Capítulo 33
Joss
Veo a Elara en las gradas mientras estoy en el entrenamiento.
Su mirada está fija en mis movimientos. Se nota que sabe de esto. A veces anota cosas y sé que luego me va a comentar todo lo que ella considera que he hecho mal.
Al acabar, le mando un mensaje para que venga a los vestuarios.
Nadie duda de lo nuestro, pero por si acaso.
Se van yendo mis compañeros y la espero al fondo.
Cuando entra, deja caer su libreta.
—Ahí tienes una lista de todo lo que has hecho mal.
—¿Piensas que te he llamado para eso? Para decirme todo lo que hago mal, ya tengo a mi padre. —Tiro de ella y se sienta sobre mis piernas.
La beso y responde al beso.
«Todo es falso… Nada es real.»
En el fondo, una voz me dice que solo busco una excusa para besarla sin plantearme nada.
Cojo su cara entre mis manos y me bebo cada uno de sus gemidos.
Nos besamos con desesperación, como dos personas que no fingen.
La cojo en brazos y ando con ella hasta una de las duchas individuales, para tener algo más intimidad.
Tiro de su ropa y de la mía.
Nos quedamos desnudos sin dejar de tocarnos. Llevo en mi mano un preservativo, pero no dejo de besarla o de acariciarla.
Este sexo falso se parece demasiado a cómo sería hacer el amor.
Por eso, la giro y me pongo el condón, tras rasgar el envoltorio, para entrar en ella.
Quise ser más romántico, pero entonces recordé que solo somos unos falsos que fingen que el mundo es perfecto cuando estamos juntos.
Su vagina es muy estrecha, pero acoge mi polla por completo.
Llevo mi mano a su sexo y meto mis dedos entre sus pliegues.
Toco su clítoris mientras salgo y entro con fuerza hasta el fondo.
Su redondeado trasero me tienta.
Cojo sus manos con una de las mías y las pongo sobre su cabeza. La inmovilizo según mis deseos.
—No las bajes de ahí —ordeno.
Las deja ahí y aprovecho para tocarle los duros pezones, por los que cae agua caliente.
Gime y jadea por mis atenciones.
Pongo una mano en su trasero y lo abro para meterme más adentro.
Salgo y me hundo de nuevo con fuerza.
Joder, es demasiado estrecha. No voy a durar mucho. Me vuelve loco.
—Entonces, ¿nunca has tenido un orgasmo con tus manos? —le susurro y niega con la cabeza—. Tócate, Elara. Date placer mientras entro y salgo de ti.
Lleva una de las manos a su sexo y la otra a sus pechos. Se toca mientras no paro de moverme.
Abro su trasero con las dos manos y me hundo en ella con fuerza.
Lo hago hasta que noto que se va a correr.
Salgo y la giro para ver como se corre con sus manos.
—No pares. —La miro con el pelo mojado, el cuerpo encendido por mis atenciones y los labios rojos.
La beso mientras la guío para que se siga tocando.
Se acaricia con mis manos.
Lo hacemos juntos.
Juntos buscamos su placer.
Me aparto cuando la siento cerca y veo como sus dedos se pierden entre sus pliegues, mientras con su otra mano tira de sus pezones. Se corre ante mí con fuerza y, antes de que su orgasmo termine, la alzo y me adentro en ella, usando la pared como apoyo para poder moverme mejor.
Me muevo con fuerza en su interior, hasta que me corro, y noto como me sigue de nuevo. Sus paredes se contraen y laten.
Nos quedamos quietos, jadeantes. No podemos movernos.
Me abraza y hago lo mismo. Solo un minuto más y la suelto…
Diez minutos después, seguimos los dos aquí, sin movernos. Sin poder apartarnos del otro. Sin encontrar las fuerzas para romper el abrazo.
* * *
Elara entra a mi casa con mala cara.
Le he dado unas llaves cuando volvimos del entrenamiento, por si necesitaba venir. Ella también me dio una copia de las suyas.
—Solo has pasado media hora sin mí. Cuidado, que al final te enamoras.
—Follas muy bien, pero de ahí a enamorarme… —Abre mi nevera como si fuera su casa.
