Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Epílogo
100%

Epílogo

Joss

Sirvo un café, que me ha salido horrible.

La clienta pone mala cara.

—Ahora le traigo otro. —Voy hasta la barra y Elara lo coge.

—Tienes que aprender de una vez.

Entro por debajo de la barra y la beso en el cuello.

—Otras cosas se me dan mejor.

—Sí, pero necesitamos comer. Así que mueve tu atractivo culo y atiende mesas. Yo me encargo del café.

La beso hasta que la encargada tose para que nos separemos.

Hace dos meses que estamos juntos.

Brice nos encontró el trabajo. También vino al día siguiente con una maleta llena de ropa, para Elara y para mí. Hemos usado el dinero de la caja fuerte para comprar lo más necesario y el resto lo estamos guardando para la universidad.

El equipo ayudó. También Remi y la novia de Brice.

Y yo que creía que estaba solo…

Cuando fui al entrenamiento, les di las gracias y les pedí perdón por mi comportamiento de los últimos meses.

—Ahora te tocará ganarte el brazalete del capitán —me indicó el entrenador y me dio unas palmadas en la espalda—. Todo pasará. Has hecho lo correcto.

Salimos a entrenar y me sentí en casa.

Elara me miraba desde las gradas, con una sonrisa y tomando notas de todo lo que hacía mal, cómo no.

Pero sus consejos me están haciendo mejorar.

También los de Seth, a quien le gusta mandar a Elara todo lo que ve mal en mis partidos.

Odio que vaya de listillo, pero gracias a él, Elara y yo estamos juntos.

Le debo una.

De nuestros padres no hemos sabido nada. Tampoco de Everly, lo que me inquieta.

Elara teme no saber de su hermana en mucho tiempo.

Salimos de trabajar y andamos hasta nuestra casa, agotados.

Al pasar por la puerta de Rose, esta sale y nos da la cena.

—Te debemos otra más —le dice Elara.

—El domingo os quiero a los dos en mi casa para jugar a las cartas.

—Eso está hecho —indico y le doy un beso en la mejilla.

Su familia está lejos y somos como sus nietos, ya que a nosotros sí nos puede malcriar.

Preparamos la cena y ponemos algo en la tele. No tenemos plataformas de pago y pongo una película antigua.

—Esa la he visto mil veces. Me gusta.

Miro a Elara, que sonríe.

—¿Eres feliz?

—¿La verdad? —Asiento—. Sí, aunque parezca mentira, viviendo con tan poco. Siempre tuve poco…, pero ahora siento que lo tengo todo y más. ¿Y tú? ¿Tú lo tenías todo?

—No tenía nada, Elara. No lo que importa. Así que sí. Soy feliz y un día haré mejores cafés que tú.

—Lo dudo. Eres malísimo. Solo te salvas por tu atractiva sonrisa.

—¿Solo por eso? —Le hago cosquillas y asiente, mientras me pierdo en ella.

Nos besamos y sabemos que la cena se va a enfriar.

* * *

Lo doy todo en el partido, como siempre, pero no quiero demostrar nada.

Soy el mejor y mi equipo también. He vuelto a ser capitán y trabajo con mis compañeros para ganar.

Cuando conseguimos la victoria, miro a Elara, que aplaude como la que más.

Entro en el vestuario y veo al entrenador con un desconocido.

—Joss King, tengo una oferta para ti —me dice y, cuando lo observo mejor, lo reconozco. Es el entrenador del equipo de Chicago.

Ha llegado el momento. Lo he logrado, mientras era tan feliz y ya no buscaba llegar aquí.

Hablo con él y me informa de que me quieren en su equipo profesional cuando acabe la universidad. Eso es en un año y solo pienso en contarle todo a Elara.

Acepto la oferta sin dudarlo.

Lo he logrado, joder. Lo he conseguido sin la ayuda de mi apellido.

Elara me espera fuera del vestuario. La cojo y giro con ella en brazos.

Se lo cuento todo mientras giramos y rompe a llorar. La miro preocupado.

—¿Qué pasa? Si no te hace feliz…

—Estoy muy feliz por ti. Si llegas a decir que renuncias por mí, te dejo de hablar durante… una semana. —Me río—. Lo has logrado.

—Lo he logrado. Voy a jugar en la NHL.

—La distancia solo nos hará más fuertes. Lo sabes, ¿verdad?

—Lo sé, pero aún tenemos un año por delante. El resto ya se irá viendo.

—Sí.

Nos besamos de nuevo, felices. Más de lo que hemos sido nunca.

Los sueños no se pueden cumplir sin sacrificio, sin esfuerzo y sin tener a alguien con quien disfrutar del logro. Si esto hubiera llegado sin ella, en verdad nunca habría alcanzado la felicidad.

Mis sueños solo son metas que quiero conseguir de la mano de las personas que más amo.

* * *

—Tengo una buena noticia y una mala —nos anuncia Lia en una videollamada, unos días antes de empezar mi último año de universidad—. La buena, primero —indica sola—. La buena es que Everly está en Chicago… con su novio. Esa es la mala.

—¿Cómo que con su novio? —pregunta Elara, agitada, y Lia le enseña un periódico de la ciudad donde pone que la hija del gran Rivera ha llegado con su prometido.

Es el hijo de un importante hombre de negocios.

No sabíamos nada de Everly, pero esto no lo esperábamos. Es un misterio más que nos toca esperar para descubrir.

Solo espero que no esté en un lío y que este noviazgo no haya sido para aplacar a su padre tras nuestras renuncias.

Aunque mucho me temo que sí.

Tenemos mucho que hablar con ella. Solo espero poder un día devolverle el favor que nos hizo y recuperar a mi mejor amiga y hermana de mi novia.

* * *

Salimos a tomar el aire, tras la cena, en la escalera de emergencia, que hemos decorado a nuestro gusto.

Elara se acomoda entre mis brazos.

—¿Crees que Everly estará bien?

—Creo que Everly es muy fuerte y sabe lo que hace. Y si no, estaremos ahí para ella. Además, estará cerca de los hermanos Carter y dudo que a ellos se les pase algo desapercibido.

—Eso sí, ellos nos irán informando. Al menos, no estará sola con mi madre.

Una madre de la que tampoco sabe nada.

—Todo irá bien.

—Sí, lo sé. A pesar de todo, soy feliz. Sé que poco a poco todo retomará su curso.

—Eso no lo dudes.

Nos besamos, sabiendo que somos más fuertes que nunca para enfrentarnos a lo que está por venir. Siempre juntos, pues no veo un futuro sin mi lugar seguro.

Elara es mi chica. La chica que me conquistó desde la primera vez que tropezó conmigo.

Es mi pasado, mi presente y mi futuro.

Mi única verdad.

Porque Elara supo leer siempre entre mis silencios; esos que existían porque la vida me había dañado tanto como para no saber poner voz al dolor.

Ella supo estar ahí para hacerme más fuerte, y yo a ella.