Capítulo 39
Joss
Elara despierta cuando cuelgo al entrenador. Me ha informado de que han elegido a un compañero que es muy bueno, pero no está a mi nivel. Habría tenido fácil conseguir ese puesto. Los dos lo sabemos. Antes de colgar me dijo:
—Yo, en tu lugar, habría hecho lo mismo, pero esas decisiones no entran en la liga profesional. Antes eres jugador de hockey que novio de alguien.
—Lo sé.
—Tal vez haya otra oportunidad.
—Tal vez.
Miro el móvil y lo dejo sobre la mesa, donde está la cena que han traído para Elara.
Observo la cama y veo como abre los ojos mientras las lágrimas caen por sus mejillas.
—¿Cómo se puede querer a alguien que te hace tanto daño?
—No pienses ahora en eso. —Acaricio su mejilla—. Piensa solo en el novio tan guapo que tienes. —Se ríe, tal y como esperaba—. Tienes que estar fuerte para salir de aquí. Luego, ya hablaremos, con gran cantidad de comida basura delante. —De nuevo, sonríe.
—Tengo el mejor novio del mundo.
—El mejor, por supuesto. —No estoy mintiendo y no quiero que ella lo haga. Deseo serlo todo para ella, pero no pregunto, por miedo a que esté actuando. Me mataría saber que solo yo he hecho realidad esta mentira—. Remi está fuera. Quiere verte.
—Dile que pase.
Abro la puerta y entran Remi y Brice.
Cuando este último me mira, me dice que lo siente, ya que era una gran oportunidad.
Me guardo el dolor del futuro que me espera, porque pasaría por esto mil veces y siempre la elegiría a ella.
Remi y Brice se quedan un rato y esto anima a Elara, que, poco a poco, recupera el color.
Cuando se van, se incorpora en la cama.
—¿Mi padre lo sabe?
—Sí.
Asiente y me pide ir al aseo.
La ayudo y, cuando me quedo solo, escribo a su padre para decirle que está bien.
Me responde:
Sr. Rivera: Por suerte, la prensa no se ha hecho eco de esto. La ansiedad es una debilidad.
No, no lo es. La ansiedad es una enfermedad, síntoma de cuando el alma se te rompe hasta el punto de necesitar ayuda.
¡No es una puta debilidad!
Que la gente no hable con propiedad de esta dolencia es lo que hace parecer que alguien puede apagar y desconectar la ansiedad cuando quiere.
Elara es la mujer más fuerte que conozco y esto no habla de debilidad, habla de fuerza.
La fuerza con la que ama la vida y cómo vivir la ha roto mientras intentaba ser feliz.
Escucho las lágrimas de Elara y entro al aseo.
La veo llorando ante el espejo.
—Eh, todo pasará.
—Mi madre… Mi madre me ha llamado. —Esto solo podía ser obra de sus padres—.
Me dijo que, desde que me fui, era más feliz porque al fin había tenido que dejar de preocuparse por mí.
Me comentó que se había enterado de lo fresca que era y que, ya que era una puta, cobrara por ello…
—Me abraza con fuerza—. Le dije que la odiaba y que odiaba cada día a su lado.
Le grité que había hecho de mi vida un infierno y que era la peor madre del mundo.
Por su culpa, había odiado el sexo, porque odiaba escucharla gemir, a ella y a sus novios…
Le solté todo lo que había guardado durante años y me dijo, antes de colgar, que no la volviera a llamar, porque estaba muerta para ella.
Acaricio su espalda.
—Me sentí horrible, una mala persona. Me vi sola, agitada, y no puede evitarlo. Cuando me quise dar cuenta, el dolor me había roto y no recordaba cómo era respirar. ¿Crees que soy mala persona?
—No, no lo eres. Al final, la verdad sale. Nos guste o no. Llevas años callando todo eso y has explotado. Decir la verdad no te convierte en mala persona. A tu madre, sí, por no asumir sus errores.
—Solo quería… Solo quería que dejaran de doler sus errores.
Acaricio su mejilla.
—Con el tiempo, esto solo te hará más fuerte. Has dado un paso importante, Elara. Estoy orgulloso de ti.
—Ahora no me siento fuerte.
