Capítulo 28
Everly
Me despierto y Seth no está.
Lo busco en el cuarto y lo veo en su pequeña cocina preparando el desayuno.
Me hago la dormida, entrecerrando un poco los ojos, mientras lo veo cocinar, ajeno a mis miradas. Dormir entre sus brazos me ha dado paz. Es como si sintiera que a su lado no me puede pasar nada malo. Da miedo lo mucho que me gusta tenerlo cerca.
Salgo de la cama y voy a buscar el anillo roto. Lo dejo sobre la isla de la cocina.
—¿Me lo puedes guardar aquí? Me da miedo que mi madre me lo robe… Es un regalo de mi madrastra.
—Puedo guardarlo. ¿Cuándo se te rompió?
—Ayer en el autobús.
—¿Y podrás sobrevivir sin él?
—Mientras haya algo que pueda contar, sí. Lo malo será por la noche. Antes de dormir le daba vueltas para calmarme, ahora contaré ovejitas.
Sonríe y deja en un plato tortitas. Me tiende café.
—Tienes que salir en diez minutos, antes de que mi padre se despierte.
—Joder, eso no se hace. Me voy a atragantar. —Me como las tortitas como puedo y envuelvo en un papel las que sobran, tras tomarme el café de un trago.
Cojo mis cosas y voy hasta la puerta.
—¿Te veré en el partido?
—Por supuesto, quiero ver como ganas a mi ex.
—Al menos, ahora tienes buen gusto. Has dejado de sentirte atraída por un pijo estirado.
—Como si ahora me gustaras más tú. —Le saco la lengua y bajo las escaleras, con todo en las manos y descalza.
Camino hasta mi casa con cuidado. Es muy temprano y nadie me ve.
La ventana está abierta. La empujo y me cuelo dentro.
Miro la ventana de Seth y lo veo ahí, observándome divertido. Le gusta verme en problemas.
Todo sería más fácil si no me gustara cada vez más perderme en él, y no solo con el sexo. Todo sería más fácil para alguien que un día tendrá que hacer como si esto no hubiera pasado nunca.
* * *
Lia me espera para ir al partido. Su novio no podía venir. Menos mal.
Vamos en su coche hasta el pabellón.
Al llegar, hay mucha gente. Este partido atrae muchas miradas. El equipo de Seth va por delante por poco y el de Joss ganó la liga el año pasado.
Entramos y se me hace raro ir contra Joss, pero así lo siento.
Un día creí que nunca podría encontrar a nadie que me gustara más que mi querido Joss. Me aferré a él hasta el punto de que destruí nuestra amistad. Ahora lo miro y solo siento cariño. Quizás un día, cuando mire a Seth, solo sienta eso…, cariño. O nada.
Ojalá sea nada, porque ahora, cuando me besa, siento todo. Siento cosas tan fuertes que me asustan.
«Solo vive», pienso.
Nos sentamos y vemos como salen los dos equipos.
Lia anima como una loca a su hermano. Seth nos mira un segundo. Las mariposas aletean peligrosamente en mi estómago.
—Podemos ir a tomar algo con los chicos.
—Vale.
—¿Crees que le sentará mal a mi novio? Voy a mandarle un mensaje. Ahora que las cosas están bien entre los dos, no quiero joderlo.
La veo escribirle y me pone negra, pero al mismo tiempo pienso que soy la menos indicada para sentirme así. Por eso, me centro los jugadores… En Seth.
Empieza el partido y Lia se marcha a hablar con su novio por el móvil.
Seth va contra Joss y se nota que se tienen ganas. Le quita el disco de forma limpia. Seth marca el primer tanto y la gente se viene arriba.
El segundo lo marca Joss y su afición grita.
El partido no puede estar más emocionante en la primera parte.
Saco el móvil y veo una llamada de mi padre. Me llama de nuevo justo en este momento. Salgo hacia el pasillo.
—Hola —saludo.
—Mañana tienes una comida en casa de los García. ¿Cómo hacemos para la ropa? No puedes ir vestida con menos categoría.
—Yo no tengo la culpa de que tu exmujer me robe todo lo que tiene valor, pero eso ya lo sabes y te da igual que esté aquí…
—Cuidado con tu insolencia, Everly. Aprende a sacarte las castañas del fuego tú solita.
—Entonces no te quejes si no puedo ir bien vestida a donde los García.
