Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 40
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Capítulo 40

Elara

Mi padre me mandó a un retiro donde me han ayudado con mi ansiedad.

No era consciente de lo mal que estaba hasta que exploté. Al parecer, comer con ansia era uno de muchos síntomas. Las señales no se saben leer si están en un idioma que no entiendes.

Para todo el mundo estoy visitando a una prima, porque mi padre no quiere una sola debilidad en su familia. Tampoco me he quejado mucho, porque no podía enfrentarme al mundo. No sin Joss. No tras lo que me hizo.

Si yo era feliz sabiendo que todo era mentira, no sé por qué al final me hizo creer que la mentira se había convertido en realidad.

Hay muchas cosas que no me cuadran, porque podía haberlo dejado todo como estaba y no romperme el corazón un segundo más tarde.

Pero, según Mónica, que fue quien me contó todo, Joss sabía que mi padre estaba cerca, porque lo vio por la cristalera de la puerta de la habitación del hospital, y quiso presionarlo; y también a su padre.

Quiso descubrir hasta qué punto era importante que él formara parte de la empresa y hacerles una oferta antes de aceptar sus condiciones.

—Es un buen jugador de póker y tú una inexperta, Elara. Te han usado todos, porque en el fondo piensas que todos tenemos una parte buena. Acepta un consejo —cogió mi mano y la apretó con cariño—: no esperes nada bueno de esta gente. Acepta lo que te dan, sonríe y pon buena cara.

Vi la tristeza en sus ojos un instante, antes de que sonriera.

Tal vez ella también finja que todo va bien con mi padre.

Saber lo de Joss me provocó otro ataque de ansiedad; al quedarme sola, empecé a llorar hasta romperme de nuevo. El corazón me dolía demasiado.

Estar enamorada de una persona que solo te ha usado es horrible.

Lo peor es que no me cuadra nada. No sé cómo pudo ser tan cruel de darme esperanzas al final para romperme el corazón cuando más débil estaba. Está claro que, si lo hizo en ese momento, es que es un ser sin corazón.

Todo fue un juego… y yo fui el peón más débil desde siempre.

Salgo de mi cuarto para ir a desayunar.

Este lugar es muy bonito y me ha ayudado mucho. La gente es muy dulce y los primeros días me dejaron sola, hasta que vieron que podían acercarse a mí.

La ansiedad es una enfermedad que te consume lentamente, hasta que da la cara. Que la gente la siga viendo como una debilidad me asquea.

Yo no soy débil y en este lugar lo entendí.

Todo lo que he vivido en mi vida, todo lo que dejé para luego, todo lo que no superé, estaba esperando el momento para salir a flote.

Estoy mejor y en una semana regresaré a Nueva York. Para Navidad y los exámenes, aunque tengo claro que no quiero seguir con esa carrera.

Deseo ser abogada para defender los intereses de los niños en los divorcios, que al fin y al cabo son los que más sufren. Como yo.

No he parado de darle vueltas a cómo establecieron el acuerdo como si fuera una película. Debieron pensar que era lo mejor para nosotras, pero lo mejor habría sido estar juntas.

Everly creo que no sabe nada de todo esto. Sigue perdida en su mundo, cogiendo fuerzas para enfrentarse a mi madre.

Las va a necesitar, porque nuestra madre es muy tóxica…, pero he dejado de preocuparme por ella. No puedo salvar a quien no quiere ser salvado.

Al final, los miedos son metas que hay que superar y que nos harán más fuertes.

Yo me siento más fuerte que nunca. Estoy lista para volver y estar al lado de un padre egoísta. Podría romper con todo, pero necesito a Everly en mi vida. Me da miedo que mi padre me prohíba ver a mi hermana y Everly es solo un títere más en sus manos.

Ando hasta la ventana antes de coger algo de comida. Hay infinidad de cosas ricas, pero quiero observar el paisaje antes. Sin miedo a que la comida se acabe o sin la ansiedad de comer para sentirme bien.