—Eso es porque no te miras como yo lo hago.
Sonríe y la beso dulcemente.
La ayudo a ir a la cama y se duerme, por todos los sedantes que lleva.
No me separo de ella en toda la noche. Estoy donde debo estar.
Elara
—Sí, lo sé. Sé que el ojeador quería verme a mí ayer… Gracias por llamarle para que me diera otra oportunidad, aunque no haya podido ser. Sí, si tengo que jugar en la liga profesional, ya llegará otra oportunidad. —Joss se gira y me ve despierta.
Poco a poco, asimilo lo que acabo de escuchar.
Cuando Joss me llamó, no sabía qué hora era. Trataba de controlar los acelerados latidos de mi corazón. Tampoco sabía lo del ojeador y que lo dejó todo por venir conmigo…
¿Significa eso que le importo de verdad? Debe de ser eso y saberlo no me hace feliz, porque por mi culpa ha perdido una gran oportunidad.
Noto los ojos llenos de lágrimas.
—Tengo que colgarte. —Cuelga y viene hacia mí—. ¿Cuánto has escuchado?
—Lo suficiente. No debiste dejar todo por mí…
—Lo haría una y otra vez. Es mi decisión, Elara, y no me arrepiento. Llegaré a la liga profesional. Soy el mejor. Esto solo es un retraso, ¿vale?
Noto como su seguridad me tranquiliza. En sus ojos veo esa verdad. No se arrepiente.
—Dime en qué momento pasé de fingir que estaba enamorada de ti a enamorarme de verdad —le pregunto, quizás porque estoy débil—. Olvídalo… No estoy preparada para que me rechaces.
Me besa con dulzura.
—¿Y si te digo que siento lo mismo?
El corazón me late fuerte, pero esta vez no duele.
—Al parecer, hemos dejado de fingir. Bueno, tiene su punto, porque así podré besarte cuando quiera sin tener que reprimir mis ganas. Como ahora mismo. —Lo beso y disfruto de él.
Es increíble como un momento horrible ha traído uno feliz.
Llaman a la puerta y esta se abre. Aparece mi padre, que, al vernos juntos, pone buena cara. Le gusta este juego. Al fin y al cabo, estamos haciendo lo que él quiere.
—Qué bien veros juntos y tan contentos. Se os ve muy enamorados.
Os he escuchado por el resquicio de la puerta.
—Siento un escalofrío, aunque ya debería de estar acostumbrada a lo entrometido que es—.
Lo de que Joss lo dejó todo por ti, y eso quiere decir que le importas.
Veo que estás mejor, hija, y bueno, para que la gente vea lo felices que somos, en una semana será vuestra fiesta de compromiso —lo suelta dejando claro que solo le importa su mundo y sus negocios—.
Antes tenéis que firmar unos papeles. —Se acerca y noto que el corazón me duele de nuevo.
¿Por qué va tan a saco? ¡Estoy mal! ¿Acaso no lo ve?
Se me acelera más el corazón… No recuerdo cómo se respira.
Veo mi futuro en gris…—. Siempre quise que mi empresa estuviera en tus manos.
—Da unas palmadas en la espalda de Joss—.
Y tú puedes dejar la universidad —me dice—.
Si quieres ir a un retiro a mejorarte, o donde quieras, sin problemas.
Mi negocio es cosa de hombres y tú solo tienes que poner buena cara en las fotos.
El corazón duele. Ese futuro me da ganas de vomitar.
Joss lo mira enfadado.
—Juntos, como siempre soñé. Everly me contó lo que pasó hace años.
De esa especie de atracción que sentíais ya de más jóvenes.
Dedujimos que, cuando volvierais a encontraros, todo marcharía sin problemas.
Sabíamos que entre vosotros dos había algo tan fuerte que os haría aceptar todo lo que os exigíamos.
Como ya os he dicho, os he escuchado tras la puerta y podéis dejar de fingir.
Todos sabíamos que lo hacíais; que todo era una farsa.
Pero era necesario mantener el secreto para llegar a este punto en el que no podéis vivir el uno sin el otro.
Hemos sido títeres en sus manos.
Empiezo a pensar que era él quien provocaba todos esos rumores en la prensa para llevarnos hasta este momento. Es como cuando dejó correr el rumor del embarazo, porque le beneficiaba.
