Capítulo 37
Elara
He quedado con Joss para ver una película en su casa.
Al final, no hemos tenido citas aparte de ir a fiestas o a los partidos; la gente ya no duda de lo nuestro y no son necesarias. Cuando hemos quedado a solas, era solo como amigos.
Ahora me preparo para ir a su casa, para estar a solas con él.
Nos hemos acostado, hemos fingido ser novios, pero hoy es algo diferente.
Vamos a cenar y ver una película en el sofá.
El otro día le dije que lo echaba de menos, pues era algo que hacía con Lia, así que me citó el viernes en su casa, cuando terminara el entrenamiento, y me indicó que traería algo de cena.
Y aquí estoy ahora, frente a mi armario, sin saber qué ponerme para ver una película en casa de mi novio falso, que ya me ha visto sin ropa.
Estoy siendo ridícula, pero hoy no tenemos que fingir. Es algo para nosotros. Como cuando vimos el amanecer hace dos semanas. Desde entonces, solo nos hemos visto en la universidad.
Me hubiera gustado verlo más, pero tengo miedo de lo que siento.
Miro mi ropa sin saber si ponerme algo más casual o ir más arreglada.
—¡Joder! —grito al verme en el espejo con un vestido demasiado formal.
Al final, me pongo una sudadera ancha y unas mallas. Si voy muy arreglada, pensará que me gusta… Aunque no iría muy desencaminado.
Me encanta, me fascina… Me he enamorado de ese zoquete. O tal vez siempre lo estuve y lo buscaba en otro, sin éxito.
Por eso acepté esta locura. Esos besos…, porque siempre fue mi primer amor.
No pasa nada. Lo tengo todo controlado. Cuando cada uno siga su camino, seremos amigos… y lo echaré de menos cada jodido día de mi vida.
Nada que no pueda superar.
Llamo a Lia en videollamada y me descuelga Seth.
—Mi hermana está con un chico abajo, hablando con mis padres.
—¿En serio? —Asiente—. Parece que es serio.
—Eso parece. Aunque el tío es un soso de categoría, pero les encantará.
—¿Y por qué tienes su móvil?
—Porque paso de esa reunión tan estúpida y estaba buscando en su cuarto unos altavoces.
—Ah.
—¿Qué quieres? Lo mismo te puedo ayudar.
—¿Voy muy arreglada para una «no cita» con Joss? —Me mira—. Olvídalo. Es una tontería.
—Vas como si fueras a cenar con un amigo que no te gusta nada.
—Entonces, perfecto.
—Salvo por el hecho de que te gusta, y mucho.
—Tampoco tanto. —Alza una ceja oscura—. No quiero que sepa lo que siento.
—Entonces vas muy bien. Dices a gritos que no te toquen, porque no hay curvas.
—Eres un bruto. —Sonríe—. Voy a sufrir, ¿verdad?
—¿Y cuándo no lo has hecho? —Se me encoge el corazón, porque es cierto—. Dile lo que sientes, Elara.
—No, porque Joss tiene planes y yo no entro en ellos. No quiero atarlo a mí, porque eso sería atarlo a mi padre. Quiero que sea feliz… con sus sueños.
—Deberías dejarlo elegir. A no ser que te dé miedo que no te elija a ti y eso te destruya, porque tus mierdas de padres nunca lucharon por ti.
—Gracias, ahora tengo ganas de ponerme música lenta e hincharme a llorar.
—De nada. Vete a tu «no cita» y disfruta.
—Sí, eso haré. Hablar contigo me está deprimiendo.
—Para eso estamos. —Sonríe de medio lado—. Todo irá bien y si no…, le parto la cara.
—No todo se resuelve con los puños.
—Lo que merece la pena, sí.
Nos despedimos y no le doy más vueltas.
Me voy a casa de Joss para esperarlo.
Preparo la mesa, a la espera de que llegue, y busco alguna película que le pueda gustar.
Estoy nerviosa. Era más feliz cuando a quien mentía era a mí misma.
Siento a Joss tras la puerta antes de que meta la llave.
Aguanto la respiración y, cuando entra y me sonríe, el corazón me estalla en el pecho.
«Joder…, como lo note, tengo un problema.»
—He traído pizzas… ¿Estás bien?
Asiento y sonrío. Alza una ceja rubia.
—Todo hipermega perfecto. —«Idiota», pienso—. Nada raro.
«Solo que he admitido que estoy enamorada de ti y ahora no sé cómo fingir que no siento nada. Era más feliz mintiéndome a mí misma. Al menos no lo miraba con cara de psicópata.»
—No me lo creo —indica y deja las pizzas en la mesa. Luego, me toca la frente, preocupado, y al ver que no es fiebre, me acaricia la mejilla—. De verdad, ¿estás bien?
