Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 35
73%

Capítulo 35

Elara

Soluciono el tema del posible embarazo pidiendo, bastante alto, una compresa en la cafetería a Remi.

Lo teníamos todo preparado y la saca para que se vea bien.

Brice se ríe y Joss pone los ojos en blanco.

—Me ha venido la regla y estoy fatal —comento de forma exagerada.

A ver, no es mentira que me haya bajado, pero ya llevo una compresa desde esta mañana.

Salgo hasta el aseo y entro en él.

Joss me manda un mensaje.

Joss: Eres una pésima actriz. Cuesta creer que fingir ser mi novia te salga tan natural.

Elara: Eso es porque en mi mente pongo la cara de uno de mis famosos favoritos.

Joss: Claro. Será eso. El rumor ya circula por la red. Mala actuación, pero se lo han creído.

La gente ya no duda de que todo fue una falsa alarma.

Mi padre sigue apostando por su empresa de comida sin gracia y veo hasta a gente en mi universidad con los primeros boles prefabricados.

Por supuesto que yo no.

Mi padre no me ha vuelto a insistir en que fuera a comer o cenar en su casa. Creo que prefiere tenerme alejada de su comida y desde la última cena ya han pasado dos semanas.

Hoy voy a ir al partido de Joss y luego a la fiesta que organizan en casa de su amigo Gunther.

No nos hemos vuelto a besar desde el que me dio en plan salvavidas. Ni nos hemos abrazado.

El abrazo de amigos lo he dejado apartado. También porque no hemos pasado tiempo a solas.

Joss ha estado liado con los entrenamientos y yo con los estudios. He pasado mucho tiempo estudiando en la biblioteca.

Echo de menos un rato a solas y tener ganas de tenerlo para mí hace que no fuerce el momento, para no olvidar que solo nos estamos usando.

Voy al partido con un vestido de manga larga sencillo, para luego acudir a la fiesta. Sobre este me he puesto la camiseta de Joss.

Nuestras miradas se entrelazan cuando me siento y lo busco sobre el hielo. Me guiña un ojo y sonrío, como si le diera todo mi apoyo.

En verdad, es así. Es mi puerto seguro en esta ciudad, aunque Remi también lo es. De hecho, ahora mismo viene cargada de palomitas para sentarse a mi lado y así ver a su hermano. Al lado está su novio. Llevan juntos desde los trece años. Él estudia fuera y este fin de semana venía a verla.

—Casi no llegamos. —Se miran y, por su sonrojo, me imagino lo que han estado haciendo. Remi me presenta a su novio, Rogers.

Ella tenía mucho miedo de que la distancia los separara, pero no ha sido así. Siguen tan bien como siempre.

El partido empieza y se nota que van a por Joss. Lo quieren lesionar.

Una de las veces lo acorralan contra la cristalera.

Joss se enfada y va hacia ellos, pero Brice lo detiene. No sé qué le dice, pero al final Joss se marcha evitando la confrontación.

Brice y Joss se soportan. No son amigos, pero no me ha vuelto a comentar nada sobre lo malo que era. Tampoco me ha explicado lo que pasó entre ellos, ya que siempre me dice que ya me lo contará.

Salgo a comprar algo de beber y espero a que me atiendan. Estando ahí, veo las bolsas de patatas saludables de mi padre. Son de plátano.

Ya las probé, pero donde se ponga un plátano de verdad, que se quiten tantas tonterías.

El del puesto, al reconocerme, me pone una bolsa de patatas de mi padre.

Le indico que no es necesario, pero que gracias.

Lo hago sin querer, pero cuando regreso a mi asiento, Remi me enseña lo que acaban de subir a las redes:

La hija del señor Rivera rechaza la comida de su padre.

Mierda. Lo hice sin pensar.

Al poco, mi padre me escribe y me dice que regrese a por esa bolsa. Debo disfrutarla viendo el partido.

Es una clara amenaza y por eso regreso al puesto.

Cuando la abro, lo hago de forma exagerada. Tan exagerada, que Remi se aguanta la risa.

Pruebo una y casi la trago sin masticar.

La gente me graba, cómo no.

Al finalizar el segundo tiempo, me fijo en que mucha gente ha ido a comprar los aperitivos insípidos de mi padre.

Todos fingen que están buenos. Es como si la marca realzara el sabor del plátano de alguna forma. Vivimos en un mundo de falsedades, donde el que más vende no siempre es quien más lo merece.

Varias personas suben fotos a sus redes comiendo y veo también como graban vídeos.

El partido se reanuda y de nuevo van con contra Joss.

Este se rebota al final y se mete en una pelea que le cuesta dos minutos de sanción.

Lo miro y está muy cabreado.

Cuando vuelve al partido de nuevo, sale a matar y mete dos tantos que dan la victoria a su equipo.

* * *

Salgo con mis amigos para ir a una hamburguesería cerca del pabellón.

Escribo a Joss para indicarle a dónde vamos, cuando llegamos, y mandarle la ubicación.