Mi padre tiene mucho poder y ahora entiendo cuánto.
El corazón me duele hasta el punto de que creo que se me va a romper.
Joss me observa preocupado y llama a los médicos.
En el fondo, sé que si, para tener a Joss, tengo que pasar por todo esto, lo haría, pero duele. Duele mucho… ¿Por qué no puedo ser libre?
Joss
Asimilo cómo nos han manipulado mientras esperamos noticias de Elara fuera de su habitación.
Saber que Everly nos ha traicionado duele, pero más que hayan jugado con nosotros para que nos enamoráramos, hasta tenernos cogidos sin manera de escapar.
Ahora todo encaja, porque usaron a Ivar para presionarme…
¡Joder! ¡No lo vi venir!
Si sigo con Elara, ella nunca será libre y estar conmigo no la hará feliz. Tristemente, para que sea fuerte, para romper con todo y que sea feliz, tengo que dejarla ir.
No quiero perderla, pero la perderé de todas formas si a mi lado tiene que llevar esta vida.
Quiero que sea feliz. Quiero que sea libre.
Elara no ha sido criada por su padre y tiene una salida, a diferencia de mí.
Hoy lo he visto claro.
Nunca seré libre. Mi padre ha jugado conmigo y seguro que hasta sabían lo del ojeador.
Nos tienen controlados y, al fin y al cabo, yo he nacido dentro de este mundillo. Elara, no, y pueden acabar con ella sin que se dé cuenta.
Hoy he visto su dolor, su pánico, y me mata ver como juegan con su vida. Ya ha sufrido suficiente por culpa de unos padres egoístas.
Es triste, porque fuimos dos tontos buscando excusas para estar cerca del otro sin darnos cuenta de que eso nos conducía de lleno a amarnos sin remedio.
Ahora ya es tarde para dar marcha atrás… Lo que siento por ella me dolerá toda la vida si la pierdo.
Pero si sigo a su lado, no será libre.
Si me quedo a esperar que esté bien, no creerá que no la amo. Si me voy cuando ella más me necesita, podrá ser libre.
Siempre he sido un cabrón para no sentir nada y ella ha roto todas las barreras. Ojalá siguiera con un corazón duro, que no siente, para sobrevivir a unos padres y unos amigos sin sentimientos, pero no lo soy.
Lo que voy a hacer me está matando, pero más me mata que un día pierda su sonrisa por culpa de su padre y el mío.
He tomado una decisión.
No hay vuelta atrás.
—Sabía que nos estabas escuchando —miento al padre de Elara—. Ella no me importa, pero quería que pusieras las cartas sobre la mesa. Sabes lo bueno que soy jugando al póker.
—Eso es mentira. Elara te importa.
—No, para nada. Solo quería saber hasta qué punto yo os importaba en la empresa y haceros una oferta. Si me queréis, me tendréis, pero con mis condiciones: Elara se queda fuera de todo esto. No la necesitamos y ella no sabe de nuestro mundo. Solo nos entorpecería.
—Sí, eso he visto. No está preparada.
«Cabrón», pienso, pero me aguanto las ganas de partirle la cara.
—Me marcho. Ya hablaremos de mis condiciones.
La puerta de Elara se abre y la veo en su cama, dormida. Tranquila, ajena a que ante ella voy a parecer el ser más horrible del mundo. La veo tan pálida, que sé que estoy tomando el camino correcto, aunque quizás nunca sepa el sacrificio que estoy haciendo.
Aparto la mirada para que su padre no note cuánto me importa y me marcho hasta mi coche sintiendo que el dolor no me deja respirar.
Cuando entro en el vehículo, estoy temblando. No puedo controlar mis temblores.
Perderla me mata.
¡Joder! Siempre supe que no nací libre… No para amar ni para elegir mi camino, pero durante un tiempo, al lado de Elara, supe lo bonito que sería ser amado por alguien que solo te ve a ti por encima de todo lo demás.
Ella siempre me vio en cada uno de mis pesados silencios y ahora… Ahora la dejo ir, porque la verdad al fin ha mostrado sus cartas.
No se puede vivir eternamente en una mentira.