Tú a Chicago, yo a Nueva York (Un sports romance muy ardiente 1) Capítulo 29
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Capítulo 29

Elara

Seth me espera en la puerta del pabellón donde va a jugar.

Llegó anoche, con su equipo, pero tarde.

He venido hasta aquí con mi escolta, cómo no, y camino hasta él agitada y nerviosa. Al mirarlo, recuerdo mi vida anterior, mis sueños y que en su casa encontré el refugio de mi caos.

—Qué mala cara tienes —me dice a modo de saludo. Lo abrazo y esto lo deja paralizado—. Joder, sí que tienen que estar mal las cosas para que me abraces.

Revuelve mi pelo, incómodo. A Seth le cuesta mucho dar muestras de cariño.

Aun así, no se aparta. Solo espera. Es muy alto y está muy musculoso.

Al final, cierra un segundo el abrazo antes de gruñir.

—Vamos, todo irá bien. Seguro.

Sonrío por su incomodidad.

—Seguro que sí. Hoy, por lo menos, no tengo intención de pensar en nada. Solo quiero disfrutar.

—A eso me apunto.

Entramos dentro del pabellón y vamos hasta la zona donde está su equipo.

Conozco a algunos del barrio o de cuando iba a ver a Seth jugar.

Tras saludarlos, me quedo cerca de ellos.

Se marchan a los vestuarios y me quedo sentada cerca de su banquillo.

Soy consciente de que la gente se hará preguntas, pero ahora mismo me da igual. Sobre todo, porque estoy enfadada con Joss. Siento que me está evitando y, aunque todo era mentira, me molesta.

Alzo la vista y veo al equipo local entrando a su banquillo.

Joss no me mira. Está centrado en el juego.

Cuando Seth sale a la pista, toca el cristal y le deseo suerte, como hacíamos siempre Lia y yo.

Las lágrimas se me aglomeran en los ojos, pero las reprimo, sabiendo que necesito a mis amigos. Mi vida ahora mismo es un caos y solo quiero un poco de paz.

Lo peor es que no he sabido nada de mi madre y tampoco la echo de menos. No sé en qué me convierte eso como hija.

Tomo aire y me centro en el comienzo del juego.

Hoy ha venido mucha gente a ver el partido. Seth es muy bueno y tiene mucha fama. Espero que le haga a Joss morder el hielo, por su indiferencia.

Empieza el partido y se nota que no va a ser fácil.

El primer tanto viene de la mano de Seth y grito en las gradas, para celebrar el punto de mi amigo. Este me mira y me hace un gesto de que me lo dedica. ¡Cómo he extrañado sus ojos dorados!

Continúa el juego y Joss marca el siguiente tanto.

Casi tiene un encontronazo con Seth.

Los dos capitanes se miran retadores tras los cascos. Son igual de altos y no les cuesta mucho.

El árbitro va a separarlos y el juego sigue como si nada hasta el final del primer tiempo.

Va ganando el equipo de Seth, pero solo por un tanto de diferencia.

Se marchan a los vestuarios y aprovecho para sacar el móvil. Quiero contarle a Lia cómo va el partido.

Tengo una llamada de mi padre. Se la devuelvo inquieta.

—¿A qué estás jugando, Elara?

—No sé de qué hablas.

—Se han filtrado fotos tuyas con un chico que no es ni Joss ni Ivar. Por lo que sé, es un muerto de hambre… ¿Qué haces?

—Para empezar, Seth no es un muerto de hambre. Su familia es trabajadora y muy honrada y han hecho más de padres que ninguno de vosotros dos. —La gente me mira y salgo hasta el pasillo—. ¿Ahora tampoco tengo permitido tener amigos?

—¿Eres consciente de que estás en el ojo del huracán por ser mi hija? ¿De que mis acciones pueden desmoronarse por tus decisiones? ¡Eres una Rivera! Compórtate como tal.

—¿Eres consciente de que yo no tengo ni puta idea de esta mierda de vida en la que me has metido sin aviso? Solo es un amigo y no pienso dejar de tener amigos porque la gente no entienda que, sea cual sea mi apellido, tengo derecho a elegir mi vida.

—No lo tienes y ya hablaremos de esto. Estoy muy decepcionado contigo.

Cuelga y me deja un vacío en el pecho.

No he hecho nada para que esté decepcionado.

Regreso a mi sitio y le cuento todo a Lia. Estoy muy enfadada y agitada mientras mi amiga no para de escribirme.

Lia: Tu padre es un capullo.

Y tiene razón.

No sé nada de este mundo y, sin saberlo, me echa a los leones, sin importarle lo poco que conozco el entorno, y luego es mi culpa. Creo que quiere que sea como mi hermana, pero no soy ella.

A pesar de todo, es mi padre y una parte de mí se niega a darlo por imposible. Es lo mismo que me ha pasado con mi madre toda la vida, porque me aferraba a ella por ser mi madre, no porque se mereciera mi cariño.

