Tú a Nueva York, yo a Chicago (Un sports romance muy ardiente 2) Capítulo 25 #2
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Capítulo 25 #2

Mi cuerpo reacciona al verlo. Está tremendamente sexi así vestido y, con solo mirarlo, noto que mi piel se enciende.

—¿Y tu vestido sofisticado y altamente horrible?

—No era horrible.

—No te lo tomes a mal, pero, aunque me encanta ver como se deshace entre mis brazos alguien que parece inalcanzable, me gustas más cuando no pareces tú.

—Eso no es un cumplido…

—No, ni pretendía serlo.

Llega a mi lado y coge mi cara entre sus manos al tiempo que escuchamos un gruñido de mi madre. Le dice a su novio que ponga otra cosa en la tele.

—No puedes hacer ruido. —Acaricia mis mejillas y sonríe—. ¿Podrás estar callada?

—Siempre puedo morderte cuando necesite gritar.

Andamos hasta el fondo de mi cuarto, donde no entra luz apenas de la calle. En esa zona nadie puede vernos desde fuera.

Se quita la chaqueta y se abre la camisa.

—Todo tuyo —indica, dejando claro que la idea de que lo muerda no le desagrada.

Me alzo, posando mis manos en sus hombros para coger impulso, y me alza en brazos cuando caigo. Enredo mis piernas en él.

Nos besamos sin hacer ruido. Sin que nadie escuche como nos perdemos el uno en el otro.

Meto las manos dentro de su camisa y araño su piel cuando pone las suyas en mis glúteos y nuestros cuerpos se acercan más.

Estoy muy sensible y necesito que haga que me olvide de todo. Quiero ser entre sus brazos, por un momento, solo una chica normal y corriente.

Lame la curva de mi barbilla y la muerde. Paso las manos por su espalda y las llevo hasta su torso. Me gusta pasar los dedos por sus tetillas. Llevo mi boca a su cuello y lo lamo y chupo.

Gime y estampa mi espalda contra la pared.

—Yo llevo el control —susurra y pasa los dedos por mi camiseta—. ¿Cómo de cachonda estás?

—Tendrás que descubrirlo.

—Estoy deseando hacerlo y tomarme mi tiempo para que te corras. Por eso no lo hice en ese lugar, porque quiero llevarte al límite una y otra vez.

De nuevo las voces de mi madre. Le dice a su novio que mire a ver si he llegado.

Este se acerca y llama a la puerta.

—Se ha encerrado.

—Creerá que vamos a hacerle algo.

Seth se tensa y lo beso, porque siento que quiere ir a increparlos.

—Haz que me olvide de todo. —Lamo su boca y gruñe levemente—. Por favor…

Tira de mi camiseta, hasta ponerla tras mi cabeza y dejar mis pechos expuestos a sus ojos. Se ven lo justo para que observe como rebotan y como los pezones duros claman que los toque.

Usa la pared para alzar mi espalda y poder llevarse uno de ellos a la boca.

Tiro de su pelo negro cuando siento su lengua lamer un pezón y luego el otro. Tira de ellos con los dientes y los succiona.

Muerdo mis labios para no gemir. Mi sexo late con fuerza y noto como la tela de los pantaloncitos se moja por mis jugos.

Tira de mis pechos y mueve mi trasero, usando su mano para que me restriegue contra él. Lame mis pechos con hambre.

Me gusta ver su lengua ahí e imagino la cara de mi prometido si me viera así. Lo odiaría.

—¿Qué piensas? —susurra, mordiendo uno de mis pezones—. Habla.

—En la cara de mi prometido si supiera que no soy tan sosa como todo el mundo piensa.

—Nunca lo sabrá.

—Nunca, pero en mis pensamientos arde de rabia.

—Que arda. —Lleva su mano dentro de mi pantaloncito—. A ver cómo de mojada está la princesa.

Mete sus dedos por detrás y que me toque ahí hace que mi vagina se contraiga. Sonríe y me muerde el hombro.

—Seth…

—Todo a su tiempo. —Pasa sus dedos por mi raja de arriba abajo—. ¿Qué crees que pensaría tu padre si supiera que su refinada hija es en el fondo una guarrilla?

Que me diga cosas sucias me gusta. Me gusta mucho, porque mando a la mierda todo lo aprendido.

—Se muere del susto.

—Eso es porque no sabe que dentro de ti se esconde una mujer que quiere que la follen duro —cuando lo dice, mete un par de dedos en mi sexo.

Muerdo mi boca hasta hacerme sangre.

Lame mi labio magullado y lo chupa mientras sus dedos entran y salen de mí.

—No sabes cómo me gusta pervertir a la princesita. —Muerde mi boca.