—Antes de que sigas saqueando mi frigorífico, ¿me puedes explicar el porqué de esa cara?
—Mi padre me ha informado de que mañana tengo una cena con ellos y unos amigos. Pensaba que si tú no podías ir, yo me libraría.
—Eso no funciona así.
Mañana tengo partido fuera, pero como no queda lejos, salimos a primera hora y volvemos cuando termine.
—No me apetece ir, aunque estará Ivar. —Me tenso—. He estado hablando con él esta semana.
—Bien.
«¡Y una mierda, bien! A saber qué quiere ese idiota con ella. Empiezo a pensar que nadie es tan bueno como parece.»
—Te molesta. —Sonríe—. Lo veo en tu cara.
—Para nada. Como si te lo montas con él. Si lo haces, que no se entere nadie.
—A su lado el mundo no desaparece. —Se sonroja—. Te tendré que usar un poco más a ti.
—Qué se le va a hacer, pero solo cuando sea necesario. —Me apoyo en la encimera y la veo sacar de todo.
Luego, duda y mira la comida.
—No sé qué quiero. Me apetece todo. —Muerde su boca—.
Cuando estoy nerviosa, comer me relaja… Es como si calmara mi ansiedad.
Cuando era pequeña, mi madre se gastaba el dinero de la comida en drogas y Lia y su familia me ofrecían comer o cenar.
Al menos, tenía una comida saludable al día.
Yo no quería más limosna y, si iba a comer, no iba a cenar… No sé por qué te cuento esto.
Aparto un mechón de pelo de su cara y acaricio su mejilla.
—No tengo nada mejor que hacer. Puedes contarme lo que quieras.
—Ya… Bueno…
—¿Tu padre lo sabía? —Asiente—. ¡Qué cabrón! Debió haber luchado más por tu custodia.
—Creía que era para no enfadar a mi madre, pero ahora pienso que fue porque yo era su hija, pero no su responsabilidad.
Si todo salía mal conmigo, sería culpa de mi madre y, como la odia, le gustaba que se equivocara.
Pero yo no merecía eso… —Suspira—. Aun así, salvé a mi madre de sí misma muchas veces. —Se tensa y sé que hay algo más.
Empieza a preparar un sándwich, pero la giro para que me mire.
—¿Qué pasó?
—Pasó que me vi metida en una guerra de dos egos demasiados grandes.
—¿Y?
Sus ojos se llenan de lágrimas.
—No quiero hablar de eso. No hoy, ¿vale? —Asiento—. Pero tengo hambre. Necesito comer.
—Vale, vamos a preparar algo bueno.
Hacemos juntos la cena y, como siempre pasa, se hace de más. Ver tanta cantidad me hace preguntar si esto no es una secuela por los tiempos en los que no tenía de nada. En los que temía no tener comida.
Joder…, Elara ha sufrido demasiado y ahora su padre solo la usa para sus empresas de mierda. Ella merece ser libre, lejos de todo esto.
No quería ser su protector, pero desde que acepté que teníamos que ser amigos, no puedo evitar querer protegerla de todo.
Todo va demasiado rápido. No puedo detener lo que siento. No quiero sentir… Solo deseo seguir viviendo impasible.
—Chinchín. —Choca su sándwich con el mío y sonríe.
Nos miramos y sé que he estado mucho tiempo solo. No era consciente de cuánto hasta que Elara volvió a mi vida.
Miro la tele y recuerdo un momento de mi pasado con Everly.
* * *
—¿Te gusta mi hermana?
—No, me cae bien. Solo es eso…
—No te he visto nunca mirar a nadie así. Es mejor que te marches, porque no puedes tenerlo todo y ella no sabe nada de nuestro mundo.
—¡Que no siento nada, joder!
—Lo que tú digas, Joss. Ahora, vete y todo volverá a la normalidad.
Hice la maleta y me marché enfadado con Everly, por sus suposiciones.
Solo me había sentido cómodo con Elara, porque esta no esperaba nada de mí. Elara me miró en la playa como si fuera algo más que un King, porque a su lado yo también me olvidaba del mundo.