Salen al hielo los jugadores y se reanuda el juego.

Mi mirada va más de una vez hacia Joss, que está jugando de forma muy agresiva.

De nuevo, él y Seth casi llegan a las manos, tras una falta a uno de sus compañeros.

El partido no puede estar más ajustado y al final de la tercera parte va ganando el equipo de Joss, solo por un tanto.

Empieza el último período de veinte minutos y el estadio está tan agitado como los jugadores. Todo se decidirá en este tiempo.

Seth hace una falta a Joss y este casi se choca con la cristalera. Solo la destreza de Joss patinando lo evita, pero va contra Seth y lo empuja.

Este lo espera y conozco a mi amigo. Sé que la falta ha sido aposta, para joderlo y provocarlo.

Empiezan una pelea y ambos son sancionados con dos minutos en el banquillo.

Cuando Seth se quita el casco, el muy cabrón está sonriendo. Me mira y me guiña un ojo.

No va a cambiar nunca, es un provocador.

Joss entra al vestuario enfadado y muy molesto. No se calma en todo lo que dura el castigo.

Cuando regresan al hielo los dos, Joss sale a matar y es letal en la pista. Anota un tanto y luego otro.

Seth tampoco se queda atrás y, aunque el partido está ajustado, al final gana el equipo de Joss. Solo por un punto de diferencia.

Los jugadores se dan la mano, menos Joss y Seth, que pasan el uno del otro.

Me quedo en las gradas para esperar a Seth. Le he mandado un mensaje pera decírselo y he apagado el móvil, porque no quiero que mi padre me vuelva a llamar para joderme la noche.

Necesito unas horas libre de sus tonterías.

Con Brice ya he quedado en una discoteca y le he mandado la ubicación a Seth. No necesito mi móvil para nada.

Seth no tarda en llegar.

—Siento que perdieras.

—El entrenador, más. Esta semana nos va a joder en el entrenamiento.

—¿Me puedes explicar por qué la has tomado con Joss?

—Porque es un capullo niñito de papá que no merece tenerte cerca.

—Deberías dejar de escuchar a escondidas mis conversaciones con Lia.

—Mi hermana habla demasiado alto. No es mi culpa. Ahora, vamos a cenar. Algunos del equipo se apuntan.

—Genial, necesito una noche de desenfreno.

—Mientras no te me tires encima otra vez, por mí, perfecto.

Le saco la lengua y sonríe. Sé que, si lo hiciera, no se quejaría.

Salimos del pabellón y proponen ir a una hamburguesería que hay cerca de aquí.

Veo al chófer de mi padre, pero lo ignoro. No pienso ir con ellos, aunque me sigan por toda la ciudad.

Entramos en el establecimiento y ya solo por cómo huele se me hace la boca agua.

Por suerte, Seth come un montón y puedo pedir todo lo que quiera, sabiendo que se lo terminarán él y sus amigos.

Pido una hamburguesa con todo, muchas patatas de diferentes tipos y varias cosas más. Necesito comida calórica con urgencia.

—Cualquiera diría que tu padre, el multimillonario, te mata de hambre —susurra Seth en mi oído.

—Pues casi, porque odia todo lo que no es saludable.

—Vamos, que ser rico es una mierda si no puedes comer de todo. —Asiento.

Nos traen la bebida y me bebo de un trago media cerveza. Luego pongo cara de asco, porque no me encanta. Aun así, termino la que me queda mientras pico las patatas fritas que nos han ido trayendo.

Hablan del partido y de lo capullo que es Joss.

—Lo es, y mucho —afirmo con la boca llena—. No lo soporto.

Seth sonríe a mi lado y me pasa el brazo por el hombro.

—Para no soportarlo, te brillan mucho los ojos cuando hablas de él —me dice al oído.

—Eso es mentira. —Aparto su brazo de mí. Nos traen las hamburguesas y se me hace la boca agua—. ¡Viva la comida basura! —grito, sabiendo que estoy loca.

Lo peor es que la gente grita conmigo un viva enorme.

—Me avergüenzas —señala Seth de broma.

Disfruto de mi hamburguesa, que me pringa los dedos, y busco una servilleta.

Seth coge mi mano y chupa mis dedos. Sabe que odio que haga eso y le doy una patada bajo la mesa.

—Eres un cerdo.

—Por los viejos tiempos.

Cojo servilletas y sigo comiendo, hasta que no puedo más y se la tiendo a Seth.

Este la coge y se la termina.

Nunca entenderé dónde mete tanta comida, porque su estómago es más plano que una tabla.

Salimos de la hamburguesería casi rodando.

Vamos hasta el metro y de nuevo ignoro a mi chófer. Odio su presencia, que esté cerca recodándome a mi padre y sus normas.