De nuevo, escuchamos a mi madre hablar. Seth mete los dedos más adentro, sabiendo que no puedo gritar. Pone su labio en mi boca y lo muerdo mientras profundiza con sus dedos, para sacarlos y meterlos más rápido.

Mueve los dedos y escucho el ruido de mi cuerpo y mis jugos, que chocan con sus dedos. Estoy ardiendo, quiero correrme…

Se aparta y me deja en el suelo.

—¿Seth?

—¿Confías en mí? —Asiento—. Ponte en la cama y date placer mientras te grabo…

—Seth, eso…

—¿Confías en mí? Imagina el daño que le haría a tu padre saber que existe este vídeo.

Se me acelera el corazón. Si este vídeo saliera la luz, sería mi ruina. Si alguien lo supiera… Pero nadie lo sabe. Mi padre siempre ha querido que cuidara cada foto. Cada publicación. Cuando me siento en la cama, me gusta la idea de joderlo.

Seth saca el teléfono y me mira entre las sombras.

Meto la mano dentro, sabiendo que está grabando y que si sale a la luz caerá en picado mi reputación. En el fondo, lo quiero, lo deseo. Quiero que todos sepan que cuando mejor me porto es para ocultar mi lado rebelde.

Noto los jugos mojar mis dedos; mis labios vaginales están muy hinchados.

—Sin ropa, por favor —susurra Seth. Su petición contrae las paredes de mi sexo.

Le hago caso.

Me quito los pantalones sin dejar de mirarlo. Abro las piernas y dejo que me grabe. Estoy mojada, cachonda, ardiente…

Meto los dedos dentro y entran muy bien, porque estoy excesivamente mojada. Los muevo adelante y atrás. Muerdo mi boca para no gemir.

Lo miro y deja el móvil. Se arrodilla a mis pies con la ropa medio quitada y los ojos dorados ardiendo de placer. Introduce sus dedos donde están los míos. Mi cuerpo se abre a su invasión.

Lame mi boca y tira de mi pelo con la mano libre mientras nuestros dedos entran y salen de mi cuerpo.

—Seth… —le suplico.

—Ruégame, suplícame…

—Te lo suplico —digo, cuando pasa el pulgar por mi clítoris.

Coge mi cara y adentra su lengua en mi boca para follarme con ella mientras su pulgar y sus dedos se mueven con fuerza hasta que me corro, notando como mi cuerpo se convulsiona de placer.

Sale de mi cuerpo y me deja sobre la cama.

—Duerme.

—¿El vídeo?

—No le di a grabar, pero te habría gustado, ¿verdad? —No respondo. Sabe que me gustaría tener algo que me hiciera escapar de mi vida—. No soy un cabrón. Nunca haría algo así, pero no me conoces… Solo nos estamos usando.

—No veo qué sacas tú de esto, si no te has corrido.

—Me gusta joderte, llevarte al límite y que me supliques. Saber que tengo bajo mis manos a alguien de tu clase.

—Odias a los de mi clase —adivino.

—Con toda mi alma. Ver como te rebajas por un orgasmo me da placer… y esto no ha hecho más que empezar. La próxima vez, entre tus piernas, será mi lengua quien esté. —Va hasta la ventana y se marcha.

Debería decirle que se acabó, pero no lo hago, porque nunca, en toda mi vida, me he sentido tan libre, tan desafiante. Tan yo.

Seth

—Tu madre me ha llamado.

—¿Está bien? —Levanto la cabeza de mi coche, tras una noche de mierda, y por la mirada de mi padre sé que no habla de la mujer a la que yo considero mi madre—. No quiero saber nada de ella.

—Seth…

—No, no quiero. Ya te dije que, si tú la habías perdonado, era tu problema, pero no el mío.

—Deberías, al menos, escuchar lo que tiene que decirte… Tienes un hermano…

—¡Que no, joder! —Cierro el capó de malas formas y, tras limpiarme las manos, subo a mi moto, cogiendo el casco.

Mi padre me grita que vuelva, pero no lo hago. No puedo respirar.

¿Acaso no ve como me mata hablar de la mujer que me dio la vida? Para mí, esa mujer murió hace años. Solo tengo una hermana, Lia. No hay nadie más.

Lo que menos necesitaba, tras una noche de mierda recordando a Everly en mis brazos, era saber de mi madre.

Me he pasado toda la noche inquieto, pensando en que ambos nos estamos usando mientras nos perdemos en el otro como nunca antes me he perdido con una persona.

He tenido parejas, he creído estar enamorado y el sexo nunca, ni de pasada, ha sido así. Y eso que no hemos hecho casi nada.

Tal vez debería alejarme de toda esta mierda y dejar a doña perfecta sola con su lado salvaje, para que otro le dé lo que busca…

Sé mejor que nadie cómo acabará esta historia y sé que nunca termina bien para el chico de barrio.