Capítulo 45
Elara
Mis amigos no entienden cómo puedo saber la verdad y no hacer nada.
Ellos no estaban ahí esa noche en la que vi a Joss roto, contándome la verdad.
Me vi con él, tan feliz, y supe que nunca podríamos ser nosotros mismos si estábamos juntos. Mi padre manipularía cada una de nuestras decisiones, hasta perdernos.
Solo podríamos ser libres si renunciamos a todo y si pierdo a mi hermana…, me muero.
No elegí. Como Joss dijo, no había otra elección. Solo había un camino que no destruyera lo nuestro, por el peso de nuestras elecciones.
He visto a Joss en la universidad y, cuando nos miramos, hay añoranza. Hay dolor y hay el deseo de que un día deje de doler tanto esta distancia.
Dudo que lo haga.
Ha pasado un mes desde entonces y esto no mejora.
Pero he empezado a pensar en mí y he pedido un traslado de carrera. Voy a estudiar Psicología y Derecho.
Sé que puedo con las dos.
Mi padre no se lo ha tomado bien, pero me ha dado igual.
Voy a empezar a ser egoísta.
Le conté todo a mi psicóloga y me dijo que tenía que aprender a vivir con el dolor.
No esperaba este consejo tan poco elaborado, pero es cierto. El dolor no se marcha, se ancla en el pecho y aprendemos a vivir con él.
Salgo de la universidad para ir a casa.
Me suena el móvil y veo que es un número que no tengo en la lista de contactos. Lo cojo extrañada.
—Elara, soy Everly. —Me sorprende la voz de mi hermana en apenas un susurro y que no me llame desde su móvil—. No tengo mucho tiempo, pero tenía que decirte algo.
—Yo también quiero decirte algo: ¿por qué ayudaste a papá a que me manipulara?
—Yo no hice nada. Papá debió de ver lo que vimos todos: que Joss y tú erais perfectos el uno para el otro.
No tengo tiempo. Me ha llamado Lia; ya que tú no me pones al tanto de nada, ella ha llamado al teléfono fijo.
No me dejan tener móvil, Elara. Papá me mandó aquí para que aceptara mi camino.
Cualquier cosa que te haya dicho, es falsa.
—Cabrón…
—Lo es, pero lo tengo controlado. No va a separarnos.
No lo hará nadie, pero tienes que dar un paso al frente…
Debes romper con esa vida. Yo no puedo… Ni quiero —añade—.
Pero tú, sí. Te voy a dar una dirección.
Ve hasta allí, donde te daré instrucciones.
Aunque no lo parezca…, siempre estaremos juntas.
No tienes que elegir entre Joss y yo, porque nuestro vínculo es indestructible y siempre hallaré la forma de estar al lado de mi hermana. Te quiero. No lo olvides.
Cuelgo con el corazón latiendo con fuerza.
Me llegan unas indicaciones.
Voy hasta el metro.
Al salir en mi parada, veo un barrio de esos que salen en las películas románticas.
Subo las escaleras de la casa a la que me ha mandado mi hermana y toco el interfono del primer piso.
Me abren.
«Joder, Everly y sus misterios.»
Al subir las escaleras, una mujer de unos sesenta años me espera con una sonrisa.
—Eres muy parecida a Everly.
—¿La conoce?
—Claro, yo era vecina de tu abuela. —Va hasta la puerta de un apartamento colindante y la abre.
Es un piso antiguo, decorado con objetos muy modernos.
Reconozco algunas cosas de Everly—. Tu hermana lo usaba para desconectar de todo.
Tu abuela se lo dejó poco antes de morir.
Ahora es tuyo también. —Pone las llaves en mi mano—.
Me escribió para decirme que entenderías el mensaje y que mires dentro del armario.
Al irme con mi madre, no tuve mucho contacto con mi abuela y los padres de mi progenitora murieron sin casi conocerme.
Por lo que sé, ganaron la lotería y eso les hizo perderse del todo. Nunca me extrañó esa historia, porque vivía con su hija y era lo peor.
La anciana se marcha y me quedo sola en el piso de Everly. Hay mucho que no sé de mi hermana, pero ahora sé un poco más.
Voy hasta el armario y veo una caja fuerte.
Pongo la fecha de nuestro nacimiento y se abre.
«Juntas, siempre», pienso.
Dentro hay dinero. Mucho dinero.
Me está ofreciendo una salida.
Yo haría lo mismo por ella.
«¿Seré capaz de enfrentarme a mi padre y empezar de cero?»