Tú a Nueva York, yo a Chicago (Un sports romance muy ardiente 2) Capítulo 16
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Capítulo 16

Everly

Entramos en la cocina sin dejar de besarnos.

Debería poner algo de cordura, pero solo pienso en joder a Rob por su rechazo y besarme con otro que no es mi prometido me parece buen plan.

Aunque sé que esto solo podría hacerlo con Seth, porque me altera y me hace arder a partes iguales.

—Solo te beso para joder a mi prometido, pero me serviría cualquiera.

—Yo solo lo hago para joderte a ti, porque te molesta desearme tanto.

—No te deseo nada. —Gruñe y me besa en el cuello.

Siento sus dientes arañar mi piel y su lengua chuparme antes de que su boca me succione. Nunca imaginé que un beso en el cuello pudiera ser tan erógeno. Coge mis glúteos con sus manos y me alza para que me siente en la mesa de la cocina.

Abre mis piernas de forma brusca y se cuela entre ellas.

El vestido se sube de forma pecaminosa y noto como mi ropa interior queda expuesta a la vista.

Nunca he estado así con un hombre. Nunca he sentido nada ni remotamente parecido. Quiero su boca en todas partes, sus manos por cada centímetro de mi piel. Quiero que esto que siento no se detenga y a la vez ansío que calme el ardor de entre mis piernas, como sea.

Baja su lengua por mi escote y la pasa entre mis pechos. Noto los pezones duros contra la tela. Lleva mi cuerpo al borde de la mesa y me mueve para que me frote contra él. Su polla está dura entre mis piernas y hace que mi sexo dé una sacudida y se sienta más mojado.

Gimo en su boca y muevo mi cuerpo como si me ofreciera a él. Es como si quisiera que tocara mi cuerpo como nunca lo hará mi prometido solo por joder a Rob por su desplante. Solo quiero hacerle daño, aunque nunca nadie sepa lo que hice.

Seth sube su mano entre mis piernas. Toca el interior de mis muslos mientras mi vagina late ante la idea de que me toque. Deja los dedos cerca de mi sexo y sonríe.

—Estás mojada por mí…

—Es solo por la idea de hacer algo malo.

—Ahora soy tu chico malo. —Acerca más los dedos.

—Un chico de barrio, ¿no?

—Y tú una princesa que jadea por mí. —Aproxima más sus dedos; casi siento como mi sexo se abre a él—. Mejor dejarlo aquí. No tengo claro que quiera algo con alguien de tu clase.

—Esto no se puede llamar tener nada. Solo es sexo…

—Pues si solo es sexo, acaba tú sola. Te veré desde mi ventana.

—Si te marchas, juro que nunca más dejaré que me beses.

—Y yo juro que, si me marcho, te besaré de nuevo cuando menos lo esperes, solo por romper todas tus promesas. Nos vemos, princesa. A ver cómo acabas con el calentón.

—No te necesito para eso. Puedes mirar por la ventana y comprobar que lo hago mejor sin ti.

—Dudo que seas tan valiente… No naciste para ser libre, ¿recuerdas?

Se marcha y me pregunto si seré tan valiente de jugar con fuego hasta el final, solo por demostrarle que se equivoca.

Ando hasta mi cuarto. Me siento más viva que nunca. Algo arde en mi pecho que no quise prender antes, porque habla de una mujer que tengo vetado ser.

Enciendo una luz tenue y miro nerviosa por la ventana.

La luz del dormitorio de Seth también es tenue. Las cortinas se mueven y sé que me observa entre la oscuridad. Casi puedo ver su media sonrisa diciendo que no soy capaz.

Por eso, aparto mi pelo del cuello y desato los botones del vestido hasta que lo noto suelto. Dudo un segundo antes de dejarlo caer a mis pies, quedando solo vestida con unas braguitas. Los pezones se ponen duros hasta doler sabiendo que los ojos dorados de Seth están posados sobre mi cuerpo.

Salgo de la maraña de tela y camino hasta la cama.

Solo puede verme Seth, porque desde la calle no se ve nada más si no saltas la verja que separa su casa de la mía.

Una parte de mí quiere dejarlo aquí, no seguir, pero otra desea joder a Seth por dejarme a medias y a Rob por despreciarme de esa forma.

Estoy ardiendo, de dolor, de rabia, de insatisfacción… Mi piel sigue latiendo donde me tocó Seth. Nunca he hecho esto porque mi vida siempre ha sido fría, pero ahora me siento un volcán en erupción.

Saber que Seth me mira entre las sombras solo hace que caliente más mi cuerpo. Tiemblo, estoy agitada, nerviosa y decidida a joder a todos los que hoy me han dejado insatisfecha. A Rob por su desprecio y a Seth por no acabar lo que su boca había empezado.

Por un segundo, solo quiero ser egoísta. Solo quiero pensar en mí… y yo quiero esto.

Llevo mis manos a mis pechos.

Noto los pezones duros entre mis dedos y tiro de ellos.

Una sacudida recorre mi sexo.

Lo hago de nuevo, recordando la boca de Seth en mi cuello y su lengua mojando mi piel. Gimo en la soledad de mi cuarto y abro las piernas mientras me remuevo en mi cama.

Llevo mi otra mano al elástico de mis braguitas y la meto dentro.

Llego hasta mi sexo y noto lo mojado que está. Froto mis dedos de arriba abajo. Me remuevo, con sus ojos dorados anclados en mi mente. Muevo los dedos hasta mi vagina y los meto dentro.

Jadeo por el placer de sentirlos ahí y los muevo de fuera hacia dentro.

Tiro de mis pezones, perdida en este placer.

El roce hace que mi clítoris tiemble y llevo el pulgar hasta ese lugar para tocarlo.

El deseo aumenta.

Miro de reojo la cortina de Seth y lo veo entre las sombras. Saber que no se pierde detalle hace que casi me corra. Por eso, aumento la fricción y el movimiento de mis dedos hasta que me dejo ir, sin dejar de mirarlo.

La sacudida recorre todo mi cuerpo.

«Joder…, ¿qué ha sido eso?»

Me dejo caer jadeante sobre la cama y sonrío. Nunca creí que alguien como yo tuviera un lado… salvaje.

¿Y ahora? No lo sé.

Seth

Nunca, en toda mi vida, podré olvidar la imagen de Everly en su dormitorio, medio desnuda, dándose placer mientras me miraba entre las sombras. No creí que fuera capaz, que llegara tan lejos y que me regalara una de las experiencias más sensuales de mi vida.

Pero lo hizo.

Por joderme, por joder a su «novio»…

Es mucho más de lo que creía. Mucho más.

Ando hasta la ducha y me meto bajo el chorro de agua fría. El agua no alivia mi deseo. Por eso, acabo por hacerme una paja pensando en ella. Pensando en mi boca sobre sus duros pechos y entre sus piernas, tragándome todo su orgasmo.

«¡Joder!»

Me corro pensando en ella, pensando en su boca… Sabiendo que tengo un puto problema. Uno que tal vez se resuelva si nos dejamos llevar. Cuando consigues algo, siempre se suele perder la emoción.

Tal vez esa sea la solución. Ella quiere joder a su prometido y yo dejar de desearla.