Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 34
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Capítulo 34

Elara

En la fiesta, todas las miradas están puestas en mí, por mi vídeo en el que alababa la comida basura.

Mi padre ya me ha avisado de que espera que esta vez coma y que disfrute de los alimentos dispuestos o me bajará la paga mensual.

En ese momento, le dije:

—¿Acaso no has visto que casi no la uso? Utilizo mi dinero, porque no quiero tener que deberte más de lo que ya te debo.

—Soy tu padre y no me debes nada.

—No, pero me amenazas con quitarme la paga si no disfruto de tu insípida comida. —No sé quién se sorprendió más por mi arrebato—. Tengo derecho a elegir lo que me gusta comer.

—No, no lo tienes. Has tenido dieciocho años de libertad con tu madre, pero eso se acabó, Elara. Cuanto antes lo aceptes, mejor para todos.

Quise gritar, decirle a la cara como odiaba que pensara antes en su apellido y sus negocios que en mí.

No lo hice porque temo perderlo a él y, sobre todo, a mi hermana. Cuando has tenido poco en la vida, perder lo poco que tienes duele mucho.

Por eso, salí al salón y ahora estoy poniendo buenas caras. Hago creer a todos que esta comida está deliciosa.

Es horrible. Sin sal, parece sacada de un hospital.

Me cuesta menos fingir ante Joss que ahora.

«Tal vez, porque con Joss nunca he fingido… No, ni de coña.»

Aparto ese pensamiento de mi mente y como con una sonrisa, reprimiendo mis ganas de vomitar cuando tomo lo que parece un paté sin sabor, que se asemeja a la comida para perros.

Intento contener las arcadas, pero al final no puedo evitar salir corriendo al aseo para echar toda la cena.

He comido cosas peores con mi madre, pero esto no es que sea malo. Es que parece prefabricado.

Al salir, mi padre me dice que me va a reducir la paga y sé que lo que le dije antes no lo escuchó, porque eso no me hará daño. Aunque ya se encargará él de arreglarlo.

Vuelvo a mi apartamento, asqueada y cansada.

No soy un lince para no saber que los rumores de que he vomitado la cena de mi padre ya circularán por la red.

Lia me llama cuando estoy por meterme en la cama.

—¿Cómo es eso de que podrías estar embarazada?

—¿Cómo? No estoy embarazada.

—En la página esa, la de los pijos aburridos, se comenta que esta noche te sentiste indispuesta; que tal vez seas como tu madre y estés embarazada de Joss.

—No vomité por eso. Fue por lo horrible que era la comida. —Mi padre me dijo que lo arreglaría…—. ¡Qué cabrón!

—¿Cuál de ellos? —Le cuento lo de mi padre—. Vaya, la verdad es que tu progenitor me está sorprendiendo para mal.

—Sí, nada está saliendo como esperaba.

—Sobre todo, esa horrible comida. —Me río por no llorar—. Ahora, la gente te va a mirar como si de golpe se te notara el embarazo.

—Sí, eso me temo.

—Había muchas formas de arreglar eso, pero tu padre ha ido a hacer daño para que su empresa no se viera afectada. No lo olvides.

—¿Y qué, si lo olvido? Es mi padre y no tengo nada. No puedo empezar de cero. Sola… —Noto que me entra ansiedad—. Aunque sean unos mierdas de padres, son los que tengo, y si pierdo a Everly… Es como si me cortaran una parte de mí y él podría prohibirle verme. Sé que Everly le haría caso…

—Relájate. Tenemos unos meses para pensar un plan.

Cuelgo y dejo el móvil en la mesita de noche.

Duermo fatal toda la noche, dando vueltas a lo que ha pasado y a mi miedo a verme sola en la vida.

A veces nos aferramos a algo malo porque tememos que, si lo dejamos marchar, todo será mucho peor.

* * *

Cuando me despierto, la casa huele a mantequilla y café.

Abro los ojos y salgo de la cama, seducida por el aroma.

Veo a Joss preparando el desayuno.

Se me acelera el corazón y reprimo mis ganas de abrazarlo por detrás y aspirar su perfume. ¿Los amigos hacen eso? Tal vez sí…

Ando hasta él y paso mis manos por su espalda. Cierro los ojos y me pierdo en él.

—Aquí no tenemos que fingir…

—Los amigos se dan abrazos —le indico, y no se aparta.

