Tú a Nueva York, yo a Chicago (Un sports romance muy ardiente 2) Capítulo 13
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Capítulo 13

Everly

Espero a Seth en el entrenamiento. Mañana tiene partido, pero antes viajaremos para una sesión de fotos.

Hoy vamos a prepararlo todo, aunque poco hay que preparar, ya que siempre posa medio en pelotas. O eso es lo que he visto, en la única sesión a la que he asistido.

Tomo notas en mi libreta sobre los giros y las jugadas, para que el ángulo sea más perfecto. Desde que estoy aquí, mi cabeza no deja de pensar en fracciones, ecuaciones y fórmulas.

No puedo detenerla.

Me tranquiliza y me da estabilidad.

Al acabar el entrenamiento, el entrenador se me acerca y me dice que lo siga a su despacho.

Temo haber hecho algo mal, hasta que saca una pizarra y veo el campo de juego.

—Hay que hacer que todo esto que tú escribes se entienda por personas que no saben de números. —Sonríe mientras lee mis notas—. Yo era así, cuando jugaba al hockey . Era muy bueno en matemáticas. Luego te das cuenta de que la vida a veces se carga todas las fórmulas perfectas.

—Sí, pero relaja hacerlas.

—Sí, mucho. —Asiente y me da las gracias por las notas—.

Me has recordado cómo era a tu edad y es algo que no debemos olvidar.

A veces, la vida nos hace olvidarnos de nuestros sueños, cuando nada los eclipsaba.

Este año ganaremos. Eso dará a estos chicos una oportunidad en la liga profesional. Se lo debo.

Llaman a la puerta. Seth entra y le dice que nos vamos.

—No te olvides de la barbacoa del domingo. Puedes traer a Lia y Everly.

—Ya me cuesta ir, como para tener que hacer de niñera de nadie.

El entrenador se ríe.

—A las once allí. No tardéis.

—Te veo mañana, y no me lo tienes que recordar cada día —gruñe.

Nos despedimos y vamos hasta el coche de Seth. Esta vez no espero que me abra.

Entro y echo la cabeza hacia atrás. Me duele un poco. Estoy tensa. Mi padre me dijo que me llamaría y no sé qué puede querer. Tampoco cuándo lo hará. Esperar su llamada me tiene tensa.

—Tenemos que buscar un conjunto de ropa que quede bien con la ropa interior que voy a lucir mañana en la sesión. Quiero algo entre desnudo y vestido.

—Así es más sexi —añado.

—Eres chica de preliminares…

—No, para nada. —Me sonrojo por su voz al decir esas palabras.

—Entonces, de las que se quedan quietas mientras el tío lo hace todo.

—No te importa.

—A mí me gusta llevar el control. No tendría problema con una sumisa —comenta para picarme, y noto que me sonrojo aún más.

—Tengo novio…

—Ya, claro. Lia me ha contado que tu novio es de pega. Parece ser que es quien te ha dicho tu padre que debe ser tu novio y que hasta habéis firmado un contrato de pautas para un matrimonio perfecto.

—No lo entenderías.

«Nota mental: no contar nada a Lia.»

Ayer, en la universidad, me enseñó una foto en la que estaba con Rob y me preguntó qué me gustaba de él. Le conté todo, creyendo que guardaría el secreto. En mi mundo, los contratos matrimoniales están a la orden del día, por lo que no lo veo tan raro.

No comenta más hasta que llegamos a la agencia y vamos hasta donde se guarda toda la ropa.

Miramos varios percheros y separamos algunas cosas.

—Entonces, ¿cómo es la cosa? ¿Firmas un contrato y todo arreglado?

—Claro —respondo, cansada con el tema.

—¿Y pactáis los besos y las veces que tendréis sexo? —Se apoya en una mesa a mi lado.

—Hemos venido a trabajar y no a hablar de mi vida.

—Vamos, sacia mi curiosidad.

Lo miro de reojo mientras reviso las chaquetas.

—Nada de besos ni de todo lo demás. Solo un contrato y punto. Los hijos serán por inseminación. Tres, para ser exactos, y todos varones. —La sorpresa es evidente en sus ojos.

—Que eso sea real es acojonante.

—Las cosas en mi mundo son así. No es algo raro que estas cosas se pacten. Solo son contratos, para que las familias tengan una unión. Nada más.

—Tu mundo y el mío son el mismo.

—No, no lo son, Seth. No te pido que me entiendas, solo que no te burles.

—Haré lo que me dé la gana —replica—. Entonces, ¿puedes tener sexo con otras personas?

—Mientras nadie lo sepa, sí —indico entre dientes.

—¿En serio?

Asiento.

—Rob dejó claro que era parte del acuerdo.

—¿Y tú qué harás?

—Nada. Los besos y el sexo están sobrevalorados. Además, si todo sale mal…, a ver cómo escondo un embarazo. —Me entra el agobio, porque mi madre, según nos han contado, se quedó a la primera, y usando medios.

