Capítulo 2
Seth
Mi madre entra enfadada en la cocina mientras esperamos que la princesita salga del aseo.
Lleva un buen rato y seguro que pensará que mi casa es un spa. Iba vestida con ropa fina y elegante; de esa que, en vez de hacerla parecer una joven de diecinueve años, la hacía parecer una estirada de treinta o más.
Estaba en mi jardín cuando la vi caerse de bruces. La verdad es que fue divertido.
—¡Su madre ha vendido todo lo de Elara! ¡Hasta la cama! A esa mujer deberían haberle quitado la custodia de Elara hace años.
—Lo intentaste, pero la policía se hizo la tonta —recuerdo y mi madre me fulmina con la mirada, pero luego asiente.
—Déjale tu saco de dormir. No puede dormir en el suelo y mañana pensaremos algo. Creo que tengo un colchón viejo y tu antigua cama en el fondo del trasero.
—No es tu responsabilidad —indico.
—No te he criado para que seas un capullo. —Mi madre me mira, dejando claro que hará lo que le dé la gana.
En realidad, no es mi madre de sangre, pero para mí lo es en todos los aspectos. Me adoptó hace años, cuando se casó con mi padre, y quiso criarme como un hijo.
De mi madre de sangre no quiero saber nada. Esa mujer no se merece nada de mí. Ni mis pensamientos.
Mi padre entra y mira a mi madre agitada.
—¿Qué ha pasado?
—Ha venido Everly y mamá se ha nombrado su defensora —informo.
—Ah, bien. ¿Dónde está?
—En el servicio, gastando toda el agua caliente —indico borde.
—Yo creo que está llorando en la bañera y el agua es para que no la escuchemos —apunta Lia.
—Esa gente no sabe llorar —respondo.
Mi padre me mira como si quisiera darme un sartenazo en la cabeza.
—Olvida tu animadversión por la gente de su clase y compórtate, Seth —me avisa.
Solo asiento, pero por dentro pienso que la princesa y yo cuanto más lejos estemos, mejor.
Everly se digna a salir del aseo. Parece más vulnerable con la ropa de mi hermana y el pelo suelto, hasta que alza la cabeza, recordando que es una niña de papá.
—Muchas gracias por todo, les pagaré por sus servicios.
Se hace el silencio en la cocina.
—No somos tus putos sirvientes —suelto molesto.
—¡Seth! —Me regaña mi madre—. No le hagas caso. No tienes que pagar nada. Ahora, vamos a cenar.
—Yo he perdido el apetito.
Me marcho a mi cuarto, que está sobe el garaje.
Paso por la puerta de la cocina y mi mirada se cruza con la de Everly. Es desafiante y la mía también. No sabe con quién está jugando.
Voy hasta la puerta que comunica con el garaje y mi padre se me acerca.
—Everly no tiene la culpa de lo que nos pasó, por lo que no la pagues con ella —me recuerda.
—Lo sé, pero no soporto a la gente que se cree superior a los demás. La odio.
—No todos son iguales.
No le respondo, pero por dentro pienso que ya lo veremos.
Abro la puerta del garaje y voy hasta las escaleras del fondo, que dan a mi cuarto. Subo y me encierro en él, agitado y nervioso.
La llegada de Everly no traerá nada bueno. Por suerte, en un año me largaré, si me fichan, a la liga profesional de hockey . Solo es un año…