Capítulo 10
Seth
Lia me informa de que Everly tiene problemas para encontrar trabajo, cosa que ya me imaginaba.
Mi hermana no la está ayudando, así que eso complica todo un poco más.
Hoy se acaba el plazo y por eso me paso por su casa para recordárselo.
Llamo a la puerta trasera y entro al ver a Lia que sigue las recetas de un vídeo. La comida huele a quemado.
—¿No deberías estar buscando trabajo para no perder la apuesta?
Alza sus ojos verdes y me fulmina con la mirada.
—En este lugar no entienden que nadie nace enseñado.
—Ni en este lugar ni en ningún otro. Cuesta mucho que alguien te dé una oportunidad.
O no, pero yo te la di. He hablado con los de mi agencia para informarles que mañana tendré una ayudante.
—De nuevo, me fulmina con la mirada—. Cien dólares la sesión.
Si hacemos dos a la semana, son doscientos, y si son tres…
—Sé sumar, pero ¿tanto por ayudarte a que estés menos feo? Aunque, claro, es que eso lleva mucho trabajo.
Me mira dejando claro que no le impresiona mi belleza, o eso quiere mostrar, porque, cuando estamos cerca, noto como su respiración se agita o sus mejillas se sonrojan.
Le atraigo, pero odia que eso suceda. Es algo raro, porque, desde pequeño, siempre he tenido mujeres suspirando a mi paso.
Lo que dejó de gustarme tras mi última expareja, antes de saber que solo estaba conmigo por interés y que me ponía los cuernos.
Que Everly vea su atracción por mí como un fastidio es algo nuevo y me divierte. Aunque es extraño, porque, tras lo que pasó con mi ex, he sido incapaz de tener nada con nadie…
* * *
—¿Qué es lo que más te gusta de mí?
—Eres el chico más sexi del instituto y el capitán del equipo de hockey . Soy muy afortunada de tenerte.
—¿Y qué más?
—¿Qué más hay, Seth? Vaya preguntas más tontas haces. Anda, bésame, que tengo otros planes contigo en este coche.
Estaba enamorado de ella y la besé. La besé y mucho más, joder.
Luego supe que yo era el chico que la hacía subir en popularidad en el instituto mientras se acostaba con uno de mis compañeros, al que sí quería por otras cualidades. Además de con otros, claro.
No me di cuenta de nada mientras era el otro. Yo, que presumo de darme cuenta de todo, pero el amor me cegó y eso me dolió más que perderla.
Regreso al presente, cuando la comida de Everly se quema.
Toma aire y la mira en la sartén.
—Vale, no está tan mal. —La cojo y la tiro—. ¡Eh! Era mi cena.
—Si te comes eso, te pondrás mal del estómago.
—Como si te importara. —Toma aire y mueve su anillo, algo que hace cuando quiere calmarse—. ¿Cuándo empiezo a trabajar?
—Necesito tu documentación para el contrato. Venía para eso. —Asiente y va a buscarla—. Voy a mandarla a la dueña de la agencia y ahora vuelvo.
—No pienso darte aceite por todo eso. —Señala mi cuerpo con cara de asco, a pesar de que se ha sonrojado con solo pensarlo.
Esto va a ser la hostia de divertido. Estoy deseando picarla.
—Vas a darme aceite. —Bufa y salgo de la cocina.
No la soporto. No me gusta la gente que es como ella, pero, aun así, envío todos sus datos a Luna para que la contrate.
No sé si es por pena, o porque soy masoquista, o por diversión para ver cómo fracasa la pija.
Al regresar a la cocina de Everly le llevo un túper con algo de cena.
Está limpiando todo el desastre.
—¿Todo listo?
—Sí, le he dicho que entiendes mucho de moda. Espero no haberme equivocado.
—He ido a muchos desfiles con mi padre y mi madrastra. He estado entre bastidores muchas veces, porque a mi padre le interesaba para la marca Rivera. Se me da bien la moda.
—Perfecto, mañana tengo entrenamiento. Te espero allí y nos vamos a tu primer día de trabajo. Dame tu móvil…
—No puedo. Es decir, puedo, pero mi padre controla todo lo que me escriben. Lo tengo pinchado. —Se avergüenza y se pone nerviosa.
—¡Qué capullo! Ahora vengo.
Voy hasta mi casa y busco en mi armario, donde guardo los regalos que me hacen las marcas con las que trabajo. Algunos los uso, pero otro los dejo ahí por si los necesito.
