Capítulo 48
Elara
Miro la nevera sin comida. Llamé a Remi desde el teléfono de mi vecina, Rose, y me dijo que mañana me traería ropa que no usaba y comida. Podría usar el dinero de la caja fuerte, pero he echado cuentas y con los gastos de la universidad me da para poco más.
No tengo móvil para pedir comida y bajar a comprar lo descarto, porque estoy demasiado nerviosa para deambular por un barrio que no conozco y arriesgarme a perderme sin la ayuda del GPS del móvil. Así que no tengo nada de comer y ropa, lo puesto…
Tengo que hacer una lista de gastos y buscar trabajo.
Temo que mi padre haga que me quiten la beca que tanto me ha costado conseguir con mi esfuerzo.
Espero que no.
Tengo miedo. Estoy aterrada.
Suena el timbre de la puerta y voy hasta ella, pensando que será Rose, que me ha dicho que me traería algo para cenar.
Abro sin mirar y veo a Joss, con la ropa ajustada. Demasiado.
El corazón se me dispara al verlo aquí.
Joss sonríe, hasta que me ve el labio partido.
Entra y me acaricia.
—¿Te ha pegado?
—Sí, mi padre no se tomó muy bien que lo dejara todo… ¿Qué haces aquí? Si lo saben…
—He renunciado a todo. No tengo nada, salvo esta ropa pequeña de Brice.
El muy cabrón me ha traído la que sabía que me quedaría peor.
Seguro que para hacerte llorar. —Coge mi cara entre sus manos.
El corazón se me desboca—. No tengo nada, Elara.
Salvo todo lo que siento por ti y un montón de sueños que espero cumplir a tu lado.
—Yo tampoco tengo nada. Salvo esta casa, una caja fuerte llena de dinero y mucho miedo.
—Yo estoy aterrado. —Apoya su frente sobre la mía—. Pero después de vivir sin ti, esto no me asusta tanto. Lo siento. Siento no haber llegado antes contigo a este punto.
—No era su momento. Teníamos que liberarnos para poder tener un futuro. ¿Estás seguro?
—¿De que te amo? Sí, bastante. —Me besa lentamente
—Joss, de lo otro. De renunciar a todo. Tú no eres como yo. Tú has vivido ahí siempre…
—Estoy seguro. Nunca fui feliz, Elara. Ahora tengo la oportunidad de serlo. Dejar de ser un dios no es tan malo. Por suerte, sigo siendo increíblemente sexi.
Pongo los ojos en blanco y se ríe.
Lo miro y me alzo para besarlo.
Me coge en volandas y enredo mis piernas en su cintura, para sentirlo más cerca.
—¿Por qué te ha tenido que prestar ropa Brice? —Besa mi cuello.
—Mi padre me dijo que no podía llevarme nada y me quedé en pelotas. —Me río y él hace lo mismo.
Toca mis pechos y suena la puerta.
—La cena.
—Ahora solo quiero comerte a ti. —Lame mi barbilla, pero bajo para abrir a Rose.
Mi vecina me tiende una olla con comida y una barra de pan en cuanto le abro la puerta.
—Quizás he traído poco.
—Nos bastará. Gracias.
Mira a Joss y luego a mí.
—Si lo tienes que recalentar, no metas la olla en el microondas. Hazlo a fuego lento en la vitro.
Le doy las gracias y dejo la cena en la encimera.
Joss me besa el cuello y toca mi cuerpo.
«Sí, la comida la tomaremos luego.»
—Quiero hacer algo diferente. —Mete las manos en mi sexo y jadeo.
—Me encanta lo nuevo. ¿Qué tienes en mente?
—Usar una cama. —Se ríe—. Nunca hemos usado una, salvo para dormir.
Vamos hasta la cama sin dejar de besarnos y dejando un reguero de ropa por el piso.
Al caer sobre el colchón, no llevamos ropa. Nuestros cuerpos se funden. Me encanta sentirlo encima de mí. Sentir su cuerpo dándome cobijo.
Entra dentro de mí con fuerza, sin dejar de besarme.
No tenemos prisa; ya no hay prisa para amarnos, pero nos deseamos demasiado para estar con preliminares. Hasta hace poco, pensaba que esto no era posible y aquí estamos.
Podemos ir rápido, porque quiero tener toda la vida para explorar a su lado mil formas de hacer el amor.
Sale y entra de mi cuerpo. Nos movemos juntos hasta que nos corremos.
Apoya su frente en la mía y me mira enamorado.
Hago lo mismo, porque ya no tengo que fingir ante nadie que Joss siempre fue mi único y gran amor.
* * *
Salimos a la escalera de bomberos para mirar el amanecer juntos.
—Este duele menos —dice, apoyando su barbilla en mi cabeza y abrazándome con fuerza.
Estoy sentada sobre él.
—Este no duele nada. —Besa mi cuello—. Tengo miedo de que todo lo malo que está por venir nos destruya.
—Yo no. Solo nos hará más fuertes.
Tomo aire y hace lo mismo.
Juntos dejamos que la ansiedad se marche.
Luego, lo beso mientras el amanecer se abre paso.
Nunca me canso de ver amaneceres con él. Ni atardeceres.
Ese día, en esa playa, no era consciente de que ese chico con el que la vida me hizo tropezar lo sería todo para mí.
—¡No tengo miedo al miedo! —grito, y Joss hace lo mismo.
—¡A la mierda el miedo!
—Vamos a por ello.
—Vamos, juntos. —Entrelazo mi mirada con la de él.
Ese día no era consciente de que esa mirada de esos ojos verdes sería mi lugar seguro, en el que perderme cuando amenaza la tormenta.
Pues al final aprendí que el mundo solo desaparece cuando la persona indicada para ti te toca y vuestros mundos colisionan hasta fusionarse en uno solo.