Capítulo 29
Everly
Seth llega treinta y cinco minutos después de que yo decidiera esperarlo.
He contado mis pasos, los coches que han pasado y los murciélagos que he visto.
Voy hasta él cuando entra en el garaje. Se quita el casco y veo sangre en su labio.
—¡¿Te han herido?!
—El otro se quedó peor. —Pone mala cara—. No deberías estar aquí —dice tras dejar el casco y bajar de la moto.
—No, no debería. —Alzo la mano y acaricio su labio magullado—. Vas a quedar fatal en las fotos.
—A veces solo me hacen fotos del cuerpo semidesnudo. —Nos miramos a los ojos con intensidad—. Es mejor que te marches, no estoy de humor.
—No quiero cosas cuquis ni corazones… Solo deseo tu dureza. —Se ríe.
—Eso ha sonado muy mal, princesa. No sabía yo que te morías por mi polla.
—¡No lo dije por eso! Eres imposible.
Nos miramos a los ojos y me alzo para besarlo. Lamo su zona magullada.
Pone sus manos en mi cintura. Creo que me va a apartar cuando lamo su labio, curando así su herida. Aprieta los dedos en mi cintura.
—Princesa, eres virgen y yo estoy muy cabreado para ser dulce… Si sigues así, tu primera vez será una mierda.
—Al menos, tendré primera vez. Mi padre no quiere que su querida hija sea corrompida de ninguna manera y ahora mismo solo quiero hacerle daño… No me pidas que me vaya.
Lamo su boca de nuevo, notando el sabor de su sangre.
Seth gruñe antes de besarme y tomar el control del beso. No hay vuelta atrás. Lo sé y no me importa. Quiero hacerlo todo con él antes de volver a mi aburrida vida, donde no seré más que una joya preciosa que ignoran que tiene sentimientos.
Caminamos hacia la escalera, tras cerrar el garaje, y subimos a su cuarto. Cierra la puerta con pestillo y me mira de una forma que me calienta la piel.
—Grábalo todo. Quiero saber que existe un vídeo que haría mucho daño a mi padre.
Seth va a por su cámara y la pone a grabar en la mesa que hay frente a la cama.
Voy hasta él y lo abrazo por la espalda. Se gira y me besa. No dejamos de besarnos hasta llegar a la cama.
Tiro de su ropa y él de la mía. Me quedo ante él en ropa interior.
Seth acaricia mis pezones sobre la tela.
—Hay muchas cosas que quiero hacerte —tira de mi pezón sobre la tela—, pero, por ser tu primera vez, hoy trataré de no ser bruto.
—Si quisiera un príncipe, me habría ido a un castillo…
—Y no a una cloaca.
—No he dicho eso. Solo deja de tratarme de una puta vez como si me fuera a romper. —Alza la ceja por mi palabrota.
Salto para besarlo y enredo mis piernas en sus caderas. Se sienta en la cama sin dejar de besarnos. Tiro de su pelo y él del mío.
Por fin ha dejado a un lado su miedo a hacerme daño.
Desabrocha mi sujetador con una mano y baja con un reguero de besos hasta mis pechos. Los lame y los devora, uno tras otro, mientras yo me froto contra su abultada bragueta.
—¿Qué pensaría tu padre si te viera?
—Le daría un infarto. No soportaría que un chico de barrio estuviera corrompiendo a su hija.
Cuando digo esto, mete un par de dedos en mi sexo, tras apartar la ropa interior.
—Que se joda, porque pienso follar bien duro con su preciosa hija.
Saca y mete los dedos con fuerza y noto como mis jugos resbalan por mis muslos.
Rompe la tela de las bragas y me deja desnuda sobre él. Pone sus manos en mis caderas y me mueve para que me frote contra él mientras nos besamos.
Araño la piel de su espalda mientras noto que mi sexo late por el roce.
—Seth…
—Aquí mando yo. —Muerde uno de mis pezones mientras pone sus manos en mi trasero y lo masajea, antes de darme un ligero azote.