Se gira y nos quedamos abrazados de frente.

—¿Me puedes contar eso de que vamos a ser padres?

—Es mentira.

—Lo sé y por eso quiero la verdad. —Se la cuento—. Tu padre juega duro.

—Sí. No me da miedo, pero no esperaba esto. Es como que me cuesta aceptar tener un padre para el que todos somos piezas de ajedrez que mueve a su antojo para ganar a toda costa.

—Sí eres un peón. —Se aparta y se sienta para desayunar, en la isla de la cocina.

Hago lo mismo y empiezo a comer, disfrutando de esta comida sabrosa.

—Tal vez fui injusta con él. Te juro que traté de disfrutar de la comida y poner buenas caras, pero me costó mucho mentir.

—Conmigo no te cuesta.

—No, no me cuesta nada. —Joss me mira con intensidad—. Me cuesta menos besarte a ti que comerme esa comida insípida. —Sonrío—. Era horrible. ¿Cómo puede apostar por ese tipo de comida?

—Porque cada vez hay más gente que se deja influenciar por todo lo que dicen en las redes sociales sobre la comida poco saludable y que por miedo comprarán esos alimentos. Además, al ser una comida cara, mucha gente de mi mundillo piensa que, si vale eso, es que es algo bueno.

—A mí me gusta mucho la fruta y la verdura —digo—, pero si ya existen frutas y verduras sabrosas, ¿por qué hacer una mezcla pastosa insípida y que parece comida de perro?

—Bueno, la gente paga un dineral por cientos de cosas absurdas. Esta es una más y seguro que le irá bien, porque tu padre ya es marca aquí en Nueva York. Todo lo que tenga el apellido Rivera, vende.

—Entonces, no sé por qué se molesta tanto porque vomite su comida.

—Porque quiere ganarse el mercado internacional y para eso necesita buena imagen.

—Es lógico, pero podría haberme dejado con mi madre y mi hermana estaría aquí. Todo hubiera ido mejor con ella. —Joss se remueve en el asiento—. ¿Qué me estoy perdiendo?

—Lo intentó —lo miro agitada—, pero tu madre no quiso colaborar y tuvo que dejar todo como estaba. Por eso, Everly se tomó un año sabático, porque esperaba no tener que ir a vivir con vuestra madre.

Noto que la respiración se me acelera y me separo de él para moverme por la habitación. Mi mente va a un recuerdo, uno con mi madre en el hospital.

* * *

—Tu padre no va a hacerse cargo de ti —me dijo y en ese momento pensé que mi madre mentía—. Yo te juro que esto no volverá a pasar. —Miró mis heridas y se fue, dejándome sola.

Al poco, vinieron Lia y su familia. Ninguno se separó de mí mientras asimilaba lo que había pasado y que mi padre, a pesar de todo, no iba a usar eso para quitarle la custodia a mi madre.

Siempre pensé que no lo hizo, o bien porque no me creyó, o porque mi madre lo amenazó. Empiezo a pensar que no lo hizo porque no me quería en su vida, teniendo a una hija modelada a su gusto. Una hija perfecta.

* * *

—Respira, Elara. —Joss masajea mi espalda rítmicamente.

—No recuerdo cómo se respira. —Lo miro a los ojos—. No me quieren…

—No te conocen. No te han dado la oportunidad de ser tú misma.

—Y, a pesar de eso, no sé cómo romper con todo. Tengo miedo de estar sola… ¿Qué vida es para alguien no tener familia cerca? Si rompo con mi padre, también perderé a Everly. Seguro que le prohíben estar a mi lado… —Me empiezo a agitar y Joss me besa con ternura.

Su beso me devuelve al mundo. Me recuerda cómo se respira entre su boca.

—Tenemos un año para ver cómo hacemos todo… Bueno, unos meses —admite, porque el curso no deja de avanzar.

—Sí, lo haremos bien. Pensaremos algo. —Me guiña un ojo—. Gracias.

—De nada y ahora come, que me ha costado mucho prepararte el desayuno.

—Solo son tostadas y café.

—¿Prefieres la comida de tu padre?

—No, no… Este es perfecto.

Desayunamos juntos. Muy juntos. Su rodilla toca la mía y mi cuerpo vibra por el suyo. Lo deseo. Quiero perderme en él…, pero hacerlo sería dar un paso para el que ahora no estoy preparada.

Es mejor fingir que todo es mentira un poco más.