Capítulo 21
Everly
Lia y su novio han dicho que vendrán a la bolera.
Yo he pasado por mi casa para darme una ducha y cambiarme. Mi madre me ha mirado y se ha reído.
Es raro ver a la mujer que te ha dado la vida y solo sentir odio hacia ella.
Me hace sentir mala persona, pero yo no he pedido que esto sea así.
Ella se lo busca con todo lo que hace. No sé cómo Elara ha podido vivir así y sé que, si no se hundió, fue por los Carter.
Cuidan de mí sin que lo pida. Hasta Seth, con su morro torcido, lo hace a su manera.
Ahora entiendo un poco más a Lia; como, al perder a Elara, se sintió sola. Cada una era el mundo de la otra.
Los miro entrar.
Yo estoy al lado de los jugadores del equipo de Seth, que me ha dejado aquí y se ha ido. Lia, al verme, sonríe, pero al mirar a su novio, con cara de pocos amigos, su gesto se apaga. Al llegar hasta mí, busca mi mano y me da un apretón.
—Lo vamos a pasar bien.
—Este lugar apesta —dice su novio, mirando de malas formas a los jugadores de hockey .
—Que no consiguieras una beca para jugar no nos hace apestosos —responde uno de ellos dando un trago.
—Eso no lo sabía —comenta Lia, pero la mirada de su novio la hace callar.
Odio que se calle y que no diga lo que piensa; que tenga miedo a hablar… Es como si me viera con mi prometido.
Voy a por algo de beber y, al volver, Seth mira al novio de su hermana como si quisiera matarlo.
—¿Me enseñas a jugar?
—Puedo matarlo sin que se dé cuenta… —rumia y tiro de él hasta la pista.
—O puedes enseñarme a jugar y, de paso, meterme mano. —Su mirada se centra en mí. Muerdo mi boca y sigue mis movimientos—. Solo lo he dicho para ahorrarte la cárcel. Dudo que el naranja te siente bien.
—A mí todo me sienta bien. —Va hasta las bolas y las tantea todas, hasta que me dice que me acerque—. Vamos a jugar en dos equipos. Y perderemos, porque me toca con Lia, su novio y tú.
—Y eso que tú eres el mejor en todo —lo pico.
—Lo soy, pero llevo tres paquetes de lastre.
Me río.
—No sé si perder hará que te deprimas.
—Mi estado de ánimo solo mejorará al ver lo mal que lo haces.
—No pienso darte ese placer. Dime cómo se juega y seré la mejor.
Me indica que coja la bola de color rosa. Meto los dedos, como me dice, y pone su mano sobre la mía. Vamos juntos hasta donde están los bolos relucientes. Lo siento detrás de mí y su aliento en mi cuello. Llevo el pelo recogido y eso ayuda a que lo sienta más cuando se acerca a mi oído.
—Tienes que inclinarte. —Lo hago y mi culo acaba cerca de su polla—. Sin que se note que te mueres porque te la meta.
—Idiota.
—Eres tú la que se ha ofrecido para evitar que le estampe a ese una bola en la cabeza.
Se acerca más a mi oído y noto como muerde mi lóbulo. Me cuesta mucho no acercarme más.
—Vamos, princesa, ahora tú sola. Te inclinas. —Mueve nuestras manos con la bola—. La echas hacia atrás. Te agachas y tiras por el centro de la pista. No pises la pista, que tiene cera, o te caerás.
—¿Entonces les has prestado tu aceite para lucir músculos?
—Ya quisieras tú rodar sobre mi cuerpo como esta bola. —Muerde de nuevo mi lóbulo y casi acabo gimiendo.
Se aparta y se apoya en donde salen las bolas para clavar sus ojos dorados sobre mí y ver como la cago. Solo por eso, tomo aire y hago todo lo que me ha dicho.
Miro los bolos, echo la bola hacia atrás, la lanzo y… se va fuera.
Cuando miro a Seth, sonríe de medio lado.
Voy hasta él y me dice que tengo otro tiro. Coge la bola que acaba de salir y nuestras manos se tocan.
—Al final, seré la mejor.
—Tal vez en tu otra vida.
—No te soporto. —Voy hasta la pista, lanzo y lo hago un poco mejor.
Lo miro y sonrío. Seth solo me guiña un ojo.
Le toca a uno del otro equipo.
Lanza y los tira todos.
Vamos a perder. Es imposible mejorar eso.
Me siento al lado de Lia. Su novio mira el móvil, aburrido; es como si estar aquí fuera lo peor para él.
Lia le cuenta algo con una sonrisa y él la mira como si fuera tonta.
