Tú a Nueva York, yo a Chicago (Un sports romance muy ardiente 2) Capítulo 22
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Capítulo 22

Everly

Mi madre no para de poner música a toda pastilla, lo que hace complicada la vida en casa y estudiar.

La policía ya ha venido dos veces para recordarle que baje el volumen.

Una vergüenza.

Hoy he comido en casa de Lia. Está un poco triste, porque su novio le ha pedido tiempo.

Le ha pedido un tiempo para que puedan liarse con quien quieran… Capullo.

Lia no se merecía «un tiempo». Necesita que la deje, lo supere y se dé cuenta de lo idiota que es.

—Creo que lo he presionado un poco. Le dije que viniera a la barbacoa de mañana con mis padres y lo agobié. Tras lo de la bolera, no debí decirle nada, pero quería… venir. Aunque debí entender a mi novio.

—A tu ex.

—Mi novio. No hemos roto.

Vamos de camino al partido de hockey . Lia me propuso ir y que luego fuéramos a tomar algo. Acepté, con tal de no estar en casa con mi madre y su novio. Me ponen de los nervios ambos.

—Bueno, como sea. Si se agobió, te lo puede decir y no pedirte un tiempo.

—Si lo pierdo, me muero.

La miro y no entiendo cómo puede aferrarse a esa persona tan idiota.

—Si lo pierdes, conseguirás otro mejor.

—No es lo que quiero. Tú no me entiendes. —Se pone nerviosa y su respiración se agita.

Tengo que llamar a Elara, para saber por qué Lia se aferra a semejante estúpido. Tiene que haber un motivo. Así, además, tendré algo de lo que hablar con mi hermana, porque a veces no sé de qué conversar. Esto cada vez está peor.

Entramos al pabellón y vamos cerca de donde se sienta el equipo local.

Seth nos pasó las entradas.

Lo veo en el banquillo. Su mirada se cruza con la mía y siento como me acaloro. Cuando estamos juntos, quiera o no, acabará por saber cosas de mí que no esperaba contar a nadie. Tal vez porque sé que a él no le importo, pero está ahí.

No lo sé, en realidad, pero, de cualquier manera, hablar con él es fácil. Además, desearlo me trae de cabeza. Me estoy volviendo adicta a sus besos y quiero más.

Tiene razón: la chica que se atrevió a correrse delante de una ventana vive en mí. No la conocía, pero está ahí, ansiando más.

Me da miedo dejarla salir y no poder recordar cómo era antes de ella.

—Después de cenar vamos a ir al pub donde va el equipo y donde también va Ville. —Su mirada se pone triste al pensar en su novio.

—Vale, como quieras.

Llevo un vestido suyo, porque mi madre me ha quitado todo lo que merecía la pena y lo que me queda está en el dormitorio de Lia, salvo mi camiseta de dormir.

Odio vivir así; con el miedo a que entre por la noche y a que, cuando no esté, me robe lo poco que tengo.

Dejo eso a un lado y me centro en el partido.

Se marchan a vestuario y, cuando regresan, es para salir a jugar.

Seth es el capitán y da indicaciones a sus compañeros.

El juego empieza y se nota el buen juego de Seth. Es agresivo, pero sin ser destructivo. Es el mejor en el campo y por eso los adversarios tratan de ir a por él varias veces. Hasta acorralarlo contra el cristal.

No les dejan jugar y el equipo de Seth está como dividido. Es como si no fueran todos a una.

—No soporto que su forma de jugar sea noquear al adversario. Voy a por algo de comer —informa Lia.

Pitan el primer descanso y saco el móvil para mirar internet mientras espero a Lia.

Regresa con perritos y patatas.

Como algo mientras salen a jugar de nuevo y Seth se ve acorralado. No le dejan jugar. No le dejan brillar.

A veces, la mejor defensa es un buen ataque.

Como era de esperar, tras tantos ataques, Seth se rebota en la tercera parte y acaba metido en una pelea. Lo sancionan dos minutos y cuando puede salir de nuevo anota dos tantos, pero no es suficiente para ganar.

El partido acaba y han perdido.

—Seth tiene que controlar su ira —indica Lia—. Así, nunca llegará a la liga profesional.

Vamos hacia fuera con el resto de la gente.

Entiendo a Seth, porque quiere demostrar lo que vale, pero hay personas que se empeñan en evitar que pueda brillar.

Andamos hasta una pizzería y tomamos algo.

Hay varias personas de la universidad. Lia y yo nos sentamos solas en una mesa hasta que llega Seth, con sus compañeros del equipo, y se sientan en nuestra mesa.

Seth lo hace a mi lado. No tiene buena cara y sí una ceja partida.

Acerco mi cuerpo al de él y le doy con el hombro. Me mira de reojo.

—Estas hecho un asco —le digo.

—Peor se quedó el otro. ¡Que se jodan! —Se levanta para pedir pizza para todos.

Cuando regresa, mira a su hermana Lia, que está ligando de forma descarada con uno de sus compañeros. Seguro que es para olvidar a su novio o como si pensara que, si hace esto, Ville lo sabrá de alguna manera y vendrá a buscarla.

Otro de los jugadores está conversando conmigo, pero deja de hablarme cuando Seth lo fulmina con la mirada.

—Eres un celoso —susurro.

—No, me da igual con quién te líes, porque ninguno te dará lo que yo puedo darte —murmura en mi oído.

—¿Apostamos algo?

Tensa la mandíbula y asiente.

—Tú misma. —Traen las pizzas y Lia deja su ligoteo para coger una porción, como el resto.

Hablan del partido.

Varias mujeres se les acercan y una trata de tocar a Seth. Siento algo oscuro crecer en mi interior.

Él no le hace caso y le digo adiós con la mano, lo que hace que Seth me mire con una sonrisilla.