—No es tan fácil, y te lo dice alguien que ha practicado sexo a menudo y no tiene hijos por ahí. Hay medios para evitarlos.

—Lo sé. Tomo la píldora. —Alza una ceja morena—. ¿Podemos dejar este tema?

—Entonces, ¿vas a pasar de besos y sexo?

Asiento.

—Los besos son… asquerosos.

—O nunca te han besado o quien lo hizo fue de pena. Te aseguro que los besos, si se dan bien, pueden hacer hasta que te corras.

Me sonrojo, por sus palabras fuera de lugar.

—Lo dudo —repito.

—¿Apuestas algo, princesa?

Mi lado racional me dice que salga corriendo y que le diga que no. Que me centre en el trabajo y en nada más.

Mi parte racional se va a la porra cuando miro a don sabiondo y el reto en sus ojos dorados me hace querer contradecirlo.

—Apuesto a que no besas tan bien como para que de golpe crea que me estoy perdiendo algo por no querer intercambiar besos.

Tira de mí y caigo sobre su torso. Los latidos de mi corazón se aceleran. Esto no debería pasar. No lo soporto; la mayor parte del tiempo lo detesto, pero cuando alza su mano y acaricia mi mejilla no siento asco, sino curiosidad.

—Si tengo razón, te espero en el coche mientras tú sola eliges la ropa; si no, me esperas tú.

—Perfecto.

Toca con sus dedos mis labios y pienso en salir corriendo.

No puedo. Estoy perdida en lo que siento, en como mi cuerpo arde por el contacto del suyo.

Sus ojos dorados, desde esta distancia, me parecen más increíbles.

Son motas doradas, verdes y marrón más oscuro.

Nunca unos ojos me parecieron tan fascinantes.

Tiemblo cuando lo veo acercarse y más cuando se queda cerca de mi boca y su aliento me acaricia.

Muerdo mis labios de forma mecánica.

Sonríe y pasa su lengua por mis labios lastimados.

La descarga de placer me pilla completamente por sorpresa y, por su mirada, sé que lo ha notado.

Preparo mi mente para no sentir nada. Me pongo a contar los diferentes colores de sus iris cuando su boca toca la mía y me olvido del mundo que nos rodea.

Sus labios se amoldan a los míos, suaves y a la vez firmes.

Los mueve haciendo que lo siga. Acerca más mi cuerpo al de él, posando una mano en mi espalda.

La siento ahí, ardiendo sobre mi camiseta.

Noto el suelo temblando bajo mis pies. Entonces, su lengua se adentra en mi boca y el suelo desaparece.

Estoy flotando. Joder, no controlo mi cuerpo.

«¿Qué es esto?»

Mi lengua sale a su encuentro mientras la suya explora mi boca.

No me canso de beber de él, de que me devore.

Alzo mis manos hasta su pelo negro y las enredo en él.

El beso cada vez se hace más urgente. Solo era un beso; solo era un instante para demostrar quién tenía razón, pero este momento se nos está yendo de las manos.

Ninguno hace nada por detenerlo.

Mi cuerpo deja de ser mío y pasa a pertenecerle. Él domina cada emoción, cada latido…

Una de sus manos sube y baja por mi espalda mientras la otra se enreda en mi pelo y tira de mi cabeza hacia atrás, para que su lengua pueda adentrarse mejor.

Noto los pechos sensibles, los pezones duros rozan el sujetador y entre mis piernas aparecen escalofríos de placer que hacen que ansíe meter mi mano entre ellas para acariciarme.

«¿Qué me está pasando?»

Nos acercamos más mientras muerde mi labio inferior y lo lame.

Hago lo mismo con los suyos.

—Aprendes rápido. —Lame de nuevo mi boca y, cuando me besa, se me escapa un gemido que me pilla por sorpresa—. Te espero en el coche. Está claro quién ha ganado.

Se marcha como si nada mientras me quedo temblando. Mi cuerpo sigue sin ser mío; vibra como si estuviera cargado de electricidad. Nunca me habían besado, pero sé que eso no es lo que marca la diferencia. Es Seth…, pero no me gusta.

No me puedo sentir atraída por alguien así. ¡No lo soporto!

Seth

No debí besarla… ¡Joder!

Entro al coche enfadado y molesto. Solo quería joderla, demostrarle a esa estirada que tengo razón. Me encanta tener razón ante ella, pero se me fue todo de las manos. Su boca, su sabor, su cuerpo tan receptivo. Tan confiada…

Solo iba a ser un beso, sin más, pero casi acabo incendiando el almacén con nuestros cuerpos.

¡Joder!

Everly regresa con varias cosas.

No nos miramos.

Dejamos claro que el beso no volverá a repetirse y que cada uno seguirá con su vida. Ella con su vida de princesa de hielo y yo con mi vida antiprincesas de cuento.Todo arreglado.

Tomo aire y su perfume a flores me recuerda su boca y su pequeño cuerpo amoldado al mío.

¡Joder!