—Un día intenso de estudios, nada más.
—Vale. He traído dos pizzas grandes. Cada mitad de una cosa. Espero haber acertado.
—Seguro que sí.
—Voy a ponerme cómodo.
Se marcha y abro las cajas.
Cuando regresa, lleva un chándal cómodo y ancho.
Me lo como con la mirada sin que lo note. Hasta que me toca la cintura y nos miramos a los ojos con intensidad.
—Estás muy rara esta noche. —Besa mi mejilla con dulzura y casi gimo de placer por sentir sus labios—. ¿Todo bien de verdad?
Que se preocupe tanto por mí me gusta, porque no he tenido en mi vida muchas personas a las que les importe cómo me encuentro.
—Que sí, pesado. —Lo empujo y cae al sofá. Tira de mí y aterrizo sobre él. Su boca y la mía quedan muy cerca y quiero besarlo. Quiero perderme en él…, pero ahora no tengo excusas para ello—. Vamos a cenar. A ver si la película que he elegido te gusta.
—Seguro que sí.
Le doy al play y tomo un trozo de pizza.
Estamos muy juntos y soy muy consciente de como se rozan nuestras rodillas. Con cada roce, mi cuerpo vibra.
Intento no mirarlo de reojo, porque sé que notará el deseo que brilla en mis ojos. Por eso, me centro en la película y en la pizza, que está deliciosa.
Cuando me lleno, Joss sigue comiendo, hasta que guardamos lo sobrante para seguir viendo la película.
La película está bien hasta que a la protagonista, siendo una niña, le pega su madre.
Me quedo paralizada. Mi mente deja de ver a esa niña y ve a una madre borracha y drogada comportarse como una loca.
—¿Elara? ¿Por qué estás llorando? Joder…, ¿qué pasa? —Joss me coge y me sienta sobre él, preocupado—. Puedes contarme lo que sea.
—Debería estar superado. Fue hace muchos años… Diez, para ser exactos. Pero hay heridas que nunca cicatrizan.
Seca mis lágrimas con los dedos.
—Háblame, Elara.
Solo he hablado de esto con Lia, porque fueron los que detuvieron a mi madre.
—Mi madre, desde que yo era pequeña, se gastaba el dinero que ganaba en el trabajo en fiestas y drogas.
Me dejaba sola en casa y le pedía a la madre de Lia y Seth que estuviera pendiente de mí.
Por eso, ese día estaban cerca cuando escucharon mis gritos.
—Joss mete la mano bajo mi sudadera para acariciarme la espalda—.
Mi madre llegó con su novio del momento.
Los dos estaban muy contentos y a él le molestaba tenerme cerca.
Estaba pintando en la mesa del salón, viendo la tele.
No quedaba mucho para que fuera a cenar a casa de los padres de Lia.
»Mi madre me ordenó que me fuera ya, pero le dije que estaba acabando el dibujo que quería regalar a Lia.
»El novio le insistió y mi madre me lo pidió de nuevo, pero le dije que no… Me cogió del pelo, para sacarme de la mesa, y empecé a gritar. Luego me tiró contra la mesita de centro con rabia y perdí el conocimiento.
»Desperté en el hospital con mi madre pidiéndome perdón. Según ella, solo quería apartarme y que me largara, pero no buscaba hacerme tanto daño.
»Le pregunté por mi padre… —noto las lágrimas correr por mis mejillas— y me dijo que estaba muy ocupado y que no podía venir a verme.
Quería que mi padre lo supiera, para que me sacara de ese infierno.
Creía que no lo sabía, pero sí lo sabía y no hizo nada, porque dos hijas estorbaban su vida perfecta.
¿Qué padre sabe que su hija ha sufrido agresiones por parte de una madre y no lucha por la custodia?
—Uno al que le importa más su empresa. —Asiento.
—Nadie denunció a mi madre. Dijeron que me caí yo sola. Los padres de Lia no dijeron nada, pero amenazaron a mi madre con que, si me tocaba de nuevo, lo contarían y utilizarían todo su dinero para que se pudriera en la cárcel.
»No me tocó nunca más. Ella siempre hacía como si no viviera en la misma casa. Salía y entraba sin dar explicaciones y sin importarle si yo comía o no. Siempre me decía que, si me daba hambre, fuera con los vecinos.
»En el colegio no era mejor, porque mi ropa estaba tan gastada que se metían conmigo. Yo me enfrentaba a ellos, porque no eran peores que mi madre, pero, para hacerme daño, pegaban a Lia. Me metía en peleas para defenderla.
—Vaya vida.