—¿Hablamos de celosos?

Aparto la mirada y centro mi atención en cualquier cosa, menos en él.

Empiezo a contar hasta que me pone la mano en el muslo y la deja ahí.

Todo a mi alrededor desaparece mientras sube la mano y la mete bajo mi vestido. No avanza, pero soy muy consciente del calor que emana de su cuerpo.

Tomo aire. Solo soy capaz de contar los latidos acelerados de mi corazón.

—Vámonos —dice uno de sus compañeros, y el resto se levantan.

Lia se marcha con ellos y yo me levanto para seguirla.

La mano de Seth sigue quemando mi piel, a pesar de que ya no está posada ahí.

Vamos hasta un pub y hacemos cola para entrar.

Lia quiere seguir con los del equipo. Está decidida a ligarse al compañero de Seth.

—Toma —me dice Seth, y pone un chupito en mi mano.

—Nunca he bebido, más allá de una copa de champán.

—Entonces, ten cuidado de que no se te suba a la cabeza. Lo mismo te da por bailar y desmelenarte. O por ser feliz, quién sabe. Con las princesas de cuento nunca se sabe.

—Tonto. —Sonríe de medio lado, de esa forma que me pone cardiaca.

Cojo el chupito y me lo tomo sin dejar de observarlo.

Él hace lo mismo.

Está malísimo.

—¡Quema! ¡Te odio! —Sonríe y se marcha a por otro.

Poco a poco, siento como el chupito me relaja. Lo que me hace ir a por otro a la mesa donde los chicos han dejado las bebidas.

Tras el segundo, Seth se me acerca.

—Si no quieres acabar borracha, es mejor que pares.

—Yo controlo. ¿No querías que viviera la vida? Pues eso hago.

—Quería follar contigo, pero, al parecer, no lo entendiste. —Noto como me sonrojo por sus palabras.

Cojo otro y me lo bebo ante su atenta mirada.

Este se me sube de más y acabo por bailar cerca de la mesa.

Busco a Lia y la veo con su novio, ex o lo que sea. Parece que discuten, pero al final se van juntos. O mucho me equivoco o van a volver. Siento pena por ella, pero cada uno debe librar sus propias batallas. A la hora de la verdad, todos estamos solos… Como yo.

Cojo otro chupito. Llevo ocho y este se me sube todavía más.

Acabo subida a una mesa, con Seth cerca mirándome de forma reprobatoria. No hace nada hasta que un capullo trata de mirarme las bragas y lo aparta de malas maneras.

Me río por su cara de mala leche y salto de la mesa a sus brazos.

—Serías bueno como guardaespaldas.

—Tus ganas. Nos vamos.

—¡No! Ahora empieza lo mejor. —Trato de subirme el vestido, pero me coge las manos—. Tengo mucho calor.

Seth no dice nada. Solo tira de mí hasta la salida.

Para un taxi y entramos dentro.

—Tengo mucho calor.

—Como te quites el vestido, pido que te dejen tirada. —Su amenaza es clara y me quedo quieta.

Entonces, me entra la risa y le toco la cara.

—Deberías sonreír más. Serías hasta más guapo.

Toco sus labios y bajo mis manos hasta su torso.

Seth me las sujeta. Su fuerza me excita.

Me subo sobre él y trato de besarlo.

—Bésame —le pido, cerca de su boca.

—No, estando borracha —me dice y se queda quieto mientras lamo su boca y me restriego sobre él. Noto como se pone duro. Joder, quiero tenerlo dentro.

—Tienes razón: quiero dejarme llevar.

—Mañana no recordarás nada.

—Te quiero dentro de mí… —Me aparta y gruñe. El paseo acaba y paga al taxista. Salimos hasta mi casa—. No quiero estar ahí…

—No, mejor que no estés en este estado. ¡Joder! —Tira de mí hacia su casa y entramos por la puerta que da a su cuarto.

Subimos y veo su cama y su pequeña cocina.

—Es muy bonito.

Voy hasta la cama y me tiro sobre ella. Noto que todo me da vueltas. Me asusto.

Por suerte, Seth sabe qué hacer y me lleva hasta el aseo.

Acabo por echar todo lo que he tomado y él, entre protestas, me sujeta el pelo.

Cuando puedo volver a la cama, llevo una de sus camisetas al revés, porque no pude ponérmela mejor.

Se acerca con agua y cojo su mano.

—No me dejes sola. Duerme conmigo, que prometo no meterte mano.

Protesta, pero se tumba a mi lado.

Me acomodo sobre él y siento paz.

—De niña, tenía pesadillas… Soñaba que un día no las pasaría sola. Siempre me dio miedo dormir sola. Al menos, esta noche me ayudarás con mis monstruos.

—Duerme, Everly, o acabarás por decir algo de lo que te arrepientas.

—¿Como que te deseo contra toda lógica, aunque sé que estar a tu lado solo me haría daño a la larga?

—Como eso, por ejemplo. Duerme. Hoy te ayudaré a luchar con tus monstruos. —Acaricia mi espalda y siento el calor de su cuerpo y sus caricias como un bálsamo.

—Me gusta estar entre tus brazos.

—Eso… solo es deseo, Everly. Solo es eso. Los dos sabemos que no está permitido que sea nada más.

—Lo sé. Pero es… bonito. Buenas noches.

—Buenas noches, princesita borracha. —Sonrío y lo abrazo más fuerte. Me encanta cómo huele y me encanta cómo me siento a su lado.

Por primera vez en mucho tiempo, dejo de sentir frío en el pecho. Un frío que solo se iba cuando mi padre me abrazaba o cuando a Mónica se le permitía hacerlo.

Tomo aire. Se está bien dentro de este calor.No quiero perder esto, pero no tengo permitido soñar.