—Te toca tirar —le indica Seth a su hermana. Está apoyado en la mesa y mira a Ville como si quisiera arrancarle la cabeza de los hombros.
Lia se da cuenta y pone mala cara.
—Para —le pide, al pasar por su lado.
Seth la mira como si no entendiera que el malo no es él.
Veo a los dos hermanos observarse enfadados. Esto no va a acabar bien.
Lia va hasta las bolas y el novio pasa de ella.
—Tu chica va a tirar.
—Muy bien —responde, y ahora soy yo la que quiere sacarle los ojos.
—Al menos, por respeto, deberías mirarla y apoyarla.
—Me la suda. No estoy aquí porque quiera estar. —Me mira como si fuera tonta—. Este deporte es patético.
—Tú sí que eres patético —le suelta Seth, y el novio lo mira mal.
Lia tira y lo hace muy bien. La animo, pero ella busca a su novio, que se está retando con la mirada con Seth. Por eso, el siguiente tiro lo hace fatal.
—¿Podéis dejarlo ya? —pide Lia—. Para, Seth.
—Yo no hago nada —responde su hermano.
—Tú no lo entiendes…
Seth la mira, pensando que su hermana ha perdido la cabeza.
—Qué te va a entender. Él no es como yo. —Esas palabras me llevan a un pasado en el que mi padre me decía lo mismo.
* * *
—Nadie te entiende como yo… —Acaricia mi pelo.
—Pero eran mis amigas.
Mis amigas se habían reído de mí al caerme de culo en clase de gimnasia.
—Esas niñas no son tus amigas. Solo se acercan a ti porque eres mi hija. Al final, solo me tienes a mí. Solo yo sé cómo te sientes, pequeña.
Me abrazó antes de irse a trabajar y sentí de verdad que, sin mi padre, no tenía nada más.
¿Existen los padres tóxicos? Yo, hasta hacía poco, creía que no.
* * *
Camino hacia el aseo. Siento a Seth sin que se me acerque.
Doblo la esquina y tira de mi mano. Nos quedamos en una esquina, ajenos al mundo. Enreda su mano en mi pelo.
—O te beso, o lo mato…
—Bésame, entonces.
Muerde mi boca.
No sé si me besa porque no quiere cometer un error o porque ha notado, como siempre, que me estaba hundiendo.
Nos besamos sin preliminares, como si bebiera el agua de su boca, que necesito para sobrevivir. Estamos ocultos al mundo, pero podemos ser descubiertos. Jugar con fuego me hace quemarme. Arder por hacer algo que no debo. Algo que va contra todos los deseos de mi padre. Quiero vivir. Quiero sentir.
Mi cuerpo y el suyo se mueven juntos mientras su lengua devora mi boca y sus manos están por todas partes. No es suficiente para lo que me hace sentir. Demasiada ropa.
Se separa y apoya su frente en la mía, jadeante.
—No te soporto, que no se te suba a la cabeza —miento y me acaricia la boca.
—Se ha notado.
Sus ojos dorados se funden con los míos. Se está muy bien aquí, entre sus brazos. Demasiado bien…, y eso me aterra. Por eso, me marcho sin decir nada más.
La partida sigue.
Lia y su novio parecen condenados a muerte por estar aquí.
Seth está tenso por ver como Ville apaga la luz de su hermana y ella no se da cuenta de que, si el amor es así, es horrible sentirlo.
Al final, perdemos, y Lia y su novio se marchan casi corriendo.
Salgo mientras Seth se despide de sus amigos.
—¡¿Acaso no ves cómo me miran?! —le grita Ville a Lia—. ¡Ellos no son como yo!
—Pero yo solo quiero…
—Tú solo quieres joderme la vida obligándome a esto.
Voy hacia ellos, pero Lia me mira y niega con la cabeza, para irse a continuación.
No soporto ver esto y no poder hacer nada. Saber que, para bien o para mal, cada uno es responsable de sus decisiones. No soporto ver como se pierde.
Cuando Seth sale, no le digo nada, porque solo le haría más daño. No sé cómo acabará esto. Si Elara estuviera aquí, todo sería diferente.
Pero yo no soy ella.
Nunca he tenido una amiga y no sé qué debo hacer. Salvo estar ahí cuando Lia me necesite. ¿Es eso suficiente?
Miro a Seth, que, sin quererlo, ha sido mi salvavidas desde que llegué. Tal vez estar ahí sea de verdad suficiente cuando te estás hundiendo.
¿Y cuando no los tenga? ¿Cuando esté sola?
No lo sé. Temo que este tiempo me cambie tanto que no recuerde cómo se respira cuando la soledad sea mi compañera de vida.