Tú a Nueva York, yo a Chicago (Un sports romance muy ardiente 2) Capítulo 12
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Capítulo 12

Seth

He acabado la sesión de fotos y me he dado una ducha para quitarme el aceite. Ahora estoy apoyado en la barandilla de la primera planta viendo a Everly correr de un lado a otro para organizar todo lo de la lista.

—Esa chica no tiene ni idea de este mundillo —me dice Luna.

Luna era vecina de nuestro barrio y amiga de mis padres. Su sueño siempre fue abrir este sitio y, con mucho esfuerzo, lo consiguió. O con mi ayuda.

Varios ojeadores me hicieron ofertas para realizarme fotos. Se lo dije y Luna se ofreció como mi representante.

Me salió bien la cosa y los dos conseguimos dinero para abrir este sitio.

Quiso que participara como socio, pero no tengo ni idea de negocios. Por eso es todo suyo, pero le pedí que diera trabajo a mis padres. A ambos, ya que los habían despedido y llevaban meses tratando de salir adelante, usando el dinero ahorrado para la universidad para no perder la casa.

Mi madre trabaja en la cocina unas horas y mi padre trae pedidos y lleva cosas por la ciudad.

No quiero ser modelo, pero volvería a pasar por todo esto para ayudar a mi familia y así poder estudiar en la universidad, al igual que Lia.

Luna siempre fue parte de la familia.

Nos ayudamos unos a otros.

—Lo hace de pena —insiste, mientras ve como trata de ponerle plumas a un sombrero. Se ha pegado las manos con el pegamento mil veces—. Ese trabajo no era necesario.

—Debe aprender a conocer esto, para ayudar.

—¿Y para qué? No ha nacido para esto, Seth.

Esta chica solo está de paso, porque su padre quiere darle una lección.

Eso es lo que ha dicho en redes: que su hija debe aprender a ganarse el pan, como él hizo desde pequeño.

Es algo raro, porque nunca habla de su pasado, pero, claro, tiene que explicar por qué su hija está por esta zona sin nada.

—Cuando le interesa, a su padre le gusta recordar que viene de un barrio humilde.

Everly alza la mirada y, cuando me mira, me mata de mil maneras diferentes. No debería divertirme, pero lo hace.

—Te va a acabar odiando.

—Que lo haga. Solo será una más que lo hace.

Lia entra y, al verla, se acerca para ayudarla.

—Tu hermana se muere por trabajar aquí de nuevo.

—Lo sé, pero su novio es un capullo que no quiere, y ella es tonta y acepta sus deseos.

—Deberías hacer algo para que rompan…

—Si me meto en medio y cree que no la apoyo, eso lo unirá más a él. Tristemente, solo puedo mirar cómo se enamora de un gilipollas.

—Es triste, pero así es.

—Pero cuando lo dejen…, pienso partirle la cara por hacerla llorar.

—No todo se soluciona a puñetazos.

—Yo sí.

Luna pone los ojos en blanco.

Miro mi reloj y compruebo que es hora de irse.

Bajo y Everly me mira de nuevo como si me quisiera matar. Sobre todo, cuando me fijo en el sombrero y lo tiro en el contenedor de reciclaje.

—Horrible, pero has aprendido algo.

—A contar las distintas formas de matarte —murmura y Lia se ríe.

—Seth es un capullo con sus ayudantes —dice esta—, pero al final te pagan bien y estás aquí, en este lugar de ensueño.

Everly la mira seria.

—Podrías ayudarme con todo. Sobre todo, cuando haya que echarle aceite —indica.

—Puag…, ¡qué asco! Mejor que toquen otras a mi hermano. Además, no puedo… Tengo mucho que estudiar.

«Y un novio gilipollas.»

Si Elara estuviera aquí, seguro que esto no habría pasado, pero cuando esta se fue, Lia no supo quién era sin su amiga.

Llevaban toda la vida juntas y es como si le hubieran quitado un pie.

No fue capaz de rehacer su vida sin ella.

Empezó la universidad y conoció a don capullo, que se aprovechó del vacío emocional que tenía mi hermana para llevarla a su terreno.

Yo sí que voy a memorizar y aprender las diferentes formas de matarlo lentamente cuando le rompa el corazón.

—Me da miedo tu mirada —comenta Lia cerca del coche.

—Todo está bien.

«¡Y una mierda está bien!»

Entramos al automóvil y vamos hasta nuestras casas.

Everly se despide de nosotros cuando dejo el coche en el garaje y subo a mi cuarto.

Miro por la ventana y la veo en su cuarto. Mi habitación da a la suya. Lo sé desde que vino, pero nunca he mirado por ella, para no verla.

Pero hoy, sí.

Hoy veo como entra. Como se sienta en la cama y se queda quieta. Es como si no supiera qué paso debe dar ahora. Mira sus manos llenas de pegamento, por mi culpa, y sigue ahí. Quieta. Sin hacer nada.

«¿Qué te pasa, princesa?»

En cuanto me doy cuenta de que me importa lo que le ocurre, cierro la cortina y voy a cambiarme.

No me importa… Everly solo es una persona que me recuerda un pasado que no quiero recordar. Un dolor en mi pecho que tengo desde niño y que nunca se va.

Solo me recuerda por qué nunca he conseguido ser feliz.