Lo lee, pero no me responde. Debe de estar agitado por el partido.

Disfruto de la cena sin dejar de mirar la puerta para ver si aparece Joss.

Este no viene, pero Brice se acerca para cenar con nosotros.

—¿Sabes dónde está Joss?

—Se quedó hablando con el entrenador. Estaba jodido por el partido.

—Lo imaginé. Iban a por él —señalo.

—Sí, y va a ser así siempre. Joss es muy bueno y, si no la caga, llegará a la liga profesional, pero debe contener su ira. Se rumorea que antes de Navidad vendrá un ojeador importante con una oferta. No puede bajar la guardia.

—No es fácil.

—No, pero Joss siempre parece tranquilo, aunque se nota que dentro guarda mucho rencor.

Es cierto. Es frío y metódico. Mira todo con ojo crítico. Joss esconde dentro mucho y, si estalla en el terreno de juego, eso puede joderle la carrera para siempre.

Para Joss es muy importante conseguir una oferta para la liga profesional y espero que no lo fastidie. Si quiere huir de su padre, debe olvidar todo ese odio para poder ser libre.

Al acabar, salimos y me despido de mis amigos.

Brice me hace una seña con la cabeza y, cuando miro hacia donde me señala, veo a Joss apoyado en su coche, con cara de pocos amigos.

—Nos vemos el lunes —indico y me marcho con Joss.

Abre mi puerta y luego se marcha hacia el lado del conductor.

Entro en el vehículo y lo pone en marcha.

—Entiendo que no tienes muchas ganas de hablar.

—Ninguna.

—Solo ha sido un partido y eres el mejor. Si no te comparo con Seth…

—No quiero hablar, Elara.

—Vale, pero seguro que pronto consigues lo que quieres.

Como esperaba, no responde.

Conduce hasta la casa de su amigo y al llegar apaga el motor. Antes de salir, me mira de arriba abajo.

—Camiseta fuera. —Me la quito y la tiro hacia atrás—. Sin medias y sin bragas. —Mi sexo da una sacudida.

—¿Tenemos que fingir que nos seguimos deseando, pese a ser novios?

—¿Acaso no era ese el trato?

—Sí, claro.

—Necesito que nadie dude de lo nuestro.

Se me acerca y besa mi boca mientras sus manos se cuelan bajo mi vestido. Tira del elástico de mis braguitas.

Su forma de besarme es urgente y se nota que sigue cabreado.

Cuando las ha bajado hasta mis muslos, se separa, dejándome con un importante calentón. Deseaba sus manos entre mis piernas.

—Te espero fuera. No tardes.

Cierra la puerta y me quito las botas para deshacerme de todo.

Me las vuelvo a poner sin nada.

Salgo del vehículo y el vestido cae hasta mis rodillas. Es lo suficientemente holgado para que nadie note que no llevo ropa interior.

Busca mi mano y subimos juntos a la casa de su amigo.

En cuanto entramos, sus amigos me observan con mala cara. Está claro que no les gusta tenerme aquí. Para ellos es muy importante ser una de ellos desde el nacimiento.

Sonrío a todos, como si me alegrara de verlos.

Joss me dice que baja a jugar al póker, porque necesita ganar a más de uno.

Lo dejo irse y ando hasta el jardín. La música es menos fuerte y hay menos gente que la última vez que estuve aquí. También hace más frío, pero la piscina es climatizada y hay gente bañándose.

Se levanta aire y noto como corre entre mis muslos. De golpe, soy muy consciente de que no llevo ropa interior.

«Joder, Joss y sus peticiones…»

Ando hasta una hamaca y saco el móvil para ver vídeos. Al cabo de un rato, estoy aburrida.

Lo peor es que cada vez que hace aire, el cuerpo se me enfría al sentirlo recorrer mi piel. Quizás debería meterme en la piscina para darme un baño.

Ando hasta el borde y toco el agua con la mano. Está muy buena.

Si Joss quería que pensaran que estamos bien, estar jugando al póker y yo aquí no ayuda. Tampoco las miradas que me lanzan, dejando claro que les gusta que entre Joss y yo las cosas quizás no vayan tan bien.

Meto los pies en el agua, tras sentarme en el borde.

Siento a Joss antes de notar sus manos en mi espalda.

—Parece que creen que lo nuestro va mal. ¿Lista para fingir un poco? —Lame mi oreja y asiento.

La verdad es que no voy a fingir nada. Cuando me toca, me olvido hasta de las razones que me llevan a su boca.

Joss se aparta y se quita la sudadera y el resto de su ropa, salvo el bóxer negro.

Se tira al agua y lo veo nadar hasta que regresa adonde estoy y tira de mí para que caiga al agua.

En cuanto me sumerjo, me aprisiona contra la pared buscando mi boca.

Nos besamos con un hambre voraz.

Por mi parte, lo llevo deseando demasiado tiempo y quería tenerlo para mí. Enredo mis piernas en sus caderas.