La piel me arde y mi sexo da una sacudida.
—Otra vez —digo.
—No me mandas, princesa. Tu cuerpo es mío para que haga con él lo que quiera.
Muerdo su hombro y él me da otro azote que me excita.
Lamo la zona y nos movemos juntos.
Lleva su mano a mi sexo por detrás, lo que hace que note el roce desde mi trasero. De nuevo adentra los dedos en mi interior, al tiempo que con su otra mano me frota el clítoris. La sensación de tenerlo dentro y sentirlo en tantas zonas erógenas es maravillosa.
Mis tetas acaban en su boca. Las devora, juega con ellas, mientras jadeo y gimo como nunca. Se detiene cuando estoy a punto y protesto.
Acerca sus dedos mojados a mi boca.
—Quiero que te pruebes… Que notes en tu lengua lo excitada que estás por mí.
Noto como mi sexo da una sacudida mientras acerco mi boca a sus dedos y los lamo. Lo hago como el otro día lamí su dura polla en aquel callejón. Lo hago sin dejar de mirarlo, hasta que toma mi cara entre sus manos y me besa, devorando mi boca hasta que me quedo sin aire.
Saca del cajón un paquete de condones y muerde uno para abrirlo.
Siento nervios en la boca del estómago ante lo que a va a pasar. Mi padre siempre tuvo claro que no quería que su hija tuviera sexo antes del matrimonio.
—Nadie puede corromperte —me decía una y otra vez.
Miro a la cámara pensando «que se joda mi padre» y luego miro como Seth libera su dura polla para ponerse el preservativo.
Apoyo mis brazos en sus hombros y él sus manos en mis caderas. Quiere que tome el control, que controle el dolor.
Me sitúo notando como el glande se queda en la entrada de mi vagina.
Los ojos de Seth no dejan de mirarme. En mi mano está parar o seguir. En mi mano está seguir con los mandatos o ser libre por una vez.
No lo pienso más y me dejo caer, notando como mi cuerpo se abre a su invasión. El dolor es como un escozor.
Me muevo para que mi cuerpo se haga a él.
Poco a poco, el escozor va pasando.
Seth busca mi boca y me besa con lentitud antes de acelerar la caricia.
Subo y me dejo caer de nuevo, y esta vez no duele. Solo hay placer. Un placer abrasador que me llena de dentro afuera.
Quiero más.
Seth toma el control y hace que me mueva adelante y atrás, cada vez que subo y bajo. Noto sus dedos apretar mi carne. Los míos tiran de su pelo y arañan su espalda, mientras no dejamos de besarnos.
Esto es demasiado bueno. No parece real.
Lleva sus dedos a mi clítoris y me frota la zona sensible mientras nos movemos, lo que aumenta el placer.
Subo y bajo sobre él, montándolo.
Nos movemos cada vez más fuerte.
No quiero que esta sensación termine, pero a la vez necesito liberarme.
Me lleva hasta el límite y se detiene. Sonríe cuando protesto.
Lo beso y me muevo para llevarlo al límite. Gruñe y aprieta sus dedos en mi piel. Me da un azote, como si hubiera hecho algo mal, que solo me excita cuando mis glúteos rebotan por su palma.
Lo hago de nuevo y me vuelve a dar otro azote.
Echo la cabeza hacia atrás y aprovecha para coger mis pezones con su boca.
Se da un festín con mis tetas mientras nos movemos juntos, al borde del orgasmo.
—¿Quieres correrte?
—¡Sí!
Sonríe y lleva sus dedos a mi clítoris. Los mueve sobre él mientras me muevo adelante y atrás, hasta que noto el orgasmo.
Seth aumenta la fricción de sus dedos y me dejo ir. Me corro sobre él notando como las paredes de mi vagina palpitan y mi sexo se contrae.
Seth maldice antes de correrse dentro de mí, en la goma.
Caigo sobre él, agotada. No puedo moverme.
Lo abrazo y él me abraza. Esto no es sexo, lo sé, pero es Seth y con él siento que todo se puede.
Menos amarlo…