Tú a Nueva York, yo a Chicago (Un sports romance muy ardiente 2) Capítulo 27
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Capítulo 27

Seth

Entramos en mi cuarto y cierro la puerta con pestillo. No quiero que nadie nos moleste. No quiero a nadie en medio de este secreto que me consume y a la vez me da la vida.

No quería nada con ella. El odio me cegaba, pero fue verla con ese capullo y saber que antes quemaría todo este puto mundo que dejarla ir tan pronto.

Aún tengo mucho que hacer con esta princesa que no sabe dónde se está metiendo.

Cojo su cara entre mis manos, tras quitarme la chaqueta, y tiro de su ropa.

Solo nos alejamos para deshacernos de la ropa.

La dejo solo con el sujetador y las braguitas. Cae en mi cama y se sienta. Sus ojos verdes me miran hambrientos. Sus labios están rojos por mis besos.

La recuerdo arrodillada ante mí, lamiendo y devorando mi polla, y casi me corro de nuevo. Solo quería probarla, pero se me fue de las manos. Hay algo erótico en ver a la niña de papá haciendo cosas tan guarras.

—Esta vez sí voy a grabarte… y si eres mala, se lo mandaré a tu padre.

Le excita tener una forma de joder a su padre. Su lado malo me pone mucho. Su lado rebelde me vuelve loco.

Saco una cámara digital sin conexión a internet y la coloco de forma que nos grabe a los dos.

—Puedes destruirme con esto.

—Lo sé y lo sabes, pero eso te pone.

Tiro de mi camiseta y me arrodillo a sus pies. Abro sus piernas y toco su sexo sobre su ropa interior, que está muy mojada.

—¿Te gusta saber que tu papá puede enfadarse por lo mala que es su hija perfecta?

Toco su sexo y gime. Mira la cámara, tiro de su sujetador hasta abajo y sus pezones quedan a la vista.

—¿Qué pensará al saber que su hija es una guarrilla?

—Lo destrozaría.

Llevo mi dedo a su boca y lo lame. Noto como mi polla da una sacudida al recordar esa lengua lamiéndola.

—Chica mala. —Tiro de su pelo y la beso hasta que sus labios quedan rojos e hinchados—. Voy a probarte y vas a correrte con mi lengua.

—Quiero correrme con tu lengua.

Joder, su forma de decirlo me pone muy cachondo.

—Mira a la cámara, Everly, que todos vean lo guarra que eres cuando te comen el coño.

Bajo mi cabeza hasta sus pezones y los chupo. Están muy duros. Tiro de ellos con mis dientes. Gime, jadea, contonea su cuerpo, perdida en este mar de placer.

Traslado mis besos y lametazos a su estómago plano.

—No dejes de mirar a cámara.

No lo hace mientras me pongo entre sus piernas y aparto la tela de sus braguitas. Su sexo está perlado por sus jugos. Rojo y jugoso.

Joder…, me voy a dar un festín.

Paso mi lengua de arriba abajo. Da un respingo. Su sabor me embriaga. Lo hago de nuevo, hasta meter mi lengua dentro de su vagina y follarla con ella.

Observo a Everly y la veo mirar al punto rojo de la cámara mientras jadea.

Llevo mi lengua a su clítoris y hago círculos sobre él al tiempo que meto un par de dedos en su sexo. Los introduzco hasta el fondo y los dejo ahí, notando como las paredes de su sexo palpitan.

—Tócate las tetas, princesa. Que vean lo excitada que estás por mí.

Se toca los pechos y tira de ellos mientras mi lengua y mis dedos la colman.

Meto y saco los dedos, una y otra vez. No dejo de lamerla hasta que casi está a punto.

—Córrete en mi boca.

Lamo su sexo hasta que se corre.

Una vez lo hace, voy a por la cámara y pongo el vídeo.

Lo mira y noto que verse tan excitada la hace arder de nuevo.

De nuevo me pongo a sus pies y tiro de su ropa interior, para quitársela y abrirla más a mí.

—Ahora quiero que te corras mientras ves como gozas con mi lengua.

