Capítulo 25
Everly
Miro un tutorial para maquillarme.
Esta semana he trabajado en la agencia sin Seth y no pienso admitir que lo he extrañado. He estado ayudando a otras personas.
No lo he visto desde que compartimos mensajes. Siento que me está evitando y tal vez sea lo mejor. Sentirme mal y escribirle luego hace que me sienta vulnerable ante él.
Por eso, entre lo de nuestro trato y mis mensajes, este tiempo, para mí, no ha estado tan mal.
Aunque espero que no se eche atrás.
Tras lo que pasó con mi prometido, me di cuenta de que la paz que siento al lado de Seth es lo único bueno que quizás tenga en mi memoria. Recuerdos a los que volveré cuando no queden más estrellas que contar, en una noche oscura.
Quiero creer que, si por una vez vivo de forma plena, podré agachar la cabeza y perderme en lo feliz que fui mientras la vida pasa y yo cumplo mi deber como una Rivera. El resto continuará sin que mis decisiones hagan daño a nadie.
Estoy a punto de acabar el maquillaje cuando me suena el móvil.
Es mi hermana.
Lo cojo.
He intentado llamarla, pero no sé cómo sacar la conversación de Lia. Esta semana ha estado todo el tiempo con su novio y me ha ignorado. Al parecer, a él no le caigo bien.
El profesor ha tratado de hablar conmigo tras mi despiste, pero le dije que no estaba interesada. Por suerte, no ha insistido más.
—Hola —me saluda Elara cuando descuelgo—. ¿Te pillo en un buen momento? —Nuestra madre pone la música a toda pastilla y la policía no tardará en venir. Otra vez—. ¿Ha vuelto mamá?
—Sí, hoy tiene fiesta, al parecer.
—Lo siento…
—No es culpa tuya. Solo me quedan tres años, o menos, si papá quiere casarme antes.
—Sobre eso…, ¿cómo lo llevas? ¿Te gusta Rob? —Siento que le ha costado hacerme la pregunta.
—No está mal. —No sabemos qué decir. Nos quedamos calladas.
Tampoco sé cómo sacar el tema de Lia; no sé cómo hacerlo para no preocuparla en exceso—.
Yo… Bueno, te llamaba porque Joss va la semana que viene a jugar allí y quiere que os veáis, pero no sabe cómo decírtelo.
Sé que las cosas entre los dos no acabaron bien.
No sé bien por qué, pero sí que le importas. Es importante para mí que habléis.
—Vale —acepto sin pensar, porque, en verdad, los dos me importan—. Dile que deje de usarte de mensajera y que me llame cuando esté aquí. Así vamos a cenar.
—Vale. Se lo diré. Ahora, quiero hablar de otro tema que me preocupa. Llamaría a Seth, pero la última vez me dijo que Lia se la tenía que pegar sola para dejar de salir con capullos.
—Típico de Seth.
—Sí. —La imagino asintiendo con cariño—. No me gusta el novio de Lia. Creo que es un gilipollas.
Expulso el aire que he estado conteniendo por no saber cómo sacar el tema. Al final va a ser cierto eso de que las mellizas están conectadas. Sonrío feliz por esta coincidencia, que para mí es un mundo, aunque otra persona quizás lo vea como una tontería.
—A mí tampoco me cae bien, pero ella se aferra a él, como si temiera…
—Que nadie la pudiera querer. Lia ha sufrido mucho de niña. La gente se metía con ella por su pelo cobrizo.
—Lia es preciosa.
—Lo es, pero la gente hace lo que ve en casa y, si en casa la gente la llamaba «la pelo naranja», los niños son más crueles, si cabe. Ha tenido otros novios, pero nunca ha salido bien. Es el primero que le dura tanto y creo que quiere aferrarse a él porque es una enamorada del amor.
—Tristemente, Seth tiene razón. Solo cuando se la pegue bien fuerte abrirá los ojos. Está muy enamorada de él y no ve la realidad.
—Eso me temía. Odio estar tan lejos. Es como una hermana para mí. —Se queda callada cuando se da cuenta de que yo soy su hermana, pero no nos queremos de esa forma—. Yo…
—Lo entiendo. Tienes suerte de tenerla. —Me suena el otro móvil—. Tengo que dejarte. Me llama papá. Con seguridad, será para recordarme que no la cague.
—Si quieres romper con todo, yo lucharía contra dragones por ti.
Sonrío emocionada, porque sé que lo haría, pero lo que hago es por ella. Para que sea feliz.
—Tú sé feliz con Joss. Ambos os lo merecéis.
Cuelgo con la emoción atascada en el pecho.
Mi padre solo me recuerda que todo debe salir bien. Cuelgo enfadada porque no me haya preguntado si estaba bien.
Sigo con el maquillaje, sabiendo que el dolor crece en silencio en mi interior.
Miro el resultado de mi maquillaje y estoy orgullosa de mí misma. Me estiro el pelo en un moño elegante y clásico. Cuando me visto, no me veo preciosa. Solo una mujer que representa un papel en una obra de teatro que durará toda su vida.
Muevo mi anillo mientras cojo mi bolso y salgo de este lugar.
Mi madre, al verme, sonríe de una forma que me pone de los nervios.
—Si te dejas eso en casa, no te prometo que no te lo coja prestado. ¿A que me quedaría bien?
—No, ella tiene más tetas que tú. —Su novio devora mis pechos con la mirada.
Salgo de la casa asqueada porque mi madre permita algo así.