Encuentro un móvil de prepago.
Lia no lo quería, porque el suyo es mejor, al igual que el mío. Por eso, lo dejé olvidado.
Voy a la casa de Everly y lo dejo en la mesa.
—Tiene dos tarjetas de prepago. Yo no lo uso. Es un regalo de promoción, pero te vendrá bien para ser libre.
—Si no me soportas, ¿por qué me ayudas?
—Soy idiota. ¿No te acuerdas? —Le anoto en una libreta mi número, el de Lia y el de Elara—. Aunque el de tu hermana tal vez te lo sepas de memoria, te dejo los tres apuntados. Escríbeme luego, cuando lo enciendas.
—Gracias.
—De nada. Ahora, cena algo. —Me marcho.
No debería ayudarla, ya que no es mi responsabilidad. Odio a las mujeres como ella, pero es hermana de Elara, alguien a quien quiero como si fuera mi propia hermana.
Me obligo a pensar que lo hago por esa razón. No puede haber otra explicación, ya que estar a su lado me pone nervioso.
Everly no es la única que finge que no me soporta a pesar de que nuestros cuerpos, cuando se sienten, reaccionan al otro.
Es una puta mierda no tener control sobre mis instintos más primitivos ante una mujer guapa y jodidamente sexi, pero no pienso ceder. Ni con un palo pienso tocar a la princesita.
Everly
Seth es el idiota más dulce que he conocido. Me recuerda a los ogros, que no paran de gruñir, pero que te ayudan con mala cara.
Abro el móvil mientras ceno y lo actualizo tras meterle la tarjeta.
Mi idea era comprarme un móvil, pero esto acelera las cosas, porque de dinero voy muy justa.
Pongo todo y miro el número de mi hermana. Claro que me lo sé de memoria, pero no podía contactar con ella sin que mi padre me llamara para recordarme que, si tengo relación con Elara, irá a por ella. El trato que tenemos es que mi hermana no existe para nosotros.
Escribo a Seth con mi móvil mientras pienso si llamar a mi hermana o no. Tengo miedo de que mi padre nos pille.
Seth me escribe:
Seth: Estoy preparando el aceite para mañana.
Everly: Qué ridículo eres…
Seth: No sabes dónde te has metido.
Everly: Lo hago para aprender de la vida, para… En verdad, solo lo hago para sobrevivir.
Seth: Todo suma, aunque no sepas para qué. No tardes mañana.
Everly: No lo haré. Te vas a arrepentir de ganar la apuesta.
Seth: Ya lo hago.
Dejo el móvil y sonrió, hasta que me doy cuenta y reprimo la risa.
Busco el teléfono de Elara y dudo un segundo antes de llamarla.
—Si eres publicidad de cualquier cosa, no me interesa —dice Elara al descolgar.
—Soy yo —indico—. Este es mi nuevo móvil. El otro lo tengo pinchado por papá.
—Cabrón. Vale, no pasa nada. Este es seguro, ¿no?
—Sí, este sí. No podía contactar contigo. Si lo hacía, iba a ir a por ti de nuevo. Ese era el trato. Por eso, ahora no sé si te estoy poniendo en peligro. A los dos…
—No le tenemos miedo —lo dice Joss, y sonrío—. Tú tampoco se lo deberías tener.
—No le tengo miedo —añado nerviosa—. Yo quiero a papá. Lo quiero mucho.
Demasiado, teniendo en cuenta lo poco que ha hecho por este amor, pero mi padre, para mí, es mi todo.
* * *
—Sin mí, no serías nada… Soy quien te cuida. Sin mí, acabarías muerta. Lo sabes. Sabes que sin mí nunca podrías ser feliz. —Aparto las palabras que mi padre me ha dicho desde niña.
Es un cabrón, pero no soy nada sin él…
* * *
—Yo no lo quiero. No puedo querer a alguien que nos ha hecho esto… Everly, tienes que romper con todo.
Muevo el anillo, agitada. Mi hermana nunca entenderá por qué agacho la cabeza.
—Tengo que colgarte. Estoy estudiando… Te llamo pronto, ¿vale?
Cuelgo el móvil, nerviosa. La gente nunca entenderá mi historia si no está en mi piel.
La gente solo me juzgará, me dirá que romper con todo es fácil, que no se puede ser lo que quiere papá…
, pero yo sigo siendo esa niña que esperaba una mirada dulce de ese padre al que quiere.
La gente nunca se pondrá en mi piel, porque no son yo.
Estoy sola en esto.