña de mi propio camino.
—Nos vemos pronto —dice sin sonreír.
—Lo estoy deseando —respondo, porque es cierto.
Tan cierto como que estoy a un paso de enamorarme de él.
Regreso a la cama tras colgar el móvil.
Esto va a acabar mal. Los dos lo sabemos, pero aquí seguimos, porque, aunque tiene fecha de caducidad, aunque está prohibido, aunque nunca será una opción, no podemos no elegirnos ahora mismo mientras la realidad nos da una tregua en la que podemos escapar juntos.