Capítulo 19
Seth
Observo a Everly ir de un lado a otro por la agencia. Todo gracias a lo que le he mandado.
Está en la sección de maquillaje y veo que se fija en cómo maquillan a las modelos.
Miro mi reloj y es hora de ir a la sesión de fotos.
Bajo las escaleras y hago señas a Everly para que me siga.
Lo hace con ese morro torcido que pone para hacerme creer que estar a mi lado le pone de los nervios.
Vamos hasta los ascensores y tiro de ella para besarla, solo para demostrarle que no le disgusto tanto como le gustaría, y eso le jode.
Su sabor me atonta y quiero más. Necesito mucho más de ella, pero no tomaré nada hasta que se rinda y acepte mis condiciones.
—No debiste besarme —murmura cuando se abre el ascensor.
—No, pero lo hice.
Pone los ojos en blanco y salimos hacia la zona de fotos.
Veo que han dejado varias tartas sobre una mesa y Everly ayuda a organizarlo todo. Cuando sabe que vamos a hacer fotos tirándonos los pasteles entre los modelos, pone cara rara.
—Es solo nata —le explico—. Le han puesto anises de colores y relleno, simulando el bizcocho.
—Y yo que pensaba llevarme una a mi casa. —Mete el dedo en uno de los dulces con disimulo y se lo lleva a la boca, que aún sigue un poco roja por mis besos—. Está bueno.
Mete el dedo de nuevo y se lo cojo para lamerlo yo.
Su respiración se agita y noto como su cuerpo reacciona.
«Joder, o tenemos algo pronto o voy a explotar… También podría tener algo con otra persona. Quizás sea lo mejor», pienso, perdido en sus ojos verdes.
—Delicioso —afirmo y me marcho para cambiarme.
Al regresar, llevo solo una camiseta básica blanca y un bóxer negro.
Nos explican lo que quieren.
De mí solo quieren que mire con fastidio a la cámara mientras las modelos se pelean con las tartas; que me levante la camiseta para limpiarme y observe la tarta que me cae en los brazos como si me molestara.
Eso hago.
No me cuesta mucho, porque odio las sesiones de fotos.
«Lo haces por Luna y por tus padres…», me recuerdo, mientras soporto que me llenen de nata.
Al acabar, no estoy de muy buen humor.
Everly se acerca con una toalla y me sigue hasta los vestuarios.
—Suerte tienes de que tu papel sea el de perdonavidas. Si te pidieran sonreír, estarías despedido. —La miro frío—. ¿Ves?
—Espérame en el coche.
Acerca su mano a mis labios y me quita un poco de nata. A continuación, la lleva hasta su boca y lo lame.
Le sujeto la mano.
—No juegues con fuego, princesa.
—Solo estoy probando el dulce. Un poco amargo, la verdad.
Sonríe a mi costa y la veo irse hasta la parte de arriba.
Me doy una ducha que me quita el pringue desagradable.
Everly no sabe con quién está jugando. Si quiere jugar, lo haremos.
* * *
Me centro en los entrenamientos como si lo de fuera no existiera. El hockey es lo único en lo que no solo soy bueno, sino que además lo disfruto.
Este año tenemos que ganar el campeonato.
Solo eso hará que tengamos mejores ofertas para el año próximo en la liga profesional.
No quiero pasarme toda la vida haciendo de modelo.
Y en los estudios… Bueno, soy bueno en ciencias, pero no me veo ejerciendo de profesor.
Elegí esa carrera porque sabía que se me daría bien, no porque me gustara.
Era un medio para alcanzar mi meta de jugar al hockey de forma profesional.
Patino sobre el hielo como si no me costara nada el esfuerzo de hacerlo. Doy lo mejor de mí sabiendo que mañana no podemos perder. Que tenemos que ganar.
Al acabar, me quedo un rato más entrenando solo hasta que admito que no puedo más y me marcho a los vestuarios.