El chófer me espera, pero, tras las palabras de mi madre, voy a por algo de ropa para cambiarme tras el evento y así el vestido que llevo, tan caro, no pasará la noche aquí. No quiero que mi padre se enfade porque mi madre lo haya robado.
Entro en la limusina y miro la casa de Seth mientras me alejo. Me pregunto si lo veré en el acto. Solo de pensar en estar en el mismo sitio que él noto como mi cuerpo vibra. Por lo que sé, jugaba fuera, pero regresaba pronto, porque no era muy lejos.
Han ganado el partido. Menos mal.
Al llegar, Rob me espera.
Salgo y me mira con aprobación antes de poner su mano en mi espalda.
El peso de su mano me produce asco. Suerte que el acuerdo no incluye besos ni abrazos. Solo fingimos.
Sonrío para las cámaras y cuento los pasos que damos hasta la entrada. Cincuenta y siete.
Miro a mi alrededor cuando nos reciben los dueños del club donde se celebra la fiesta. Empiezo a contar lámparas. Tomo aire y me relajan los números, hasta que mi mirada se cruza con Seth y pierdo la cuenta.
Va muy guapo, vestido con un traje que se le pega a los músculos. Destaca entre toda esta gente. Al menos, para mí.
Me pierdo solo unos segundos en sus ojos dorados, temiendo que alguien pueda notar que me pasaría toda la noche perdida en ellos.
Saber que está cerca cambia mi respiración y mi cuerpo se siente más ligero. Más receptivo.
Rob me lleva por la sala sin soltar su agarre de mi espalda. Es como si temiera que, al soltarme o dejarme libre, fuera a estropearlo todo.
Como siempre, me presenta lo mínimo, o ni eso, y habla con sus amigos. No soy más que un adorno para él. Por eso, cuando puedo, me marcho al aseo, necesitando dejar de contar luces del techo.
Seth se me acerca.
—Al fondo hay un jardín que nadie usa. Te espero allí en cinco minutos. —Se va.
Voy hasta el servicio y entro nerviosa. Cuento los minutos con mi móvil antes de ir a donde me espera Seth.
Al salir, no lo veo. Es un jardín algo descuidado, con una luz muy tenue.
De pronto, lo siento tras de mí antes de que pose sus manos sobre mi cuerpo.
—¿Lista para tu primera lección?
—¿Ahora eres mi profesor?
—Sí, y si no haces caso, te castigaré. —Muerde mi hombro—. No puedo besarte la boca, porque llevas pintalabios y tu prometido lo notaría, pero se me ocurren otras cosas que puedo hacerte.
Besa mi cuello y lo muerde seguro, sin dejar marcas.
Jadeo por su forma de tocarme.
Va subiendo mi vestido poco a poco, sin prisas, para que mis ganas aumenten. Alguien podría salir y vernos. Mi prometido está en la fiesta y podría pillarnos. Eso acelera mi corazón; como si la idea de ser mala me excitara.
Sigue subiendo el vestido hasta que noto el frío de la noche posarse en el interior de mis muslos.
Toca mis pechos sobre el vestido. Quiero sus manos dentro.
Me echo hacia atrás y restriego mi trasero contra su polla.
La siento dura en mis glúteos. Muerde mi cuello, aprieta sus dedos sobre la tela y noto como mis pechos se vuelven pesados…
—Para. —Me sujeta para que me detenga y tira de mi ropa interior hasta que cae al suelo. Se agacha para cogerla, haciendo que levante los pies para sacarla—. Esto es mío. Al fin y al cabo, yo lo pagué. —Guarda la prenda en su bolsillo.
A continuación, pasa los dedos cerca de mi sexo. Noto como tiembla y se humedece para él. No me toca donde quiero y eso hace que hasta me duela.
—Estoy deseando tocar tu apretado coño y ver como chorrea por mí… —Se acerca, pero no me toca—. Por ahora es suficiente. —Se marcha y me quedo con ganas de gritarle.
No me puedo creer que me deje a medias; que me deje así de caliente.
¡Lo odio!
¡No lo soporto!
Cuando controlo mi cabreo y mi calentón, regreso.
Rob parece enfadado.
—¿Dónde estabas? —me pregunta entre dientes.
—Me mareé un poco y salí a tomar el aire. —Eso lo relaja—. Nadie me vio.
Asiente y vamos con sus amigos.
Busco a Seth y lo veo al fondo, sonriendo.
Paseo por la sala sin braguitas mientras él toca el bolsillo donde las guarda. Noto un leve sonrojo en mis mejillas.
Aparto la mirada. Sus besos siguen presos en mi cuello, sus manos ancladas en mis muslos… No era el momento y Rob se habría enfadado más, pero quería que llegara hasta el final. Sin importarme nada más.
Rob me deja en mi limusina al acabar.
Entro. Estoy sola y el conductor no puede verme. Me cambio de ropa y dejo todo en el asiento: el vestido y las joyas. Cuando me deja en casa de mi madre, no queda ni rastro de quien finjo ser.
Salgo descalza y lo veo marcharse.
Ando hasta mi casa y, cuando entro, mi madre y su novio están dormidos en el sofá. Hay rastros de porros y droga en la mesa. También varias botellas de alcohol.
Miro la escena asqueada. Al final, mi madre acabará muerta por sobredosis. Lo triste es que imaginar ese futuro no me duele.
Entro en mi dormitorio y cierro la puerta con llave. También pongo la silla, para que haga palanca.
Escucho un ruido en la ventana y veo a Seth abriéndola para colarse dentro. Todavía lleva el traje puesto. Al menos, todo menos la pajarita.