—Sí, Everly no sabe lo que le espera, aunque nuestra madre trabaja ahora en una empresa y está un poco más centrada. Sigue siendo pasota y descuidada. Egoísta como ella sola y muy fría.
—Se las apañará. Everly tiene mucho carácter y no deja que nadie se le suba encima.
—Sí, y te sonará raro, pero no he hablado con mi madre desde que estoy aquí. Cuando estaba allí, me preocupaba de hacer comida para las dos. De intentar que comiera y que no muriera por las borracheras…, pero no me tocaba hacer de madre.
—No, creo que tus padres se pelearon por vosotras para joder al otro y aceptar ese trato fue porque ninguno quería niños.
—Bueno, eso es cierto, pero mi padre quería solo un hijo, al que moldear a su gusto.
—Sí. —Sube sus caricias por mi espalda. La piel se me pone de gallina por su contacto—. Siento todo lo que has sufrido.
—No fue tu culpa. No podías hacer nada. Por eso no entiendo como, tras todo eso, no me ha sido más fácil fingir aquí.
—Porque esperabas al fin ser libre. —Los ojos se me llenan de lágrimas cuando asiento—.
Yo no he tenido una vida tan dura, salvo por los bofetones de mi padre, pero solo le cogí asco a él.
Aparte de que mis padres son unos egoístas, a los que nunca les he importado de verdad. Pero nunca me ha faltado comida…
—No te quites importancia. Cada uno lleva su propia carga. Lo que te hizo tu padre, su indiferencia, todo eso, te marcó. Una bofetada a tiempo, como dicen, no mejora las cosas.
—No, yo me sentía humillado con cada bofetada. Era como si rompiera algo dentro de mí.
—Sé lo que es eso. Quieres a unos padres que no te merecen y los respetas, a pesar de que ellos nunca te han respetado a ti.
—Hay padres que no merecen ser padres.
—Eso es cierto. No todo el mundo nace con ese instinto.
Sube sus caricias hasta mi sujetador.
Paso las piernas a cada lado suyo y nos miramos con intensidad.
Ahora mismo, tras contar lo que me avergonzaba, como si yo hubiera tenido la culpa de todo, solo quiero olvidarme del dolor. De esa madre que nunca pensó en mí y de ese padre que antepuso sus negocios a todo.
Miro su boca, él observa la mía y nos acercamos, como si quisiéramos dar tiempo a la cordura para salir corriendo.
Ninguno lo hace.
Nuestras bocas se encuentran como han ansiado hacerlo durante días.
Nos besamos tocando al otro, sintiendo este momento como único. Tal vez, porque lo es. Es la primera vez que nos besamos sin tener que hacerlo para nuestra farsa.
Solo somos él y yo.
Su lengua devora mi boca.
Gimo mientras me remuevo sobre él, notando como mi sexo se moja más y su polla crece con cada uno de mis contoneos.
Necesito tenerlo dentro de mí.
Deja de besarme para tirar de mi sudadera y yo le quito a él su camiseta blanca.
Beso su cuello y su clavícula y le clavo las uñas en su fibroso torso. Mientras, Joss se deshace de mi sujetador y toca mis pechos, que se ponen duros por su contacto.
Lamo su piel mientras me contoneo adelante y atrás sobre su polla. Noto como la humedad traspasa mi ropa. Estoy ardiendo por él.
Busca uno de mis pezones con su boca y se lo mete dentro tras darme un pequeño mordisco. Una de sus manos baja ansiosa por mi costado, hasta meterla dentro de mis braguitas. Al tocarme, gruñe.
—Joder, Elara… Te deseo demasiado, hasta ser algo irracional.
—Y yo a ti.
Sé que estamos olvidando que se suponía que todo era falso, pero me da igual. Lo deseo. Me desea. Lo quiero dentro de mí ya.
Pasa sus dedos por mi raja hasta adentrarlos en mi vagina.
Jadeo en su boca y muerdo su labio.
Tira de mi ropa para quitármela.
Me levanto para quedarme desnuda ante él. Cuando me subo de nuevo sobre su cuerpo, no llevo nada sobre la piel salvo el rubor por sus caricias.
Nos besamos mientras me muevo sobre él, hasta que saco de sus pantalones su dura polla y la llevo a mi sexo.
Nos miramos a los ojos mientras me dejo caer sobre él y noto como mi cuerpo se abre a su paso. Esta postura me hace tener el control y sentirlo más dentro.
Pone sus manos en mis glúteos y me los masajea mientras mi cuerpo se amolda a él.
Apoyo mis manos en su torso y me alzo, para dejarme caer a continuación.
Echa la cabeza hacia atrás, perdido en lo que siente.
Me encantaría estar en su cabeza, para saber cómo vive este momento. Esto cambiará las cosas entre los dos…, pero no me importa.