Hoy traje la moto y voy hasta mi casa, después de darme una ducha y cambiarme, deseando tirarme en la cama para descansar viendo alguna serie.
Llego y subo a mi cuarto. La ventana está abierta y, al cerrarla, miro hacia la habitación de Everly.
No está.
Por las horas que son, es raro. A menos que se haya ido a la biblioteca a leer.
Veo luces en el pasillo y luego a su madre entrar en el dormitorio de su hija con su nuevo novio. Observo como registra sus cosas. Se pone varias prendas por encima y se las lleva.
No la soporto. Nunca trató bien a Elara y ahora está haciendo lo mismo con Everly. No sé cómo alguien así pudo conseguir la custodia de sus hijas. Claro que también pienso que a su exmarido le interesaba no ir juicio por algún motivo en concreto y aceptó esa estúpida idea, basada en una película.
Saco el móvil y llamo a Everly.
Me lo coge al segundo tono.
—Tu madre ha vuelto.
—Lo sé. He discutido con ella.
—Te está cogiendo ropa.
—Intuyo que la cerradura no fue suficiente para ella.
—Intuyes bien.
Su madre se enciende un porro y veo como echa las cenizas al suelo.
—¿Dónde estás? —Le pregunto a Everly, sabiendo que mi plan de peli y descanso se va a ir a la mierda.
—No lo sé. Eché a andar enfadada. He contado doscientas diez farolas.
—¿Fuiste hacia la derecha o hacia la izquierda?
—Izquierda.
—Voy hacia allí. Cuenta otra cosa que te haga quedarte quieta donde estés.
Cuelgo y me marcho a por mi moto.
La busco y está a varias calles de nuestras casas, casi a punto de dejar atrás nuestro barrio. Mira el cielo, sentada en un banco.
Dejo la moto y me acomodo a su lado.
No digo nada. Solo la dejo que cuente las estrellas, ese imposible reto que seguro que tiene desde niña. Llegará a mil y parará, como dijo.
Toma aire y me mira con los ojos tristes, pero sin derramar ni una sola lágrima. Sé lo que es eso. De niño me cansé de llorar, porque las lágrimas nunca sanaban el dolor de mi pecho.
Mi dolor se transformó en odio y me cuesta dejarlo ir.
—Ha destrozado todo el jardín en el que tanto hemos trabajado. Me gustaba cuidar las plantas… Me gustaba sentirme orgullosa del trabajo duro y lo ha destrozado, porque a ella no le gusta.
—Tu madre es una egoísta.
—¿Cómo pudo Elara soportar esto? Es horrible.
—Bueno, nos tuvo a nosotros. No somos tan especiales como tus amigos los ricos, pero somos leales.
—No tengo amigos —admite, y veo su soledad brillar en sus verdes ojos—. No se me da bien hacer amigos.
—Eso me sorprende, si eres un derroche de simpatía. —Achica su mirada, enfadada—. Yo tampoco tengo muchos amigos. La gran mayoría de la gente no entiende que a veces quiero ser el del silencio.
—En mi caso, es porque mi padre siempre fue muy crítico con todas mis amistades. De niña, ninguna compañera era digna de su hija. Solo Josh era digno de mí… y todo se estropeó entre los dos.
—Joss es el novio de Elara, intuyo. Lia me dijo que era tu ex.
—Sí, bueno, firmamos un contrato de prematrimonio, pero lo rompí.
—¿Por qué?
—Porque de Josh esperaba algo más que un contrato —admite y siento los celos crecer en mí hasta que los reprimo.
—¿Estabas enamorada de él?
—Eso creía, pero ahora ya no lo tengo tan claro. —Toma aire—. No sé cómo lidiar con mi madre y su novio.
—Enciérrate en tu cuarto cuando estés ahí y pon la silla anclada bajo el pomo. Así no podrán entrar.
—Ya, no me queda de otra… —Mira de nuevo el cielo—. Mi padre no me dejaba ir sola a ningún sitio. Siempre he tenido a los de seguridad al lado y, de golpe… Nada. Me deja con una mujer inestable y con sus parejas. ¿Qué puedo aprender de esto?