Me siento en paz, sin tener que atiborrarme.

El paisaje está formado por una montaña y cerca hay un lago. Es un sitio precioso.

He llamado a Lia una vez a la semana por medio del teléfono de la clínica. No tengo móvil ni se me permitió contacto con el exterior hasta que estuviera mejor, ya que querían que pensara en mí, que me cuidara y mimara, sin pensar en nadie más.

—Es bonito este amanecer, ¿verdad? —La psicóloga se pone a mi lado; se llama Mari.

—Muy bonito.

Sonríe con cariño.

Me costó abrirme a ella, contarle todo, pero cuando lo hice, no me juzgó. Solo me escuchó con calma.

—Los miedos siempre son importantes, por pequeños que a ti te parezcan —me dijo cuando le expliqué lo de mi asco o miedo a tener sexo, pensando en mi madre y sus novios—.

Cuando un niño es pequeño, tiene miedos que a los adultos nos parecen insignificantes, pero para ellos son importantes.

Restar importancia a sus miedos hace que, cuando tengan otro más grave, no nos lo cuenten.

Cada miedo es una batalla vencida y superarlo nos va haciendo más fuertes.

Por eso, hasta los más insignificantes son importantes. Nunca creas lo contrario.

Sus palabras me hicieron sentir mejor y le conté todo. Le hablé del dolor de una madre para la que nunca he sido importante, mi insistencia a creer en ella, en creer que un día pudiera cambiar, o en un padre que prefiere su imagen y su empresa antes que todo lo demás.

—No elegimos los padres que nos tocan y, tristemente, no todos se ganan el premio al padre del año —bromeó—. No eres la adulta responsable en esta historia, Elara. Es hora de que pienses en ti y que sus errores no te duelan como si fueran tuyos.

Hablar con Mari ha sido una calma constante. Por eso, cuando regrese seguiremos hablando con videollamadas.

Regreso al presente y me giro para mirarla con una sonrisa.

Ando hasta la zona bufé y cojo algo de comer. Solo lo justo; lo que sé que me voy a comer.

Veo chocolate y pienso en Joss. Duele mucho pensar en él, porque a su lado era muy feliz. Era mi lugar seguro.

«Todo fue mentira», me recuerda una voz que intenta que no me acuerde de él, para que deje de doler.

Voy hasta una mesa con varias personas y desayuno con ellos, hablando de varios temas.

En este sitio hay gente con mucho dinero y he visto que todos somos iguales; que hasta el que parece más feliz está lleno de taras por dentro. No son dioses del Olimpo, sino personas que a veces no saben cómo sobrellevar su vida de lujos.

Todos somos iguales cuando el mal acecha.

* * *

Mi padre no ha venido a por mí, pero Mónica sí está aquí. Estaba ahí, al lado del chófer.

Cuando llegué, emitió una pequeña sonrisa y me dijo que se me veía bien.

—Aunque no tan bien como con mis cuidados —apuntó.

—Odio tus cuidados. No te lo tomes a mal, pero no me gustan.

Sonrió y me dio un apretón. Estoy intentando ser sincera y dejar de mentir.

—Ya encontraremos algo en lo que las dos seamos felices, si te apetece.

—Me apetece. —Al fin y al cabo, ella no tiene la culpa de nada.

Ahora estamos ante la puerta de mi apartamento, juntas.

Miro el de Joss y noto dolor en el corazón.

—No vive ahí —me informa Mónica—. Se ha ido a vivir a la casa de sus padres.

—Mejor… ¿Por qué nos enamoramos de personas que no existen y, cuando sabemos la verdad, seguimos aferrados a ellas?

—Porque en el fondo nos engañamos creyendo que la mentira era real. —Una vez más, veo dolor en sus ojos.

—¿Por qué sigues con papá?

—Por Everly. Es como una hija para mí. No quiero perderla y, ante la ley, no es nada mío. Ni tú tampoco. No hemos empezado con buen pie, pero yo… quiero estar ahí.