No suelta la cámara mientras mi lengua asalta su dulce coño de nuevo y lo disfruto.

Paso mi lengua por sus pliegues hasta adentrarme en su interior. Escucho sus gemidos en el vídeo. Tira de mi pelo mientras gime presa por el placer.

Tiro de su clítoris con los dientes antes de chuparlo en círculos.

Meto tres dedos dentro. Los saco y los introduzco de nuevo, notando que cada vez está más mojada.

Le gusta verse; darse cuenta de quién es cuando la toco. Sus gemidos me vuelven loco.

Noto que está cerca y le doy lo que quiere hasta que se corre escuchando el orgasmo anterior.

Sin poder evitarlo, me corro en los pantalones. Nunca creí que encontrara a alguien que en la cama pudiera estar a la altura de mis fantasías.

* * *

—Voy a dormir contigo —me comenta cuando le paso el champú, y pongo mala cara—. No quiero ir a mi casa.

—Solo porque me das pena. —Sonríe.

En realidad, a mí tampoco me gusta que esté en esa casa, con el capullo del novio de su madre. No me fio de él y me he pasado toda la semana con la ventana abierta por si Everly me necesitaba. Eso, mientras juraba estar evitándola.

La miro. Es preciosa, su cuerpo desnudo es perfecto. Quiero metérsela hasta el fondo, pero no es el momento.

Salgo de la ducha y le tiendo una toalla mientras busco algo para que duerma.

Le dejo una de mis camisetas en el aseo y la espero en la cama, solo con un pantalón gris. No me gusta llevar camiseta para dormir.

Everly sale cuando tiene el pelo medio seco y va hasta la cama.

Mira la cámara y la cojo para borrar el vídeo.

—¿No lo quieres como prueba para joderme?

—Solo es un rol cuando tenemos sexo. La realidad es que no quiero tener nada que pueda hacerte daño.

Se relaja y se mete en la cama.

—Me gusta el papel de chica mala… ¿Eso es malo? Porque una parte de mí no quiere que lo borres…

Dudo y no lo borro, porque veo como le gusta saber que existe algo que haría daño a las personas que tratan de ocultar quién es.

—Lo malo es no entender que en el sexo a veces somos personas diferentes.

—Empiezo a comprenderlo. Es como si me dejara ir; como si pudiera dejar de ser perfecta.

—Lo sé.

—¿Y tu excusa para que te guste tenerme a tus pies?

—Alguien de tu mundo me hizo mucho daño.

—Ah… —Nota que estoy tenso y cambia de tema—. No ronques esta noche.

—Eres tú la que ronca. —Se ríe.

Me acomodo y se pone sobre mí. Tenerla entre mis brazos no debería sentirse como algo tan natural.

Cuando me abraza, me pregunto cuánta gente la habrá abrazado en su vida. No debería importarme, pero lo hace y eso me aterra.

—¿Has quedado con Joss?

—Sí, fuimos a cenar.

—¿Qué tal las cosas con él?

—Mejor. Le conté la razón por la que me alejé hace años, pero no entiende por qué no rompo con todo.

—¿Y si le dijeras la verdad?

—Ellos solo pueden ser felices juntos si no saben a qué he renunciado para que lo sean.

—Tiene razón—. No pido a nadie que me entienda, que comprenda mis razones, pero tampoco que me juzguen por mis decisiones.

No sé cómo podré estar cerca de ellos si todo el rato van a esperar de mí que rompa con todo, sin darse cuenta de que no puedo.

Es triste, pero es así.

Yo no la entiendo del todo y lo que comprendo es solo porque soy muy familiar, como ella, y sé que haría lo mismo en su lugar. El problema es que comprenderla me hace daño y me obliga a pensar en una persona a la que quiero odiar a toda costa.

—Buenas noches, Seth.

—Buenas noches, princesa.

—Odio que me llames así.

Sonrío.

—Lo sé. También me odias a mí, ¿recuerdas?

—Cierto, pero eres más cómodo que mi cama. Y más calentito. —Se acurruca entre mis brazos.

Su cuerpo me tienta y mi polla da una sacudida. Otra noche de mierda sin dormir.