Capítulo 28 #2
Cuando se levanta para marcharse, aún entiendo menos a qué juega.
Lo peor es que temo que todo haya acabado y, de ser así, no me gusta la angustia que siento. No estoy lista para dejar este juego.
Voy hasta la barra a por algo de agua, necesitando un momento a solas, y Brice viene a atenderme.
—No tienes buena cara.
—¿Se nota mucho? —Deja en la barra un vaso y luego pone agua y unas rodajas de limón con hielo.
—Sí —dice sincero—. Por cierto, gracias por hablar con Remi. Le cuesta hacer amigos. Y, bueno, contigo se siente cómoda, y con su novio, pero este año estudia lejos y ella se siente un poco triste. Así que gracias.
He hablado con Remi en los almuerzos. Cada día invita una y lo compartimos. Es muy divertida y es lo único real desde que llegué.
—No hay de qué. Me gusta estar con ella.
—Cuando te miro, no sé dónde encajas.
—Yo tampoco —afirmo, casi sin pensar. Doy un trago a la bebida.
—Salgo en diez minutos. ¿Te vienes conmigo a una fiesta de verdad?
—Hoy no puedo, pero mañana viene mi amigo Seth y quiere salir de fiesta. Dudo que le guste este tipo de establecimientos.
—Si no es como Joss, yo también lo dudo.
—No se parecen en nada.
Saca el móvil y me pide mi número.
—Te mandaré el sitio de una discoteca que está muy bien. Iré con mis amigos. También suelen ir algunos del Olimpo, como los llamáis vosotras, pero ellos suben a la zona vip. Donde yo me pongo con mis amigos es mejor.
Veo a Ivar hablando con una de sus amigas cuando me giro.
No parece tener muchas ganas de irse, la verdad, y yo no puedo más con los tacones. Me duelen mucho los pies.
—¿Me puedes acercar a mi casa?
—Claro.
Joss no confía en él, pero es el hermano de la única persona que no parece querer algo de mí en esta ciudad. Por eso quiero darle un voto de confianza.
Me acerco a donde está Ivar y le digo que estoy muy cansada y que un compañero de la universidad me va a llevar a casa.
Ivar asiente y se levanta para despedirse mejor cuando les digo adiós al resto de sus amigos.
—Tu padre nunca permitirá nada con un camarero.
—Es el hermano de una amiga de la universidad. No siento nada por él.
—La gente hablará.
—¿Más? He estado contigo mientras Joss nos miraba como si nos quisiera matar todo el rato. La gente ya estará hablando.
—Que tu padre no invitara a los King es raro. Dicen que los King tenían otro compromiso, pero pocos se lo creen.
—No le interesa estar a malas con su socio.
—Tu padre es el socio mayoritario. Si quiere prescindir del señor King, otro ocupará su lugar pronto. —Brice se nos acerca ya cambiado—. Cualquier cosa, cuenta conmigo. —Me da dos besos y un apretón en el brazo.
Sigo a Brice al ascensor.
—Entre Joss e Ivar, no lo dudes: Ivar. Al menos, con él no sufrirás.
—No tengo dudas de a quién elijo —indico firme—. Los demás, que digan lo que quieran.
—Pues Joss no parece pensar lo mismo, porque, al no acercarse, dejó claro que ya se ha cansado de ti. Es lo que les hace a todas. Mucho interés al principio y luego, nada. Algo raro contigo, porque aún no os habéis acostado.
—De verdad, ¿la gente sabe hasta eso?
—Esas cosas se notan, Elara.
—Vaya. ¿También se nota que soy virgen? Lo mismo llevo un cartel en la cabeza.
Se ríe.
—Se nota, porque Joss se comporta de forma diferente cuando tiene sexo con alguien. Y la mujer, igual. Es como si pensaran que fuera a cambiar por ellas.
—Ah, yo no espero eso. Joss y yo nos llevamos bien. No tenemos que explicar al resto por qué somos perfectos el uno para el otro.
—Ya, bueno, si vuestros padres os quieren casar, lo harán y punto.
La gente habla de esto porque no tienen nada mejor que hacer.
Cuando formalicéis lo vuestro, seguramente se aburrirán y pasarán a otra cosa.
Si no lo hacéis… Bueno, con el tiempo también pasarán a otra cosa.
Así funcionan. Es como si no se dieran cuenta de que la gran mayoría de ellos viven de las mentiras que crean.
Me asusta lo cerca que está de la realidad, pero es así.
Estamos en el centro de atención y, sea como sea, mientras esté con Joss, mi padre me dará más libertad.
Hago esto por eso, y no porque la gente me crea o no. O me usen para entretener sus aburridas vidas.
«Y porque Joss te pone, y mucho», me dice una voz a la que acallo.
Salimos y vamos hasta una moto.
Lo miro y sonríe.
—Con mi mierda de sueldo, no me da para un coche. Sube, que iré con cuidado.
Dudo, pero no tengo otro medio de volver a casa.
Monto tras él, pero me sujeto a la moto. No me siento cómoda abrazándolo.
Pone la moto en marcha, tras colocarnos los cascos, y me lleva hasta mi casa. Que sepa dónde vivo, a estas alturas, ni me sorprende.
—Nos vemos mañana. —Bajo de la moto.
—Iré al partido. Mi amigo juega contra vosotros…
—¿Seth Carter es tu amigo?
—El mismo.
—Es muy bueno. Lo vamos a tener jodido contra él.
—Yo lo siento, pero mañana quiero que gane mi amigo y os dé una paliza.
—Mejor que esto no lo sepa nadie o pensarán que Seth también entra entre tus pretendientes.
—No paro de sentirme como una debutante del siglo XIX . ¡Qué arcaico todo!
Se ríe y asiente.
—Nos vemos mañana.
Subo a mi casa y me quito primero los zapatos y después el caro vestido, agradecida de que esté intacto.
Odio llevar cosas tan caras.
Suelto mi pelo y masajeo mi cuero cabelludo.
Al fin soy libre.
Me llega un mensaje.
Saco el móvil y veo que es de Joss:
Joss: ¿A qué estás jugando? Pensé que teníamos un trato.
Elara: Eres tú el que no ha hecho de novio esta noche. Ni nunca. Yo solo sigo órdenes, por si no lo sabes.
Joss: Me la suda el buenazo de Ivar. Hablo de Brice. Te dije que no era de fiar.
Elara: Solo me ha traído a casa. Mi virtud sigue intacta.
Joss: No me jodas, Elara…
Elara: No me jodas tú. Eres tú el que está haciendo algo mal, para que hasta mi padre dude de lo nuestro. Hasta que te aclares si quieres o no seguir con esto, déjame en paz.
Espero que responda y lo niegue, pero que no lo haga aclara mis dudas.
Joss quiere seguir con esta farsa, pero algo lo hace titubear y querer acabar con ella. Yo lo he dado todo y ahora le toca a él mover ficha.