Tú a Nueva York, yo a Chicago (Un sports romance muy ardiente 2) Capítulo 33
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Capítulo 33

Everly

Esta semana he pasado más tiempo en la biblioteca que en casa. He comido y cenado algo en las máquinas expendedoras y cuando volvía a casa corría a mi cuarto. Sobre todo, cuando estaba cerca el novio de mi madre. No me gusta cómo me mira.

De Lia no sé mucho. Su novio le ha aconsejado que estudie, porque así se centra en cosas que importan.

Y de Seth, desde que me dejó en casa, no he sabido nada. En el trabajo me han dado otras cosas que hacer. Luna me pidió ayuda con los ordenadores y los programas. Sé que es que es cosa de Seth y no sé si es para ayudarme o para alejarme de él.

Con seguridad sea lo segundo.

Ahora voy de camino a la comida con mi prometido, sintiendo un vacío en el pecho. Esta semana me he sentido muy sola y no me ha gustado esa emoción. Lo peor es que es así como me he sentido siempre, pero ahora no sé cómo seguir con mi vida como si nada.

Siempre he ansiado tener amigos y en Lia creí haber encontrado una, pero su novio está haciendo lo imposible para que eso no suceda.

Me cae bien, somos vecinas, pero no hemos compartido suficiente tiempo juntas para poder profundizar el lazo de la amistad, y me duele porque, cuando estaba cerca de ella, era como estar con mi hermana, o con la vida que ha llevado Elara.

Echo de menos los pocos momentos que he pasado con Lia, porque han sido muy buenos en comparación con los también pocos que he pasado con otras chicas de mi edad.

No era consciente de todo lo que mi padre me había quitado en la vida, como si no necesitara nada salvo a él.

Tal vez habría sido más feliz si me hubiera dejado tener amigas, pero claro, eso habría hecho que dejara de sentir que mi padre era la única persona en el mundo que tenía para mí al cien por cien.

Estoy ahogándome pensando si todo era parte de su plan, y todo es por culpa del novio de Lia, porque me recuerda a mi progenitor.

Si ella siente que no tiene a nadie más que a él… , le es más fácil controlarla.

Odio pensar así de mi padre, pero este sitio me está cambiando.

Ver a Luna con su marido y su hijo, o a los Carter, que se desviven por sus hijos, hace que me pregunte como puedo conformarme.

Pero mi padre debía de saber que esto podría pasar… y sin embargo aquí estoy.

No entiendo que alguien que ha tratado de controlar tanto mi vida, hasta el punto de convertirme en una niña solitaria, de golpe me deje sola ante un mundo que me puede hacer plantearme cosas. Algo no me cuadra en esta historia. Hay algo que se me escapa.

Pero no sé si quiero saberlo. Me da miedo saber la verdad y que eso no cambie nada.

Es mi felicidad o la de mi hermana y tal vez por eso mi padre sabe que, descubra lo que descubra, no haré nada si eso pone en riesgo a mi melliza.

Ese hombre sabe que yo soy fiel a las personas que amo.

Me ha visto horas en su despacho, o en la puerta, esperando una triste caricia. Sabe que por Elara haría lo que fuera.

Llego al club y un botones me abre la puerta.

Salgo del vehículo y siento un escalofrío en la nuca, como si Seth estuviera cerca.

Giro la cabeza y lo veo a mi lado, vestido de negro. Como siempre, está increíblemente sexi. Se me seca la boca por el escrutinio que hago, esperando que nadie note como lo devoro con la mirada.

Me guiña un ojo ante mi sorpresa y siento deseos de mirarlo molesta por cómo me ha estado evitando. Odio reaccionar así ante él, cuando me ha ignorado.

Cierro el coche y me acompaña a la puerta para sujetarla.

—¿Qué haces aquí?

—Sacarme un dinero extra.

—Puedes venir como invitado.

—Es más divertido cuando nadie te ve, al ser solo alguien del servicio. —Abre la puerta—. Entra y deja las braguitas en el primer aseo. En la papelera hay una caja. Usa lo que hay dentro.

La diversión brilla en sus ojos dorados.

—Pensé que no querías saber nada más de mí. —Los latidos de mi corazón se disparan, esperando su respuesta.

—Y yo…, pero no estoy preparado para acabar con esto. Aún no, al menos. —Veo la duda en sus ojos. Teme que esto nos destruya, al igual que yo, pero aquí sigo perdida en su mirada dorada. Lo que siento es más fuerte que la razón y tampoco quiero detenerlo—. Pero si quieres…

—No quiero.

Asiente y sujeta mi puerta. Noto el alivio en su mirada, como si hubiera temido perderme, a pesar de no estar aún listo para decirme adiós.

Cuando entro, tengo una sonrisa y una felicidad instalada en mi pecho que no he sentido estos días.

Aún no estoy lista para volver a mi vida.

Quiero escapar de ella un poco más, al lado de Seth, el chico con el que me olvido de las razones por las que contar siempre me dio placer.

Ahora, solo encuentro el placer a su lado.

Voy hasta el servicio y entro. Está todo muy limpio y cuidado.

Ando hasta la papelera y la abro. Dentro hay una caja cerrada y nada más. Nadie ha usado aún este aseo. Abro la caja y veo dentro una nota de Seth junto a un aparato.

