Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 36
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Capítulo 36

Joss

Nos hemos dado una ducha en uno de los cuartos de la casa.

Elara lleva mi sudadera, que le queda ancha, por lo que parece un vestido, ya que le llega casi por las rodillas.

No hacía falta tener sexo en la caseta. No hacía falta…, pero necesitaba una excusa para justificar lo mucho que deseo tener sexo con ella a todas horas.

Estamos dando una vuelta por Nueva York en busca de un restaurante abierto que sirva tortitas.

Elara tiene un antojo.

Encontramos uno abierto y entramos.

Elara pide de todo, pero yo solo un café, porque acabaré comiendo más que ella, seguro.

No tardan en ponernos las tortitas con chocolate caliente, y gofres.

—¿Cuántas veces comiste dulce de niña?

Deja de cortar la tortita.

—Cuando en casa de Lia tenían algo de postre dulce. En la mía, el poco dinero para comer era sobre todo para arroz o legumbres.

—Tal vez por eso la comida de tu padre te da arcadas. Te recuerda a tu infancia, sin muchos productos para condimentar la comida.

—Es posible. —Se mete un trozo de tortita en la boca y gime.

La recuerdo gimiendo con mi polla dentro y esta da una sacudida.

No puedo dejar de desearla y este deseo es muy real. Demasiado, para mi gusto.

—Vamos, come, que está todo delicioso. —Como y la veo disfrutar con todo esto, a altas horas de la noche. Miro mi reloj y son las cuatro de la mañana—. Hoy cené con Brice y me comentó que tal vez pronto vendría un ojeador.

—Sí, eso nos ha dicho el entrenador. También que, si juego de forma tan agresiva, no me harán oferta alguna.

—¿Y sabes qué te tiene tan tenso? Aparte del capullo de tu padre, claro.

—No estoy tenso. —Alza una ceja—. Vale, es solo que necesito ser el mejor… No quiero mi vida como la que tiene mi padre planeada, donde todo mi dinero sea suyo. Necesito una buena oferta que me haga poder dejarlo todo atrás.

—¿Y romper con todo y empezar de cero?

—¿Lo puedes hacer tú?

—No, es complicado. —Asiento—. ¿Te llevas mejor con Brice?

—Me sigue pareciendo un gilipollas, pero yo soy peor… Así que puede que lo soporte un poco más.

—¿Qué pasó entre los dos?

Me lo ha preguntado muchas veces, pero nunca se lo he explicado. Quizás, porque me avergüenzo de lo que hice.

—Acabé acostándome con su novia. —Agranda los ojos y sé que por eso no quise decírselo—.

No sabía que era su novia o… creía que lo habían dejado.

Vino a buscarme y me dio una paliza. Claro que yo no me quedé atrás y le dije que ella fue la que vino a por mí.

Le solté que tal vez él no le daba lo que necesitaba.

—No me sorprende nada de ti —dice con la boca llena.

—Luego, Brice se acercó a varias de las chicas que me interesaban, solo para joder. No porque le gustaran, y se corrió el rumor de que era un cerdo.

—Quería vengarse. En verdad, nadie hace nada si no quiere. Su novia quiso tener algo contigo y ella es la culpable.

—Sí, su novia se acabó liando con un compañero del equipo más rico que él. Estaba claro lo que buscaba.

—Sí, estaba claro. Brice es buen tipo y parece que le gusta una de la carrera. Los veo mirarse entre las clases.

—A ver si no la jode.

Ato cabos.

—¿Se acercó a mí para joderte?

—Seguro, pero ahora le caes bien. No se pueden fingir ciertas emociones.

—No, supongo que no. —Termina de comer y, como esperaba, yo acabo con lo que ha dejado.

Al acabar, estoy tan lleno que necesito andar.

Caminamos juntos por la ciudad, que está medio vacía.

Se hace varias fotos y en una me abraza, para salir juntos.

Me tienta pedírsela, para tenerla de recuerdo. No lo hago, pero me muero por tener algo de ella cuando estemos lejos.

Vamos hasta un banco y nos sentamos para ver el amanecer sobre la ciudad.

Dejo caer la mano por detrás del respaldo y ella hace lo mismo.

Nuestros dedos se encuentran y nos cogemos la mano.

Nadie nos ve. No tenemos que fingir nada…

Se gira y me mira. Lo hace de tal forma que ahora mismo me importan una mierda todos los motivos por los que estoy viviendo este momento.

Apoya su cabeza en mi hombro y nos quedamos quietos, sin decir nada. Haciendo de un momento compartido un recuerdo único.

Elara me gusta más de lo que querría admitir, pero, para ser felices, nuestros caminos deben separarse… O no.

Ya no lo tengo claro.