Nadie ve nada, pero nosotros somos muy conscientes de que no llevo ropa interior.

La dureza de Joss crece entre mis piernas mientras nos frotamos juntos.

Este beso, desde luego, no es para todos los públicos.

Gimo en su boca, notando como mi sexo tiembla con cada roce.

—Joss… —le suplico, sin importarme que mis palabras dejen claro lo mucho que lo deseo.

Gruñe y anda conmigo, enredada a sus piernas, hasta las escaleras de obra.

Salimos con cuidado de que no se me suba el vestido de más.

Vamos hasta la caseta de la piscina y entramos.

Está oscura, pero no nos importa. Solo queremos un sitio donde estar a solas. Podríamos no hacer nada y el resto ya imaginaría de todo, pero su boca busca la mía y lo recibo hambrienta.

Tira de mi vestido antes de subirme a una mesa. Lo deja caer con un fuerte golpe al estar tan mojado.

Me quedo ante él con solo el sujetador, que no tarda en quitarme.

Toca mi cuerpo desnudo.

Gimo cuando por fin lleva sus manos hasta mi sexo. Luego, se arrodilla ante mí y mete su cabeza entre mis piernas. Me lame de arriba abajo tras colocarme las piernas sobre sus hombros.

Adentra su lengua en mi sexo y me come con gula.

Tiro de su pelo mojado y clavo mis talones en su espalda.

Abre mis pliegues y devora mi clítoris hasta que casi me corro.

—Joss… —le suplico.

Se levanta y besa mi boca, con mi sabor entre sus labios.

Froto mi cuerpo contra su dura polla.

—A menos que tengas un condón escondido, me temo que no podemos seguir…

—Tomo la píldora y a ti te hacen controles a menudo.

—Nunca lo he hecho sin condón. —Restriega su duro pene sobre mi sexo—. ¿Estás segura? No te quiero quitar más primeras veces.

—Estoy segura.

Gruñe y se baja los calzoncillos para liberar su duro miembro.

Lo mueve de arriba abajo antes de dejarlo en la entrada de mi cuerpo. Siento como late y como mi sexo se abre a él.

Busca mi boca para besarme mientras entra poco a poco en mi interior, sin nada que nos separe.

«Joder, esto es muy bueno… Muy bueno.»

Él también lo nota, porque sus besos se hacen más agresivos, hasta que se clava del todo. Enredo mis piernas en sus caderas y coloco los talones en sus duros glúteos hasta que entra más adentro.

—Elara… —me pide que pare, pero no lo hago. Contoneo mi cuerpo, notando como mi vagina se abre a él—. Joder… Si sigues así, me voy a correr pronto.

No me detengo. Me gusta llevarlo al límite.

Muerdo su boca y luego lo chupo. Noto como la fricción hace que mi clítoris esté más sensible y no me detengo.

Joss lleva sus manos a mi trasero y lo sujeta con fuerza.

Nos movemos juntos y no lo dejo salir, lo que hace que se corra con intensidad dentro de mí.

—¡Joder! —Sale de mi cuerpo y toca mi sexo—. Hay algo primitivo en sentir mi semen mojar tu sexo… —Esparce su esencia con sus dedos.

Nos besamos mientras usa sus dedos para darme placer. Estoy muy mojada. Todo es tan sucio, que me pone a mil.

Lleva su boca a mis pechos y se da un festín con ellos, mientras sus dedos se mueven con fuerza.

Siento la humedad bajar por mis muslos. Estoy a punto. Lo sabe y, por eso, se detiene y me baja de la mesa.

Me gira y me restriega su polla, que poco a poco se pone dura, por mi trasero.

—Me vuelve loco tu culo. —Gimo cuando siento su polla presionar por detrás—. ¿Quieres correrte?

—Sabes que sí.

—No lo harás hasta que me tengas dentro de nuevo.

Restriega su pene, cada vez más duro, por mi sexo hasta mi culo. Tira de mis pezones con sus manos y no puedo contener los gemidos.

Estoy ardiendo por él.

Mete un dedo en mi trasero y presiona esa zona tan sensible.

—¿Te gusta?

—Sí —admito, para mi sorpresa.

—Joder…, me vuelves loco —lo dice como si fuera verdad y me da miedo preguntar si es cierto. Quiero creer que me desea tanto como yo a él.

Noto la punta de su glande en mi sexo y entra de una firme estocada hasta el fondo.

Sale de mí y entra de nuevo mientras su dedo juega con mi trasero.

Son demasiadas emociones y no creo que pueda durar mucho más.

—Joss…

—No sin mí. —Se mueve cada vez más fuerte—. Ahora.

Me corro con ímpetu, notando como se derrama de nuevo en mi interior.

Al acabar, no me puedo mover y Joss tira de mí hasta el suelo. Me acurruco sobre él.

No nos movemos.

No hace falta. Ahora mismo siento que no necesito nada más.