En el metro no hay casi sitio y Seth pasa su mano por mi cintura, porque casi me caigo y me doy de lleno contra el suelo.

—No sé como sigues viva tú sola en Nueva York —me dice.

—Porque no me dejan ir sola a ningún sitio.

—El chófer de tu padre nos ha seguido. —Miramos hacia donde está el hombre trajeado con gafas de sol—. Parece sacado de una película. Es aterrador.

—Sí, mi padre debe de estar muy enfadado.

—Que le jodan —suelta Seth, y sus ojos dorados se oscurecen—. Te diría que mandaras todo a la mierda, pero no tienes tanto dinero como para vivir sola y tu madre… Mejor que no vuelvas con ella nunca más.

—¿Cómo está?

—Como siempre, haciendo fiestas e invitando a gente de dudosa reputación a su casa.

Me recorre un escalofrío.

—Everly no está preparada para eso…

—Tampoco tú para toda esta mierda. Así la entenderás mejor a ella y Everly a ti, pero pienso que todo esto es culpa de unos padres egoístas.

Lo cierto es que sí.

A mi padre le preocupa ahora mucho el qué dirán conmigo, pero nunca le ha importado si yo comía bien. Es un hipócrita al que cada vez soporto menos, pero es mi padre y eso me ata a un hombre que parece no tener corazón.

Llegamos a la discoteca y hay mucha gente.

Nos ponemos a la cola y vemos como algunas personas pasan sin esperar.

Veo pasar a Joss con sus amigos y se me acelera la respiración. Su gesto es duro. Parece enfadado, molesto, aunque tampoco es que esté siempre sonriendo, la verdad.

Brice se nos acerca y le presento a mis amigos, aunque ya se conocen del partido.

—Buen partido —le dice a Seth.

—La próxima vez, os daremos una paliza.

—Lo estoy deseando. —Brice le guiña un ojo y se queda con nosotros hasta que pasamos.

Él enseña al portero su muñeca, donde tiene un sello, porque ha salido a buscarnos.

Vamos hasta una zona al fondo, cerca de la pista. Sus amigos están ahí y también su hermana.

—Mi hermano me dijo que vendrías y me animé a salir.

—Eso me alegra.

—Vamos a por algo de beber, que me muero de sed.

Andamos hasta la barra y pedimos algo.

Se nos acercan un par de capullos a los que ignoramos.

Cogemos las bebidas, cuando nos las sirven, y vamos hasta donde está el resto del grupo.

Seth se me acerca y da un trago a mi bebida.

—Le falta de todo. Voy a por algo más fuerte.

—Es que no era para ti.

Se marcha a la barra y yo me quedo bailando con Remi y los demás.

Lo hago como cuando salía con Lia y Seth de fiesta. Me muevo al son de la música, acariciando con las manos mi cuerpo de forma sutil.

—Si sigues así, me voy a tener que liar a hostias con los de detrás. —Seth me gira y veo a dos tíos que me observan babeando—. Que si es lo que quieres, no me importa meterme en una buena pelea.

—Solo estoy bailando.

—Sí, y lo haces de puta madre, pero como te toquen sin tu permiso, les parto la cara.

Se separa y sigo con mi baile. Esta noche soy libre y no quiero que nadie me prohíba nada más.

Siento que alguien se me acerca y Seth lo sujeta del cuello.

—Piérdete, capullo. —Los miro enfrentarse, pero, por suerte, se marchan y Seth pone cara de disgusto—. Me quedé con ganas de partirle la cara de idiota.

Lo golpeo en el estómago.

—Eres lo peor.

Sigo con la fiesta y voy a pedir otra copa.

No me hacen caso.

Se pone a mi lado alguien. Miro de reojo y veo a uno de los de seguridad con una nota.

—Se la mandan de la zona vip, señorita Rivera.

Cojo el papel y lo abro, sabiendo que es de Joss.

Leo lo que pone con rapidez, ya que no dice mucho.

Ven. Ya.

Joss

—Sígame —me dice el hombre.

Seth se nos acerca.

—Voy a hablar con Joss. Ahora bajo. —Asiente y regresa con sus amigos.

Vamos hasta las escaleras de la zona vip y nos dejan pasar tras quitar el cordón dorado.

Subimos por las escaleras y cuando llego a la primera planta, enseguida se nota que el ambiente ha cambiado.

Joss está apoyado en la barra y se incorpora al verme. Termina su copa y la deja sobe la barra.

Voy hasta él y me coge de la mano.

Vamos hasta uno de los aseos, donde nos encerramos con el pestillo.

—¿Se puede saber a qué mierda juegas?

—¿Se puede saber a qué narices juegas tú? ¿Acaso crees que no sé qué me estás ignorando a propósito? ¡No soy tonta!

—¡Pues lo pareces, joder!

Voy a replicar, pero me besa. Lo hace de una forma que parece que está guiado por los celos…

Imposible.