—¿Te atreves a levantarme la voz? —Busco el anillo, pero no está. Su voz me pone nerviosa. Cuento las luces, agitada—. No te olvides de que eres una Rivera.
—Siempre puedes sacarme de este sitio.
—No lo haré y como te cambien, te mandaré de nuevo al internado. Los dos sabemos lo mal que lo pasaste allí el año pasado. —Tiemblo de miedo—. Te enviaré la ropa en la limusina. Podrás cambiarte en ella, de camino.
Cuelga, pero yo sigo presa de sus palabras, del miedo de volver a un internado donde no tenías más actividad que mirar por las ventanas.
Un internado para pensar, dijo mi padre.
Era como una cárcel para niñas rebeldes y todo porque me pilló besándome con un chico del servicio en un arranque de rebeldía cuando me informó de que debía ir con mi madre, me pusiera como me pusiera.
El jardinero era nuevo y, al verme decaída, se me acercó.
Acarició mi cara y se atrevió a besarme.
Me quedé quieta. No hice nada, pero no hizo falta, porque para mi padre fue una falta grave cuando nos vio y me mandó a un internado para que pensara en mi futuro y aceptara que debía vivir con su exmujer. Si supiera todo lo que hago con Seth, sería peor.
Que se joda, porque nunca lo sabrá nadie.
Regreso a mi sitio cuando ya ha empezado la segunda parte.
Va ganando el equipo de Joss.
Miro a Seth jugar contra ellos y desmarcarse hasta anotar. Al final, este deporte no está tan mal. Me gustaría saber patinar. Sentir que vuelas mientras deslizas las cuchillas sobre el hielo.
Lia no regresa hasta que casi está acabando el partido. Celebramos juntas la victoria de su hermano, aunque su mirada está lejos de este sitio.
—¿Todo bien?
—Ha dicho que vayamos a la fiesta de la Facultad de Derecho. Nos han invitado. ¿Te importa? Él estará allí.
—Vale. Me parece bien.
Vamos hasta su coche y, aunque picamos algo para cenar, su mente está en otro lugar.
Joss me llama.
—¿Dónde estás?
—Voy con Lia a una fiesta en la Facultad de Derecho.
—Vale, iremos todos.
—No te he invitado.
—Es lo que hay, si quiero estar cerca de mi amiga. —Sonrío por lo bien que suena de nuevo eso en sus labios—. Mándame la dirección.
Le paso la dirección y voy con Lia a su coche.
Entramos y su novio nos espera con mala cara. Sobre todo, cuando me ve.
«Idiota», pienso, pero entro en mi primera fiesta de fraternidad. Hay vasos de plástico por todos lados. Gente bebiendo desfasada.
Cojo algo de beber mientras disfruto de esto, algo que nunca esperé vivir.
Joss llega con sus amigos y se pone a mi lado.
—¿Dardos o billar?
—Soy mala en las dos. —Tira de mí, hasta la mesa de billar.
Me explica cómo se juega.
Joss no era así hace años. Solo hacíamos lo que teníamos permitido. No podíamos salirnos del guion y se me hace raro ser ahora solo dos chicos que juegan al billar. Crecimos juntos, pero es como si no lo hubiera conocido de verdad.
Trato de seguir sus indicaciones, pero me sale fatal.
—Así ya podrás. Yo voy con ella —dice Brice.
—¿Juegas? —Siento a Seth antes de verlo salir de las sombras.
¿Cuándo ha venido? Su mirada es hambrienta, depredadora, y cuando me mira un solo segundo sé que yo soy la presa. Sí, joder, necesito más que nunca que sea malo conmigo, que me haga todo lo que se le pase por la mente.
Quiero joder a papá con el chico malo.
—Vale. —Seth acepta el juego y, para ser justa, dejo mi sitio a otro del equipo de Seth que hará pareja con Brice.
Me quedo cerca viendo como juegan.
Joss y Seth son muy competitivos. Por eso van a muerte y Brice y el otro chico no tienen nada que hacer.
Brice se gira y choca con Lia.
La agarra con cuidado y la mirada que se lanzan parece sacada de una comedia romántica. De esas que te ponen los pelos de punta, porque sabes que vas a vivir algo increíble con esos dos.
Lia se sonroja. Brice sonríe. Y llega el capullo de turno, su novio, y se lleva a Lia de malas formas. Hace que el brazo de Lia gire mal y ella grita de dolor.