Hoy no dejaré que cuentes las luces. Prefiero tenerte distraída, sin saber cuándo este aparato te dará una sacudida. Hagamos de este aburrido evento algo divertido.

No lo firma, pero sé que es Seth por su letra.

Guardo la nota en mi funda del móvil y me quito la ropa interior, para luego seguir las instrucciones. Me pongo el aparato dentro de un servicio. Cuando lo tengo colocado, veo que una parte queda sobre mi clítoris.

No va a salir nada bueno de esto. Me encanta la idea de estar sentada al lado de Rob mientras otro hombre controla mi placer.

Dejo todo en la caja y salgo.

Veo a Seth sonreír y, en cuanto empiezo a andar, noto una descarga en mi sexo.

Joder…, ahora a ver cómo consigo que nadie note nada.

Voy hasta la sala y Rob me mira con mala cara. No le gusta que lo haga esperar.

—Tuve que ir al aseo. Hoy no me siento muy bien.

—Se te ve acalorada. Espero que no sea un virus.

—Yo también. —Tras la pequeña conversación, vamos a hablar con varios invitados.

Busco a Seth por la sala y lo veo al fondo, en la barra, sirviendo copas. No puedo ver sus manos, pero enseguida sé dónde las tiene, porque el aparato da una descarga que casi me hace tropezar.

Muerdo mi boca para que nadie note nada.

Esto se nos va a ir de las manos. Es lo más excitante que he vivido jamás y Seth sabía que yo disfrutaría de algo así.

Me conoce mejor que nadie. A su lado soy más yo misma de lo que he sido nunca y por eso me encanta que esto no se haya acabado.

No sé si tendré otra oportunidad de ser libre.

No quiero que esto se acabe, porque estos días separados han sido un infierno.

Estar a su lado me da la vida y me hace sentir parte de algo más grande que aquello para lo que he nacido.

Es como si con Seth pudiera soñar e imaginar un mundo libre.

«Esto es peligroso. Estamos jugando con fuego. Es algo prohibido y jodidamente morboso», pienso, notando como el aparato vibra entre mis piernas y me recuerda este placentero juego.

Si alguien me descubre, estoy perdida. Mi padre nunca perdonaría una ofensa así y eso es algo que me excita todavía más. Estoy rodeada de gente estirada con un juguete sexual entre las piernas.

Los muslos se mojan por mis jugos y esto se nos va a ir de las manos.

Finjo que soy la chica perfecta que todos creen mientras Seth hace vibrar el aparato y casi me corro.

Joder…, muerdo mi boca para controlar el placer y lo busco entre la gente. Está al fondo, haciendo como que trabaja, pero está pendiente del móvil. Su mirada es fiera y sé que ahora mismo está imaginando mi cuerpo vibrando por él.

Aprieto las piernas, porque me da más placer y, joder…, quiero correrme. Quiero que me bese. Quiero salir de este lugar aburrido.

—¿Y cuándo será la boda? —pregunta una mujer mirando a Rob.

—No muy tarde. No quiero tener hijos, muy mayor. —Rob da un trago a una copa que ha cogido de una de las bandejas. No me ha preguntado si quiero.

«¡Capullo!»

Solo por eso, miro a Seth, sabiendo que este hombre se cree que me tiene dominada mientras otro, no muy lejos, me está poniendo a cien. Cómo me gustaría decirlo, que supiera lo poco que lo respeto y me importa.

Pero callo, porque es lo que me toca.

Noto una descarga y mi sexo late con fuerza. Aprieto los muslos sintiendo la humedad en ellos. Tomo aire mientras la conversación prosigue:

—¿Y dónde viviréis?

—En Chicago, por supuesto —responde mi prometido.

—¿Y qué pasará con sus estudios? —se interesa otra mujer.

—Los dejará. No tiene que hacer más que cuidar a nuestros hijos…

—O ayudar a la niñera mientras lo hace. —Se ríen por la broma, a la que yo no le veo ninguna gracia.

Lo peor es que nadie ve nada raro en nuestro acuerdo o en nuestra futura boda.

La mayoría de las personas que hay aquí no se han casado por amor.

Solo lo han hecho para ampliar su fortuna o por mandato de sus familias.

Siempre lo he sabido, pero ahora tengo preguntas que antes no me hacía.

Mi burbuja se está rompiendo y me estoy esforzando por juntar los pedazos, porque sin ella no podré soportar esta vida.

Noto otra sacudida, justo cuando empezaba a dar vueltas a mi anillo.

Seth no quiere que piense hoy. Solo que sienta placer.

Lo miro de reojo y su sonrisa ladeada me hace cosquillas en el estómago. Saber que estamos haciendo algo prohibido es jodidamente sexi.

Vamos a las mesas y me siento. Al hacerlo, noto mejor lo que tengo entre las piernas y casi me corro.

Nos sirven la comida entre una aburrida charla que no me hace dormirme por las descargas que me da Seth. Cada vez estoy más caliente y quiero moverme para correrme.

No lo hago. Espero el momento. Sé que Seth tiene un plan.

Sirven el postre y el dulce se cuela por mi garganta al tiempo que Seth hace que vibre el aparato. Los pezones se me ponen más duros bajo la tela. Tengo el cuerpo más sensible que nunca.

Alzo la mirada y Seth me hace una señal para que salga.