—Que la vida no es fácil para las princesas. —Me golpea el brazo—. Tienes por delante tres años y medio de carrera. Es mejor que te lo tomes con calma.
—No voy a acabar la carrera. Si me caso, seré responsabilidad de mi marido y el trato se rompe. Dudo que Rob espere que acabe. —Mueve las bolas de su anillo.
—Eso aún no ha pasado. Además, siempre puedes negarte…
—No puedo, Seth. No entiendes cómo va esto. Mi padre necesita un heredero y nunca ha pensado que yo o mi hermana pudiéramos serlo. Quiere un niño.
—Un cabrón, pero tenía dinero para poder tener más hijos.
—Mónica no podía tener hijos y la opción de adoptar no entraba en sus planes. Además de que divorciarse solo le haría perder accionistas.
—Me apuesto lo que quieras a que tú lo harías bien.
—Sí, pero eso no importa. Su mundo es de hombres y no quiere cambiarlo. Yo no lo apoyo, porque todo somos válidos. Mi padre quiere una alianza fuerte, un marido al que dominar y un nieto al que educar para el futuro.
—¿Y tú dejarás que eso pase?
—No puedo hacer otra cosa —dice casi sin voz—. No te pido que lo entiendas, Seth. Solo que me respetes. —Mueve su anillo—. Si me tiene a mí…, dejará libre a Elara y a Joss. ¿No lo ves?
La verdad sale a la luz y hace que la comprenda.
Yo, por mi hermana y mis padres, daría lo que fuera. Cuando quiero a alguien, lo hago para siempre y doy todo por esas personas. Everly se sacrifica porque ha sido educada para esto, y para que su melliza y su primer amor puedan ser libres y felices.
—Pues de ti depende disfrutar de tu única oportunidad de ser tú misma.
—No sé por dónde empezar. —Se gira y nuestras miradas se encuentran.
—Tengo algunas ideas…
—No hablaba de sexo loco y sin control.
—Aburrida. —Sonríe—. La chica que se corre sabiendo que la miran desde la ventana vive dentro de ti.
—Pero no estuvo bien. —Se sonroja.
—¿Quién lo dice, Everly?
—Cientos de normas de etiqueta…
—Que ya no existen. Al menos, en esta locura transitoria.
—Sí, es cierto. —Muerde su boca y sigo el movimiento de sus dientes. Su respiración se agita cuando se siente observada—. Vamos, regresemos. Necesito dormir.
—Cobarde.
Voy hasta la moto y le tiendo un casco.
Se lo pone y yo hago lo mismo con el mío. Sube tras de mí y me abraza con fuerza. Mi cuerpo reacciona a ella y a la loca idea de que se deje llevar y hacer con la princesita lo que quiera… Luego, la dejaría ir.
Un plan perfecto.
Detengo la moto y mira hacia su casa.
—Dejaré la ventana entreabierta. Haz lo mismo y, si gritas, podré escucharte e iré.
—Vale, pero solo porque sé que te encanta dar una buena paliza a quien se lo merece.
—Cómo lo sabes.
Anda hasta su casa y se gira para mirarme antes de entrar. Está aterrada y no me extraña; su madre es una desgraciada que nunca debió estar al cuidado de nadie, cuando no sabe ni cuidar de sí misma.
Voy hasta mi dormitorio y veo como Everly pone la silla para que nadie pueda pasar a su cuarto. Después, revisa la ropa que su madre le ha dejado. Le tiemblan las manos. Se ha esforzado para comprar ropa y ahora la mitad se la ha quitado su progenitora.
Un día deberá enfrentarse a la bestia, aunque eso no sirva de nada. Elara lo hizo y nunca pasó nada diferente. Su madre nunca dejará de ser quien es y esperar lo contrario solo hace daño al que desea un cambio. El otro vive feliz en su mundo de mentiras y destrucción.