Esto provoca que Seth salga tras ellos.
«Mierda, se va a liar.»
Voy detrás.
—¡¿Se puede saber por qué lo miras así?! —escucho que le grita Ville a Lia, mientras la zarandea.
Seth lo aparta de ella.
—Deja de tratar a mi hermana como si fuera una mierda. —Está fuera de sí, porque le tiene muchas ganas.
Voy hacia ellos, pero Joss me detiene.
—No puede quedarse de brazos cruzados —me dice—. Es su hermana.
—Pero…
—Si no quieres que nadie más que yo note lo mucho que te importa Seth, estate quieta. —Lo miro aterrada porque lo haya notado—. Yo fui tu mejor amigo, tranquila.
—Esto saldrá mal. No se lo digas a nadie. Tampoco a Elara.
—No diré nada…, pero si no tomas decisiones, saldrá muy mal para ti.
—¡Ella no tiene derecho a comportarse como si no tuviera novio! —grita Ville, fuera de sí—. Me debe un respeto.
—¡Ella tiene derecho a mirar a quien le dé la gana! Tú eres quien no la respetas —le suelta Seth.
Ville se cansa y se lanza para darle un puñetazo a Seth, pero este se aparta a tiempo. Esto provoca que se metan los amigos de la facultad de Ville y los compañeros de equipo de Seth.
Empiezan a lanzar sillas y mesas.
Joss me saca de este caos y de camino tira de Lia, que grita para que se detengan.
—¡Todo es por mi culpa! —suelta Lia, que quiere entrar, pero Joss la sujeta fuerte.
Ella insiste, hasta que rompe a llorar entre sus brazos.
—No es tu culpa, Lia.
—¿Acaso Seth no ve que soy feliz? Por primera vez un chico me quiere a mí, a la chica de la que todos se burlaban.
—Eres mucho más que esa chica —indica Joss.
—¡Cansa justificar por qué quiero estar con una persona! ¡Él me trata bien!
Voy a decir algo, pero Joss niega con la cabeza. Si comentamos algo más, solo se cerrará en banda.
Lia se aleja en dirección al edificio cuando la cosa se calma.
—¿Antes era así? —pregunto a Joss cuando me dice que nos vayamos.
—Según Elara, no. Dice que antes era dulce, cariñosa, atenta…
, pero desde pequeña ha sufrido mucho por culpa de personas que se metían con ella.
Elara se ha metido en muchas peleas para defenderla y sospecho que su novio ha encontrado una de esas taras para atraparla en su red de mentiras y manipulación.
¡Joder! —Joss parece agitado—. Prometí a Elara que averiguaría cómo está todo, pero lo he encontrado peor de lo que pensaba.
—Yo voy a seguir por aquí un tiempo y trataré de que Lia esté bien.
—Tú o su hermano —murmura—. Me marcho sabiendo que nada va a ir bien y que tengo que mentir a mi novia en demasiadas cosas si no quiero que sufra más de lo que ya lo hace.
—Sé lo que hago.
—Que creas eso es lo que me preocupa.
Un coche se acerca. Han pedido varios Uber para volver al hotel.
Entro en el mismo que Joss y me llevan hasta mi casa.
Cuando llegamos, Joss les pide un momento y sale del coche conmigo.
Nos miramos a los ojos como tantas veces hicimos años atrás, pero siento que es la primera vez que nos vemos de verdad.
—No tienes que hacer esto sola… Estoy ahí.
—No te preocupes por mí. Estoy bien.
Duda, pero al final tira de mí y me abraza.
Lo abrazo. Huele como recordaba.
No nos dimos muchos abrazos, pero los que compartimos siempre me supieron a gloria. No hay nada más que un cariño en estos años. Ahora veo claro que nunca fue amor. Solo el miedo de perder a la única persona con la que podía ser feliz.
Se separa y anda hasta el coche.
Lo veo irse preguntándome cuándo podré volver a verlo, a él y a mi hermana. Me gustaría verlos como estos días: sin tener que fingir que soy la hija perfecta.
Miro la casa de Seth.
Escribo a Lia y me dice que va a quedarse a dormir con su novio. No me gusta cómo se rebaja por amor y pensar así me hace sentir hipócrita.
Ando hasta las sombras para esperar a Seth. Necesito saber que está bien.
No pienso analizar por qué.