—Te entiendo. Yo tampoco sé cómo romper con todo sin que me prohíban ver a mi hermana. Si pierdo a Everly, es como perder mi otra mitad.

—Lo sé. Seguro que encuentras la forma. Ahora, abre la puerta, dentro te espera una sorpresa.

Hago lo que me dice, curiosa, y me encuentro a Lia, Seth y sus padres.

Lia corre a mis brazos y nos fundimos en un fuerte abrazo. Lloramos de alegría y de tristeza. Todo junto.

Seth se acerca y me revuelve el pelo. Sus padres, cuando pueden, me abrazan. Siempre fueron más padres que los míos.

Mi infancia no fue todo lo mala que yo creía. Gracias a ellos, tengo cientos de momentos felices.

La verdadera familia no es la que solo está en tu vida por la sangre que nos une. Es la que está ahí sin que nos una nada más que el cariño desinteresado.

Han comprado tarta y decorado mi piso para Navidad.

Mónica se queda con nosotros. No he tenido tiempo para conocerla mucho, pero que esté aquí ya es un paso. Y me gusta que esté aquí.

Tras la cena, se van todos menos Lia.

Sus padres han alquilado una casa para pasar las Navidades. Les va a costar todo esto un dineral y cuando se lo dije, me respondieron:

—Eres de nuestra familia. Por los miembros de la familia se hacen imposibles. —En ese momento, abracé con fuerza a la madre de mi amiga—. Todo irá bien, pequeña.

Ella siempre fue mi abrazo cuando las cosas no iban bien en mi casa.

—¿Cómo estás? —me pregunta Lia, ya solas, en la cama para dormir.

Está la luz apagada y no se escucha nada, salvo nuestras respiraciones.

—Mejor, pero lo de Joss sigue doliendo… y mucho. Estar aquí me recuerda toda nuestra gran mentira.

—Tiene que ser buen actor, porque no parecía mentira.

—Pues lo era. Y yo caí…, porque era mi primer amor.

—Lo sé. Vas a tener que volver a verlo. Te hará daño, pero te hará bien para pasar página.

—Sí, intentaré no sacarle los ojos. —Se ríe y mis labios se curvan un poco—. No sabía que estaba tan rota…

—Yo tampoco lo vi. Te veía tan fuerte… Lo siento, pero a veces tendemos a pensar que las personas más rotas son aquellas que lo parecen, sin darnos cuenta de que hay gente que sonríe para ocultar su mundo hecho pedazos. Debí fijarme más… ¿Qué clase de amiga soy?

—No seas tonta, esto no es por tu culpa. Yo tampoco era consciente de todo el daño que me habían hecho todos estos años hasta que exploté.

—Pero soy tu mejor amiga y debí haberlo visto…

—Tenía que pasar por esto. Ahora ya lo sé.

Tenía que romperme para hacerme más fuerte.

He aprendido mucho. No cambiaría este momento.

Ahora sé cómo lidiar con mi ansiedad. Lo he pasado mal…

, pero ahora solo pienso en la suerte que tengo por lo bueno que me ha dado la vida.

Antes solo pensaba en lo poco que la vida me había dado.

—Esa es mi chica. —Se le abre la boca por el sueño.

—Vamos a dormir.

Nos deseamos las buenas noches y dormimos juntas, con las manos cogidas y la tranquilidad de tener a la otra cerca.

Lia y Seth son como hermanos para mí y de pequeña me sentía culpable porque le estuvieran quitando su sitio a Everly. Ya no. Tengo suerte de tenerlos. Nadie quita el sitio a nadie. Cada uno cumple su función en la vida de otras personas.

Cierro los ojos y de nuevo pienso en Joss, en su traición, y sé que no estoy lista para verlo, pero cuando llegue ese momento, lo miraré a los ojos y trataré de que no vea que, a pesar de todo, lo sigo amando.